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miércoles, 17 de agosto de 2016

El pianista, los campesinos y el sociólogo



Leo en El filósofo y sus pobres de Jacques Rancière (UNGS-INADI 2013, págs. 194/195): 

"Para quien quiere saber, de hecho, si las diferentes clases sociales son más o menos sensibles a la música clásica, un método surge naturalmente: tocarla a sus miembros. Así es como, de vez en cuando, un artista 'burgués', apasionado por el pueblo y deseoso de comunicarle los tesoros de su arte, emprende la crucial experiencia. Así, sin hacerse anunciar por la fama, Miguel Ángel Estrella transporta su piano a un pueblo de la meseta andina y procede por el viejo método experimental de prueba y error. Un error: Debussy, que mantiene a los pueblerinos a distancia respetuosa del arte. Un éxito: Mozart, que hace que se acerquen paulatinamente al instrumentista. Un triunfo, a priori imprevisible: Bach, el músico 'clasificador' por excelencia, adoptado como un hijo del pueblo por la comunidad. Este tipo de práctica es, para la ciencia del sociólogo, propio de una ilusión muy precisa: la del 'comunismo cultural'. Ilusión de hacer creer a quienes no tienen el habitus adecuado para apreciar las obras legítimas que pueden hacerlo. La temible perversidad de esta ilusión es que por supuesto, hace todo como si no fuera una ilusión. Funciona. No pierde el tiempo formando antisociólogos encargados de explicar a los campesinos que pueden apreciar la música que no está hecha para ellos. Se la hace apreciar. Directamente. Fraudulentamente. Tal es el fraude de la música."

martes, 27 de octubre de 2015

El mal menor


"Hay siempre un mal menor respecto de aquel predecentemente menor y frente a un peligro mayor respecto de aquel precedentemente mayor. Cada mal mayor deviene menor frente a otro mayor y así al infinito. No se trata por tanto de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuyo desarrollo es conducido por una fuerza eficiente, mientras la fuerza antitética está decidida a capitular progresivamente, en pequeñas etapas, y no de un sólo golpe, lo que llevaría, por el efecto psicológico condensado, a hacer nacer una fuerza competidora activa o a reforzar la ya existente". 

Cuadernos de la cárcel, Cuaderno 9, parágrafo 7 "Argumentos de cultura. El mal menor". 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Entre el clavel y la espada

Si bien era un terrible stalinista, creo que Rafael Alberti era un gran escritor. Comparto con los amigos unas líneas con las que inicia Entre el Clavel y la Espada, que leí por primera vez hace como veinte años, por consejo de mi viejo:



Si yo no viniera de donde vengo; si aquel reaparecido, pálido, yerto horror no me hubiera empujado a estos nuevos kilómetros todavía sin lágrimas; si no colgara, incluso de los mapas más tranquilos, la continua advertencia de esa helada y doble hoja de muerte; si mi nombre no fuera un compromiso, una palabra dada, un expuesto cuello constante, tú, libro que ahora vas a abrirte, lo harías solamente bajo un signo de flor, lejos de él la fija espada que lo alerta.


Hincado entre los dos vivimos: de un lado, un seco olor a sangre pisoteada; de otro, un aroma a jardines, a amanecer diario, a vida fresca, fuerte, inexpugnable. Pero para la rosa o el clavel hoy cantan pájaros más duros, y sobre dos amantes embebidos puede bajar la muerte silbadora desde esas mismas nubes en que soñaran verse viajando, vapor de espuma por la espuma.


No te muevas. Silencio. No te muevas.


Sobre las alamedas de los verdes más íntimos, un decreto de fuego. Sobre el sueño, en la noche, ausente bajo sábanas de temores rendidos, la ley del sobresalto, la explosión imprecisa. E igual sobre la torre, el cristal, el humo, el charco de las ranas, el césped madruguero...

Espada, espada, espada, espadas.

Y mientras, en acoso, en abrazo, en sitio, la imaginación siempre atónita, con ojeras y párpados de asombro, ardiendo por la fuerza de la sangre; mandando desmandada, aferrándose ansiosa, imperecedera, en lo que deseáramos eterno por debajo de los escombros, aplastado por las ruinas.


Clavel, clavel, clavel, claveles.


Salta, gallo de alba: mira qué alcobas encendidas van a abrírsete. Caballo, yerba, perro, toro: tenéis llama de hombre. Aceleraos. Hay cambios en el aire. Errores floridos. Pero... Silencio. Oíd. Esperad. No os mováis.

Entre el clavel y la espada.

martes, 10 de septiembre de 2013

La tendencia a disminuir al adversario

Es sin más un documento de la inferioridad del que la tiene; se tiende infantilmente a disminuir rabiosamente al adversario para poder creer que se le vencerá sin ninguna duda. Por eso hay oscuramente en esa tendencia un juicio acerca de la propia incapacidad y debilidad (que quiere animarse), y hasta podría reconocerse en ella un conato de autocrítica (que se avergüenza de sí misma, que tiene miedo de manifestarse explícitamente y con coherencia sistemática). Se cree en la "voluntad de creer" como condición de la victoria, lo cual no sería erróneo si no se concibiera mecánicamente, convirtiéndose en un autoengaño (cuando contiene una indebida confusión entre masas y jefes y rebaja la función del jefe al nivel del seguidor más atrasado y sin luces; en el momento de la acción el jefe puede intentar infundir en los seguidores la convicción de que el adversario será derrotado sin ninguna duda, pero él mismo tiene que hacerse un juicio más exacto, y calcular todas las posibilidades, incluso las más pesimistas). Un elemento de esta tendencia es de la naturaleza del opio: es, efectivamente, propio de débiles el abandonarse a las fantasías, el soñar con los ojos abiertos que los propios deseos son la realidad, que todo se desarrolló según los deseos de uno. Por eso se atribuyen a una parte la incapacidad, la estupidez, la barbarie, la cobardía, etc., y a la otra las dotes más altas del carácter y de la inteligencia: la lucha no puede ser dudosa, y ya parece que se tenga la victoria en la mano. Pero esa lucha es soñada, y vencida en sueños. Otro aspecto de esta tendencia consiste en ver las cosas como en la pintura histórica de las estampas populares, en los momentos culminantes de alta epicidad. En la realidad, se empiece a actuar por donde se empiece, las dificultades resultan inmediatamente graves porque no se ha pensado nunca concretamente en ellas, y como siempre hay que empezar por cosas pequeñas (pues, por regla general, las cosas grandes son conjuntos de cosas pequeñas), la "cosa pequeña" se desprecia: es mejor seguir soñando y retrasar la acción hasta el momento de la "gran cosa". La función de centinela es molesta, pesada, agotadora; ¿por qué "desperdiciar" así la personalidad humana, en vez de reservarla para la hora grande del heroísmo?, etc. No se tiene en cuenta que si el adversario te está dominando mientras tú lo disminuyes, reconoces ser dominado por uno al que consideras inferior: pero entonces, ¿cómo es que ha conseguido dominarte? ¿Cómo es que te ha vencido y ha sido superior a ti precisamente en aquel instante decisivo que tenía que dar la medida de tu superioridad y de su inferioridad? No hay duda: el diablo metió la cola. Pues bien: aprende a tener a la cola del diablo de tu parte. 
Antonio Gramsci

martes, 21 de mayo de 2013

Coyote Azul


Leo en El último Coyote, de Michael Connelly

Giró a la izquierda por Laurel Canyon y ascendió por la carretera serpenteante que remontaba la colina. En Mullholland estuvo a punto de doblar a la derecha en rojo, pero miró hacia la izquierda y se detuvo. Vio un coyote que salía de la maleza del arroyo que había a la izquierda de la calzada y echaba una mirada tentativa al cruce. No había más coches. Sólo Bosch lo vio. 

El animal era delgado y desgreñado, consumido por la lucha por la supervivencia en las colinas urbanas. La niebla que se levantaba desde el arroyo captó el reflejo de las farolas de la calle y baño al coyote en una luz tenue, casi azul. El animal pareció estudiar por un momento el coche de Bosch; sus ojos captaron el reflejo de la luz de freno y brillaron. Por un momento Bosch creyó que el coyote podía estar mirándolo directamente a él, pero el animal enseguida se volvió y retrocedió en la niebla azul. 

(...)

Más tarde, tendido en su cama después de tomar más copas y con la luz todavía encendida, se fumó el último cigarrillo de la noche y miró al techo. Había dejado la luz encendida, pero su mente estaba en la noche oscura y sagrada. Y en el coyote azul. Y en la mujer con la cara franca. Estos pensamientos no tardaron en desparecer con él en la oscuridad. 

martes, 14 de mayo de 2013

martes, 7 de mayo de 2013

El que siempre da la razón

Conversando con mi amigo FR sobre la literatura de Roberto Arlt, que por suerte acompañó mis años mozos, me acordé de este texto genial, que lleva por título el de este post.

Hay un tipo de hombre que no tiene color definido, siempre le da a usted la razón, siempre sonríe, siempre está dispuesto a condoler­se con su dolor y a sonreír con su alegría, y ni por broma contradice a nadie, ni tampoco habla mal de sus prójimos, y todos son buenos pa­ra él, y, aunque se le diga en la propia cara: "¡Usted es un hipócri­ta!" es imposible hacerle abandonar su estudiada posición de ecuani­midad.

Incluso cuando habla parece llenarse de satisfacción, y da palmadi­tas en las espaldas de los que escuchan como si quisiera hacerse perdonar la alegría con que los agasaja.

Esta efigie de hombre me produce una sensación de monstruo gelati­noso, enorme, con más profundidades que el mismo mar.

No por lo que dice, sino por lo que oculta.

Obsérvelo.

Siempre busca algo con que halagar la vanidad de sus prójimos. Es especialista en descubrir debilidades, no para vituperarlas o corregirlas, sino para elogiarlas y echarles aceite como a la ensalada.

Es usted haragán. Pues el tipo le dirá:

-¡Qué macanudo "fiacún" es usted! Lo envidio, Jefe...

En cambio, usted tiene la pretensión de ser buen mozo. El fulano lo encuentra, y, parándolo, le pone las dos manos en las coyunturas de los brazos, lo mira dulcemente y exclama:

-¡Qué elegante está usted hoy! ¡Qué bien! ¿Dónde compró esa mag­nífica corbata? Hombre dichoso.

Usted camina preocupado de encontrarse enfermo. Mi monstruo lo­caliza su obsesión y exclama, casi indignado:

-¿Enfermo usted? No chacotee. ¡Qué va a estar enfermo! Enfermo estoy yo.

E ipso facto desembucha tal colección de enfermedades, que usted casi lo mira con terror... y contento de hallarse doliente de una sola en­fermedad.

Se me dirá: "Son características de individuo enfermo, débil".

Más que hombre mi individuo es una enredadera, lenta, inexorable, avanzadora. Puede cortarle todos los retoños que quiera, puede ofender a esta enredadera, del mejor modo que le dé la gana. Es inútil. El mons­truo no reaccionará.

Crece con lentitud aterradora. Clava las raíces y crece. Inútil que el medio le sea adverso, que nadie quiera ayudarlo, que lo desprecien, que le den a entender que lo peor puede esperarse de él. Tiempo perdido. La enredadera, a cambio de injurias, le devolverá flores, perfume, caricias. Usted lo despreció y él se detendrá un día asombrado ante usted, excla­mando:

-¿Quién es su sastre? ¡Qué magnífico traje le ha cortado! Sinver­güenza, no hay derecho a ser tan elegante.

Usted dice un mal chiste; el hombre se ríe, lo "lomea" y después de ser casi víctima de una congestión por exceso de risa, dice:

-¡Qué gracioso es usted!... ¡Qué bárbaro!...

Y nuevamente vuelve a ser víctima de un ataque de risa, que le sube desde el vientre hasta la nuca.

Está bien con todos. Algunos lo desprecian, otros lo compadecen, rarísimos lo estiman, y a la mayoría le es indiferente. El, más que nadie, tiene perfecto conocimiento de la repulsión interna que suscita, y avanza con más precauciones que una araña sobre la red que extrae de su estó­mago.

Está bien con todos. Puede usted comunicarle un secreto, en la segu­ridad que él lo embuchará más celosamente que una caja de hierro.

Puede usted hacerle una barrabasada. Antes de que tenga tiempo de disculparse, él le dirá:

-Comprendo. Olvidemos. Somos hombres. Todos fallamos. ¡Ja, ja! ¡Qué rico tipo!

Imperceptiblemente sus gajos van prendiendo. Enroscándose a las defensas fijas. No es necesario verle a él, para comprender dónde se en­cuentra. Más aceitoso que una biela, se corre de un punto a otro con tal eficacia de elasticidad, que allí donde haya alguien a quien festejar o adular allí tropezaréis con su sonrisa amplia, ojos encandilados y sonrientes, y manos beatíficamente cruzadas sobre el pecho.

No le sorprenderán en ninguna contradicción; salvo las contradic­ciones inteligentes en que él mismo incurre para darle razón a su adversa­rio y dejarlo más satisfecho de su poder intelectual.

Otros se quejan. Hablan mal de la gente, del destino, de los jefes, de los amigos. El, de la única persona de quien habla mal es de sí mismo. Los demás, para los demás, exuda no sé de qué zona de su cuerpo tal extensión de aceite, que en cuanto alguien encrespa una palabra él ahoga la tempestad del vaso de agua con un barril de grasa.

Dije que este hombre era un monstruo, y que me infundía terror, terror físico, igual que una pesadilla, porque adivinaba en él más profun­didades que las que tiene el mar.

Efectivamente: ¿se lo imaginan ustedes a este bicharraco enojado? ¿O tramando una venganza?

"La procesión va por dentro." Exteriormente sonríe como un ídolo chino, eternamente.

¿Qué es lo que desenvuelve dentro de él? ¿Qué tormentas? No me lo imagino... puede estar usted seguro que en la soledad, en ese semblante que siempre sonríe, debe dibujarse una tal fealdad taciturna, que al mismo diablo se le pondrá la piel fría y mirará con prevención a su esper­pento sobre la tierra: el hipócrita.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La Tarántula Universal (Galeano sobre el 1° de Mayo)

Ocurrió en Chicago, en 1886. 

El 1º de mayo, cuando la huelga obrera paralizó Chicago y otras ciudades, el diario Philadelphia Tribune diagnosticó: El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal, y se ha vuelto loco de remate.

Locos de remate estaban los obreros que luchaban por la jornada de trabajo de ocho horas y por el derecho a la organización sindical. 

Al año siguiente, cuatro dirigentes obreros, acusados de asesinato, fueron sentenciados sin pruebas en un juicio mamarracho. Georg Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Auguste Spies marcharon a la horca. El quinto condenado, Louis Linng, se había volado la cabeza en su celda. 

Cada 1º de mayo, el mundo entero los recuerda. 

Con el paso del tiempo, las convenciones internacionales, las constituciones y las leyes les han dado la razón. 

Sin embargo, las empresas más exitosas siguen sin enterarse. Prohíben los sindicatos obreros y miden la jornada de trabajo con aquellos relojes derretidos que pintó Salvador Dalí.

martes, 30 de abril de 2013

En el principio fue la Acción

Leo en el Fausto de Goethe: 

Aquí dice: «En el principio fue la Palabra». Ya empiezo a atascarme, ¿quién me ayudará a seguir? No puedo darle tanto valor a la Palabra. Tengo que traducirlo de otra manera. Si el Espíritu me iluminara... Aquí dice: «En el principio fue el Pensamiento». Piensa bien en esta línea, la primera; que tu pluma no se apresure. ¿Es el pensamiento el que todo lo crea y por el que todo se obra? Tal vez ponga «En el principio fue la Fuerza». Pero ya, al escribirlo, algo me dice que no he de dejarlo así. Me ayuda el Espíritu, veo cuál es su consejo y escribo confiado: «En el principio fue la Acción».

miércoles, 23 de enero de 2013

El ensamble defectuoso del tiempo

Leo en Perfil Asesino, de John Connolly: 

Este mundo es una colmena. Esconde un corazón hueco. 

La verdad de la naturaleza, escribió el filósofo Demócrito, reside en minas y cavernas profundas. La estabilidad de aquello que vemos y sentimos bajo nuestros pies es una ilusión, porque las apariencias engañan. Bajo la superficie hay grietas, fisuras y bolsas de aire fétido y malsano; estalagmitas y estalacticas y oscuros ríos ignotos de cauce descendente. Es un lugar de cuevas y cascadas donde el agua resbala por las piedras, un laberinto de tumores cristalinos y columnas heladas donde la historia deviene futuro y después presente. 

Porque, en medio de la oscuridad total, el tiempo carece de significado.

El ahora forma una capa imperfecta sobre el pasado; no se asienta bien en todos sus puntos. Las cosas caen y mueren, y su descomposición crea nuevas capas, aumenta el grosor de la corteza y añade otra fina membrana que cubre lo que subyace, nuevos mundos que descansan sobre los restos de mundos anteriores. 

Día a día, año a año, siglo a siglo, se agregan capas y se multiplican las imperfecciones. El pasado nunca muere realmente. Está ahí, a la espera, justo bajo la superficie del presente. Todos tropezamos de vez en cuando con él, todos, a través de reminiscencias y evocaciones. Traemos a la memoria antiguos amantes, niños perdidos, padres fallecidos, el milagro de un único día en que, aunque sea sólo por un instante, capturamos la belleza fugaz e inefable del mundo. Éstos son nuestros recuerdos. Los guardamos celosamente y los consideramos algo muy nuestro, y sabemos dónde encontrarlos cuando los necesitemos. 

jueves, 20 de septiembre de 2012

La tormenta (poema de José Watanabe)

En la cerrazón de la tormenta
sólo veía tus espaldas como sombra
en el centro de la pequeña canoa.
Sabía que te protegía de la lluvia
una vieja capucha azul.
El aburrido ruido del motor
no nos alejaba del inmenso hervidero
en que se había convertido el lago.
La tormenta
nos había puesto en la mano de un dios enfurecido.

Pero casi estábamos dichosos cuando un relámpago
iluminó los grandes árboles de la orilla del lago
y vimos ramas de oro y plata instantáneos.
Entonces volteaste y alargaste tu mano hacia mí:
también te dio miedo la súbita oferta de fulgurar
y desaparecer.

lunes, 10 de septiembre de 2012

A los reales seguidores del realismo

Leo en Poesía Civil de Sergio Raimondi un poema que lleva por título el de este post y dice: 

No es, como gustan decir, la voluntad
implacable de nombrar la experiencia
de quien ha sufrido y por eso desecha
el recurso del adorno mortecino. Es, 
en todo caso, su confianza en los sustantivos,
su adjetivación rala y apenas expresiva
y cualquier atisbo de acción subordinado
a la persistencia y fijeza de una imagen.
Suyo el artificio, en fin, de que el verso
existe porque en algún lado se vivió,
no de que el verso es la vida y lo intolerable.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Una cita de Spinoza

En la entrevista que posteé ayer, Fabián Casas, gran escritor cuya lectura recomiendo en forma más o menos sistemática desde este blog, hace referencia a un pasaje del Prólogo de Spinoza a su Tratado Teológico-Político, que transcribo a continuación: 

Pero si el gran secreto del régimen monárquico y su principal interés consisten en engañar a los hombres, disfrazando bajo el hermoso nombre de religión al temor de que necesitan para mantenerlos en la servidumbre, de tal modo, que crean luchar por su salvación cuando pugnan por su esclavitud; y que lo más glorioso les parezca ser el dar la sangre y la vida por servir al orgullo de un tirano, ¿cómo es posible concebir nada semejante en un estado libre, ni qué cosa más deplorable que propagar en él tales ideas, puesto que nada más contrario a la libertad general que cohibir con prejuicios o de cualquier otro modo el libre ejercicio de la razón individual? (Etica/Tratado Teológico-Político,Ed. Porrúa, pág. 218 )

El párrafo de Spinoza es claramente contra el Poder, mientras que Casas lo utiliza más contra el sentido común de las personas de a pie que otorgan importancia a gente impresentable. En cierto modo sus intervenciones más políticas tienden a oscilar entre una crítica del Poder y una visión que responsabiliza al pueblo de sus propios males. Por este motivo, no me gustó el título de la entrevista y en general el modo de citar al pensador judío-holandés.

Pero bue, bastante con que tiene una posición independiente del gobierno y la oposición gorila al mismo tiempo, tampoco le vamos a exigir que sea marxista...

lunes, 3 de septiembre de 2012

Un notable aporte de los reaccionarios a la historia de la filosofía

Estoy agarrando de nuevo la Etica de Baruch de Spinoza, para retomar el tema de la relación entre la tradición inmanentista y el marxismo, que abordamos por arriba acá. Y al leer un cierto párrafo del estudio introductorio de la edición de Porrúa, me acordé de lo que decía Milcíades Peña acerca de que la expulsión de Henri Lefebvre había sido el principal aporte del PC francés al marxismo: 

En 1656, cifrando en los 24 años, se le excomulga y expulsa de la sinagoga. No asiste a la ceremonia, en donde se dicta la sentencia, cuya parte inicial reza: "Según el juicio de los ángeles y de los santos, excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch de Spinoza, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda la comunidad".


Ni se imaginaron la que se venía....

viernes, 24 de agosto de 2012

El lenguado (Poema de José Watanabe)

Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.

lunes, 20 de agosto de 2012

León Trotsky por André Malraux


Como un pequeño homenaje al gran revolucionario ruso en un nuevo aniversario de su asesinato, posteo un texto de André Malraux (antes de hacerse stalinista) en el que repasa unas conversaciones con Trotsky, en las que hablaron sobre el cine, la literatura, Lenin, la situación de la URSS, el psicoanálisis, las posibilidades de desarrollo de la personalidad humana en el comunismo y otros temas. 

Salvo el comentario existencialista berreta sobre la muerte que hace Malraux, lo demás está muy bueno. Ahí va...

León Trotsky (por André Malraux)

El motor se detuvo, y la sorda vibración del mar cer­cano le dio cuerpo a la noche. Avanzando lentamente por el sendero marcado por nuestras luces, precedido por un discreto joven camarada que portaba una linter­na eléctrica, aparecieron un par de zapatos y pantalo­nes blancos, un saco pijama abotonado hasta el cuello. La cabeza permanecía oculta en la oscuridad. Los ros­tros que expresan vidas excepcionales son casi siempre distantes; esperaba con la mayor curiosidad contemplar este rostro señalado por uno de los más grandes des­tinos del mundo.

Desde el momento en que este fantasma con anteojos se detuvo observé que toda la fuerza de sus rasgos se concentraba en su boca de labios suaves, tensos, muy marcados, los labios de una estatua asiáti­ca. Rió hasta que se disipó la confusión del primer en­cuentro, con una risa que no parecía guardar ninguna relación con su voz (una risa que separaba mucho sus dientes pequeños, extraordinariamente jóvenes, en el fino rostro embellecido por el cabello blanco). Su voz, al mismo tiempo amable e imperiosa, parecía decir: "Terminemos pronto con estos saludos cordiales y pasemos a cosas más serias."

Las cosas serias, en ese momento en que le estaba prohibida la acción directa como condición para poder permanecer en Francia, eran sus ideas. Junto al gran escritorio sobre el que un revólver servía de pisapape­les, la presencia de Trotsky evocaba uno de los proble­mas más significativos: la relación entre carácter y destino.

jueves, 9 de agosto de 2012

F.C. divaga sobre un trastorno

Leo en Boedo (todos los poemas), publicado por Eloísa Cartonera en 2010, un poema de Fabián Casas que, aunque la generación mía es posterior y no escuchamos Zeppelin en un winco, igualmente hace a la experiencia de todo aquel que haya transitado sus años felices (y no tanto) en el barrio de Boedo. Lleva por título el de este post,  y dice así: 

Marcel, prestame tu resaltador
quiero que quedemos fosforescentes
en las páginas de aquel verano:

Pies descalzos sobre la vereda
el winco al mango con Led Zeppelin
y las cosas quietas en la felicidad de su condición.

Pero lo que no avanza retrocede.
Donde estaba la peluquería
pusieron una casa de quiniela
para volver a poner ahora
una peluquería, Marcel.

Me mojo el dedo con saliva 
y levanto las cenizas que quedaron:
El tano Fuzzaro haciendo willis con la moto,
la chica que una tarde me inclinó la cancha
y la voz de Roli, el stalker de Boedo.

(Oda, 2003)

lunes, 30 de julio de 2012

Unas líneas de Boedismo Zen

Leo en Los lemmings y otros de Fabián Casas, un relato que se llama "El Bosque Pulenta" y dice en alguna parte así: 

Entonces pasa un colectivo rojo, inmenso, pasa por Maza y cruza Estados Unidos y detrás de él, como si el colectivo hubiese sido un telón metálico y ruidoso, aparecen Máximo y unos diez chicos. Tiene, apenas lo vemos, los ojos desorbitados y brillosos. Yo y el Tano lo miramos y nos miramos. Los muchachos son de la Martín Fierro, son gente de Vainilla, dice Máximo. Vainilla, un moreno con la capucha de canguro puesta, se adelanta y nos saluda con una inclinación oriental. Musculito se separa de nosotros, se apoya contra un Valiant negro que siempre está estacionado casi en la esquina. Nunca vimos a nadie manejarlo. Pero está impecable, brilloso. Chamorro se nos une allá, así que tranquilos, vamos a darle su merecido a esos boludos, para que sepan quien manda en Boedo, dice Máximo. ¿El Parque Rivadavia queda en Boedo?, pregunta el imbécil de Chumpitaz. Boedo queda donde estemos nosotros, dice Máximo. Eso me quebró. Esa frase, esa puta frase, dicha en ese momento de la noche, me puso la piel de gallina y los ojos húmedos.

jueves, 19 de julio de 2012

Lapsus


Leo en Marxismo y Filosofía de Karl Korsch: 

"La oposición real entre el socialismo científico de Marx y todas las filosofías y ciencias burguesas, por lo contrario, reside sólo en esto: el socialismo científico es la expresión teórica de un proceso revolucionario que llegará a su fin con la abolición total de esas filosofías y ciencias burguesas al mismo tiempo que con la supresión de las condiciones materiales que han encontrado su expresión ideológica en estas filosofías y creencias [digo] ciencias ..."

lunes, 16 de julio de 2012

Una pluma punzante




Leo en Los Amantes de John Connolly (Tusquets, 2010 pgs. 256/257), libro que combina la novela negra, una incursión en las metafísicas del Bien y el Mal y ética del samurai:

Me llevé unos bollos de la panadería contigua y volví al apartamento. El casero, sentado en una silla a la derecha de la ventana del salón, limpiaba una pistola SIG, que no era lo que solían hacer los caseros en los domicilios de sus inquilinos, a menos que el casero en cuestión fuese casualmente Louis.

-¿Y? - preguntó.
-He quedado con él esta noche.
-¿Quieres compañía?
-Una segunda sombra no me vendría mal.
-¿Eso es un comentario racista?
-No lo sé. ¿Cantas espirituales negros?
-No, pero te he traído un arma. - Metió la mano en una bolsa de piel y lanzó una pequeña pistola al sofá.
Extraje la pistola de la funda. Medía poco más de quince centímetros y pesaba bastante menos de un kilo.
-Una Kimber Ultra Diez Dos -explicó-. Cargador de diez balas. Cuidado con el ángulo posterior de la culata: es muy afilado.
Volví a enfundar la pistola y se la entregué.
-Estás de broma - dijo.
-Nada más lejos. Quiero recuperar la licencia. Si me cogen con un arma sin registrar, estoy acabado. Me despellejarán vivo y luego echarán los restos al mar.
Ángel salió de la cocina. Traía una cafetera.
-¿Crees que el que se cargó a Wallace lo torturó para averiguar sus gustos musicales? -preguntó-. Le pincharon para sacarle lo que sabía de ti.
-De eso no estamos seguros
-No, como tampoco lo estamos de la teoría de la evolución, o del cambio climático, o de la ley de gravedad. Lo mataron en tu antigua casa, mientras investigaba sobre ti, y después alguien firmó su obra con sangre. Pronto ese alguien intentará hacer contigo lo que hizo con Wallace.
-Por eso Louis va a pegarse a mí esta noche.
-Claro -dijo Louis-, porque si me cogen a mí con un arma, no pasa nada. Los negros siempre salimos impunes de cualquier acusación por tenencia de armas.