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martes, 13 de mayo de 2014

El teatro de operaciones mentales de Salvador Benesdra


el camino total
(Aunque al Indio Solari le están sobrando unos millones para entrar en la categoría de poeta Zen, va un buen texto de Fabián Casas sobre Benesdra, que está en La Supremacía Tolstoi y es el prólogo al libro El Camino Total)


En el 98 pasé cuatro meses en los Estados Unidos en un programa de escritura en Iowa City. Yo tenía y tengo un inglés muy básico. Cuando llegué al aeropuerto me fue a buscar un farmer, con overol, en una camioneta. Me pareció que me hablaba en vikingo. Igual trataba de devolverle sus frases como cuando uno juega contra esos japoneses campeones de pingpong. Me habían dicho que en Iowa primero iba a hacer mucho calor y después mucho frío. Llevaba pocas cosas en el equipaje. Un abrigo, algunas bermudas, unas sandalias. Y tres libros en español. Los años salvajes de la filosofía, de Rüdiger Safransky, que es una biografía de Schopenhauer y un fresco de época, Muerte a crédito, de Lois Ferdinand Celine traducido por Néstor Sánchez, y El traductor, de Salvador Benesdra. Pocas veces uno acierta tanto en la elección de los libros para llevarse y leer. Los tres eran geniales y, de alguna manera, complementarios. No se pisaban, no se opacaban. Era como si corrieran una posta, cada uno expandía más y más el cono de percepción sobre lo desconocido que el otro le llevaba hasta su punto de encuentro. Hace poco, en una cena, un gran escritor me dijo que el libro de Celine estaba pésimamente traducido por Sánchez. El escritor en cuestión objetaba ciertos problemas en la traducción del pasado compuesto o no sé qué. Me dijo que leyó tres páginas de la traducción y la abandonó. A mí me pareció un gesto pedante y esnob. Pienso que si ese libro de Celine está mal traducido, entonces es el mejor libro de Néstor Sánchez y uno de los mejores de la literatura argentina. Con Salvador Benesdra el caso es diferente. El gran escritor no lo había leído, no podía opinar. Y lo cierto es que salvo pocos lectores su libro no recibió el reconocimiento que se merece. Hay libros inmensos que no parecen despertar un interés acorde a su materia. La gente mira para otro lado, como hicieron los que vieron llegar al enorme caballo de madera en Troya. Salvador Benesdra es un escritor genial y monstruoso. El traductor es la obra del genio y El Camino Total, libro que acá se presenta, es la obra del monstruo. Pero vayamos por parte.


Completo, acá.

jueves, 24 de octubre de 2013

La vida siempre da revancha


Leo en La Supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún, de Fabián Casas, un texto titulado "Nudos Borromeos", del que transcribo lo que sigue

Yo y mis hermanos menores asistimos conmocionados cuando se abrió la puerta de la sala e irrumpió nuestro primo Cachito -mayor que nosotros- sostenido por dos o tres personas como en un Vía Crucis. Aún hoy no puedo recordar quiénes lo sostenían. Hasta llegué a sospechar que podían ser extras pagos. Lo arrastraban hasta el cuarto donde estaba el cuerpo de mi vieja y ahí él se arrojó sobre el ataúd, y estuvo a punto de tirarlo al piso. Lo concreto era que Cachito lloraba más que nosotros. De hecho, con su llanto descomunal, nos estaba dejando a los tres hijos como unos vástagos insensibles. Era claro que había decidido copar el velatorio y, ante la mirada de aprobación de tías y tíos, lo estaba logrando. Lo logró. Al igual que esas máquinas mecánicas que tenemos los humanos para que hagan el trabajo por nosotros (pienso en las risas pregrabadas del canal Sony), Cachito lloró por nosotros y nos humilló en nuestra cancha. 
Pasaron veinte años hasta que murió la mamá de Cachito, nuestra tía. Cuando me avisaron, llamé a mis hermanos y les dije que había llegado la hora de la venganza. Entramos al velatorio y Cachito nos cruzó una mirada asustada. Como le sucede a los protagonistas de las películas de género, sabía a qué veníamos. Pedimos, como hizo Juan Perón cuando encontró el cadáver embalsamado de Evita, que nos dejaran a solas con nuestra tía. Entramos al cuarto donde estaba su cuerpo, cerramos la puerta que comunicaba a la sala donde nuestros familiares en común tomaban café, y nos pusimos a gritar y a golpear las paredes. Hicimos esto un rato largo. Después abrimos la puerta y salimos.

lunes, 21 de octubre de 2013

El puente que une la biblioteca con el barrio



Copio entrevista con Fabián Casas, publicada ayer en el diario Río Negro (tiene algunos defectos como que mezcla los libros de prosa con los de poemas y además en el "Casas Básico" no está mencionado "El Salmon", pero bue...), a propósito de su nuevo libro La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún. Habrá que leerlo, nomás...

lunes, 23 de septiembre de 2013

Mantis


Leo en Boedo (todos los poemas) de Fabián Casas (Eloísa Cartonera, Bs. As. 2010), unas líneas que llevan por título el de este post y dicen:


Porque creímos que en pocas horas
te iban a guardar en el estuche,
en tu cama de la 206
reinaba un clima de expresionismo abstracto. 
Los médicos, blancos y limpios, se movían a pila
                                  por el pasillo.
Con una campera berreta y ajustada,
que dejaba su panza al aire,
un viejo le daba papilla en la boca
a tu copiloto de pieza.
Pasillos desinfectados
que inundaba al mediodía
el caldo recalentado.
Propinas a la enfermera, insomnio,
charlas entre familiares comentando el parte
que los doctores, con su letra ininteligible,
dejaban a los pies de tu cama.
                                   Y vos, como una mantis albina,
conectada al suero y al respirador...
Recé porque no entendí
que la luz y la noche se confundieran tanto.
De vez en cuando, pensé mientras te miraba,
nacen personas que viven durante toda su vida
sólo para dar amor a los demás,
sacrificando sus deseos y su importancia personal.
Un fenómeno extraño, para tener en cuenta,
sobre el ruido de fondo de la muerte.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Hacia afuera (poema de Fabián Casas)

Pienso en toda la gente 
que a esta hora mira televisión.
Una lluvia finísima
cae en la calle
y emerge desde el suelo
un silencio precario.
De la ventana hacia afuera
los límites de mi lenguaje
crearon un mundo
que ya no me interesa.
El pavimento mojado
refleja las luces de los autos:
rojos, verdes y amarillos
moviéndose.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Una cita de Spinoza

En la entrevista que posteé ayer, Fabián Casas, gran escritor cuya lectura recomiendo en forma más o menos sistemática desde este blog, hace referencia a un pasaje del Prólogo de Spinoza a su Tratado Teológico-Político, que transcribo a continuación: 

Pero si el gran secreto del régimen monárquico y su principal interés consisten en engañar a los hombres, disfrazando bajo el hermoso nombre de religión al temor de que necesitan para mantenerlos en la servidumbre, de tal modo, que crean luchar por su salvación cuando pugnan por su esclavitud; y que lo más glorioso les parezca ser el dar la sangre y la vida por servir al orgullo de un tirano, ¿cómo es posible concebir nada semejante en un estado libre, ni qué cosa más deplorable que propagar en él tales ideas, puesto que nada más contrario a la libertad general que cohibir con prejuicios o de cualquier otro modo el libre ejercicio de la razón individual? (Etica/Tratado Teológico-Político,Ed. Porrúa, pág. 218 )

El párrafo de Spinoza es claramente contra el Poder, mientras que Casas lo utiliza más contra el sentido común de las personas de a pie que otorgan importancia a gente impresentable. En cierto modo sus intervenciones más políticas tienden a oscilar entre una crítica del Poder y una visión que responsabiliza al pueblo de sus propios males. Por este motivo, no me gustó el título de la entrevista y en general el modo de citar al pensador judío-holandés.

Pero bue, bastante con que tiene una posición independiente del gobierno y la oposición gorila al mismo tiempo, tampoco le vamos a exigir que sea marxista...

viernes, 7 de septiembre de 2012

Viernes (Fabián Casas)

La Bestia Negra me envía por mail esta entrevista, con título de infeliz elección, pero mucho más atractivos contenidos sobre la literatura de izquierda, El Eternauta o Mariano Ferreyra, junto a esa combinación de pactos de sangre, goles a favor y en contra, artes de combate y largos callejeos, que por comodidad denominamos Boedo. El que viene de ahí, sabe de qué se trata.

jueves, 9 de agosto de 2012

F.C. divaga sobre un trastorno

Leo en Boedo (todos los poemas), publicado por Eloísa Cartonera en 2010, un poema de Fabián Casas que, aunque la generación mía es posterior y no escuchamos Zeppelin en un winco, igualmente hace a la experiencia de todo aquel que haya transitado sus años felices (y no tanto) en el barrio de Boedo. Lleva por título el de este post,  y dice así: 

Marcel, prestame tu resaltador
quiero que quedemos fosforescentes
en las páginas de aquel verano:

Pies descalzos sobre la vereda
el winco al mango con Led Zeppelin
y las cosas quietas en la felicidad de su condición.

Pero lo que no avanza retrocede.
Donde estaba la peluquería
pusieron una casa de quiniela
para volver a poner ahora
una peluquería, Marcel.

Me mojo el dedo con saliva 
y levanto las cenizas que quedaron:
El tano Fuzzaro haciendo willis con la moto,
la chica que una tarde me inclinó la cancha
y la voz de Roli, el stalker de Boedo.

(Oda, 2003)

lunes, 30 de julio de 2012

Unas líneas de Boedismo Zen

Leo en Los lemmings y otros de Fabián Casas, un relato que se llama "El Bosque Pulenta" y dice en alguna parte así: 

Entonces pasa un colectivo rojo, inmenso, pasa por Maza y cruza Estados Unidos y detrás de él, como si el colectivo hubiese sido un telón metálico y ruidoso, aparecen Máximo y unos diez chicos. Tiene, apenas lo vemos, los ojos desorbitados y brillosos. Yo y el Tano lo miramos y nos miramos. Los muchachos son de la Martín Fierro, son gente de Vainilla, dice Máximo. Vainilla, un moreno con la capucha de canguro puesta, se adelanta y nos saluda con una inclinación oriental. Musculito se separa de nosotros, se apoya contra un Valiant negro que siempre está estacionado casi en la esquina. Nunca vimos a nadie manejarlo. Pero está impecable, brilloso. Chamorro se nos une allá, así que tranquilos, vamos a darle su merecido a esos boludos, para que sepan quien manda en Boedo, dice Máximo. ¿El Parque Rivadavia queda en Boedo?, pregunta el imbécil de Chumpitaz. Boedo queda donde estemos nosotros, dice Máximo. Eso me quebró. Esa frase, esa puta frase, dicha en ese momento de la noche, me puso la piel de gallina y los ojos húmedos.

martes, 15 de mayo de 2012

Desierto (poema de Fabián Casas)

Manejé durante la noche
hasta agotar la nafta.
Apagué las luces del auto,
cerré las puertas
y caminé sin rumbo
fuera de la ciudad.
Pasé cuarenta días
en el desierto
tentado por el diablo.
Volví,
no me siento ni bien ni mal
y esto debe tomarse
al pie de la letra.

(El Salmón, 1995)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Solaris

Leo en Boedo -todos los poemas- (Eloísa Cartonera 2010) un poema de Fabián Casas que lleva por título el de este post y dice: 

...En medio de la calefacción del verano,
la casa limpia, vacía y ordenada...
...parando y arrancando, la heladera,
como debe ser... el cable cortado,
un preservativo negro flotando en el inodoro...
...whisky a media agua...

...Mataste a la araña inmensa
pero por más que buscás y buscás
no aparece la compañera...

...Y estos bichos
siempre
van
de a dos...

...Descalzo,
transpirando la camiseta en el living
pensás:
si una estrella tarda millones de años en morir,
si después de la Gran Orden
toda la luz regresa a su centro
para suicidarse. ¿Cuánto demora
en desaparecer una familia? ¿Cómo
distinguir lo secundario de lo primario,
lo parasitario de lo inmediato? Una vieja
en la calle, limándose las uñas, ¿qué es?

...Y en el subte miramos,
de reojo, el diario ajeno...

...En esta noche orgánica
las construcciones de la razón
parecen diarios viejos... horror
por los cinco dedos de la mano, terror
porque suene el teléfono, odio
contra la comida seriada de los aviones,
los peces de sangre fría, los remiseros
lustrando sus autos
como cuervos nerviosos
que alguna vez vi en Iowa City...

...No el recuerdo voluntario
sino el que viene
a ramalazos... trayendo las calles de Boedo...
Los lemmings, mis tías, la voz de mi mamá,
fumando descalza bajo el toldo del patio...

...Ahí va el último colectivo iluminado de la noche...
...Pasa contra el calor de los edificios ocupados...
...Suena el teléfono en la pieza del hotel,
tenés que dejar la habitación...

martes, 20 de septiembre de 2011

Boedismo Zen

Mientras el amigo Fernando (G)Rosso se traba en lucha con el principal publicista del kirchnerismo, este humilde servidor cultiva por un rato el arte de la no-espada, transcribiendo unas líneas prestadas, pertenecientes al último libro de Fabián Casas (gran escritor de nuestro querido Boedo, que goza de fama nacional e internacional). 

El libro se llama "Breves apuntes de autoayuda", continúa en gran parte los temas y el tono de "Ensayos Bonsai"  y desde ya no es un libro de autoayuda (aunque el nombre me obligó a dar varias explicaciones a amigos que no conocen al autor por estos pagos patagónicos, los cuales me miraban como diciendo "¿sos boludo?¿cómo vas a leer un libro de autoayuda?")... va con guiño para los lectores de Mishima... atenti al nombre del japonés Uzu...

La cruza entre el pensamiento hindú y chino se dio en el siglo I después de Cristo por medio de las enseñanzas budistas. Como resultado de esas dos modalidades surgió el Budismo Zen. El Budismo Zen llegó al barrio de Boedo de la mano del padre del Japonés Uzu, quien vino a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. El Japonés Uzu iba al colegio conmigo y no se llamaba Uzu sino Kimitake Hiraoke, pero todos, vaya uno a saber por qué, le decíamos Uzu. La llegada de la familia Uzu fue por escalas. Primero vino el padre para inspeccionar el lugar y ver si podía probar suerte. Lo ayudó la comunidad japonesa y rápidamente pudo ponerse una tintorería. En Osaka, su lugar de origen, tenían una bicicletería. Cuando Uzu, el hermano y su madre arribaron al aeropuerto de Ezeiza, los sorprendió que el hombre que los estaba esperando fuera melenudo, un beatle japonés. "Estoy tratando de pasar desapercibido, de parecerme a ellos", les dijo el padre para tranquilizarlos. El padre era cultor del zen y solía relatarle historias de ese tipo al japonés Uzu. Ya en el colegio, él nos las contaba a nosotros. De esta manera, nacía el Boedismo Zen. 

Así que ya saben muchachos, si alguien alguna vez les dice "calmate flaco", "no te hagas el pulenta", "relajate, loco" o frases similares cuando ustedes están cada vez más sacados, no intenten trompearlo, ni le digan "si no me calmo es problema mío", "no me hago, soy pulenta", "te atiendo cuando quieras", ni ninguna otra respuesta inapropiada. No sea cosa que se tengan que comer una paliza a lo Butteler, pero aplicada con la paciencia de un monje.  

viernes, 2 de septiembre de 2011

El Spleen de Boedo

Hoy estuve charlando con Sil, a propósito de este post y abordamos la importancia de dos instituciones del barrio de Boedo de los años '80: la plaza Butteler y la disco St. Thomas. En la primera, jugué con mis hermanas desde muy chico y también me senté un rato de más grande para pensar un poco. A la segunda, jamás entré por ser muy niño, pero la conocí por los relatos "épicos" de amigos más grandes, como el negro Jorge, quien me contaba sus conquistas amorosas con más detalle que buen gusto, mientras lo acompañaba a comprar mentolados More a Rivadavia y J.M. Moreno. Así que bue, de toda esta conversa me quedaron las ganas de compartir con los amigos un poema de Fabián Casas, que lleva por nombre el título de este post y dice así: 

Sé lo que hicimos el verano pasado
cuando el heladero cruzaba las calles
bajo el desierto spleen de Boedo.
Y abombado por el calor, 
dormía en el garage, 
el perro siberiano de los Scardanelli.
El verano pasado: pisado.
Los cigarrillos doblados, olor,
la voz de Roberto Carlos en los parlantes
                                     de la avenida.
Como una resistencia eléctrica 
cuyos filamentos se apagan lentamente
la tarde roja vira al negro
y empieza la percusión de los postigos
tocados por el viento.
Bajo los látigos del agua, las plantas.
En las ventanas, los mosquiteros.
Las cortinas hechas con largas tiras de plástico, 
bailan en las puertas de las cocinas.
Y se encienden los espirales en las mesitas de luz. 

jueves, 11 de agosto de 2011

Un plástico transparente


Después de un largo día, con muchas tareas cumplidas y muchas más por cumplir, leo en la página 57 de "Boedo -todos los poemas-"(Eloísa  Cartonera 2010) de nuestro gran escritor Fabián Casas: 

Abrí la puerta y te estabas bañando. 
Los vidrios empañados, el ruido del agua
detrás de las cortinas,
las cosas esenciales instaladas
fuera de la razón. 
Me llamaste, acercaste la cara
y nos besamos a través del plástico 
transparente: fue un instante.
Las parejas y las revistas literarias
duran casi siempre dos números. 
Sin embargo, de a poco, 
le fuimos ganando terreno al río:
días interminables en los que el caos
tomaba tu forma para envolverme mejor. 

(Para Yaz)

lunes, 8 de agosto de 2011

Unas líneas para el descanso

Dawn at Kanda Myōjin Shrine
Leo en "Los Veteranos del Pánico" (Eloísa Cartonera 2010, pg.5) de Fabián Casas, el gran escritor del barrio de Boedo: 

Si te cruzás con Buda, matá a Buda.
Si te cruzás con un discípulo de Buda, 
matá al discípulo de Buda.
Si te cruzás con tu padre, 
matá a tu padre.
Si te cruzás con tu madre, 
matá a tu madre.
Sólo así te liberarás de los apegos 
y serás libre. 

Proverbio japonés

***

No me siento identificado con estas líneas, por varios motivos. 

Primero: Me parece de una crueldad infame matar a un tipo que está todo el día meditando abajo de un árbol. Es probable que no sea muy útil a la clase trabajadora, pero tampoco molesta a nadie, así que no veo necesidad de semejante "limpieza". Lo mismo se aplica al discípulo. 

Segundo: No me puedo cruzar con mi pobre viejo, porque le ganó de mano al proverbio y se murió antes.

Tercero: Si alguien me sugiriera matar a mi vieja, ese alguien podría ser golpeado salvajemente y después perseguido hasta ser expulsado fuera de las fronteras del barrio. 

Cuarto: La idea de que la libertad es un asunto de (liberar) la mente, está buena, pero tiene ciertas lagunas, como que prescinde de la existencia de relaciones de clase y otros "detalles" similares estudiados por el marxismo, por lo que puede aplicarse en contextos muy precisos y limitados, pero no me cierra como proyecto emancipatorio. 

***

Reconozco que lo anterior es una interpretación literal terrible, desprovista de sutileza, con una pobreza destacable en cuanto a lo  metafórico, pero esta es mi forma de poner la mente en blanco. 

De última, no fui yo el que tiró lo de "matar al Buda"...


martes, 24 de mayo de 2011

Lectura de medianoche

La Bruja Buena me regaló Los Lemmings y otros cuando estuve en Buenos Aires y enterré a mi viejo. Cuando lo leí me acordé de vos, me dijo. Mi hermana para no ser menos, me regaló la restante obra publicada de Fabián Casas, Boedo (todos los poemas), Veteranos del Pánico y Ocio (yo ya tenía Ensayos Bonsai). Dos datos importantes: gracias a las mujeres sigo en relación con la literatura y gracias a la literatura sigo en relación con el barrio.

Hoy, después de una jornada un poco extensa, me puse a leer en voz alta los poemas compilados en Boedo para hacerle un mimo a la Turca que está enferma.

Transcribo para los amigos uno que me hizo interrumpir la lectura... 


A los pies de la cama de mi viejo

Sentado a los pies de la cama de mi viejo
contemplo su cuerpo desnudo y dormido.
Está bien papá, ya han pasado muchos años
y es bueno que duermas un poco.
A través de la ventana se escucha el ladrido de un
            perro.
Me cruzo de brazos en la penumbra de la habitación
y detengo mis ojos en la figura del campeón del mundo:
De pie señores, un poco de respeto para los hombres
                                                            como mi viejo.
que doblegaron sus vidas en trabajos miserables.
No todos podemos zafar de la agonía de la época
                                                                              y así
en este momento
a los pies de la cama de mi viejo
yo también prefiero morir antes que envejecer.

(Tuca, 1990)

martes, 10 de mayo de 2011

Uno de Fabián Casas para despedirme del barrio y la familia por ahora

Va un poema del gran escritor de nuestro Barrio....

A mitad de la noche

Me levanto a mitad de la noche con mucha sed
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro  la heladera:
un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías.