En una entrevista que publicamos en julio de 2018, Razmig Keucheyan afirmaba que el marxismo ganó autoridad en el terreno de la explicación de la crisis capitalista frente a otras teorías críticas, que como no tenían mucho que decir sobre el capitalismo tampoco tenían nada que agregar sobre su crisis. Sin embargo, señalaba que esta mayor capacidad explicativa no tiene todavía un correlato en una recomposición política acorde. Retomando esta reflexión, intentaremos plantear algunas cuestiones sobre la actualidad de la política y la estrategia marxista y algunos desafíos a los que tiene que responder hoy.
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domingo, 10 de febrero de 2019
martes, 4 de diciembre de 2018
De Pasado y Presente al frente anti-Macri
En “Aricó y el marxismo: la potencia de su legado”, Marcelo Starcenbaum nos ha acercado su contribución al debate sobre el pensamiento de José Aricó y su productividad para abordar los problemas de la teoría marxista y la actualidad argentina, que publicamos en el número anterior de este semanario. Recordemos que el debate se inicia en estas páginas con un artículo de Martín Cortés y posterior respuesta de quien esto escribe.
Marcelo retoma algunos de los temas tratados por Martín, pero centrándose especialmente en una crítica sobre nuestro modo de interpretar las elaboraciones y el legado de José Aricó. Su artículo contiene algunas observaciones que podríamos llamar metodológicas y otras específicamente referidas a ciertos posicionamientos teóricos y políticos de Aricó y su relación con el problema de cómo se estructura una práctica emancipadora de los sectores populares.
Abordaremos en primer lugar la cuestión metodológica, para luego tratar los temas políticos y estratégicos.
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lunes, 12 de noviembre de 2018
Mario Tronti: ¿autonomía o reducción de lo político?
Este mes sale de la imprenta La autonomía de lo político de Mario Tronti publicado por primera vez en castellano por la editorial Prometeo, con traducción, introducción y notas a cargo de Martín Cortés.
domingo, 4 de noviembre de 2018
Trotsky: marxismo y sindicatos
La cuestión de los sindicatos y su rol es de gran importancia en la política argentina e internacional. En la tradición marxista ha sido un tema abordado en profundidad. Si bien en las últimas décadas se han dado una serie de cambios significativos que exceden ciertos aspectos del análisis clásico, los fundamentos marxistas de la cuestión sindical siguen siendo centrales para pensar el problema. En este artículo tomaremos especialmente algunos puntos del recorrido de Trotsky sobre el tema, por ser uno de los marxistas que siguió en mayor profundidad la evolución de los sindicatos y su relación con el Estado, desde un punto de vista tanto conceptual como estratégico.
domingo, 24 de junio de 2018
Massimo Modonesi: "La izquierda no debe ni puede confundirse con el progresismo"
Massimo Modonesi es historiador y sociólogo, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Nacido en Roma, vive hace muchos años en el país azteca. Es autor de múltiples artículos y libros como Subalternidad, antagonismo, autonomía. Marxismos y subjetivación política, El principio antagonista. Marxismo y acción política y Revoluciones pasivas en América. Forma parte también de la Asociación Gramsci de México.
En esta entrevista conversamos sobre algunas cuestiones centrales de su abordaje teórico para pensar los problemas de la acción política, los movimientos de lucha y la constitución de subjetividades políticas desde el marxismo, la relación entre la clase trabajadora y otros movimientos sociales, la cuestión de los intelectuales, la situación en México y América Latina, entre otros temas.
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domingo, 10 de septiembre de 2017
Una escuela de pensamiento estratégico
A propósito del libro de Trotsky Los primeros 5 años de la internacional Comunista.
En octubre de 2016, Ediciones IPS-CEIP y la Casa Museo León Trotsky de México han puesto en circulación el 9° tomo de las Obras Escogidas de Trotsky. Se trata de Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, una obra publicada por primera vez en castellano de manera íntegra, que reúne artículos, documentos, cartas, discursos y ensayos del revolucionario ruso relativos a los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista.
Algunos de ellos, como “Una escuela de estrategia revolucionaria”, el “Informe sobre la NEP y las perspectivas de la revolución mundial”, “Sobre el Frente Único” o “Flujos y reflujos”, ya habían sido incluidos en otras compilaciones del CEIP o en textos de otras editoriales. Sin embargo, estos son apenas algunos de los 59 trabajos de Trotsky que componen el volumen.
Publicado originalmente en 1924 cuando ya se había iniciado en la URSS la “lucha contra el trotskismo”, que retomaba las viejas querellas del marxismo ruso para limar la influencia de Trotsky en el partido y el Estado soviéticos, este libro muestra con toda claridad su rol en los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (IC); el trabajo común con Lenin y por supuesto muchas de sus ideas. Permite comprender el posterior desarrollo de la teoría y la actividad de Trotsky, a partir de un conjunto de problemas tácticos y estratégicos del movimiento obrero en la primera posguerra. Intentaremos realizar un pequeño repaso sobre algunos de ellos.
jueves, 13 de julio de 2017
martes, 11 de julio de 2017
lunes, 26 de junio de 2017
jueves, 15 de junio de 2017
[DOSSIER] ¿Adónde va la contracultura de la protesta?
Reflexión y debate colectivo sobre los problemas estratégicos de la izquierda y los sectores que luchan en Neuquén y Río Negro.
Redacción Neuquén
Miércoles 14 de junio | Edición del día
En el fin de ciclo del neoliberalismo a nivel internacional, estamos asistiendo a una crisis de las formaciones políticas tradicionales, en particular de la socialdemocracia europea (con las excepciones del PS Portugal y el reciente reanimamiento el Partido Laborista en Reino Unido tras la figura de Jeremy Corbyn). Con la crisis capitalista que irrumpió en 2008 como telón de fondo, de la que no se termina de salir, pero tampoco se desarrolla como una crisis catastrófica, surgen crisis orgánicas en formaciones estatales muy importantes como EEUU y Francia o en América Latina, Brasil.
En este contexto, la reflexión sobre los problemas estratégicos a los que tiene que responder la izquierda (social y política) es fundamental. Partiendo de que la Argentina es un país con una alta tasa de sindicalización y una conflictividad significativa, en este dossier nos proponemos analizar a dónde va la protesta social neuquina, que puede constituirse como objeto de análisis específico no sólo por una delimitación geográfica, sino sobre todo por determinadas condiciones particulares de la provincia de Neuquén: más de medio siglo de gobierno del MPN, gran peso relativo de los sindicatos en la vida de la provincia, experiencias de sindicalismo combativo y/o clasista, movimiento de mujeres, movimiento estudiantil, el pueblo mapuche, fábricas recuperadas y por último, como fenómeno más reciente, el surgimiento de una izquierda política con proyección electoral, como el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que cuenta con dos bancas en la Legislatura provincial.
Para realizar esta reflexión, contamos con las contribuciones de Ariel Petruccelli (Historia-UNCo), Marcelo Lafón (militante de base de ATEN, profesor de Historia) y José Luis Bonifacio (Sociología-UNCo), autores involucrados en las luchas sociales de la región, desde el punto de vista práctico y de la reflexión teórica.
El artículo de Ariel Petruccelli retoma los alcances del concepto de “contracultura de la protesta” acuñado en su libro Docentes y piqueteros, desde el cual analiza ciertas peculiaridades de las luchas sociales neuquinas, sus potencialidades, para trazar las perspectivas de un proyecto de transformación profunda en la región.
Marcelo Lafón, partiendo de un contexto internacional y proponiendo un enfoque que destaca la tentativa del neoliberalismo para desarticular las identidades colectivas, plantea los contornos de esa política en el plano nacional y se interroga sobre ciertas limitaciones de la protesta social en Neuquén y los modos de “transcenderse a sí misma”.
José Luis Bonifacio desarrolla un análisis comparativo de los movimientos de lucha en Neuquén y Río Negro, destacando similitudes y diferencias y poniendo en relación las protestas sociales con las matrices económicas predominantes en ambas provincias, marcando a su vez la heterogeneidad de los movimientos de lucha.
Por último, el artículo de Juan Dal Maso y Raúl Godoy retoma la problemática de la “contracultura de la protesta” para volver a debatir sobre la lucha de estrategias e ideológica que se da al interior del espectro de la protesta social neuquina y las potencialidades de una experiencia como la del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.
Cuatro contribuciones que desde puntos de vista diferentes aportan elementos para una reflexión sobre a dónde va la protesta social en la región y cuáles deben ser las tareas de la izquierda.
Por último, desde la regional Neuquén del PTS queremos dedicar este dossier a la memoria de Ezequiel Castro y Laura Rimedio, valiosos militantes que tuvimos que despedir con profunda tristeza pero también con muchísimo orgullo recientemente y enviamos toda la fuerza para Federico Rotelle que sigue peleando por su vida. Con este pequeño homenaje, volvemos a levantar sus banderas.
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sábado, 1 de abril de 2017
Jacques Rancière o los desafíos del marxismo
Introducción
Siempre es difícil de determinar cuál es el último libro de Rancière, porque siempre aparece uno nuevo. Sin embargo, estas líneas no tienen la pretensión de hacer un análisis global ni absolutamente detallista de su obra. Antes que nada me interesa tomar en cuenta algunos de sus planteos principales, o característicos, que en definitiva representan un desafío para el marxismo. Y entonces plantear (sí, otra vez), una pregunta "gramsciana": ¿podemos traducir algunas de las principales ideas de Rancière en términos marxistas? Esta tarea supondría dos cuestiones. La primera, reconocer alguna legitimidad a las críticas que Rancière esgrime hacia el marxismo. La segunda, pensar estas críticas como expresión no tanto de una actitud hostil del autor hacia el pensamiento marxista, sino como la cifra de algunos desafíos que la tarea de recomposición y renovación del marxismo debe enfrentar hoy.
Señalaremos entonces que la trayectoria crítica de Rancière respecto del marxismo, inseparable de su trayectoria política singular, se inserta en un contexto específico: aunque en sus obras dirija críticas a ciertas ideas de Marx, el marxismo del que se alejó Rancière tenía la marca del "cientificismo" del Althusser previo al "materialismo aleatorio" primero y el voluntarismo burocrático del maoísmo después. Veremos luego que en muchas de sus críticas a Marx (sobre todo en El filósofo y sus pobres, pero no solamente) se puede reconocer cierto ajuste de cuentas con estas tradiciones antes que con el propio Marx.
Asimismo, los problemas señalados por Rancière como nodales para cualquier empresa emancipatoria pueden ser incorporados en una relectura de los problemas de la teoría y la estrategia marxista: la búsqueda de una "comunidad de iguales" como punto de partida y no como el resultado de un largo proceso previo de legitimación de toda clase de desigualdades, la crítica de cualquier "sustitucionismo" en términos de representación política de la clase trabajadora y los sectores populares, la importancia de la política en términos de un proceso de subjetivación que cuestiona el lugar que se pretende adjudicar a los trabajadores, las mujeres y los pobres en la sociedad, que generalmente une la división de clases con la división del trabajo manual e intelectual.
A todos estos problemas, las distintas variantes de "socialismo real" dieron una respuesta que Rancière denominaría policial (ver más abajo sobre la República de Platón): el trabajo a destajo, las privaciones y la represión de la disidencia eran la garantía del irrefrenable avance del socialismo, el partido "de la clase obrera" siempre tenía razón incluso contra la clase obrera, la democracia de base era "trotskismo" y debía ser reemplazada en el mejor de los casos con un régimen plebiscitario, acompañado de una represión constante.
Podría decirse que la crítica de este tipo de experiencias, unida a una crítica del marxismo clásico, es un rasgo que Rancière comparte con el posmarxismo y el autonomismo. Pero hay una diferencia. Mientras el posmarxismo se dedicó a "deconstruir" el sujeto proletario para terminar erigiendo como sujeto al Estado y el autonomismo buscó un nuevo sujeto en la "multitud" más o menos no-estatal, siempre y cuando no haya gobiernos "progresistas"; Rancière buscó fundamentar una teoría política alternativa a la del marxismo, rescatando las experiencias del movimiento obrero de los orígenes (ver La noche de los proletarios), anterior al Manifiesto Comunista, y que a su vez tuvo vasos comunicantes y una gran influencia en Marx y Engels, aunque Rancière destaque sobre todo los puntos de ruptura o desacuerdo. En este artículo analizaremos especialmente algunas de sus críticas al marxismo y los elementos que hacen a su teoría política.
¿Un Marx "sustitucionista"?
Partiendo de la crítica a la división del trabajo manual e intelectual, Rancière cuestiona el rol asignado por Platón a la filosofía y los filósofos, en la República: un orden en el que los filósofos piensan y gobiernan, los militares cuidan y los zapateros trabajan. Este "reparto de lo sensible" que impone a cada categoría social un oficio y una estructura intelectual y de sentimientos, es lo que llama policía como aquello que se contrapone a la política, es decir al acto de afirmación por parte de un colectivo en términos que cuestionan el lugar que le fuera asignado por el orden policial (cuando los zapateros dicen "no somos zapateros, somos proletarios", cuando Blanqui se identifica del mismo modo en el momento en que el Tribunal que lo juzga le pregunta su profesión, cuando lo estudiantes del '68 gritan "somos todos judíos alemanes"). La política por definición es más o menos contingente y las tentativas de institucionalización pueden llevar a una nueva variante de policía.
De aquí que Rancière realice una valoración positiva del movimiento obrero pre-marxista, que perseguía la igualdad de los obreros, en tanto ciudadanos y sujetos de cultura, más allá y a pesar de la diferencia de clase y sin una estrategia de conquista del poder.
En El filósofo y sus pobres, Marx va a aparecer como Herr Doktor, que busca explicarle a los proletarios comunistas (como Weitling y otros) que ellos no son los verdaderos proletarios comunistas, tarea, acota Rancière que es muy difícil incluso para los mejores dialécticos. Sin embargo, como probara David Riazanov, la actividad política de Marx en los años '40 del siglo XIX estuvo lejos de la de un intelectual que se ubicaba por encima de los obreros. Incluso si se considera que Riazanov exagera el rol de organizador de Marx, su labor como impulsor de la Liga de los Comunistas, en la que estaba en igualdad de condiciones con dirigentes y organizadores obreros, que incluso lo obligaron a entregar el texto del Manifiesto Comunista, bajo apercibimiento de recibir una sanción, se encuentra claramente documentada. Más allá de lo que pensara sobre Weitling u otros militantes obreros, Marx formaba parte entusiasta de una "comunidad de iguales". Por otro lado, su crítica a las variantes del "socialismo utópico" estaba más centrada en su incomprensión de la sociedad capitalista que en su igualitarismo. Sin duda existe una cierta tensión inherente a la actitud de Marx de formar parte del movimiento obrero de su época y formular "científicamente" las ideas de ese movimiento. Llevada a una extremo la crítica teórica, puede caerse en la adjudicación para los intelectuales del "punto de vista" de la clase obrera, tal como critica Rancière. Pero el propio Marx, como destaca Emmanuel Barot, ya había postulado en La Ideología Alemana que el comunismo era el "movimiento real que busca abolir el estado de cosas existente", separándose de esas posiciones.
En este caso, la crítica de Rancière podría resultar más adecuada a la vieja teoría "sustitucionista" que esgrimieron los PC de la segunda posguerra desde Vietnam hasta Europa Occidental: el partido como depositario del "punto de vista" de la clase obrera.
El Maestro ignorante y el educador-educado
El Maestro ignorante es uno de los trabajos más conocidos de Rancière, que hemos comentado en otra oportunidad. Destacando la experiencia de Joseph Jacotot y su "método de la enseñanza universal", Rancière postula la importancia de la emancipación intelectual tanto como el reconocimiento de la igualdad de las inteligencias, que para Jacotot eran la clave de toda emancipación, intraducible a un proyecto de emancipación social, ya que la sociedad se basaba en la ficción de la desigualdad. No obstante este escepticismo social y político, la idea del Maestro ignorante y del reconocimiento de la igualdad de las inteligencias como punto de partida para cualquier práctica revolucionaria no es algo ajeno a Marx, creador de la metáfora del educador-educado. Tanto es así que en la tercera de sus Tesis sobre Feuerbach, señala positivamente una idea que Rancière defiende a su vez, pero como alternativa al marxismo:
La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la división de la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Roberto Owen). La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.
La diferencia radicaría en que en la lectura de Jacotot por Rancière, esta diferencia entre educador y educado se resuelve por la vía de una práctica educativa radicalmente igualitarista, mientras que en el caso de Marx, esa práctica se amplía y rebasa hacia la actividad práctica revolucionaria. Es decir, mientras que el Maestro Ignorante es un punto de partida y llegada simultáneamente, el educador-educado es un punto de partida, desde el cual la actividad práctica revolucionaria busca modificar radicalmente las circunstancias que dieran origen a esa división. De allí que la figura del educador-educado de Marx, sin ser del todo contraria al Maestro Ignorante, parece muy distinta de la Aristocracia Proletaria que propuso Badiou como alternativa al Jacotot de Rancière (ver conferencia sobre Rancière en La aventura de la filosofía francesa a partir de 1960, LOM, Santiago de Chile, 2014). Si el educador debe ser educado, el movimiento proletario no puede dividirse en aristócratas y plebeyos, aunque sea de modo contingente.
Marx, la metapolítica y la revolución permanente
En El desacuerdo (también en En los bordes de lo político) Rancière formula la concepción de la política que se opone a la policía, a la que hacíamos referencia en la introducción. Su crítica al pensamiento de Marx sobre la política es que al reducir la igualdad política a la desigualdad social, disminuye notablemente las capacidades emancipatorias de la política entendida como acto de afirmación de una identidad por un colectivo que cuestiona el orden policial. De aquí que para Rancière Marx postula una metapolítica que plantea como imposible la emancipación política sin modificar la estructura de clases, lo cual siempre puede dar lugar a un nuevo orden policial.
Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. Dado que Marx fue también un hombre político que intervino en la política proletaria de su época, sus ideas en este terreno no se reducen a una denuncia de la "ficción" política. En primer lugar, porque el propio Marx buscó precisamente la constitución de una política en el sentido apuntado por Rancière: que los trabajadores divididos en distintos talleres y oficios se identificaran como proletarios y de ese modo comenzar a cuestionar el orden policial. Cierto que para Marx esa política podía tener una duración mayor y ser menos contingente, pero el propio Marx planteó una alternativa para que la política proletaria no degenerara en policía (para usar los términos de Rancière): la revolución permanente.
Planteada como la bandera del proletariado en las revoluciones democrático-burguesas tardías de 1848, la idea de la revolución permanente no es exactamente asimilable a un proceso que no se termina nunca y mantiene siempre la misma velocidad e intensidad. Pero sí contiene la idea de que toda "institucionalización" de la revolución (pasible de devenir policía) no puede revestir otra forma que la de la precariedad y otro contenido que el de un movimiento constante (aunque contenga avances y retrocesos). No casualmente Marx fue especialmente crítico de aquellas ideas que suponían una síntesis entre socialismo y Estado burgués, como la consigna fundacional de la socialdemocracia alemana del "Estado popular libre". La Comuna de París fue precisamente un ejemplo, en vida de Marx, de la constitución de un cuerpo político que cuestionaba el orden policial, que buscó destruir esa experiencia a sangre y fuego.
Esta idea de revolución permanente que luego sería retomada por otros autores marxistas, pero especialmente desarrollada por Trotsky como una teoría integral, supone para la revolución proletaria un proceso de constantes transformaciones al interior de la sociedad de transición, cuya continuidad es una de las garantías (las otras son la extensión internacional de la revolución y la democracia de los trabajadores) contra la posibilidad de burocratización, es decir de la constitución de un orden policial en los términos de Rancière.
Algunas conclusiones
Hemos intentado mostrar que muchos tópicos del pensamiento de Marx están más cerca de Rancière que el marxismo cientificista criticado por el filósofo francés. Esto no quiere decir que los problemas planteados por este sean ociosos. Por el contrario, sus estocadas, muchas veces certeras, permiten no sólo rediscutir en qué medida el pensamiento de Marx es distinto de ciertos "marxismos" sino también volver a pensar las tensiones existentes en el propio Marx sobre estos problemas y buscar una lectura más acorde a los desafíos que tiene que enfrentar el marxismo hoy.
En este contexto, si bien el pensamiento de Rancière, incluso por el peso dado en su reflexión a la cuestión estética y sus implicancias políticas, es un pensamiento alternativo al de la estrategia o pre-estratégico, no por eso es necesariamente anti-estratégico. Se ubica en otro registro, que puede ser retraducido parcialmente al lenguaje del marxismo para replantear la teoría política marxista que es consustancial a su estrategia, en las condiciones actuales de debate político-ideológico, precisando su "forma actual".
domingo, 26 de febrero de 2017
Una vez más: peronismo e izquierda
Sobre la polémica Jorge Alemán-Eduardo Grüner-Horacio González. Una contribución sobre Marx, el “Qué hacer”, la clase obrera y los horizontes neoliberales.
viernes, 20 de enero de 2017
11 videos para difundir y romper el cerco mediático contra la lucha de AGR-Clarín
La lucha de los trabajadores enfrenta al Gobierno, a Clarín, pero también a la mayor parte de los medios de comunicación que ocultan su lucha. La Izquierda Diario le propone a sus lectores difundir en todas las redes sociales estos once videos para que entre todos ayudemos a que se conozca su pelea.
lunes, 6 de junio de 2016
lunes, 30 de mayo de 2016
Francia 2016: apuntes de situación
El movimiento de lucha contra la reforma laboral en Francia, con la reciente manifestación del 26/05 en París y el endurecimiento de la huelga de las refinerías, ofrece algunas aristas para el análisis de ciertos problemas teórico-políticos de gran importancia para el marxismo, que demuestran de paso su actualidad.
Señalaremos algunas de estas cuestiones, agradeciendo especialmente al compañero Damien Bernard de Rèvolution Permanente por sus aportes sobre la situación francesa y sus disyuntivas.
Señalaremos algunas de estas cuestiones, agradeciendo especialmente al compañero Damien Bernard de Rèvolution Permanente por sus aportes sobre la situación francesa y sus disyuntivas.
Los CRS no leen a Poulantzas
Venimos viviendo un cierto revival "poulantziano" animado por las experiencias de Syriza y PODEMOS. Partiendo de considerar superada toda posibilidad de "dualidad de poderes" (Trotsky), los enfoques tendientes a oponer una teoría "amplia" del Estado, caracterizada por la puesta en relieve de su base consensual y la posibilidad de una transición al socialismo sin ruptura revolucionaria han gozado de cierta fortuna durante los últimos años, como alternativa a una teoría supuestamente "restricta" del Estado entendido como órgano de opresión de una clase sobre otra (Lenin).
El cuerpo especial de represión de la policía francesa ha liquidado en el transcurso de unos pocos meses la supremacía de estos enfoques, por lo menos en su versión más naive.
Lógicamente, esto no quiere decir que el Estado francés no se base en mecanismos de "consenso" y solamente se sostenga por la represión. Precisamente su política se dirige hacia el objetivo de terminar de liquidar uno de sus aspectos "consensuales": lo que queda de las conquistas del llamado "Estado social".
Tampoco se puede negar la fuerza ideológica del "republicanismo", sentido común promovido desde el Estado a fin de identificar democracia y orden. Destaquemos de paso que el accionar de Hollande y Valls está generando una deslegitimación a nivel de masas de esta gran idea-fuerza del régimen burgués.
Asimismo, la política "anti-terrorista" y guerrerista de Hollande ya venía ensayando, con la implementación del Estado de emergencia, la construcción de una suerte de "consenso coercitivo" para salir por arriba, con más bonapartismo, del laberinto creado por las encerronas del capitalismo francés.
La política de represión sistemática hacia las manifestaciones contra su reforma laboral reaccionaria, intensificada a partir de que el gobierno percibió que sería imposible imponerla de otro modo, es una buena demostración de cómo en los momentos "directamente decisivos" (es decir aquellos en los que la única opción que queda es la fuerza), el Estado "ampliado" se vuelve "restricto", transformando esta característica en predominante.
Esto demuestra por otra parte, el error de aquellos que interpretan la teoría gramsciana del Estado integral como "más consenso que represión", pero esa es otra historia...
Estudiantes y obreros
Francia ha sido durante varias décadas uno de los "centros de gravedad" de la "muerte del sujeto". Ya en 1974 decía Jacques Rancière que las Universidades francesas estaban pobladas de legiones de académicos y estudiantes discutiendo con qué salsa se comerían al sujeto, a contramano de los obreros de la LIPP, que retomaban la palabra y la acción en defensa de sus derechos, construyendo su propia subjetividad sin preguntar a los filósofos si podían hacerlo.
En este contexto, la idea de una centralidad de la clase trabajadora en la lucha contra el capitalismo fue reemplazada, en el mejor de los casos, por las sumatorias de movimientos sociales con reclamos específicos, dígase o no, como base para una socialdemocracia de izquierda, que nunca se concretó. Con un curso creciente hacia la derecha del viejo PS y la socialdemocratización del viejo PC, quedaron los movimientos sociales como expresión de lucha constante y de impotencia estratégica simultáneamente.
En este marco, cobraron peso tanto las propuestas de formaciones de "izquierda amplia", esencialmente electorales, tanto como aquellas autonomistas o neutopistas, basadas en acciones de pequeños grupos muy combativos pero desconectados de la clase obrera.
El actual proceso de lucha, plantea la simultaneidad y confluencia de la lucha de los estudiantes con la de los obreros, mostrando en pequeña escala todavía lo que potencialmente es una alianza revolucionaria que puede estremecer a la sociedad francesa, como ya lo hizo en el pasado.
A su vez, demuestra el valor que tuvieron experiencias como las de Goodyear, Continental o Phillips-Dreux, en los años anteriores, que fueron el emblema de la resistencia obrera ante los despidos y cierres de fábricas, en momentos en que las grandes mayorías estaban sumidas en la pasividad.
Huelga General y Huelga Metropolitana
En ¿Adónde va Francia?, tanto como en su Diario del Exilio, Trotsky señalaba la centralidad de los sindicatos en tanto organizaciones de masas del proletariado francés, como su carácter de peso muerto, por la política de las conducciones burocráticas.
La situación aún no es tan dramática como la de los años '30. Sin embargo, los sindicatos han mostrado ciertas líneas de acción comunes con el conservadurismo criticado por Trotsky. Frente al rol abiertamente pro-patronal de la CFDT, la CGT se ha cuidado de salir con medidas muy radicalizadas, dejando durante todo el primer período de la lucha contra la reforma laboral que los estudiantes fueran al frente del proceso.
Obligada por la dureza del gobierno, que sancionó la ley por decreto y cuya política ataca directamente el rol de la CGT como central sindical, al promover las negociaciones por empresa y la atomización gremial, la conducción de Phillipe Martínez se puso al frente del reclamo, pero con sus propios métodos: sin un plan de acción consecuente y sin organización desde las bases.
Una vez más, como en otros momentos de la historia de Francia, se presentan los elementos de la huelga, las manifestaciones de masas en las grandes ciudades y la confluencia obrero-estudiantil, a la que ya nos referimos, junto con el fenómeno de Nuit Debout, que expresa un cuestionamiento también ideológico. Está planteada, con toda claridad, una huelga general indefinida para derrotar el ataque del gobierno.
Trotsky señalaba también en ¿Adónde va Francia? que la huelga general plantea el problema del poder, pero no lo resuelve. Otra forma de verlo es invertir la frase: no resuelve el problema, pero lo plantea. Martínez lo sabe y no quiere llegar tan lejos.
Pero más allá de la relación de fuerzas inmediata, la forma que asume el movimiento resulta importante para pensar las "hipótesis estratégicas" de la revolución en Francia.
Por el peso de los centros urbanos, la extensión nacional de la clase obrera, la tendencia a la confluencia de estudiantes y obreros en los momentos de ascenso y el peso de los sindicatos, La Huelga General parece ser la vía privilegiada de un futuro proceso revolucionario en Francia.
Pero para esto, hay que pensarla como algo que vaya mucho más allá de un paro nacional de los sindicatos. Pensar la huelga general como hipótesis revolucionaria requiere acompañar esta gran acción de masas de algunos otros elementos: la auto-organización desde las bases en comités de huelga y asambleas inter-profesionales (que en este proceso no han logrado un desarrollo significativo todavía), su carácter de "huelga metropolitana" no sólo sindical sino también social, uniendo trabajadores sindicalizados, trabajadores inmigrantes y precarios y jóvenes de las grandes barriadas populares (banlieues), agrupados en organizaciones de base que unan la fábrica y el barrio y una política "hegemónica" que incorpore los reclamos de sectores medios arruinados como los taxistas y los pequeños agricultores.
Perspectivas de más bonapartismo y lucha de clases
Pero para esto, hay que pensarla como algo que vaya mucho más allá de un paro nacional de los sindicatos. Pensar la huelga general como hipótesis revolucionaria requiere acompañar esta gran acción de masas de algunos otros elementos: la auto-organización desde las bases en comités de huelga y asambleas inter-profesionales (que en este proceso no han logrado un desarrollo significativo todavía), su carácter de "huelga metropolitana" no sólo sindical sino también social, uniendo trabajadores sindicalizados, trabajadores inmigrantes y precarios y jóvenes de las grandes barriadas populares (banlieues), agrupados en organizaciones de base que unan la fábrica y el barrio y una política "hegemónica" que incorpore los reclamos de sectores medios arruinados como los taxistas y los pequeños agricultores.
Perspectivas de más bonapartismo y lucha de clases
Hollande termina su mandato y su partido tiene todas las de perder en las elecciones de 2017. Esto explica en parte del carácter de "Todo o Nada" que le está imprimiendo a su política para imponer la reforma laboral reaccionaria. Busca dejar conquistado este "mojón" para que la burguesía pueda seguir avanzando, con el gobierno que fuera, en el camino de liquidar los derechos obreros y apuntalar la competitividad del capitalismo francés. De acá al 2017 falta un siglo en términos de lucha de clases, pero sí podemos afirmar hoy que la perspectiva de más bonapartismo, es decir de un refuerzo del autoritarismo estatal como administrador interesado del choque entre las clases, estará a la orden del día en el futuro cercano y posiblemente empiece a ser un dato permanente de la política de la Francia burguesa.
Esto indica que la batalla en curso, que no es la primera, no será la última.
martes, 5 de abril de 2016
Entre grève générale et «indignation à la française», vers la croisée des chemins
Plus d’un million de personnes dans les rues le 31 mars, un appel des organisations de jeunesse pour le mardi 5, une nouvelle journée nationale interprofessionnelle de grève et de manifestations prévue le 9 mars, sans compter le calendrier voté par la dernière Coordination Nationale Etudiante… tout cela reflète clairement que les vacances de pâques à venir ne sont aucunement anticipées comme un obstacle à l’enracinement et la généralisation de la bataille – comme pour le CPE en 2006 – d’autant que l’agenda parlementaire, prévoyant pour la fin mai toute validation définitive du projet de loi Travail, saura entretenir l’attention... Pour autant, le 31 mars ne représente pas un « tournant » de la mobilisation au sens où il y aurait un « avant » et un « après » bien distincts, il y a encore beaucoup à faire, même si c’est un cap franchi par rapport aux journées antérieures démontrant que la mobilisation actuelle s’amplifie.
jueves, 31 de marzo de 2016
Huelga General en Francia
Este jueves ha comenzado la primera huelga general contra la reforma laboral de Hollande. Bloqueos a escuelas y universidades, masivas movilizaciones y asambleas durante todo el día.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Antonio Gramsci: Tesis Sindicales (1926)

Transcribimos a continuación la traducción de algunos extractos de las Tesis Sindicales elaboradas por Antonio Gramsci y la mayoría del Comité Central del Partido Comunista de Italia, para el III Congreso de esa organización, realizado entre el 20 y el 26 de enero de 1926.
La totalidad de Tesis presentadas por la mayoría fueron: "Tesis sobre la situación internacional", "Tesis para el trabajo nacional y colonial", "Tesis agrarias", "Proyecto de tesis políticas" y "Proyecto de tesis sindicales". Fueron publicadas en su totalidad por primera vez en Le Tesi di Lione: Riflessioni su Gramsci e la storia d'Italia.
El "Proyecto de Tesis políticas" es el texto ampliamente conocido como Tesis de Lyon.
Hasta donde llega mi conocimiento, las Tesis Sindicales no han sido publicadas en español hasta la fecha. La versión online en italiano puede consultarse acá. Las tesis, lógicamente, están numeradas en el original. Al haber realizado una selección, suprimí los números, para que el texto resulte más cómodo de leer.
Tesis Sindicales
[...] El proletariado de la gran industria es históricamente la fuerza que debe dirigir la lucha de todos los trabajadores contra el capital. La estructura de la organización sindical y las relaciones entre los Sindicatos y el Partido de la clase obrera deben ser tales que aseguren que esta dirección se ejercite en modo efectivo, hasta que la organización de las grandes masas bajo el impulso del interés inmediato se traduzca en una progresiva movilización en el terreno político, que esta movilización sea capaz de impedir y derrotar cualquier tentativa de contraataque reaccionario y permita la conquista del poder de parte de los trabajadores y la fundación de un Estado obrero.
Las tendencias que prevalecieron en la dirección del movimiento obrero en Italia se adaptaron sistemáticamente a concepciones radicalmente opuestas. El problema de defender los intereses de la gran masa de la población trabajadora y de asegurarle libertad política fue considerado por ellas como el problema de introducir una reforma democrática en el modo de funcionar del Estado burgués. La pequeño-burguesía fue considerada como fuerza eficiente para determinar la llegada de una democracia, unida a la fracción más radical de la burguesía misma. A la organización de los trabajadores, por lo tanto, se le dio la tarea de crear una masa sobre la que maniobrar en la lucha por una democracia burguesa y formal. Debía mantenerse en el terreno de las simples reivindicaciones corporativas y, en el campo político, debía aliarse con la fracción de izquierda de la burguesía, o bien permanecer pasiva en la afirmación puramente verbal de una instransigencia doctrinaria [...]
Lógicamente, de esta premisas políticas, los reformistas concluían en la creación de un gran Partido del trabajo en el cual las fuerzas y el programa político del proletariado estuvieran sofocados por los elementos políticamente más atrasados y el proletariado fuera puesto a la cola de la pequeño-burguesía radical. No logrando formalmente realizar este punto programático, los reformistas se empeñaron en obtener los mismos resultados haciendo de la organización sindical un gran partido reformista que impedía y saboteaba toda preparación revolucionaria del Partido y toda movilización y dirección de las masas por parte de éste. Esta incorrecta relación de subordinación del Partido al Sindicato -expresión y signo de la sumisión de los obreros de la gran industria y de toda la clase trabajadora a la influencia de la contrarrevolución- fue enmascarado por una situación "legal" de igualdad entre la organización política y la organización sindical y de independencia de esta respecto de aquella.
[...] Todo el marasmo del movimiento revolucionario italiano se explica con esta configuración de las relaciones entre Sindicatos y Partido. Mientras la fraseología revolucionaria del Partido servía como medio de reclutamiento de las masas en los Sindicatos, los reformistas afiliados al partido y dirigentes de los Sindicatos deliberaban desde afuera del Partido y contra la voluntad de éste sobre qué dirección imprimir al movimiento de masas.
El episodio más escandaloso que se dio antes de la guerra fue en 1914: la C.G.d.L. hizo cesar la huelga general cuando por la decisión del Sindicato ferroviario de participar en ella estaba por asumir un carácter más radical.
Ni siquiera este episodio sirvió para que el Partido pusiera en sus reales términos el problema de sus relaciones con los Sindicatos y durante la guerra el Partido aceptó de hecho que los sindicatos participaran en los Comités de movilización industrial, que colaborasen en la forma más abierta y más orgánica de la política de guerra. Después, en 1918 fue estipulado el pacto de alianza en el que se reconocía a los afiliados al Partido dirigentes de la Confederación una posición de igualdad respecto a los miembros de la Dirección del Partido y se les daba la posibilidad -de la cual fue determinado el curso de todo el movimiento obrero de la posguerra- de maniobrar contra el Partido, de presionarlo en cada momento culminante y de conducir una política de bloque con la democracia burguesa y de oposición a la solución revolucionaria del problema de la vida política italiana.
[...] Desencadenada la reacción e iniciada con la derrota de la ocupación de las fábricas la fase descendente del movimiento obrero, los reformistas tuvieron que tener en cuenta el hecho de que el fascismo, iniciando la destrucción de las organizaciones de clase de la periferia, del campo, y no tocando hasta el final las grandes Cámaras del Trabajo, habría provocado la prevalencia en la Confederación de los obreros de la gran industria, influenciados por los comunistas. La ofensiva contra los obreros comunistas se convirtió entonces en una necesidad. Fue preparada con las modificaciones estatutarias establecidas en 1921 en el Congreso de Livorno, las cuales extendieron hasta el arbitrio el poder de la burocracia sindical y le proveyeron los medios para aislar la lucha de los obreros contra el fascismo y tratar de lograr la liquidación del Partido Comunista a través de sucesivas derrotas locales de la vanguardia proletaria abandonada en cada oportunidad a luchar sola contra toda la reacción. El momento culminante de esta fase fue la huelga legalista de agosto de 1922, concebida para determinar la llegada del gobierno de izquierda, y resuelta en un prólogo del ascenso al poder del fascismo. Esta huelga dio la primera demostración de que la táctica de conciliación y colaboración está condenada a la derrota, a lograr el resultado opuesto al que la tendencia reformista se proponía, a allanarle el camino al poder a la reacción más que bloquearle el camino. Haber perseverado en esa política después de la marcha sobre Roma, y sobre todo en el período de fuerte crisis política abierto por el delito Matteoti, ha impedido a la organización de masa del proletariado tener durante este crisis una función decisiva, pero no ha impedido a la reacción liquidar en nuestro país cualquier trazo de democracia, absorbiendo incluso en masa una parte de aquellos estratos intermedios que eran considerados como los típicos representantes de la democracia burguesa.
[...] Desencadenada la reacción e iniciada con la derrota de la ocupación de las fábricas la fase descendente del movimiento obrero, los reformistas tuvieron que tener en cuenta el hecho de que el fascismo, iniciando la destrucción de las organizaciones de clase de la periferia, del campo, y no tocando hasta el final las grandes Cámaras del Trabajo, habría provocado la prevalencia en la Confederación de los obreros de la gran industria, influenciados por los comunistas. La ofensiva contra los obreros comunistas se convirtió entonces en una necesidad. Fue preparada con las modificaciones estatutarias establecidas en 1921 en el Congreso de Livorno, las cuales extendieron hasta el arbitrio el poder de la burocracia sindical y le proveyeron los medios para aislar la lucha de los obreros contra el fascismo y tratar de lograr la liquidación del Partido Comunista a través de sucesivas derrotas locales de la vanguardia proletaria abandonada en cada oportunidad a luchar sola contra toda la reacción. El momento culminante de esta fase fue la huelga legalista de agosto de 1922, concebida para determinar la llegada del gobierno de izquierda, y resuelta en un prólogo del ascenso al poder del fascismo. Esta huelga dio la primera demostración de que la táctica de conciliación y colaboración está condenada a la derrota, a lograr el resultado opuesto al que la tendencia reformista se proponía, a allanarle el camino al poder a la reacción más que bloquearle el camino. Haber perseverado en esa política después de la marcha sobre Roma, y sobre todo en el período de fuerte crisis política abierto por el delito Matteoti, ha impedido a la organización de masa del proletariado tener durante este crisis una función decisiva, pero no ha impedido a la reacción liquidar en nuestro país cualquier trazo de democracia, absorbiendo incluso en masa una parte de aquellos estratos intermedios que eran considerados como los típicos representantes de la democracia burguesa.
[...] El programa sindical del fascismo, tal cual resulta de los últimos actos consumados en este campo y sobre todo de la nueva ley sobre los Sindicatos, debe ser despojado de toda la fraseología pseudosindicalista con la cual se esfuerza por esconder su verdadera naturaleza.
Aquel es la expresión más rigurosa y consecuente del propósito de las clases dominantes de impedir al proletariado organizarse como clase y reunir en torno a sí y guiar a las grandes masas de trabajadores a la lucha contra el capital. Es parte integrante de las medidas tendientes a perseguir todas las formas de actividad a través de las cuales se realiza una organización y una movilización aunque sea parcial de las masas (institución del Podestà, ley sobre las Asociaciones, nueva ley electoral política, liquidación de las organizaciones obreras, etc.). Se propone dar una base estable y segura a la dictadura de una oligarquía industrial y agraria sobre la mayoría de la población.
No obstante hay razones particulares, de carácter político y económico, por las cuales el fascismo debe llegar, como llega ahora, a la supresión completa del sindicalismo independiente y deberá en adelante considerar como su tarea principal la lucha contra el movimiento obrero.
Desde el punto de vista político, es necesario tener presente cuales son los factores de una situación revolucionaria en Italia y la importancia que entre ellos siempre ha tenido el grado de organización de la clase obrera y sobre todo del proletariado industrial. Cuando el proletariado de la gran industria está fuertemente organizado y hace sentir su peso en la vida del país, los campesinos tienden a sentir su influencia, sustrayéndose de la de los propietarios agrarios y la pequeña burguesía. En este caso también sólo un gobierno de izquierda esto es un gobierno que sea obligado a realizar una cierta democracia formal, pone en movimiento a los campesinos que quieren la tierra determinando un desplazamiento de fuerzas que golpea a todo el régimen burgués. Este mecanismo político ha funcionado especialmente en la posguerra, cuando irrumpieron en la vida política amplias masas campesinas, aunque organizadas de modo informe y primitivo (Partido popular, Combatientes, autonomistas, etc.) La reacción fascista ha comprendido que para devolver a la pereza y la pasividad a estas masas necesitaba destruir las grandes organizaciones obreras.
Así hoy y en el futuro próximo la cuestión del resurgimiento de un amplio movimiento sindical está estrechamente ligada a la situación general política, esto es a la relación de los obreros y los campesinos. Como los campesinos no podrán hacer gran cosa sin que exista un gran movimiento obrero, los obreros no podrán reorganizarse en grandes masas sin apoyarse en un cierto movimiento de los campesinos. La cuestión de las relaciones entre las dos clases se ha transformado en cuestión central y esencial. El obrero que trabaja entre los campesinos para levantarlos y organizarlos en realidad trabaja también y especialmente para reorganizar y poner en movimiento su propia clase y el problema sindical se transforma en problema central de la preparación política de la revolución.
[...] Los objetivos que el Partido Comunista se propone en el campo sindical son los siguientes:
1°- Defender los Sindicatos de clase, unificar y movilizar en torno a ellos las masas trabajadoras: defender la Confederazione Generale del Lavoro como centro de unidad orgánica del movimiento obrero.
2°- Provocar la creación de organismos representativos en torno a los cuales, partiendo del lugar de trabajo, encuentre unidad y cohesión la clase obrera.
3°- Alentar y provocar, a través de una serie de luchas parciales una movilización general del proletariado por la defensa de su interés económico y de la libertad sindical.
[...] Ahora que en la actual situación y por el impulso de las masas que quieren desde las bases unificar sus esfuerzos por la defensa de los Sindicatos, el partido maximalista tuvo que modificar su conducta, el Partido Comunista mantendrá como programa para un trabajo común el expuesto en la carta enviada el 17 de octubre a los maximalistas por nuestro Comité sindical. Este trabajo común se basará en estos punto fundamentales:
1°- Oposición a cualquier forma de colaboración con la clase burguesa y a cualquier forma de aceptación del plan reaccionario de destrucción de los Sindicatos de clase.
2°- Acción intensa para realizar la unidad sindical nacional e internacional, acción en favor de los compañeros rusos en la Internacional sindical, adhesión al programa y la táctica del Comité anglo-ruso.
3°- Acción para mantener viva y en eficiencia las organizaciones confederales, acercando la estructura al lugar de trabajo y llamando a las masas a agruparse en torno a ellas.
4°- Acción para obtener en las organizaciones confederales el respeto de los principios de la democracia sindical, la revocación de las medidas de expulsión de los comunistas, la reforma del Estatuto confederal para permitir la manifestación y la prevalencia de la voluntad de las masas en la determinación de la política de los Sindicatos.
5°- Acción que tienda a la unificación de los trabajadores en torno a organismos representativos de masa y a la movilización en defensa del salario y por la conquista de las libertades sindicales elementales.
[...] El frente único en el terreno sindical debe tener como base un programa de reivindicaciones concretas, que pueda y deba ser aceptado por los trabajadores de todas las categorías y de todas las tendencias políticas; este programa debe asimismo presentarse como estrechamente unido a la condición real de la clase trabajadora. Los puntos de este programa pueden ser brevemente indicados así:
1°- Lucha por la libertad sindical (libertad de organización, derecho de huelga, etc.) Sería profundamente errado negarse a agitar el problema de la libertad sindical por el hecho de que nosotros sabemos que la era del "liberalismo industrial" ha terminado y que, en el período del imperialismo, el régimen capitalista no se sostiene si no es suprimiendo la libertad sindical. Esta nuestra convicción debe así impulsarnos a agitar de modo más preciso la consigna de la "libertad sindical", precisamente porque sabemos que la reivindicación de esta libertad está destinada a llevar a las masas al terreno de la lucha insurreccional contra el régimen capitalista.
1°- Lucha por la libertad sindical (libertad de organización, derecho de huelga, etc.) Sería profundamente errado negarse a agitar el problema de la libertad sindical por el hecho de que nosotros sabemos que la era del "liberalismo industrial" ha terminado y que, en el período del imperialismo, el régimen capitalista no se sostiene si no es suprimiendo la libertad sindical. Esta nuestra convicción debe así impulsarnos a agitar de modo más preciso la consigna de la "libertad sindical", precisamente porque sabemos que la reivindicación de esta libertad está destinada a llevar a las masas al terreno de la lucha insurreccional contra el régimen capitalista.
2° - Lucha por la reconstitución y por la libertad de los organismos representativos de fábrica (Comisiones internas).
3° -Lucha por la jornada efectiva de ocho horas.
4° - Lucha por un mínimo salarial y por la escala móvil de salarios.
5° - Lucha contra los aranceles aduaneros.
6° - Lucha contra la carestía de la vida y contra la especulación con los artículos de consumo popular.
El frente único de las masas trabajadoras que el Partido Comunista tiende a crear con toda su acción en el campo sindical debe tener una forma organizada. Y puesto que la clase obrera recibe una forma orgánica adherente a la organización misma de la producción capitalista, a la fábrica, la organización del frente único abarcando a toda la masa de los trabajadores deberá a su vez ser adherente al lugar mismo de la producción, a la fábrica. La importancia de las Comisiones internas resultará en la importancia de los Comités de agitación de fábrica, que deben sustituir a aquellas sobre todo donde la vieja Comisión interna haya sido suprimida, o burocratizada en modo tal de no poder más reconocida como representación directa de toda la masa de los obreros de la planta.
El frente único de las masas trabajadoras que el Partido Comunista tiende a crear con toda su acción en el campo sindical debe tener una forma organizada. Y puesto que la clase obrera recibe una forma orgánica adherente a la organización misma de la producción capitalista, a la fábrica, la organización del frente único abarcando a toda la masa de los trabajadores deberá a su vez ser adherente al lugar mismo de la producción, a la fábrica. La importancia de las Comisiones internas resultará en la importancia de los Comités de agitación de fábrica, que deben sustituir a aquellas sobre todo donde la vieja Comisión interna haya sido suprimida, o burocratizada en modo tal de no poder más reconocida como representación directa de toda la masa de los obreros de la planta.
[...] Las más razonables previsiones sobre el modo en que se dará la lucha sindical en Italia en el futuro cercano, imponen al Partido tareas particulares de acción a desarrollarse dentro de su propio seno. Además de la reconstitución de nuestras fracciones en los Sindicatos, el partido se debe proponer crear los cuadros capaces de guiar la acción sindical. Se deben tener presentes tres cosas:
1°- En muchos casos no hay duda de que a nuestros compañeros les tocará, a través del aparato de las células de fábrica, dar una directiva para los movimientos parciales.
2°- Debemos estar en condiciones de mantenernos de hecho a la cabeza de las masas en todo el período de preparación revolucionaria que ahora se abre, para evitar que, en caso de verificarse una recuperación abierta, los reformistas tengan la posibilidad de mantener todavía en sus manos el aparato de dirección de los Sindicatos.
3°- Los comunistas deben tener la capacidad, antes de iniciar un movimiento, de evaluar la situación no sólo en sí misma, sino en el cuadro general del sistema industrial y del capitalismo italiano. Deben estar en condiciones de conocer siempre cuál es la configuración del personal de la planta, cuáles son las relaciones entre las distintas categorías en relación con los sistemas de trabajo y con la disciplina de fábrica, y por consiguiente el valor para cada categoría en cada acuerdo que modifique los sistemas y las medidas de las retribuciones. Sólo este conocimiento permitirá a los comunistas obstaculizar con eficacia las tentativas del fascismo para disgregar al proletariado, asumir siempre la defensa de las categorías más pobres y explotadas y lograr que todos los obreros se solidaricen con ellas. [...]
(Selección y traducción: Juan Dal Maso)
viernes, 26 de febrero de 2016
Francia ¿Hacia una lucha de masas contra el gobierno Hollande/Valls?
Por Juan Chingo
Frente a la más importante “contrarrevolución laboral” en un siglo la oposición sindical y política se calienta. El gran temor es que la juventud tome las calles como hace diez años contra el CPE. Francia en estado de alerta.
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miércoles, 13 de enero de 2016
Entrevista con Pietro Basso sobre inmigrantes e islamofobia en Europa
Entrevistamos a Pietro Basso, sociólogo e investigador de las migraciones internacionales, docente en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, sobre la situación de los inmigrantes en Europa después de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París.
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