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martes, 4 de diciembre de 2018

De Pasado y Presente al frente anti-Macri

De Pasado y presente al frente anti-Macri

En “Aricó y el marxismo: la potencia de su legado”, Marcelo Starcenbaum nos ha acercado su contribución al debate sobre el pensamiento de José Aricó y su productividad para abordar los problemas de la teoría marxista y la actualidad argentina, que publicamos en el número anterior de este semanario. Recordemos que el debate se inicia en estas páginas con un artículo de Martín Cortés y posterior respuesta de quien esto escribe.

Marcelo retoma algunos de los temas tratados por Martín, pero centrándose especialmente en una crítica sobre nuestro modo de interpretar las elaboraciones y el legado de José Aricó. Su artículo contiene algunas observaciones que podríamos llamar metodológicas y otras específicamente referidas a ciertos posicionamientos teóricos y políticos de Aricó y su relación con el problema de cómo se estructura una práctica emancipadora de los sectores populares.

Abordaremos en primer lugar la cuestión metodológica, para luego tratar los temas políticos y estratégicos.

lunes, 1 de octubre de 2018

lunes, 13 de agosto de 2018

Entrevista con Raúl Burgos: Gramsci y América Latina

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Raúl Burgos es docente de la Universidad Federal de Santa Catarina. Oriundo de Rosario, hace muchos años vive en Brasil, donde forma parte de la Asociación Gramsci (IGS-B). Su libro Los gramscianos argentinos. Cultura y política en la experiencia de Pasado y Presente es una contribución fundamental para el conocimiento de la trayectoria de ese grupo de intelectuales y su influencia en el debate político-ideológico argentino y latinoamericano. En esta entrevista conversamos sobre la experiencia de Pasado y Presente, retomamos la discusión sobre democracia y socialismo en los años ’80 y la relación entre el marxismo y la teoría de Laclau-Mouffe, entre otros temas.

Seguir leyendo en Ideas de Izquierda Semanario

lunes, 21 de mayo de 2018

Argentina: entre la crisis y las próximas batallas


El lunes 14 de mayo tuve oportunidad de participar en un debate con María Pía López, Aldo Casas, Martín Ogando y Martín Mosquera sobre la coyuntura argentina y sus posibles lecturas desde la teoría de Gramsci. Los eventos de las últimas semanas le dieron su impronta al debate. La situación abre interrogantes para el análisis y disyuntivas estratégicas y políticas. A continuación, un breve repaso sobre algunas de ellas.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Entrevista en Viento Sur: "Gramsci es un autor que es de todo el mundo"




02/12/2017 | Brais Fernández y Victor de la Fuente

Juan Dal Maso es autor de un libro titulado El marxismo de Gramsci, publicado originalmente en Argentina y recién publicado en España. Lo entrevistamos a raíz de la presentación de su libro en Madrid.

jueves, 25 de mayo de 2017

[VIDEO] Presentación del libro El marxismo de Gramsci en la UNLP



El 18 de mayo pasado presentamos El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la cárcel en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. Contamos con la participación del decano de la Facultad Aníbal Viguera, Marcelo Starcenbaum, docente de la carrera de Historia y Fernando Rosso, director de la Izquierda Diario. 

A continuación, las intervenciones. Pasen y vean.

     


      



     



     

martes, 10 de noviembre de 2015

Dos artículos para pensar la situación latinoamericana

Fines de ciclo de Caracas a Buenos Aires 

Eduardo Molina

El intento imperialista y de la derecha continental de capitalizar el desgaste de los gobiernos en Venezuela, Argentina y Brasil, que atraviesan crisis de distinta intensidad, aviva el debate sobre el carácter y rumbo de los gobiernos “posneoliberales” y desde qué estrategia política enfrentar a la reacción proimperialista.



La hegemonía débil del “populismo”

Fernando Rosso & Juan Dal Maso

Descifrar la fisonomía de la “hegemonía débil” de los gobiernos posneoliberales o de los “populismos”, en momentos en los que muestran escasa capacidad de “resistencia” a la avanzada de las derechas, se torna importante no solo para entender la crisis que atraviesan estos proyectos, agotadas las condiciones que permitieron su auge; sino también porque podemos decir que en Latinoamérica estamos asistiendo a un lento, contradictorio y desigual proceso de emergencia de los asalariados.

sábado, 1 de agosto de 2015

Peronismo e Izquierda (sobre el "voto trosko")

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Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso

Hay bases estructurales y una experiencia histórica que explican la emergencia de la izquierda trotskista en suelo patrio, más allá de las disputas de la coyuntura más o menos inmediata. El “voto trosko” es un fenómeno más complejo, no apto para observadores desprevenidos. Aquí algunas hipótesis sobre su emergencia.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La hegemonía débil del "populismo"

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Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso

Descifrar la fisonomía de la “hegemonía débil” de los gobiernos posneoliberales o de los “populismos”, en momentos en los que muestran escasa capacidad de “resistencia” a la avanzada de las derechas, se torna importante no solo para entender la crisis que atraviesan estos proyectos, agotadas las condiciones que permitieron su auge; sino también porque podemos decir que en Latinoamérica estamos asistiendo a un lento, contradictorio y desigual proceso de emergencia de los asalariados.

Introducción

La “hegemonía”, las “revoluciones pasivas” y la “voluntad colectiva nacional-popular” (y en menor medida la de “Estado integral”) fueron algunas de las principales temáticas gramscianas con las cuales un destacado sector de la intelectualidad de izquierda latinoamericana intentara pensar la historia de nuestro subcontinente, sacar conclusiones de las derrotas de los procesos revolucionarios de los años ‘70 y establecer las claves de una concepción de tipo “gradualista” que bien sintetizara José Aricó cuando definía al marxismo de cuño gramsciano como el “punto de partida para pensar la transformación democrática de la sociedad”1.


jueves, 21 de mayo de 2015

A hegemonia débil do "populismo" (nota de la revista Ideas de Izquierda Nº 19 publicada en Esquerda Diário)

A hegemonia débil do “populismo”

Decifrar a fisionomia da “hegemonia débil” dos governos pós-neoliberais ou dos “populismos”, em tempos nos quais mostram pouca capacidade de “resistência” ao avanço das direitas, torna-se importante não apenas para entender a crise por que passam estes projetos esgotadas as condições que permitiram seu auge; mas também porque podemos dizer que na América Latina estamos assistindo a um lento, contraditório e desigual processo de emergência dos assalariados.

Introdução

A “hegemonia”, as “revoluções passivas” e a “vontade coletiva nacional-popular” (em menor medida a do “Estado integral”) foram algumas das principais temáticas gramscianas com as quais um destacado setor da intelectualidade da esquerda latino-americana tentou pensar a história do nosso subcontinente, extrair conclusões das derrotas dos processos revolucionários dos anos 1970 e estabelecer as chaves de uma concepção de tipo “gradualista” que bem sintetizou José Aricó quando definia o marxismo de cunho gramsciano como “o ponto de partida para pensar a transformação democrática da sociedade” [1].

sábado, 26 de abril de 2014

Gramsci, Estado, hegemonía




Al final de este post, comentábamos algunas cuestiones relativas a la comparación de los puntos de vista de Los Usos de Gramsci y The Gramscian Moment.

Fernando Aizcizon me apuntó que me olvidé de los movimientos ambientalistas (parece que se había entusiasmado -o no se lo creyó y aprovechó para hacérmelo notar- con lo que dice el último párrafo de este otro post).

Pero volviendo al costado teórico de la cuestión, me parece que hay que seguir haciendo el cruce entre la lectura que planteara Portantiero allá por los finales de los '70 y la propuesta de Thomas, cuyo libro fue publicado en 2009 y viene siendo tema de debate en la izquierda europea, ya que si bien son distintas, tienen algunos puntos de contacto.

En primer lugar, Portantiero y Thomas coinciden en que Gramsci aporta como elemento nuevo la cuestión del análisis en los cambios de las formas estatales. Para Thomas, Portantiero podría ubicarse entre los que tienden a ver la hegemonía como una teoría del poder político y en particular de los cambios en las formaciones estatales (y se refiere a Los Usos de Gramsci en tal sentido). 

Sin embargo, el hincapie de Portantiero en la idea de que Gramsci es el único marxista que percibió los alcances de  los cambios en las formas estatales en la entreguerra ("neo-corporativismo" combinado con "autonomía de la política", expresados en estados con base de masas que daban más poder a los sindicatos reformistas y a la vez daban mucho peso a la intervención estatal en la economía), coincide con el rescate que practica Thomas de la categoría de Estado Integral que redefine el significado y las relaciones entre la sociedad política y la sociedad civil

En este punto, Thomas es bastante eficaz cuando polemiza contra Perry Anderson acerca del tratamiento de esta cuestión en Gramsci. Sostiene que Gramsci supera los "modelos" relativos a la distribución de "consenso" y "coerción" exclusivamente en la sociedad civil o exclusivamente en el estado, planteando el concepto del Estado integral en el cual las distinciones entre sociedad civil y sociedad política son relativas dentro de una nueva forma de relación entre ambos términos en la cual lo central es su unidad.

Si bien Portantiero estaba más cerca de la idea de "Estado ampliado" de Buci-Glucksmann, no hubiera estado en desacuerdo con esto. Aunque tienen diferencias en la forma de analizar la cuestión de la revolución pasiva. Thomas la ve como época a partir del post-1848 y Portantiero como un proceso más propio del período de entreguerras, aunque contradictoriamente éste último planteaba la revolución pasiva más como capacidad de respuesta del capitalismo y Thomas más como fracaso de la hegemonía proletaria (ver acá acerca de la cuestión de la revolución pasiva y Trotsky y acá sobre los problemas de la tendencia a generalizar más o menos la categoría).

Retomando entonces lo del principio, yo destacaba que contra la visión supuestamente más estratégica de Portantiero, que termina dilyuendo la lucha de clases en los "tiempos largos" de la guerra de posiciones, había que rescatar la centralidad de la teoría de la hegemonía (que a su manera propone Thomas) como forma de superar el sindicalismo y el electoralismo. 

En la práctica, ese rescate de la lucha por que la clase obrera asuma una posición "hegemónica" es lo que nos permite -al PTS y la corriente internacional de la que forma parte- intervenir en distintos movimientos sociales o establecer relación con ellos (de mujeres, pueblos originarios, por cuestiones ambientales, inmigrantes) con la perspectiva de la unidad con el movimiento obrero; en el movimiento obrero con la perspectiva de tomar las demandas del pueblo pobre y todos los sectores oprimidos  (como los antes señalados); y en los parlamentos con una política "por arriba" que une ambas líneas de acción, ligando estrechamente los planos social, sindical y político a la intervención activa en la lucha de clases.

Ahora bien, en el enfoque de Thomas y su relación entre revolución pasiva y hegemonía como "antítesis vigorosa" se expresa una cierta afinidad con el punto de vista de Portantiero, o mejor dicho, puede llegar a un resultado parecido. Thomas sostiene que la revolución pasiva es una forma de duración (es decir, continuidad sin progresividad histórica) del sistema capitalista, y que mientras el proletariado no construya su propia hegemonía se impone la revolución pasiva. 

Sin embargo, esta idea de la construcción de un aparato hegemónico está planteada sin establecer una relación con la experiencia de la clase obrera y sus organizaciones en la lucha de clases (lo cual a su vez incide en el tipo de instituciones a través de las cuales pensamos que la clase obrera puede conquistar la hegemonía). De esta forma, frente a la "duración" de la revolución pasiva los tiempos de la construcción de la hegemonía pueden volverse también "vacíos". Esto guarda relación con una tendencia para mí constante en la interpretación de Thomas que es la de exacerbar las aristas de "superación del aspecto económico-corporativo" que contiene la teoría de la hegemonía, como en la interpretación que hace de la NEP. 

Pero ese es tema para otro post. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Los sindicatos y la estrategia (artículo publicado en Ideas de Izquierda N° 6)

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Los gramscianos argentinos abonaron la idea de que América Latina es una combinación de las formaciones político-sociales que Gramsci catalogó como “oriente” y “occidente”. Este era el fundamento para una estrategia que en nuestro subcontinente debía ser de “guerra de posiciones” (“occidente”) pero con alianzas “policlasistas” (“oriente”). Esa idea de la combinación oriente/occidente puede tomarse desde una óptica totalmente distinta, y más fiel al marco estratégico en que la distinción de ambos términos fue concebida. En este sentido, podría pensarse que en la Argentina sería más fácil tomar el poder que en EE. UU. (por comparación tendría rasgos más “orientales”, ya que la burguesía es más débil como clase nacional y no cuenta con el mismo “consenso” y estabilidad estatal), pero más difícil que en la antigua Rusia (por comparación tendría rasgos más “occidentales”, ya que en la Rusia zarista no existía el sistema democráticoburgués ni el peronismo, que ha jugado el rol de “contención” que Gramsci asignaba en Occidente a la “sociedad civil”).

Completo, acá.

martes, 31 de diciembre de 2013

Un "ultra rare track" para despedir el año

Reposteo unas líneas escritas hace bastante tiempo sobre el lenguaje "militar" de Antonio Gramsci. Siendo el diálogo con el marxista italiano uno de los ejes de reflexión de este blog, va dedicada a los panchos que me suponen un repetidor de Perry Anderson. Cómo dice un proverbio clásico, no olvide vaciar su taza....


De los debates que venimos haciendo en este blog y el de Fernando Rosso sobre los problemas de la estrategia marxista y la política del FIT, me fue quedando en el tintero un asunto teórico que intentaré abordar en este post. 



Completo acá.

martes, 29 de enero de 2013

Algunas reflexiones entre Argentina y Bolivia



Los anuncios de la suba del mínimo no imponible y la respuesta desde relativamente crítica hasta poco amigable por parte de las conducciones sindicales (como dijo el eterno burócrata Lescano, si en marzo hay aumentos, como correspondería por la inflación, empezamos de vuelta con el círculo vicioso del impuesto al salario más o menos "alto"), muestran que la política del gobierno de atomizar y dividir los sindicatos no logró los efectos de dejar solo a Moyano de cara a las negociaciones paritarias de este año. Por el contrario, la relativa encerrona a la que está llegando CFK (y el destacado garca Ministro Tomada) en su política hacia el movimiento obrero, no ha hecho más que  generar una confluencia de hecho entre las distintas centrales sindicales, a lo que se suma que la falta de medidas de acción directa, política compartida entre todos, permita sostener reclamos más o menos parecidos sin que nadie sea acusado de "promover paros políticos". 

Como siempre afirman ciertos expertos en "peronología", los burócratas no se sostienen en los sindicatos solamente porque sean una mafia, sino que necesitan también la legitimación de conseguir algo. Desde este punto de vista, en un contexto donde el salario sufre la erosión brutal de la inflación, los posicionamientos de Yasky (que tiene varias provincias con los docentes en pie de guerra, como en Neuquén donde ya está votado el no inicio) y la CGT Balcarce son el resultado de la falta de alternativas del gobierno, que sometió sobre todo a esta última a toda clase de desplantes. Hasta el más alcahuete (o precisamente el alcahuete  y oportunista más que cualquiera) tiene el límite de la propia supervivencia. Y sin descartar la posibilidad teórica de que exista alguna persona tan pero tan inocente que se crea todo lo que dice 678, nadie se suicida por "el modelo". 

Para no prolongar esta suma de obviedades, deberíamos trazar la hipótesis de si este año, a pesar de estar marcado por los tiempos del calendario electoral, no va a ser un año de más peso del movimiento obrero en la vida política nacional, en el sentido planteado por Eduardo Grüner acá

Si bien la política de la burocracia es "asustar" con la fuerza social del movimiento obrero sin ponerla en movimiento, esa fuerza social se transluce en cada aspecto de la vida política nacional, que en la coyuntura toma la forma de una discusión por el salario, el mínimo no imponible, las asignaciones familiares, etc, pero que de fondo, muestra que el año pasado se puso en movimiento el verdadero "sujeto peligroso" para la maquinaria capitalista. Y también demuestra que el gobierno no sabe cómo resolver (a favor de las patronales, pero también de su propia supervivencia), una relación con los sindicatos de la que hasta hace muy poco se jactaba (cuando no existía la crisis internacional en el vocabulario K). 

¿Será el FIT la expresión política de este cierto resurgir de la clase obrera como actor en el escenario nacional? Lo fue en 2011, siendo la única opción política que levantaba como propios los reclamos obreros, no sólo del sector formalizado, sino de los precarizados, los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes superexplotados, el movimiento LGTB y todos los más perjudicados por la política actual. 

Durante 2012, las fuerzas del FIT, y en particular el PTS en la jornada del 20N, demostraron su inserción orgánica en sectores activos e incluso claves del movimiento obrero, aunque sea todavía minoritaria. Viendo más allá de la cuestión electoral, el hecho de que la "sucesión" de CFK se vaya a definir dentro del peronismo y la oposición burguesa no tenga en principio ninguna chance de gobernar en 2015, tiene como aspecto positivo la continuidad de la experiencia con el peronismo en el poder, cortada a sangre y fuego en 1976 y reiniciada por el movimiento obrero en los años kirchneristas. Sin embargo, hoy por hoy, no existen expresiones de independencia de clase del proletariado, en el terreno político, que excedan el espectro del FIT. 

En esta realidad se basan en mayor parte los compañeros que promueven un desarrollo parlamentario de la izquierda vía el FIT y con la consigna de fondo de "gobierno de izquierda" (versión desmejorada de la táctica de gobierno obrero de la Tercera Internacional). 

Sin embargo, si de lo que se trata es de construir una izquierda trotskista enraizada en la clase obrera y sus luchas, en el nivel de desarrollo político actual de la clase trabajadora argentina (que Gramsci ubicaría en el inciso 2 de una esquematización un poco estática pero para nada inútil), esto no puede hacerse sin levantar decididamente la bandera de la independencia de clase, no como un etapa previa distinta a la influencia política socialista, sino como la forma inicial de ésta. 

Desde este punto de vista, el proceso de discusión de caras a la conformación de un Instrumento Político de los Trabajadores en Bolivia, resulta particularmente alentador y debe ser ampliamente difundido, junto con la pelea que estamos dando los trotskistas al interior de ese debate. No puede descartarse que esté preanunciando algo respecto de lo que se puede venir en la clase obrera argentina en un futuro más o menos cercano. No porque en nuestro país haya en la actualidad tendencias fehacientes a la constitución de un partido de trabajadores basado en los grandes sindicatos, sino porque de profundizarse la experiencia con el peronismo, se planteará cada vez más el problema de la independencia política de la clase obrera, que la izquierda solamente podrá capitalizar contra cualquier variante reformista o burocrática, dando la pelea por esa bandera en los momentos previos. Caso contrario, habrá que enfrentarse después con "los guapos de Cipriano Reyes", como el viejo Reedson.

sábado, 25 de febrero de 2012

El estado argentino, su "sistema de trincheras" y la crisis del "progresismo"

En La Cola del Diablo, José Aricó escribía lo siguiente: “Constreñida por su visión societalista a colocar siempre en un plano casi excluyente de los demás la estructura de clases y las relaciones que de allí arrancan, la izquierda de tradición marxista se rehusó a reconocer y admitir la funcionalidad específica de un Estado que, en ausencia de una clase nacional, operaba como una suerte de Estado ‘puro’, arrastrando a la sociedad al cambio y fabricando desde la cúspide a la clase dirigente".

Acá, una crítica de esta lectura y de sus consecuencias teóricas y políticas respecto de la visión que los gramscianos argentinos tenían sobre el desarrollo de la subjetividad obrera en la Argentina. Viene a cuento porque en esta idea se formó el pensamiento "progresista" de las últimas décadas, que asignó al Estado el rol del sujeto de los cambios sociales. 

Si bien lo de Aricó era una exageración unilateral tendiente a justificar el apoyo a la izquierda peronista primero y al alfonsinismo después, lo cierto es que a pesar de su carácter semicolonial y en realidad a causa de él, el poder estatal en la Argentina (en épocas de paz) parecería una hibridación entre lo que Gramsci llamaba, con ambivalencias varias, sociedad política y sociedad civil, expresada en la legitimación de las relaciones capitalistas mediante el discurso del Estado como mediador entre las clases. La "movilidad social ascendente" fue la fábula acorde a esta idea y el peronismo (conquista de la "ciudadanía obrera" bajo conducción burguesa) para los trabajadores y los pobres, la Universidad y partido radical (republicanismo) para las clases medias fueron su "sistema de trincheras". 

Este esquema, expresado en el bipartidismo PJ/UCR, entró en crisis en el 2001 y desde ese entonces el peronismo estuvo abocado a la recomposición del aparato estatal, tarea a la que se sumaron con gusto muchos progresistas desencantados con la experiencia de la Alianza. 

Estos años de gobiernos kirchneristas han sido como nunca los años de las ilusiones desmesuradas en las capacidades de transformación del Estado, como gestor de cambios desde arriba que suplantan a los movimientos sociales, relegados al rol de "base de apoyo". 

Pero se pasaron de rosca y creyeron que las capacidades taumatúrgicas del Estado permitían conjurar con demasiada facilidad las contradicciones de clase más profundas con simples maniobras tácticas. Creyeron que el 54% de los votos era suficiente para  iniciar una nueva retrogradación de las pocas conquistas obtenidas por la clase trabajadora en los últimos años, así como así, sin imponer ninguna derrota de magnitud a los trabajadores. Y sobre todo, se confiaron demasiado en el conformismo alentado por la estabilidad económica, subestimaron la desobediencia social que puede surgir ante situaciones límites y les explotó en la cara la crisis por las mineras, el Proyecto X y la masacre de Once (incluido el hallazgo tardío del cuerpo de Lucas entre los fierros del tren chocado). 

El entreguismo hacia las grandes empresas que saquean nuestros recursos, la política represiva (espían a la izquierda, en especial a los dirigentes obreros del PTS, reprimen las protestas y a la vez llenan los barrios de gendarmes y policías) y la destrucción de los servicios públicos más allá de la vida de los usuarios, son las postales de estos primeros meses de la "sintonía fina". 

A partir de ahora queda un gobierno más debilitado y golpeado en su flanco izquierdo. Para la clase trabajadora es una oportunidad de dar una lucha ofensiva para que se anulen las causas a los luchadores procesados, por el juicio y castigo a los responsables de la masacre de Once, por la renacionalización sin pago de los ferrocarriles bajo control de trabajadores y usuarios, contra los techos salariales en las paritarias, entre otras. 

Los delegados, activistas y luchadores espiados y perseguidos por este gobierno son los que levantan estas banderas, bajo las cuales se irá agrupando un sector cada vez más grande de jóvenes y trabajadores. Acelerar ese proceso es la tarea del FIT.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Posición, maniobra y sovietismo


Mientras sigo esperando que (G)Rosso me tire una soga, intentaremos continuar la reflexión planteada superficialmente en un post anterior

Ahí se dice lo siguiente: Portantiero y Aricó decían que Argentina era un combinación de Oriente y Occidente, en el sentido de que era un país periférico en el cual la "guerra de posiciones" aparecía mediada por una alianza policlasista. Creo que esa idea (combinación de Oriente y Occidente) se puede tomar en un sentido totalmente distinto, desde otro punto de vista. Argentina es Oriente en el sentido de que la burguesía es débil como clase nacional, pero es Occidente en el sentido de que no se va a dejar sacar el poder así nomás, con lo cual las formas de la lucha de clases pueden ser variadas y combinar desde grandes maniobras de masas como la huelga general, enfrentamientos con el fusil estatal y paraestatal, hasta formas parciales de control territorial durante todo un período previo al poder de la clase obrera.

Bueno, en realidad, la comparación que hacían ellos era con el concepto de "capitalismo periférico" con que Gramsci pensaba los países más "atrasados" de Europa. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico y no meramente analítico, la operación teórica de los gramscianos argentinos va por donde está apuntado más arriba. 

Me pareció interesante retomar esa discusión, para hacer una interpretación distinta, que creo puede servir para volver a reflexionar sobre el problema de la revolución en un marco de crisis capitalista que a su vez se acompaña con un carácter mucho más urbano (y proletario) del mundo respecto de las revoluciones del siglo XX y con  una mayor extensión de las formas democrático burguesas (aunque no sin crisis y elementos de bonapartismo) como mecanismo de legitimación del orden social. 

Si bien la polaridad Oriente/Occidente está asociada con Gramsci y sus Cuadernos de la Cárcel, lo cierto es que forma parte de las reflexiones estratégicas planteadas por los cuatro primeros congresos de la III Internacional, aunque Gramsci agarró para otro lado, cuestión que hoy no viene al caso. 

En este marco, hay que hacer la salvedad de que el esquema Oriente/Occidente tenía dos defectos que se llaman África y América Latina. Respecto de esta última, recién en 1928/29 la Tercera Internacional comenzó a ocuparse de nuestro subcontinente y en términos gradualistas y etapistas impuestos por la orientación bujarino-stalinista.

Sin embargo, lo productivo de la discusión hace a los elementos de reflexión estratégica sobre la naturaleza de la revolución y guerra civil en Europa Occidental. 

Señala Trotsky en Cómo se armó la revolución (Ceip 2006, pág. 573): 

En países de alto desarrollo industrial, con alta densidad de población, con enormes centros urbanos y con cuadros de guardias blancos preparados de antemano, la guerra civil puede asumir -y en muchos casos, sin ninguna duda asumirá un carácter mucho menos móvil y mucho más compacto; o sea puede aproximarse a la guerra de posiciones. En general no hay ninguna posibilidad de un posicionalismo absoluto (subrayado mío), especialmente en una guerra civil. Lo que nos ocupa aquí es la correlación de los elementos de la guerra de maniobra y de la guerra de posición. Y es posible decir con certeza que, aún en nuestra estrategia de ultra maniobra en la guerra civil, estaba presente un elemento de guerra de posiciones y en ciertas instancias, éste jugó un importante rol. No hay lugar a dudas, en la guerra civil en occidente, el elemento de guerra de posiciones ocupará un lugar incomparablemente mayor que el que tuvo en nuestra guerra civil (subrayado de LT)

En Lecciones de Octubre  (publicado en  "Teoría de la Revolución Permanente" [compilación], CEIP, 2005, pags. 240/1) Trotsky retoma este tema, pero desde el ángulo de la relación temporal entre revolución,  guerra civil y conquista del poder: 

La revolución proletaria en Occidente tendrá que habérselas con un Estado burgués enteramente formado. No quiere ello decir, empero, que tenga que habérselas con un aparato estable, porque la misma posibilidad de la insurrección proletaria presupone una disgregación bastante avanzada del Estado capitalista. Si entre nosotros fue la revolución de Octubre una lucha contra un aparato estatal que aún no había tenido tiempo de formarse desde Febrero, en otros países la insurrección tendrá contra ella un aparato estatal en trance de dislocación progresiva. Como regla general, conforme hemos dicho en el IV Congreso de la Internacional Comunista, cabe suponer que sea mucho más fuerte que entre nosotros la resistencia de la burguesía en los antiguos países capitalistas, y el proletariado obtendrá con mayor dificultad la victoria. En cambio, la conquista del Poder le asegurará una situación mucho más firme, mucho más estable que la nuestra a raíz de Octubre. Entre nosotros no se desarrolló de veras la guerra civil hasta después de la toma del Poder por el proletariado en los principales centros urbanos e industriales, y duró los tres primeros años de existencia del poder soviético. Hay muchas razones para que en la Europa central y occidental cueste al proletariado más trabajo apoderarse del Poder; pero, después de conquistarlo, tendrá las manos mucho más libres que nosotros.

Entonces, Oriente/Occidente, no para establecer esquemas formales, sino para profundizar la reflexión acerca de la dinámica posible de un proceso revolucionario. En este sentido, me parece que la línea de interpretación  productiva pasa principalmente por establecer esta relación entre Oriente (burguesía débil, fortaleza relativa del proletariado como clase nacional) y Occidente (preparación consciente de la burguesía y recurso al partido de la contención que deviene partido del orden para evitar la "vía rusa") en tanto formas diversas que asumen las ventajas y dificultades combinadas para la conquista del poder por la clase trabajadora.

La clase dominante argentina está subordinada al imperialismo de cabo a rabo y en este sentido no puede ser una clase "hegemónica" en el sentido gramsciano. Sin embargo, subsanó parcialmente esta debilidad con un aparato estatal que juega el rol de legitimar "políticamente" lo que la burguesía no puede legitimar desde un modelo de "desarrollo societal" (que Portantiero identifica como marca distintiva de Occidente) y esta tarea tiene mucho que ver con el rol del peronismo, como partido de la contención (y también como partido del orden), apoyado en la cana, los gobernadores feudales e intendentes mazorqueros y la burocracia sindical.

Siguiendo la teoría de la revolución permanente de Trotsky (que supera en términos teóricos globales la conceptualización Oriente/Occidente), en Argentina sería más fácil para la clase trabajadora tomar el poder que en E.E.U.U pero más difícil avanzar en la construcción socialista. Siguiendo la reflexión de Trotsky que apuntábamos más arriba, en la Argentina sería más difícil tomar el poder que en la vieja Rusia, no porque nuestro país sea un "país capitalista industrializado" (es un país semicolonial con expresiones brutales de esa condición como el asesinato de originarios y campesinos por guardias blancos y policías al servicio de los terratenientes), sino porque existe un aparato estatal dedicado a garantizar que eso no ocurra (y que no me vengan los peronistas con la estupidez de que creemos que la revolución está a la vuelta de la esquina porque estoy hablando de la función que cumplen y no de los tiempos de la revolución). 

Teniendo en cuenta entonces los puntos débiles del aparato peronista, creo que la dinámica posible de "radicalización" va desde la base de las fábricas (hoy expresada en el sindicalismo de base) hacia la dimensión territorial (en la que es claramente más fuerte el peronismo y no tiene la crisis que en la base tiene la burocracia sindical). Incluso, sin poder arriesgar si en un futuro proceso de radicalización obrera se daría un tijera Bs.As./Interior como la de los '70, creo que sí se puede afirmar que el peronismo va a intentar disciplinar a los obreros que sobrepasen a la burocracia no solamente con las bandas gangsteriles de esta última, sino haciendo pesar con todo su tropa territorial ("¡Muchachos vamos a romperle la cabeza a estos zurdos que reclaman por su fuente de trabajo pero les quieren sacar la AUH!" podría ser una arenga punteril). 

Este enfrentamiento entre peso social del proletariado y peso territorial del peronismo, daría sin duda combinaciones de todo tipo entre combate posicional y de maniobras, que no necesariamente se transformarían en una guerra civil previa a la conquista del poder (modelo clásico de Occidente), pero deberían hacer que algunos compañeros descarten la idea ingenua de que la crisis capitalista va a tirar para arriba al partido de la clase obrera, no por una labor estratégica propia sino por licuación del poder del adversario (eso es posicionalismo con discurso catastrofista y una caricatura del modelo de Oriente). 

Vamos entonces al rol del "sovietismo", criticado por nuestros aliados del PO. Como decíamos en el post anterior referido a este tema, la burocratización de las organizaciones obreras plantea la contradicción de que las corrientes revolucionarias pueden hacerse fuertes en la base, recuperando comisiones internas, siendo un poco más difícil conquistar seccionales (el SOECN es una destacada excepción), casi imposible  sindicatos nacionales y las federaciones, un cuento de hadas. Esto, sin contar la CGT. Salvo que creamos en una fábula gradualista  de que los trotskistas vamos a ir ganando uno por uno los sindicatos hasta recuperar la CGT, ateniéndonos a los "cuerpos orgánicos", la "hipótesis de las coordinadoras" (sovietismo) es lo único que puede permitir ligar el peso en el lugar de trabajo con una organización que supere las fronteras de los sindicatos burocratizados y a la vez se proyecte territorialmente para crear una alianza obrera y popular que trascienda el espacio de las fábricas y lugares de trabajo (como mostraron en pequeña escala los ceramistas de Zanon y el SOECN).

Si no es con "sovietismo" ¿de qué otra forma resolvemos este problema? Escuchamos alternativas...

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Argentina: Apuntes sobre situación política 2 (la izquierda y la estrategia)

La semana pasada, el amigo (G)Rosso me revoleó por la cabeza el "Diccionario del Trotskista Exquisito". El revoleo fue a propósito de los límites y posibilidades de utilizar algunas categorías gramscianas para el análisis de la realidad argentina y latinoamericana y en particular sobre la "hegemonía" del oficialismo.  Acá y acá habíamos comentado un poco el tema antes de las primarias y las elecciones nacionales. 

Si bien entre (G)Rosso y yo tenemos matices sobre hasta dónde se cerró la crisis política, mirando del 2003 para acá, creo que lo central pasa por otro lado y es el problema de para qué se prepara la izquierda, partiendo de que el marco de crisis internacional, más allá de los tiempos, va a golpear en nuestro país. 

El problema para la izquierda en el marco de los relativos éxitos del FIT, es el de mantenerse en una ubicación "pre-estratégica" y entrar de cabeza en la idea, absolutamente consolidada a nivel mundial, de ocupar el flanco izquierdo del régimen. La realidad política actual hace ver más razonable ganar una comisión interna o meter un diputado (ojo no digo que sean cosas equivalentes) que prepararse para vencer o para una derrota honorable según el caso (siempre para pelear, aunque no sea la "lucha final"). 

Ahora bien ¿cuáles son las coordenadas adecuadas para la discusión estratégica? Sin ser un "especialista en estrategia" como nos criticó nuestro amigo Fernando Aiziczon, creo que los problemas a definir abarcan varios aspectos: las vías de desarrollo de un movimiento obrero clasista y en perspectiva revolucionario, la dinámica posible de la lucha de clases, las vías por las que pueda surgir un partido revolucionario; la dinámica específica de la revolución en Argentina. 

En el primer aspecto, la realidad parece lejos del modelo clásico más reformista (tipo partido laborista o PT) tanto como del más bolchevique (soviets) y ha dado un fenómeno que combina aspectos de ambos: el "sindicalismo de base", con peso fundamentalmente en el lugar de trabajo. 

La situación actual de la clase obrera marca una contradicción que puede ser dramática en el futuro: mientras una crisis generalizada acercaría a todos los sectores en que está dividida la clase trabajadora, empujándolos a defender sus salarios y fuentes de trabajo, precisamente es esa fragmentación y heterogeneidad (trabajadores que ganan 1200 mangos en un extremo y otros que ganan 17000 en el otro) lo que va a utilizar la burocracia sindical para mantener una base conservadora e intentar evitar por todos los medios la unidad de las filas obreras. A lo que se suma la disputa por los compañeros de las grandes barriadas empobrecidas, cuya dirección está estrechamente ligada al control territorial que ejerce el peronismo y que hoy el oficialismo contiene (con contradicciones) a través de la AUH.

En este marco, el desarrollo de un movimiento obrero clasista debe de algún modo superar la contradicción entre la debilidad de la burocracia en los lugares de trabajo y su control férreo por arriba, lo cual se expresa en que para el "sindicalismo de base" es más fácil ganar comisiones internas que seccionales o sindicatos. Es frente a este problema que recobra importancia la "hipótesis de las coordinadoras", como organismos que puedan nuclear a los sectores antiburocráticos, aunque no esté planteado que se materialice en lo inmediato. 

Portantiero y Aricó decían que Argentina era un combinación de Oriente y Occidente, en el sentido de que era un país periférico en el cual la "guerra de posiciones" aparecía mediada por una alianza policlasista. Creo que esa idea (combinación de Oriente y Occidente) se puede tomar en un sentido totalmente distinto, desde otro punto de vista. Argentina es Oriente en el sentido de que la burguesía es débil como clase nacional, pero es Occidente en el sentido de que no se va a dejar sacar el poder así nomás, con lo cual las formas de la lucha de clases pueden ser variadas y combinar desde grandes maniobras de masas como la huelga general, enfrentamientos con el fusil estatal y paraestatal, hasta formas parciales de control territorial durante todo un período previo al poder de la clase obrera. 

Estos son algunos de los problemas que habría que debatir para profundizar la discusión sobre cómo desarrollar un partido revolucionario en la Argentina. Pero este post ya se hizo un poco largo.