miércoles, 19 de octubre de 2011

Cortita y al pie sobre la "filosofía" peronista

Aunque algunos peronistas mazorqueros la vayan de posmodernos, "la única verdad es la realidad" es una de la frases de cabecera que destaca las influencias aristotélico-tomistas actuantes en el peronismo.

Mi viejo -que cuando votó por primera vez lo hizo por la fórmula Perón/Quijano en la histórica elección del '46 y durante varias décadas fue un formador de cuadros de la Iglesia Católica- decía que no había idea más correcta que esa, porque la realidad es lo que es y no lo que uno piensa, a lo que agregaba que los alemanes como Hegel y Marx mezclan el objeto con el sujeto y hacen un embrollo. Nunca nos pusimos de acuerdo, pero llegamos a un armisticio, aunque esa es otra historia.

Volviendo al tema que nos interesa, este realismo a ultranza es lo que caracteriza en los papeles la "epistemología política" del peronismo, que en la práctica se transforma en  un pragmatismo donde los resultados son mil veces más importantes que los principios. Por eso Ishii fue leal a Menem, a Duhalde y a Cristina y en todo momento fue peronista, por poner un solo ejemplo pertinente entre muchos, en lo que a la realpolitik peronista se refiere. Por eso Pedraza era en 2009 un modelo de sindicalismo a seguir, según la presi y ahora es un paracaidista húngaro que no se sabe de dónde salió y gracias al gobierno (que lo defendía hasta dos minutos antes del asesinato de Mariano Ferreyra) está preso.

Este dualismo entre un imaginario filosófico conservador y eclesiástico y una práctica política ultra-pragmática, es lo que deja lugar al eclecticismo ideológico del peronismo, que buscó fundamentación filo-kantiana para su "tercera posición" en las palabras dirigidas a los oficiales de la Marina de Guerra por Carlos Astrada en su Sociología de la Guerra y Filosofía de la Paz, tuvo luego su versión de izquierda en la correlación revolución cubana-peronismo de J.W. Cooke y la mescolanza de marxismo, culturalismo y nacionalismo de Hernández Arregui, para terminar dando lugar a todos los fachos habidos y por haber del último peronismo previo al golpe, con Isabel, López Rega, Ottalagano y otros nenes más o menos, que fueron de alguna manera una reedición corregida y aumentada (hacia la ultra-derecha) de la tropa de funcionarios ultrarreaccionarios como Martínez Zuviría que poblaron las universidades en el primer gobierno de Perón.

Decía Gramsci que escribir la historia de un partido con peso de masas es escribir la historia de un país desde el punto de vista monográfico. Esto se aplica con justeza al peronismo, cuyas configuraciones más a la derecha o a la izquierda, más allá de las cuestiones discursivas a que hacíamos mención, tuvieron que ver con las relaciones de fuerzas entre el proletariado, la burguesía y el imperialismo en los distintos momentos de la historia de nuestro país. Eso sí, como dice Fernando (G)Rosso en los momentos en que las papas quemaron, la balanza peronista se inclinó con toda su fuerza hacia la preservación del orden social capitalista y las posiciones sociales de la burguesía (1955, 1974-83, 1989, 2001).

Es perfectamente aceptable la idea de que el kirchnerismo, apoyado en el aparato del PJ, la burocracia sindical y la policía, es la única "derecha posible" en la Argentina pos 2001, pero vayan a otro lado con el verso de que es la única "izquierda real".