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domingo, 9 de julio de 2017

Fabio Frosini: "Hay un Gramsci después de Laclau"



Un gran placer realizar esta entrevista con Fabio, uno de los más reconocidos investigadores del pensamiento de Gramsci en la actualidad. Pasen y vean en el link de más abajo...

lunes, 8 de mayo de 2017

Miseria del academicismo

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Hace un tiempo ya, me llegó la noticia de que la Abilitazione Cientifica Nazionale de Italia había “reprobado” a Fabio Frosini en una evaluación para determinar si podría concursar en lo sucesivo como profesor ordinario en el área de Historia de la Filosofía. 

Frosini es uno de los principales investigadores gramscianos de la actualidad y trabaja también sobre Leonardo y Maquiavelo. El pequeño volumen de mi autoría, titulado El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la cárcel, tiene una gran cantidad de sus artículos y ponencias en la bibliografía. Hemos contado con su colaboración en el Dossier sobre Antonio Gramsci publicado el año pasado en la revista Ideas de Izquierda

Para la gente interesada en los estudios gramscianos, su trabajo es una referencia inevitable, más allá de acordar o no con todos los aspectos de sus lecturas, porque aporta muchos elementos a la comprensión y contextualización de los Cuadernos de la cárcel y siempre sirve para la reflexión. 

La autoridades de la ACN no tienen la misma opinión. Examinaron 16 trabajos presentados por Frosini y concluyeron en  unos pocos renglones que no tenían mayor interés: 

"El candidato presenta un conjunto de publicaciones - en relación al sector específico de la Historia de la Filosofía (11 / C5) – que no atestiguan la consecución de una posición reconocida en el panorama nacional e internacional de la investigación histórico-filosófica, ni pueden ser valorados de alta calidad e innovación, que es condición necesaria para el reconocimiento de de la plena madurez científica en el área de concurso (…). En consecuencia, la Comisión considera que el candidato no posee los requisitos de idoneidad para la admisión en el primer escalón de la enseñanza en este sector concursal”

Prestigiosos intelectuales de Italia y otros países han realizado pronunciamientos en rechazo de este “fallo” de la ACN. 

Se podría argumentar que en el mundo hay peores injusticias. Sin duda. Por otra parte, no conozco a las personas que integran ese organismo, salvo de nombre, y siendo totalmente ajeno a las instituciones académicas, mi actitud habitual es ignorarlas sin más. 

Sin embargo,  tomo este hecho como un botón de muestra de la burocratización de la intelectualidad y del conocimiento por parte de instituciones que se transforman en espacios de “poder” (o de prestigio que sería su versión ridícula) y terminan actuando discrecionalmente. 

Al margen de las medidas que puedan tomar los académicos que rechazan este tipo de prácticas, pienso que la única alternativa a ellas es la de crear espacios de debate e intercambio de ideas que no estén regimentados por las instituciones académicas, sus papers, jurados, "juegos de tronos" y un largo y desagradable etcétera. 

Es algo necesario no sólo para crear un “campo intelectual” por fuera de la academia, sino también para abrir camino a relacionar nuevamente a la intelectualidad con la clase trabajadora y los sectores populares. 

Mientras tanto, seguiremos leyendo (y a veces comentando) las cosas que escribe Fabio, como lo que son: un gran aporte a la comprensión del legado de Gramsci, lo cual es en sí mismo mucho más importante que cualquier “juicio académico”. 

martes, 23 de agosto de 2016

Althusser e Gramsci, Gramsci e Althusser: intervista a Etienne Balibar (Fabio Frosini e Vittorio Morfino)




V. M. : Per mettere a fuoco la relazione tra Althusser e Gramsci forse possiamo iniziare ponendo una questione puntuale, e cioè quella che si delinea, se mettiamo a confronto «Contradiction et surdétermination», del 1962, dove Gramsci è definito come l’unico teorico marxista che sia avanzato nel comprendere la specificità della sovrastruttura con «idee assolutamente originali, talvolta anche geniali», e «Le marxisme n’est pas un historicisme»contenuto in Lire le Capital.

E. B. : À mon avis entre les deux il y a un point intermédiaire capital, qui est le deuxième texte d’Althusser sur la dialectique, celui qui s’appelle Sur la dialectique matérialiste. Les idées qui y sont développées ont été élaborées par lui à la fois comme un développement de ce qu’il avait déjà dit et comme une réponse aux critiques dont il avait fait l’objet essentiellement à l’intérieur du parti communiste français. Il y a une dimension de conjoncture....

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jueves, 7 de enero de 2016

Hegemonía y Revolución Permanente (Ideas de Izquierda N° 26)

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Las temáticas de la hegemonía y la revolución permanente están relacionadas por un hecho histórico fundacional que les sirve de referencia: la Revolución francesa de 1789, el bloque de clases y sectores sociales que en ella se constituye como pueblo; y su posterior desagregación producto del desarrollo de la sociedad capitalista y la lucha de clases.

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martes, 10 de noviembre de 2015

Dos artículos para pensar la situación latinoamericana

Fines de ciclo de Caracas a Buenos Aires 

Eduardo Molina

El intento imperialista y de la derecha continental de capitalizar el desgaste de los gobiernos en Venezuela, Argentina y Brasil, que atraviesan crisis de distinta intensidad, aviva el debate sobre el carácter y rumbo de los gobiernos “posneoliberales” y desde qué estrategia política enfrentar a la reacción proimperialista.



La hegemonía débil del “populismo”

Fernando Rosso & Juan Dal Maso

Descifrar la fisonomía de la “hegemonía débil” de los gobiernos posneoliberales o de los “populismos”, en momentos en los que muestran escasa capacidad de “resistencia” a la avanzada de las derechas, se torna importante no solo para entender la crisis que atraviesan estos proyectos, agotadas las condiciones que permitieron su auge; sino también porque podemos decir que en Latinoamérica estamos asistiendo a un lento, contradictorio y desigual proceso de emergencia de los asalariados.

lunes, 6 de julio de 2015

Gramsci, Marx y Trotsky (sobre un trabajo de Fabio Frosini)



Este trabajo de Fabio Frosini, Time and Revolution in Gramsci's Prison Notebooks, está centrado en la reflexión sobre pasado y presente en los Cuadernos de la Cárcel y la diferencia entre los conceptos de revolución de Marx y Gramsci; retoma al final la cuestión de las relaciones entre revolución permanente, revolución pasiva y hegemonía, a las que hicimos referencia en este artículo escrito junto con Fernando Rosso el año pasado.

Una crítica que podría hacerse al trabajo, por demás interesante, es que deduce el concepto de revolución en Marx solamente del Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, pero no del Manifiesto Comunista o de la Carta al Comité Central de la Liga de los Comunistas (que paradójicamente cita implícitamente cuando retoma la reflexiones de Gramsci sobre el "grito de guerra" de Marx en 1848). 

Efectivamente, mientras para Frosini la explicación de cómo surge una época de revolución social en el Prólogo, expresaría una primacía del pasado por sobre el presente, en el Manifiesto Comunista tanto como en la Carta al Comité Central de la Liga de los Comunistas, esa relación se invierte claramente, primando en uno las contradicciones de un presente en el que "todo lo sólido se desvanece en el aire"  y en la otra una concepción estratégica que busca trascender no sólo los límites impuestos por el pasado sino los del propio presente, prefigurando una revolución proletaria que todavía no encuentra "maduras" sus "condiciones". 

Se podría objetar que el Prólogo es un momento posterior a los textos citados y por ende más complejo de la elaboración marxiana, pero sus escritos sobre la Comuna de París o la cuestión rusa, podrían darnos la razón acerca de la necesidad de un enfoque más de conjunto. 

No obstante estas críticas, también discutibles, los temas abordados coinciden en parte con algunas reflexiones que venimos intentando hacer en este blog, especialmente la parte del final sobre revolución permanente y revolución pasiva en relación con la interpretación del Prólogo de Marx.

En este post, había comentado los mismos pasajes que retoma Frosini, intentando establecer una relación entre las dos afirmaciones que hace Gramsci respecto de la revolución permanente y la revolución pasiva en relación con los "dos principios" del Prólogo rescatados por el comunista italiano en el C13 §17:

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. 

Luego de una discusión sobre cómo periodizar los acontecimientos de la revolución francesa y posteriores hasta 1870, en ese mismo parágrafo concluye: 

Se puede decir entre tanto que la mediación dialéctica entre los dos principios metodológicos enunciados al comienzo de esta nota se puede encontrar en la fórmula político-histórica de revolución permanente.

Posteriormente, en el C15 § 17 , plantea: 
El concepto de revolución pasiva debe ser deducido rigurosamente de los dos principios fundamentales de ciencia política. 1] que ninguna formación social desaparece mientras las fuerzas productivas que se han desarrollado en ella encuentran todavía lugar para su ulterior movimiento progresivo; 2] que la sociedad no se impone tareas para cuya solución no se hayan incubado las condiciones necesarias, etcétera.
En este mismo post, concluíamos: 
En definitiva, en la historia de las revoluciones burguesas, la revolución permanente se opone a la revolución pasiva y en las categorías explicativas del materialismo histórico, los conceptos de revolución permanente y revolución pasiva se utilizan  para comprender las relaciones entre estructura y superestructura en la constitución de los Estados modernos, a partir de la comparación entre Francia e Italia. Explicación que por su parte alude a la dinámica de los acontecimientos, combinando cuestiones objetivas y subjetivas, cuya expresión se sintetiza en la existencia o ausencia de una fuerza "jacobina" capaz de hacerse con el mando e impulsar el proceso revolucionario más allá de los límites que buscan imponerle los sectores más moderados. 
Frosini precisa este debate, señalando que la "mediación dialéctica" de la revolución permanente debe entenderse como proyecto estratégico que tiene su expresión en el Príncipe moderno y su lucha por la hegemonía, mientras que la teoría de la revolución pasiva, sería la forma de advertir contra los riesgos de una comprensión del Prólogo en clave economicista o mecanicista. 

Agrego que esta problemática está relacionada con una temática gramsciana característica que es la que se resume en la pregunta: ¿Cómo surge el movimiento histórico sobre la base de la estructura?

Respecto de esta reflexión, vuelve a plantearse la relación entre revolución permanente y hegemonía, hasta dónde en Gramsci la primera es superada por la segunda, hasta dónde serían equivalentes con distintos contextos históricos (sociedad fluida en formación vs. sociedad de masas) hasta dónde se pueden establecer relaciones que permitan comprender en última instancia la dinámica de ambas cuestiones en la actualidad, cómo se conquista hegemonía y cómo se articula una dinámica permanentista de la revolución. 

En este sentido, retomando algunas cuestiones ya escritas en los artículos y posts linkeados más arriba, considero que una línea de reflexión podría ser la siguiente: 

-Considerar en primer lugar a la revolución permanente no como solamente una teoría, sino como la dinámica propia de las revoluciones modernas, incluidas las revoluciones burguesas. Esta dinámica reside en la imposibilidad de contener dentro del pueblo el desarrollo de los antagonismos de clase y con ellos de la constitución de la clase obrera como clase. 

-En este sentido, el "grito de guerra" de Marx en 1848 es una bandera para que la clase obrera interviniera de modo independiente en las revoluciones burguesas posteriores a la restauración, pero también una bandera para avanzar lo más posible en radicalizar la dinámica del proceso de una revolución democrático-burguesa que completa algunas de sus tareas pendientes a una revolución propiamente obrera. En este sentido, las concepciones de la revolución permanente en Marx y Trotsky tienen un fuerte elemento de continuidad. 

-Si tomamos entonces que la revolución permanente tiene que ver con la tendencia a la desagregación del bloque conocido como pueblo y la constitución de las clases y sus antagonismos, esto tiene, desde el punto de vista de las tareas, su correlato en la combinación de tareas democráticas y socialistas, cuestión que destaca, junto con el internacionalismo, la teoría de Trotsky. En este contexto, se plantea el lugar de la hegemonía dentro de una dinámica "permanente", sintetizado por Trotsky de la siguiente forma, que habíamos rescatado, acá
La mecánica política de la revolución consiste en el paso del poder de una a otra clase. La transformación violenta se efectúa generalmente en un lapso de tiempo muy corto. Pero no hay ninguna clase histórica que pase de la situación de subordinada a la de dominadora súbitamente, de la noche a la mañana, aunque esta noche sea la de la revolución. Es necesario que ya en la víspera ocupe una situación de extraordinaria independencia con respecto a la clase oficialmente dominante; más aún, es preciso que en ella se concentren las esperanzas de las clases y de las capas intermedias, descontentas con lo existente, pero incapaces de desempeñar un papel propio. La preparación histórica de la revolución conduce, en el período prerrevolucionario, a una situación en la cual la clase llamada a implantar el nuevo sistema social, si bien no es aún dueña del país, reúne de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado, mientras que el aparato oficial de este último sigue aún en manos de sus antiguos detentadores. De aquí arranca la dualidad de poderes de toda revolución.
-En este sentido, la constitución de la clase obrera como clase hegemónica es parte de la dinámica permanente de la revolución que describíamos más arriba. 

Si bien para pensar la cuestión de la dualidad de poderes desde Gramsci, deberíamos remitirnos al período consiliar, las Tesis de Lyon o practicar una lectura en clave más "luxemburguista" del Príncipe Moderno como partido-proceso; incorporando la cuestión de la hegemonía como inherente al desarrollo de la revolución permanente, se puede establecer una interpretación que supere la oposición estática entre la teoría de la hegemonía y la teoría de la revolución permanente, para contraponer a las estrategias de pasivización que imperan en distintos procesos actuales.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La hegemonía débil del "populismo"

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Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso

Descifrar la fisonomía de la “hegemonía débil” de los gobiernos posneoliberales o de los “populismos”, en momentos en los que muestran escasa capacidad de “resistencia” a la avanzada de las derechas, se torna importante no solo para entender la crisis que atraviesan estos proyectos, agotadas las condiciones que permitieron su auge; sino también porque podemos decir que en Latinoamérica estamos asistiendo a un lento, contradictorio y desigual proceso de emergencia de los asalariados.

Introducción

La “hegemonía”, las “revoluciones pasivas” y la “voluntad colectiva nacional-popular” (y en menor medida la de “Estado integral”) fueron algunas de las principales temáticas gramscianas con las cuales un destacado sector de la intelectualidad de izquierda latinoamericana intentara pensar la historia de nuestro subcontinente, sacar conclusiones de las derrotas de los procesos revolucionarios de los años ‘70 y establecer las claves de una concepción de tipo “gradualista” que bien sintetizara José Aricó cuando definía al marxismo de cuño gramsciano como el “punto de partida para pensar la transformación democrática de la sociedad”1.


jueves, 21 de mayo de 2015

A hegemonia débil do "populismo" (nota de la revista Ideas de Izquierda Nº 19 publicada en Esquerda Diário)

A hegemonia débil do “populismo”

Decifrar a fisionomia da “hegemonia débil” dos governos pós-neoliberais ou dos “populismos”, em tempos nos quais mostram pouca capacidade de “resistência” ao avanço das direitas, torna-se importante não apenas para entender a crise por que passam estes projetos esgotadas as condições que permitiram seu auge; mas também porque podemos dizer que na América Latina estamos assistindo a um lento, contraditório e desigual processo de emergência dos assalariados.

Introdução

A “hegemonia”, as “revoluções passivas” e a “vontade coletiva nacional-popular” (em menor medida a do “Estado integral”) foram algumas das principais temáticas gramscianas com as quais um destacado setor da intelectualidade da esquerda latino-americana tentou pensar a história do nosso subcontinente, extrair conclusões das derrotas dos processos revolucionários dos anos 1970 e estabelecer as chaves de uma concepção de tipo “gradualista” que bem sintetizou José Aricó quando definia o marxismo de cunho gramsciano como “o ponto de partida para pensar a transformação democrática da sociedade” [1].

sábado, 2 de agosto de 2014

Los estudios gramscianos y la revolución permanente



Leyendo el libro Horizontes Gramscianos (Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 2013) compilado por Massimo Modonesi, surge del artículo de Fabio Frosini "Hacia una teoría de la hegemonía" un debate que puede ser útil para pensar sobre las relaciones entre hegemonía y revolución permanente en la actualidad.

Frosini cita el C1 §44, en el que Gramsci señala: 

A propósito de la consigna "jacobina" lanzada por Marx a Alemania en 48-49 hay que observar su complicada fortuna. Retomada, sistematizada, elaborada, intelectualizada por el grupo Parvus-Bronstein, se manifestó inerte e ineficaz en 1905 y a continuación: era una cosa abstracta, de gabinete científico. La corriente que se opuso a ella en ésta su manifestación intelectualizada, al contrario sin usarla "de propósito" la empleó de hecho en su forma histórica, concreta, viviente, adaptada al tiempo y al lugar, como brotando de todos los poros de la sociedad que había que transformar, de alianza entre dos clases con hegemonía de la clase urbana.(Horizontes Gramscianos, pág. 67)

No deja de ser extraña la idea de que una teoría "abstracta" que se manifiesta "inerte e ineficaz" pueda ser empleada de hecho de manera "histórica, cocreta, viviente, adaptada al tiempo y al lugar", o mejor dicho parece una falsa oposición entre la realpolitik y la teoría. Pero incluso con esta objeción, es interesante cómo el propio Gramsci, en su oposición a la Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky como teoría, de hecho está reconociendo, planteando que fueron los bolcheviques los que de hecho la llevaron adelante, que esta teoría planteaba en líneas generales correctas cómo iba a ser el desarrollo de la revolución rusa, tanto como que en los hechos Lenin y Trotsky confluyeron en la política de "alianza entre dos clases con hegemonía de la clase urbana", eso sí, después de que Kamenev y Stalin en ausencia de Lenin, apoyaran al gobierno provisional entre febrero y abril (cuestión que corrigió Lenin con sus Tesis de Abril).

Por otro lado, cabe aclarar que Gramsci confunde la Teoría de la Revolución Permanente planteada en Resultados y Perspectivas, que era un teoría especialmente para Rusia, con la versión "madura" basada en la generalización de las lecciones estratégicas de las experiencias protagonizadas por el movimiento comunista en los años '20, en especial la revolución china de 1925-1927, a partir de la cual Trotsky generalizó la teoría (mientras Gramsci se limitaba para China a la política de Asamblea nacional pan-china sin hegemonía de la clase obrera).

En este contexto, si es correcto el criterio de Karl Korsch sobre que hay que entender el marxismo como una teoría de la revolución podemos considerar a la Teoría de la Revolución Permanente como el momento más alto del desarrollo de la teoría marxista en el Siglo XX, principalmente por el cambio de marco teórico que implica, respecto de las concepciones del marxismo “decimonónico”, que tuvieron sobrevida hasta los años 20 (principalmente la idea de que la revolución proletaria correspondía solamente a los países “avanzados”).

Pero para salir de la oposición estéril entre "hegemonía" y "revolución permanente", Frosini intenta relacionarlas, sin cambiar del todo el punto de vista de Gramsci, pero introduciendo una variante: 

Según Gramsci hay un fuerte nexo entre la consigna lanzada por Marx, el jacobinismo en su efectividad histórica y la organización hegemónica correspondiente al Estado moderno (¡hegeliano!), es decir la hegemonía de las clases productivas urbanas sobre los campesinos. En suma: la única manera para utilizar hoy la revolución permanente -a diferencia de Parvus y Trotsky, que la han reducido a una "teoría" (la han "sistematizado")-, es pensarla histórica y políticamente, como estructura de la hegemonía; pero también a la inversa: la única forma para pensar la hegemonía a la altura de Marx (sin dejarla caer en una composición "pasiva" de tipo hegeliano, o dejarla derivar hacia un "republicanismo" vacío y finalmente retórico, de tipo jacobino-radical) es anclararla a la revolución en permanencia. (Horizontes Gramscianos, pgs. 67/68). 

Más allá de que al repetir el argumento del supuesto "grupo Parvus-Trotsky" Frosini está reduciendo la Teoría de la Revolución Permanente a su versión inicial como ya dijimos sobre Gramsci, resulta acertada una definición que está ímplícita en su razonamiento y que sería más o menos así: "oponer la hegemonía a la revolución permanente tiene como resultado algún tipo de reivindicación de la revolución pasiva como programa por la positiva". 

Frosini lo plantea de esta forma: 

...  la diferencia entre la composición "pasiva" de los conflictos y su despiegue "en permanencia" marca la diferencia entre hegemonía burguesa y proletaria...

Y finalizando su artículo, sostiene: 

Entendida así, la hegemonía proletaria es la "forma actual de la doctrina cuarentaiochesca de la 'revolución permanente'", es decir que conserva la exigencia de la permanencia del movimiento, una vez que la sociedad civil hegeliana, haya sido repensada no sólo como "sistema de necesidades", sino como parte del Estado, más bien como aquel lugar en el que decisivamente la batalla política sea ganada o perdida.

En este contexto, si bien no comparto en lo más mínimo la idea de reducir la importancia histórica que la Teoría de la Revolución Permanente ha tenido el desarrollo del marxismo y por esa vía subordinarla a una "teoría de la hegemonía" que va de Lenin a Gramsci sin Trotsky, considero acertado el énfasis puesto por Frosini en la necesidad de ligar hegemonía y revolución permanente, aunque sería bueno que los gramscianos alguna vez se ocuparan de estudiar la Teoría de la Revolución Permanente propiamente dicha, además de dar por hecho lo que Gramsci dijo sobre ella conociéndola a medias.  

Digo que me parece acertado, no tanto porque sirve para despegar a Gramsci de las propuestas de revolución pasiva como programa, que es un problema de los gramscianos, sino sobre todo para complejizar el discurso teórico del trotskismo. 

En este contexto creo que para pensar las condiciones de actualidad de la Teoría de la Revolución Permanente, tenemos que volver a trabajar sobre las relaciones entre la "fórmula de Marx" centrada en la necesidad de una ubicación independiente de la clase obrera frente a las fracciones burguesas que intentaban limitar la radicalidad de las revoluciones de 1848,  la "fórmula de Gramsci" sobre la hegemonía (siempre combatiendo el relativo desplazamiento que éste realiza de la centralidad de la clase obrera a una especie de "bloque nacional-popular") que hace hincapié en la necesidad de que la clase obrera conquiste la dirección "intelectual y moral" de las clases "subalternas" (oprimidas socialmente y sin representación política propia) en sociedades en las cuales el Estado se presenta como estado "integral" (o estado ampliado) cooptando las organizaciones obreras como base del orden burgués y la "fórmula de Trotsky" que lleva la "permanencia del movimiento" a un nuevo nivel de generalización teórica, acorde a la experiencia histórica: de democrático-burguesa a socialista, de nacional a internacional,  y como revolución permanente al interior de la sociedad posrevolucionaria. 

Si bien "la fórmula de Trosky" contiene las dos anteriores y no a la inversa, lo cierto es que para afirmar tal cosa hay que precisar en qué sentido las contiene. 

En este marco, si intentamos pensar la dinámica actual de la revolución permanente, podemos decir que a diferencia del período de la segunda posguerra en que esa dinámica se bloqueó y la revolución se trasladó a la periferia mientras había estabilidad en los países centrales, mientras en el ascenso 68/81 tendieron a confluir de nuevo las metrópolis y la periferia, retrocediendo de conjunto durante la "restauración burguesa" del neoliberalismo; en la actualidad vuelve a generarse una dinámica más "totalizadora" en la que pueden darse procesos en los distintos continentes sin que ninguno tenga la exclusividad ni de las crisis y revoluciones ni de la estabilidad. 

En este sentido, la  permanente de Trotsky goza de buena salud. Sin embargo, al intervenir todavía la clase obrera como un actor dentro de movimientos populares heterogéneos sin lograr todavía la dirección, sigue vigente la "fórmula de Marx" o mejor dicho el programa permanentista pasa en primer lugar por conquistar una posición independiente de la clase obrera para que avance en reconocerse como sujeto y a su vez se plantee la necesidad de hegemonizar a los demás sectores oprimidos. 

A esto se agrega que la relativa generalización de las características "occidentales"  (Estado "ampliado", basado en la extensión de la democracia burguesa, la estatización de los sindicatos y la formación de la "opinión pública" a través de los medios de comunicación) a la mayoría de los países, hace que la "fórmula permanentista" de Trotsky tienda a coincidir en parte con la "fórmula hegemónica" de Gramsci que advierte que el enemigo a enfrentar es un aparato estatal "basado en algo más" que la dominación pura y dura.