Communisme et stratégie (París, Éditions Amsterdam, 2019, 332 pp.) es una nueva contribución de Isabelle Garo que viene desarrollando desde hace años una sólida reflexión sobre problemas del marxismo. Nombraremos algunos de sus libros –que aún no han sido traducidos al castellano– como Marx, une critique de la philosophie (Seuil, 2000) y Foucault, Deleuze, Althusser & Marx: La politique dans la philosophie (Démopolis, 2011).
La entrevista de Pablo Iglesias con Toni Negri en Otra Vuelta de Tuerka se encontraba dentro de lo previsible, aunque permite desarrollar algunas reflexiones. Recomendamos verla completa, antes de leer este post.
Decimos "dentro de lo previsible", porque Negri ya había adelantado acá su posición sobre PODEMOS, que resumidamente consiste en caracterizarlo como una fuerza reformista y a la vez aconsejar que dicha formación impulse "contrapoderes sociales" o un proceso "constituyente" desde abajo.
Y si bien las partes más interesantes de la entrevista tienen que ver con la vieja militancia de Negri, lo central pasa precisamente por su posiciomiento actual. Ya que Iglesias puede mostrar que su "populismo" cuenta con el apoyo del pope del "marxismo autonomista" y de esa forma reforzar la idea de que PODEMOS es la expresión genuina del proceso del 15M.
No obstante el rol claramente "instrumental" que tiene la entrevista dentro de la estrategia electoral de Iglesias, podemos analizar algunos elementos que sirven, no tanto para discutir las posiciones del líder de PODEMOS, sobre lo que hemos escrito otras veces (ver acá y acá, por ejemplo), sino más bien analizar el derrotero de Toni Negri y sus actuales posicionamientos.
A lo largo de su trabajo teórico (recomendamos leer unas críticas acá, acá y acá), Negri ha radicalizado progresivamente una idea que estaba en la base del operaismo italiano: que la modernización y reconfiguraciones del capitalismo son producto de la lucha obrera y no al revés, como se pensaba desde cierto "automatismo" socialdemócrata. Esto hace, por ejemplo, que Negri plantee que "el precariado" no era solamente una política del neoliberalismo para quitar derechos a la clase trabajadora sino también de algún modo una respuesta al rechazo de los obreros por la explotación en la fábrica. O la famosa idea de que "la multitud llamó al Imperio", que Bin Laden supiera hacer entrar en desgracia antes de que tomara la posta George W. Bush...
En este contexto, animado a su vez por la idea deleuze-althusseriana de construir un materialismo sin dialéctica, pasando del obrero masa al obrero social y después a la multitud, Negri ha ido radicalizando la comprensión de la relación entre el capitalismo y la clase obrera en términos de una exterioridad (a lo que hace referencia en la entrevista cuando menciona a David Harvey y la teoría de la "acumulación por desposesión"), lo cual está bastante bien explicado en un reciente artículo sobre la huelga abstracta.
La consecuencia teórica y estratégica de esta exterioridad radical, es una vuelta del reformismo y el programa mínimo. Aunque esta afirmación pueda sonar brutal, no por eso deja de ser cierta.
Sucede que la confusión que desarrolla Negri entre las relaciones de clase y la dominación política, considerando "superada" la vieja forma de explotación capitalista y pasando a postular el rol de la patronal como esencialmente político, crea la ilusión de que el mecanismo de explotación puede ser derrotado con medidas que cambien la política sin cambiar las relaciones sociales (que solamente deberían seguir desarrollando la autonomía del trabajo abstracto liberado del comando capitalista) como una Renta Universal Ciudadana.
Y es desde esta posición que, a contramano de cualquier tradición inmanentista, el propio Negri cae en un grosero dualismo, el cual encaja como anillo al dedo con una postura "progresista": la autonomía de base desde abajo, alentada desde arriba por un reformismo bien entendido, con el ejemplo de .... Roosevelt.
La afirmación de que la experiencia latinoamericana de la última década "demuestra" la superación del estado nacional, porque la "colaboración" de los distintos países habría evitado que las multinacionales intervinieran en el desarrollo; parece un chiste de mal gusto para quienes vivimos de este lado del mundo. Primero porque las multinacionales (con desigualdades) han hecho sus negocios en la "década ganada" y en general han seguido determinando el desarrollo de los países. Y segundo porque la integración no ha pasado más que de acuerdos político-comerciales que hoy atraviesan una crisis (ALBA-Mercosur).
Negri repite más de una vez que su pensamiento "es profundamente institucional", porque "nosotros nunca hemos sido anarquistas", aclara. Pero, sin embargo, pese a que dice que lo que quedó de las experiencia de Quaderni Rossi y posteriores agrupamientos, es la sensación de una profunda autonomía de base, no propone ninguna "institución" de la democracia de base, sean comisiones internas de fábrica, coordinadoras interfabriles, soviets, asambleas populares, juntas vecinales o lo que fuere en tal sentido, que solamente quedan como una expresión del pasado.
Lo más parecido a una institución a lo que hace referencia (además de los gobiernos "progresistas") es al tipo de coalición amplia del estilo PODEMOS (que "lamentablemente no existe en Italia").
De esta forma, la "potencia de la multitud" que supuestamente no necesita de "mediaciones tradicionales" como partidos y programas revolucionarios, pero puede servirse de "necesarios" líderes mediáticos; termina siendo, por decirlo con términos un poco argentinos, la "columna vertebral" de un movimiento donde la "cabeza" son los intelectuales posmarxistas que postulan al Estado nacional como agente del cambio histórico. Dicho en los términos de Negri "una buena interpretación del reformismo, no de la revolución". ------ (Agregado el 03/06/2015) Versión en italiano, acá
Hace cinco años, pregunté a Toni Negri desde el público de una charla si él consideraba que se podía analizar la situación latinoamericana, en particular el proceso de lucha en Bolivia, utilizando su idea de una multitud que incluiría una multiplicidad de sujetos que se constituyen como tales en el momento del acontecimiento. Dado que los aymara llevan 500 años de lucha y los mineros casi un siglo, y ambos se reconocen con identidades muy marcadas, parecía más que dudoso. Su respuesta fue que no conocía el proceso boliviano, por lo que no podía responder. La charla en la fábrica Grissinópoli terminó porque Negri tenía que asistir a una cena con el grupo Michelángelo, que incluía a varios funcionarios del gobierno de Néstor Kirchnner.
La entrevista publicada el domingo 07-09 en el suplemento Debates del diario Río Negro, muestra que Negri ahora sí opina sobre América Latina, aunque no haya avanzado gran cosa en su conocimiento de la realidad de nuestro subcontinente.
Las principales ideas expresadas por Negri son: que los gobiernos actuales son el resultado de la lucha de la gente por más democracia, que los países se hacen responsables de su situación sin culpar a EEUU, salvo Chávez que sin embargo no representa al conjunto de los presidentes "progresistas" y que en este contexto América Latina se iría constituyendo en un actor de peso en la realidad mundial junto con India, Rusia, China, la UE y EEUU. Nada muy distinto de lo que podrían decir Alfonsín o Duhalde…
La pregunta que queda después de repasar estos tópicos es la siguiente: ¿Dónde quedó el autonomismo de Negri? Intentaremos ensayar una respuesta al respecto.
Negri hizo furor en la Argentina en los días agitados posteriores al 19 y 20 de diciembre del 2001. La idea de una multitud sin predominancia de una subjetividad hegemónica coincidía con el espíritu del activismo de las asambleas barriales y con el sentido de la moda intelectual. Imperio y en menor medida, Gramática de la multitud, de Paolo Virno, se hicieron libros comentados en los más variados ámbitos.
Como cuestionamiento a la izquierda marxista, Negri defendía la construcción de espacios de autodeterminación por fuera de la lucha por el poder estatal, el "éxodo" era la única opción posible frente a un sistema que reformula los desafíos desde abajo y se reconvierte para neutralizarlos. Para no ser fagocitados por la perversa dialéctica de revolución y restauración, había que mantenerse al margen, evitar las mediaciones (la organización en partido) y las transiciones (la lucha por un Estado de nuevo tipo) y realizar el comunismo aquí y ahora. En su momento, el amigo Christian Castillo señaló que ese comunismo aquí y ahora se parecía mucho a la coexistencia con el capital, lo cual disgustaba sobremanera a los "negristas" locales.
El recambio de los gobiernos latinoamericanos por un lado y el unilateralismo yanqui por el otro, dejaron poco y nada del autonomismo de Negri, que pasó a recostarse sobre las alas "progresistas" de la política mundial, abandonando su retórica "comunista" y sus llamados a la organización desde las bases. Pero en este cambio hay, mal que le pese a algunos, una lógica continuidad. La negación de la lucha por el poder obrero y de la organización necesaria para dicha tarea, cuando los gobiernos hacían un culto desembozado de la represión y el neoliberalismo, podía parecer a algunos incautos una expresión de rechazo a toda forma de regimentación del movimiento social. Sin embargo, cuando el Estado, igualmente represor, se presentó con la máscara "progresista" (sin omitir importantes lazos de continuidad con el neoliberalismo), Negri abandonó a la "multitud" en aras de una nueva vieja subjetividad: El Estado como expresión del pueblo, categoría que Negri alguna vez denunció como un engaño para justificar la dominación burguesa. A su vez, el comunismo aquí y ahora dejó lugar al reclamo de más democracia en los marcos de dominación vigentes, ubicándose en cuanto a la denuncia del imperialismo yanqui claramante a la derecha de Chávez.
Aunque Negri aborrece la dialéctica, ha dado muestras de estar prisionero en una de las más elementales. Su pensamiento se ha negado a sí mismo. No resistió siquiera estos cinco años de recambios gubernamentales.
Demostró, en definitiva, que el autonomista no es otra cosa que un reformista que está a la espera del próximo "progresismo".