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domingo, 17 de junio de 2018

La democracia: ¿valor universal?


En 1979, el reconocido intelectual brasileño Carlos Nelson Coutinho publicó en el volumen 9 de la revista Encontros com a Civilização Brasileira su ensayo “La democracia como valor universal” [1]. [...] Resumiremos sus principales ideas, para luego realizar una indagación crítica sobre sus contenidos.

lunes, 1 de febrero de 2016

El marxismo, la política y el Estado (sobre un libro de Carlos Nelson Coutinho)

El libro Marxismo y política. La dualidad de poderes y otros ensayos (LOM Ediciones, Santiago de Chile 2012), publicado originalmente en portugués en 1994, reúne una serie de trabajos de Carlos Nelson Coutinho (1943-2012), destacado intelectual de Brasil, protagonista de la recepción e interpretación de Lukács y Gramsci en su país y a nivel internacional.

El ensayo principal es el referido a la cuestión de la "dualidad de poderes" en el marxismo, el cual constituye el primer capítulo del libro, al que le siguen otros cuatro sobre los marxistas y la cuestión democrática; Gramsci, el marxismo y las ciencias sociales; la voluntad general y la democracia en Rousseau, Hegel y Gramsci y Lukács, la ontología y la política. 

No obstante la diversidad de temas, el libro sigue un hilo que es el de fundamentar simultáneamente una teoría "ampliada" del Estado y una concepción "procesual" de la revolución, que confluyen en una estrategia gradual de transición democrática al socialismo. 

En ese contexto, Coutinho traza una línea que va del último Engels a los austromarxistas, Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti, Pietro Ingrao y Nicos Poulantzas.

A esta línea se opondría, según Coutinho, aquella que sostiene una teoría "restricta" del Estado y una concepción "explosiva" de la revolución, que identifica con Marx-Engels en 1848-1850, Lenin y Trotsky. Un Estado definido como un aparato de opresión y represión, frente al cual debiera tener lugar una revolución de tipo "jacobino" y de tiempos veloces, sintetizarían esta concepción. 

Coutinho señala que Lenin había planteado la cuestión de la dualidad de poderes como algo específico de la Revolución Rusa, mientras Trotsky la generalizaría con su "talento historiográfico", adelantando incluso una concepción "ampliada" del Estado en sus análisis sobre la crisis del poder del gobierno provisional en los momentos previos a la toma del poder por los bolcheviques.

Pero en la perspectiva del marxista brasileño, Lenin y Trotsky siempre mantuvieron una concepción "restricta" del Estado. 

Aquí hay un primer problema, ya que fue el propio Lenin, en "¿Podrán los bolcheviques sostenerse en el poder?", el que señaló la diferenciación relativa de los "aparatos" estatales en el contexto concreto de conformación del Estado obrero en Rusia:
Además del aparato de opresión por excelencia –el Ejército regular, la Policía y la burocracia–, el Estado moderno tiene un aparato que está íntimamente vinculado con los bancos y los consorcios, un aparato que realiza, si vale la expresión, un vasto trabajo de contabilidad y registro. Este aparato no puede, ni debe ser destruido (...) hay que subordinarlo a los soviets proletarios; hay que hacerlo más vasto, más universal, más popular ... Podemos “apoderarnos” de este “aparato de Estado” (que bajo el capitalismo no es totalmente un aparato de Estado, pero que lo será en nuestras manos, bajo el socialismo) y “ponerlo en marcha” de un solo golpe, con un solo decreto, porque el verdadero trabajo de contabilidad, control, registro y cálculo es realizado por empleados, la mayoría de los cuales son, por sus condiciones de vida, proletarios o semiproletarios.
Es decir, que la visión de Lenin sobre el Estado era un poco más "ampliada" de lo que señala Coutinho, con los límites obvios de que el engendro estatal cuyos restos heredaron los bolcheviques tenía muy pocas características de un Estado "occidental" con base de masas (tarea que intentó desarrollar el poder soviético en sus primeros años).

En cuanto a Trotsky, en sus escritos de los años '20 y '30 se encuentran diversos análisis del rol de la democracia capitalista en tanto elemento de "consenso" y cooptación (dando mucho peso al rol de la burocracia sindical y a la utilización de las consignas democráticas, como se puede leer acá). 

Y más específicamente, en sus análisis sobre la cuestión del bonapartismo, el Frente Popular y el fascismo, aparecen con claridad los distintos elementos de reconfiguración de las formas de poder estatal, no determinadas mecánicamente por el carácter de clase del Estado. 

En particular, es importante destacar la importancia asignada por Trotsky al proceso mundial de estatización de las organizaciones sindicales, que tiene relación directa con la "ampliación" del Estado, por las vías de la búsqueda del consenso pero también de la burocratización de los organismos de democracia obrera conquistados por el proletariado bajo la democracia burguesa. 

Habiendo señalado los elementos de una concepción -en términos de Coutinho- "ampliada" del Estado en Lenin y Trotsky, avancemos en su relación con la concepción de la revolución. 

Según el autor, la concepción "explosiva" de la revolución que surge de una visión "restricta" del Estado, se caracteriza por una idea de que hay una dualidad de poderes en la que un poder debe destruir a otro en un lapso de tiempo más o menos breve, por la vía de una insurrección o revolución violenta, cuestión que se vuelve insostenible ante la existencia de un Estado "ampliado", basado en el desarrollo de la "sociedad civil".

Sin embargo, así como Trotsky analizó con sus propios conceptos la problemática de "ampliación" del Estado, también fue readecuando las relaciones entre táctica y estrategia, según las relaciones de fuerzas. Por este motivo, en 1921-22 es junto con Lenin el principal impulsor de la táctica del Frente Unico, así como de la táctica de "gobierno obrero", en 1923-24 realiza un balance crítico impiadoso del fracaso de la revolución alemana y en los años '30 ensaya distintas alternativas que van desde el frente único obrero contra el fascismo en Alemania, la exigencia de "comités de acción" al Frente Popular en Francia, el impulso de la revolución agraria y la formación de soviets en España, el desarrollo de un Partido de Trabajadores en Estados Unidos, la lucha por la independencia de los sindicatos respecto del Estado, entre otras. Si bien para Trotsky la dualidad de poderes era un proceso característico de toda revolución, como señala Coutinho, las vías para la constitución de una situación de poder dual podían ser muy diferentes según el país, las relaciones de fuerzas, las tradiciones organizativas y políticas del movimiento obrero, entre otros elementos. 

Precisamente, porque en la concepción de Trotsky el momento "explosivo" es parte de un "proceso", la teorización de Coutinho resulta esquemática y poco dialéctica. 


Torciendo la vara hacia el lado de la autonomía casi total de la política, Coutinho trazó en estos ensayos una teoría del Estado, el régimen político y la estrategia socialista, que no toma en cuenta ni la lucha de clases ni las tendencias a la crisis de la economía capitalista. 

Esto dio como resultado una sobrestimación de las posibilidades de los cambios graduales progresivos, sin las "interrupciones" de las crisis y la contra-revoluciones (menos aún las revoluciones), que caracterizan las tendencias profundas de la historia del capitalismo. En un contexto defensivo de la lucha de clases, Coutinho terminó haciendo de la necesidad virtud.


Quizás por eso, el Gramsci de estos ensayos es un teórico de la hegemonía en democracia, inspirador de la "democracia progresiva" togliattiana o la "democracia de masas" de Pietro Ingrao, es decir distintas variantes de la "vía italiana al socialismo". 

Siguiendo una interpretación de Giussepe Vacca sobre Togliatti, el autor sostiene que la "dualidad de poderes" pasa a transformarse en un largo período de acumulación "hegemónica" en los marcos del Estado "ampliado". 

Para fundamentar esta lectura, Coutinho hace hincapié especialmente en el desarrollo de la "sociedad civil" como aquella en la que operan los "aparatos privados" de hegemonía y en la que está planteada a su vez la lucha por constituir una hegemonía socialista. 

En este contexto, su lectura de la "ampliación" del Estado, ligada a la de la "socialización de la política" presenta un proceso de ampliación de la democracia por la vía del consenso, en detrimento de las tendencias autoritarias del poder estatal.

Y esta unilateralidad se expresa en la casi total ausencia del tratamiento, en estos ensayos, de la problemática de la revolución pasiva, que es nombrada de pasada en la página 97 del libro, como "revolución desde arriba" o "por lo alto", pero no como "revolución-restauración en la que sólo el segundo término es válido". 

Esta acepción del término fue acuñada por el propio Gramsci (C10 II § 41) para analizar el carácter conservador del historicismo croceano y destacar el rol "restaurador" de las reconfiguraciones de las formas estatales que se presentan como "reformistas". 

Tomando esa definición, se puede arribar a la comprensión de que la "ampliación" del Estado no consiste en la generación de un espacio de "consenso" igualmente utilizable por todas las clases. 

Por el contrario, el "Estado ampliado" o "integral" incluye formas de reconfiguración autoritaria del poder estatal (bonapartismo, estatización de los sindicatos, "ampliación" de las funciones de policía, etc. algunas más analizadas por Gramsci y otras por Trotsky), para mantener a la clase obrera y los sectores populares en una posición "subalterna."

Para salir de esta posición subalterna, es necesario trascender los términos de una estrategia de "democracia progresiva", la cual es asimilable por el capitalismo, como demostró la experiencia del PT (de la que formó parte Coutinho) y demuestran, de distintas maneras, las recientes experiencias de Syriza y PODEMOS, que eran la quintaesencia del "eurocomunismo" de nuestros días.

Leer en portugués en Esquerda Diário
 

jueves, 11 de junio de 2015

Althusser ... ¿ganó la guerra?

                            

Hemos comentado, en dos posts anteriores de este blog, el libro La lección de Althusser de Jacques Rancière (1974). 

En esta ocasión comentaremos El Estructuralismo y la miseria de la razón de Carlos Nelson Coutinho (1972), ya que si bien ambos trabajos tienen enfoques diferentes, también tienen coincidencias notables, a partir de las cuales intentaremos concluir con una reflexión sobre la superviviencia sui generis del "althusserismo".

Coutinho intentaba en su trabajo hacer una crítica del estructuralismo como corriente más de conjunto, frente al peso conquistado por éste en Brasil a principios de los '70.

Inspirado en el trabajo de Lukacs La destrucción de la razón (antes de volcarse al estudio en profundidad del pensamiento de Gramsci), el intelectual brasileño buscaba establecer el lugar del estructuralismo en la historia del desarrollo e involución del pensamiento burgués

En este marco plantea una diferencia entre el pensamiento burgués "progresista" (hasta Hegel) y el decadente o reaccionario que incluye las más variadas formas de irracionalismo y agnosticismo. Coutinho ubica como ejes del pensamiento progresista de la burguesía revolucionaria: el humanismo, el historicismo concreto y la razón dialéctica. 

A través de estos parámetros, somete a crítica las posiciones irracionalistas como las "cientificistas" que caen en un parcialización del pensamiento teórico y limitan la razón a conocimientos específicos, dejando como "incognoscible" la totalidad. De esta forma, llega a algunas conclusiones similares a las de Rancière pero a través de un recorrido bastante diferente. 

El mérito de este "clásico" de Coutinho consiste en la búsqueda de una "tercera posición" (marxista) entre el estructuralismo y su contraparte humanista. 

Sin embargo, debemos señalar algunos aspectos que podrían ser puntos flacos:  

-Cierta rigidez en su periodización (hasta 1848 pensamiento burgués progresista y en adelante solamente pensamiento burgués reaccionario).  Ligado a esto, su concepto de pensamiento "progresista" (retomado de Lukacs y también de las críticas de Marx a la evolución del pensamiento burgués durante el siglo XIX) si bien en líneas generales es correcto resulta un tanto problemático. 

-Ubicándose desde la defensa del legado del "pensamiento burgués progresista", está siempre al filo de ubicar al marxismo como "ala izquierda" de tal pensamiento. En el contexto de la "guerra fría" y los partidos comunistas reformistas de Europa Occidental con un discurso en tal sentido, deja planteada la pregunta de hasta dónde esa comprensión de la relación entre "progresismo" y marxismo no estaba condicionada por el marco estratégico de la segunda posguerra. 

-En relación con esto, la valoración de la epistemología como expresión sin más de la "miseria de la razón", por desplazarse de la ontología a los "límites del conocimiento" si bien tiene un punto de debate fuerte contra el positivismo lógico, es demasiado abarcativa en cuanto al conjunto de la epistemología, que ha tenido desarrollos convergentes con el marxismo, como la epistemología genética y constructivista o la teoría de los programas de investigación. Esto tiene a su vez una expresión complementaria en una defensa un poco excesivamente entusiasta de la "teoría del reflejo" como base de una concepción marxista de la objetividad del conocimiento, o en que le dé la razón parcialmente a Althusser en sus críticas al "subjetivismo" de Gramsci.

No obstante esto, Coutinho debate con mucha eficacia los presupuestos del estructuralismo, poniendo de relieve que la identificación de ciertas operatorias que pueden ser extrapoladas desde el lenguaje al conjunto de la actividad social, implica una reducción de la praxis como transformación de la realidad en lucha por la totalidad, a una praxis esencialmente manipulatoria (es decir, aquella que se desarrolla dentro de los límites de la alienación y el fetichismo, sin proponerse trascenderlos). 

En cuanto a la teoría de Althusser, Coutinho destaca los elementos que constituyen el "marxismo" de Althusser en una variante del estructuralismo y la "miseria de la razón": 

-Separación absoluta de "materialismo histórico" y "materialismo dialéctico", que implica una negación de la dimensión ontológica de la filosofía marxista. 

-Reducción de la filosofía marxista a una epistemología neopositivista, en la que lo central pasa por la construcción de conceptos formalmente válidos.

-Lectura de El Capital y los Grundrisse en clave de una teoría formalista de la ciencia, en la que, además de rechazar los textos "juveniles" de Marx, postula la distinción entre el "concreto pensado" y el "concreto real" como una distinción absoluta, en la que el objeto de El Capital pasa a ser la construcción de una estructura conceptual y no la dilucidación de las relaciones sociales que dominan en la sociedad capitalista y sus contradicciones.

-Una concepción de la historia similar a la de Michel Foucault, justificada en la afirmación de que en Marx no habría una teoría de la historia. 

-Una reducción del trabajo y la praxis al trabajo alienado y la praxis manipulatoria. 

-Una reducción de la ideología a "falsa conciencia" y por ende una liquidación de la capacidad liberadora de la praxis (que como ya dijimos queda reducida a praxis manipulatoria en el marco de la oposición formal entre juicios de hecho y juicios de valor).

Desde el punto de vista social, Coutinho señala sobre Althusser: 


Nos parece que no hay dudas de que su marxismo estructuralizado es una respuesta espontaneísta a un período de estabilización y de "seguridad" capitalistas; corresponde a una tendencia burocrática del movimiento obrero y, por eso, asimila un tipo de racionalidad, que como vimos es propia de la praxis burocrática y manipulatoria. (Coutinho, Carlos Nelson. O Estruturalismo e a Miséria da Razão, Ed. Expressão Popular, São Paulo, 2010, pág. 184)

Estas conclusiones coinciden con las de Rancière que, inspirado por la revolución cultural china, el movimiento del mayo del '68 y la toma de la LIP, resaltaba el rol social y políticamente conservador del "althusserismo" ante la lucha de clases del período que va del '68 al '74 y asimismo su rol legitimador de las instituciones educativas del Estado, en especial los académicos (mandarines).

Hace mucho que pasó la moda del estructuralismo, que tuvo su propia disolución en las corrientes que lo sucedieron. El "althusserismo" sobrevive a duras penas, a través de quienes reivindican al último Althusser (en parte opuesto a sus "lecciones" de los '60, aunque solamente en apariencia, ver acá). 

Sin embargo, aquello que para Coutinho y Rancière era la marca de su rol conservador y su funcionalidad para representar un discurso de autolegitimación de la casta academicista, resultó ser también el punto fuerte para una supervivencia relativa del "althusserismo". 

Porque, más allá de algunos althusserianos escondidos en la academia, hay un cúmulo de "prácticas althusserianas" que se mantiene vigente y que constituye de algún modo el "quehacer académico" como expresión en el ámbito intelectual de una praxis burocratizada; peor aún, estas "prácticas althusserianas" son sostenidas también por quienes desde el punto de vista teórico pueden ser detractores del "althusserismo": 

-La actividad académica como un fin en sí mismo y desligada de cualquier vinculación con la clase trabajadora.

-La constitución de "comunidades científicas" más destinadas a reproducir ciertos discursos que a producir conocimientos.

-La predominancia de un "método científico" consistente en una abstracción parcializada que otorga un valor sin límites a uno o dos datos aislados y con eso intenta  extraer conclusiones perentorias sobre cuestiones tan complejas como por ejemplo la crisis del marxismo o el surgimiento del stalinismo. 

Estas tres aristas del academicismo parecen darle la razón a Coutinho sobre el abandono del humanismo, el historicismo concreto y la razón dialéctica por parte del pensamiento burgués, que es el que organiza e impone las pautas del trabajo académico (incluido el de los marxistas académicos).

¿Quién podría negar las "afinidades electivas" entre el discurso "científico" althusseriano y el supuesto rigor académico de nuestros días? El "modo de producción de conocimientos" del althusserismo, ¿no tiene su continuación por otros medios (y con otras modas) en el "modo de confeccionar y refritar papers"?

¿El sentido de pertenencia a una casta de mandarines, no se reproduce en un academicismo cuya autovalidación se basa en criterios construidos por sus propios protagonistas en base a regulaciones institucionales impuestas por autoridades que burocratizan el pensamiento y la práctica?

En este sentido, una de las paradojas más grandes del pensamiento academicista de las últimas décadas es la popularidad de Spinoza (quien rechazó de plano un cargo en la Universidad de Heidelberg) entre quienes se sacan los ojos por un cargo universitario, una beca o una renta. 

Contra este tipo de conformismo academicista, trabajos "clásicos" de los '70, como los de Coutinho y Rancière siguen siendo una referencia para repensar la actualidad de la teoría marxista a partir de las polémicas del pasado y su proyección en el presente, para todos aquellos que buscamos la reconstrucción del marxismo no sólo como una teoría sino como movimiento real que busca abolir el estado actual de cosas. 

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Versión en portugués, en Esquerda Diário

viernes, 29 de mayo de 2015

Gramsci y Trotsky: Ciencia política y Estrategia (a propósito de un texto de Carlos Nelson Coutinho)


Para retomar la reflexión que planteamos en distintos momentos desde este blog, sobre las relaciones entre ciencia política y estrategia marxista (ver por ejemplo este viejo post y este otro más reciente), utilizaremos un trabajo de Carlos Nelson Coutinho (reconocido intelectual gramsciano-lukacsiano del Brasil), posteado recientemente en el blog Marx desde Cero y hace unos años en Gramscimanía

En "El concepto de política en los Cuadernos de la Cárcel", Coutinho retoma la cuestión de la ciencia política en los Cuadernos de la Cárcel, señalando algunas  claves de interpretación que a veces no son tenidas en cuenta por los que postulan a Gramsci como un teórico de la "autonomía de la política" sin más. 

-La primera es que Gramsci se ubica desde el punto de vista de la "totalidad" y por eso rechaza una concepción academicista o estrecha de la política. Si bien el eco lukacsiano de tal afirmación es evidente y quizás no sea la forma exacta en que Gramsci plantea el problema, podemos considerar que la concepción de la "nueva inmanencia" como unidad de teoría y práctica y de filosofía, historia y política, consustancial a la praxis política revolucionaria tiene que ver con un punto de vista integral (y por ende que busca la totalidad). 

-En función de lo anterior, Coutinho destaca la concepción gramsciana del "momento catártico" como comprensión de la política en sentido amplio, es decir la política como el momento en que los sectotes subalternos conquistan una conciencia crítica de su propia práctica y la modifican.

-Avanzando en la cuestión más "científica" sobre la base del momento catártico domo definición amplia de política, se constituiría la ciencia política como crítica de la política burguesa y como actividad tendiente a "crear nuevas relaciones de fuerzas". 

-En función de estas definiciones, Coutinho debate contra la interpretación "politicista" del pensamiento de Gramsci, señalando que para éste la política sigue siendo expresión de los conflictos que se dan al nivel de la estructura, por lo que hay una "prioridad ontológica" de la estructura sobre la superestructura que en última instancia establece las determinaciones y condicionamientos de la praxis política. A su vez, destaca un segundo aspecto relevante que es la centralidad de la cuestión de las relaciones de fuerzas en las elaboraciones de Gramsci, que a su vez sería distintiva de su concepción de la ciencia política

-Por último, asocia la cuestión de la ciencia política a la necesidad de establecer una "estrategia especial de transición al socialismo en las sociedades más complejas, occidentales."

Creo que en ese hiato entre la cuestión de las "relaciones de fuerzas" y la de la "transición al socialismo en las sociedades más complejas occidentales" reside una de las principales debilidades de los enfoques de los gramscianos, basados en ciertas ambigüedades del propio Gramsci pero también en una clave de lectura generalizada que contrapone la "guerra de posición" con la "guerra de maniobra". 

En efecto, como señalamos en su momento en un artículo sobre los gramscianos argentinos, la modificación de las relaciones de fuerzas o mejor dicho la creación de una relación de fuerzas favorable, no resuelve como tal la cuestión del poder y en este sentido la ciencia política no reemplaza la estrategia. 

O mejor dicho, si consideramos como central la cuestión de las relaciones de fuerzas en el pensamiento de Gramsci, no se puede postular una "transición al socialismo" sin el momento previo de ruptura revolucionaria, que Gramsci situaba entre el "momento de las relaciones de fuerzas políticas" y el de las "relaciones de fuerzas militares". 

Sin embargo, queda pendiente la pregunta: ¿hasta dónde Gramsci omite deliberadamente la hipótesis "insurreccional" en sus Cuadernos de la Cárcel, hasta dónde la considera un momento subordinado dentro de un proceso más amplio y qué relación tiene esta cuestión con la de la guerra civil en "Occidente", que ya Trotsky había señalado tendría un carácter más de "guerra de posición" aunque no de posicionalismo absoluto?

Si bien hemos destacado en este artículo y en otros posts ciertos pasajes de los Cuadernos en los cuales Gramsci establece una relación entre "guerra de posición" y "guerra de maniobra" distinta a la contraposición rígida, sería necio intentar presentar a Gramsci como un "teórico de la insurrección", dado que sus reflexiones apuntan a comprender, explicar y formular una teoría política que de cuenta de qué hay que hacer cuando la insurrección no está planteada como perspectiva inmediata. 

Por eso, cuando compara la lucha política con la guerra militar señala: 


En la guerra militar, logrado el fin estratégico, destrucción del ejército enemigo y ocupación de su territorio, se da la paz. Es preciso señalar, por otro lado, que para que concluya la guerra basta con que el fin estratégico sea alcanzado sólo potencialmente; o sea, basta con que no exista duda de que un ejército no puede combatir más y que el ejército victorioso "puede" ocupar el territorio enemigo. La lucha política es enormemente más compleja. En cierto sentido puede ser parangonada con las guerras coloniales o con las viejas guerras de conquista, cuando el ejército victorioso ocupa o se propone ocupar en forma estable todo o una parte del territorio conquistado. Entonces, el ejército vencido es desarmado y dispersado, pero la lucha continúa en el terreno político y en el de la "preparación" militar (C1 § 134, en este mismo parágrafo Gramsci distingue, la "guerra de posición", la de movimiento y la subterránea)
No obstante lo sugerente del argumento, parecería que la comparación entre guerra de conquista y lucha política apunta sobre todo a una estrategia de "largo aliento" en la cual el momento específico insurreccional no tiene un peso especial o queda subsumido dentro de un proceso de conjunto. Sin embargo, el famoso parágrafo 17 del Cuaderno 13 señala el "momento" de la relación de fuerzas militares como "inmediatamente decisivo". Por eso del texto anterior surge claramente que no basta solamente con una relación de fuerzas favorable sino que ésta debe ser consolidada como una relación más permanente, "ocupando en todo o en parte el territorio enemigo" y sosteniendo esa "ocupación".

Como señalamos en un reciente artículo escrito con Fernando Rosso, Gramsci ejemplifica la cuestión militar y político-militar con la guerra de liberación de una nación oprimida, que puede ser considerada como el equivalente "nacional" de la guerra civil.  

Si dejamos de lado ciertos enfoques "gradualistas" que hoy por hoy impulsan nuevamente los referentes de PODEMOS y Syriza y volvemos a pensar a Gramsci en su contexto, el de los años de entreguerras, podríamos hacer una lectura más ajustada. 

Porque precisamente es en los años de entreguerras aquellos en los que la sociedad burguesa marcha hacia una extrema politización por un lado y hacia un extremo militarismo por el otro, años en los que al calor de la lucha entre revolución y contra-revoluciones, surgen nuevas formas y actores políticos, nuevas tácticas y doctrinas militares y nuevas teorías de ambas cosas. 

En este contexto, más que como un mero teórico de la guerra de posiciones entendida como una acumulación gradual, Gramsci podría ser considerado como un develador de la "guerra subterránea" sobre la que se estructura el Estado moderno, estructura que exige a su vez una preparación en una escala superior a las experiencias del pasado y que impide cualquier intento de trastocarla por medios puramente "políticos".

Retomando entonces la comparación entre guerra de conquista y lucha política, la "guerra de posición" no sería una simple lucha política acumulativa o defensiva sino parte (sin duda parcial, pero parte al fin) de una estrategia ofensiva contra una clase dominante y un Estado que luchan a la defensiva desde una posición de mayor fortaleza. 

Y aquí vuelve a plantearse la relación entre Gramsci y Trotsky, que es uno de los "núcleos obsesivos" de este blog, para articular las teorías de la hegemonía y la revolución permanente, la ciencia política y la estrategia.