Ideas de Izquierda entrevistó al escritor John Connolly, famoso por su serie de libros del detective Charlie Parker. En los últimos años se ha transformado en uno de los referentes del policial negro, con influencias del género sobrenatural. En la conversación abordamos algunos aspectos de sus personajes clave, las ideas que sobrevuelan sus novelas y varias reflexiones acerca de escritores, lectores y mercado.
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sábado, 3 de octubre de 2015
jueves, 3 de octubre de 2013
La novela negra de John Connolly y el tormento de Charlie Parker
El otro día leía este post, que en general resume bien las características de la novela de John Connolly, pero me quedé pensando que, al estar centrado en el personaje de Charlie Parker, le falta algo. O que cada cosa que dice se podría profundizar.
Más allá de las razones por las cuales hacerse fana del detective Charlie Parker, creo que la novela de Connolly (no obstante ciertos aspectos desafortunados que pueda tener alguno de sus libros por la insistencia en incluir temas "sobrenaturales" que no siempre están bien engarzados y quedan medio bizarros, caso Los Amantes) expresa una buena combinación de la novela negra tradicional con una metafísica sobre la naturaleza del mal. Como me dijo alguien muy especial, después de leer Todo lo que muere: "aprendí la diferencia entre la maldad y la estupidez".
En líneas generales creo que hay que reivindicar de Connolly lo siguiente:
-Escribe bien. Para mí, con todo respeto, escribe mejor que Mankell, ya que tiene el mismo nivel de acción casi cinematográfico, pero también tiene más recursos literarios, tanto en las descripciones de paisajes, como en la recreación de climas y situaciones, como en la forma en que va desmadejando los argumentos. Las tramas son complejas y generalmente sucede que es difícil acordarse de todos los personajes que incluye cada novela. Pero eso sí, aparecen y se retiran todos en el momento adecuado.
-Sus novelas contienen mucho material de investigación. Sea sobre el tráfico de niños, las actividades de la mafia rusa o irlandesa, el síndrome de stress postraumático de los veteranos de Irak, el contrabando en la frontera entre E.E.U.U. y Canadá, la historia de la esclavitud en los estados sureños, la lucha por el derecho al aborto, el Libro de Enoch, o lo que fuere, el tipo estudia largamente hasta escribir tramas en las que la novela policial transcurre en un ambiente que tiene una historia, la cual se ofrece al lector como una forma de entender la situación en profundidad.
-Todos los personajes, hasta los más secundarios, tienen algo que los distingue de los restantes personajes y a su vez los hace formar parte del mismo mundo. En el caso de Louis y Ángel, amigos inseparables de Charlie Parker, podríamos considerarlos "cuadros" de la novela negra: son sólidos por donde se los mire, se han sobrepuesto a historias muy dolorosas y conviven sin mayores problemas con su "lado malo". Si bien Louis parece el más "sociópata" muestra su lado humano sobre todo en El Ángel Negro, cuando busca a su prima desaparecida y mientras Ángel parece el más indefenso de los dos, en Perfil Asesino muestra que le sobran agallas y que se la banca más que muchos giles que presumen de delincuentes.
-El sentido de los lazos de amistad y de lealtad que sostienen los personajes (principalmente Louis, Ángel, Parker, pero también otros personajes como Merrick de Los Atormentados) es absolutamente inflexible e incluso supera largamente lo que cualquiera de los que crecimos en barrios de ciudades más o menos grandes hayamos podido aprender. A falta de una definición mejor, podríamos decir que los tipos son soldados de sus amigos.
-Los diálogos no tienen nada que envidar a los de las películas de Tarantino, por el sentido de la ironía y el juego constante entre la crítica por izquierda al sentido común y el humor políticamente incorrecto. Por ejemplo, copio este entre Louis, Ángel y Parker, que tiene lugar en Los Amantes:
-¿Y? - preguntó.
-He quedado con él esta noche.
-¿Quieres compañía?
-Una segunda sombra no me vendría mal.
-¿Eso es un comentario racista?
-No lo sé. ¿Cantas espirituales negros?
-No, pero te he traído un arma. - Metió la mano en una bolsa de piel y lanzó una pequeña pistola al sofá.
Extraje la pistola de la funda. Medía poco más de quince centímetros y pesaba bastante menos de un kilo.
-Una Kimber Ultra Diez Dos -explicó-. Cargador de diez balas. Cuidado con el ángulo posterior de la culata: es muy afilado.
Volví a enfundar la pistola y se la entregué.
-Estás de broma - dijo.
-Nada más lejos. Quiero recuperar la licencia. Si me cogen con un arma sin registrar, estoy acabado. Me despellejarán vivo y luego echarán los restos al mar.
Ángel salió de la cocina. Traía una cafetera.
-¿Crees que el que se cargó a Wallace lo torturó para averiguar sus gustos musicales? -preguntó-. Le pincharon para sacarle lo que sabía de ti.
-De eso no estamos seguros
-No, como tampoco lo estamos de la teoría de la evolución, o del cambio climático, o de la ley de gravedad. Lo mataron en tu antigua casa, mientras investigaba sobre ti, y después alguien firmó su obra con sangre. Pronto ese alguien intentará hacer contigo lo que hizo con Wallace.
-Por eso Louis va a pegarse a mí esta noche.
-Claro -dijo Louis-, porque si me cogen a mí con un arma, no pasa nada. Los negros siempre salimos impunes de cualquier acusación por tenencia de armas.
-Sobre Charlie Parker: Creo que lo más atractivo del personaje son dos cosas. Su vocación de sacrificio por los demás y su incapacidad de "reconciliación" (el uso de la violencia al servicio de causas justas me parece algo más obvio).
Desde D'Artagnan hasta Lisbeth Salander, todo personaje tiene su "vuelta de Martín Fierro", en la que se pasa de la etapa combativa, antisistémica, de resistencia e idealismo juvenil a algún tipo de integración en la que "debe tener el gaucho, escuela, iglesia y derechos" (en el caso de Salander es más un anhelo de Stieg Larsson con su progresismo políticamente correcto, que un viraje de Lisbeth, que nunca abandona el anarquismo extremista).
No es el caso de Charlie Parker. Parafraseando al Chizzo, no habrá consuelo para su locura y ese tormento lo impulsa hacia adelante, a luchar con el alma, los puños y alguna que otra ferretería (propia o provista por sus inseparables amigos), contra los que, como bien dice su hija, van a venir a por él. Es un personaje irredento, esa condición es constitutiva de su personalidad y le da sentido.
Ah! y El Coleccionista, como se ve en Voces que Susurran, le tiene miedo....
miércoles, 23 de enero de 2013
El ensamble defectuoso del tiempo
Este mundo es una colmena. Esconde un corazón hueco.
La verdad de la naturaleza, escribió el filósofo Demócrito, reside en minas y cavernas profundas. La estabilidad de aquello que vemos y sentimos bajo nuestros pies es una ilusión, porque las apariencias engañan. Bajo la superficie hay grietas, fisuras y bolsas de aire fétido y malsano; estalagmitas y estalacticas y oscuros ríos ignotos de cauce descendente. Es un lugar de cuevas y cascadas donde el agua resbala por las piedras, un laberinto de tumores cristalinos y columnas heladas donde la historia deviene futuro y después presente.
Porque, en medio de la oscuridad total, el tiempo carece de significado.
El ahora forma una capa imperfecta sobre el pasado; no se asienta bien en todos sus puntos. Las cosas caen y mueren, y su descomposición crea nuevas capas, aumenta el grosor de la corteza y añade otra fina membrana que cubre lo que subyace, nuevos mundos que descansan sobre los restos de mundos anteriores.
Día a día, año a año, siglo a siglo, se agregan capas y se multiplican las imperfecciones. El pasado nunca muere realmente. Está ahí, a la espera, justo bajo la superficie del presente. Todos tropezamos de vez en cuando con él, todos, a través de reminiscencias y evocaciones. Traemos a la memoria antiguos amantes, niños perdidos, padres fallecidos, el milagro de un único día en que, aunque sea sólo por un instante, capturamos la belleza fugaz e inefable del mundo. Éstos son nuestros recuerdos. Los guardamos celosamente y los consideramos algo muy nuestro, y sabemos dónde encontrarlos cuando los necesitemos.
lunes, 16 de julio de 2012
Una pluma punzante
Leo en Los Amantes de John Connolly (Tusquets, 2010 pgs. 256/257), libro que combina la novela negra, una incursión en las metafísicas del Bien y el Mal y ética del samurai:
Me llevé unos bollos de la panadería contigua y volví al apartamento. El casero, sentado en una silla a la derecha de la ventana del salón, limpiaba una pistola SIG, que no era lo que solían hacer los caseros en los domicilios de sus inquilinos, a menos que el casero en cuestión fuese casualmente Louis.
-¿Y? - preguntó.
-He quedado con él esta noche.
-¿Quieres compañía?
-Una segunda sombra no me vendría mal.
-¿Eso es un comentario racista?
-No lo sé. ¿Cantas espirituales negros?
-No, pero te he traído un arma. - Metió la mano en una bolsa de piel y lanzó una pequeña pistola al sofá.
Extraje la pistola de la funda. Medía poco más de quince centímetros y pesaba bastante menos de un kilo.
-Una Kimber Ultra Diez Dos -explicó-. Cargador de diez balas. Cuidado con el ángulo posterior de la culata: es muy afilado.
Volví a enfundar la pistola y se la entregué.
-Estás de broma - dijo.
-Nada más lejos. Quiero recuperar la licencia. Si me cogen con un arma sin registrar, estoy acabado. Me despellejarán vivo y luego echarán los restos al mar.
Ángel salió de la cocina. Traía una cafetera.
-¿Crees que el que se cargó a Wallace lo torturó para averiguar sus gustos musicales? -preguntó-. Le pincharon para sacarle lo que sabía de ti.
-De eso no estamos seguros
-No, como tampoco lo estamos de la teoría de la evolución, o del cambio climático, o de la ley de gravedad. Lo mataron en tu antigua casa, mientras investigaba sobre ti, y después alguien firmó su obra con sangre. Pronto ese alguien intentará hacer contigo lo que hizo con Wallace.
-Por eso Louis va a pegarse a mí esta noche.
-Claro -dijo Louis-, porque si me cogen a mí con un arma, no pasa nada. Los negros siempre salimos impunes de cualquier acusación por tenencia de armas.
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