martes, 20 de septiembre de 2011

Boedismo Zen

Mientras el amigo Fernando (G)Rosso se traba en lucha con el principal publicista del kirchnerismo, este humilde servidor cultiva por un rato el arte de la no-espada, transcribiendo unas líneas prestadas, pertenecientes al último libro de Fabián Casas (gran escritor de nuestro querido Boedo, que goza de fama nacional e internacional). 

El libro se llama "Breves apuntes de autoayuda", continúa en gran parte los temas y el tono de "Ensayos Bonsai"  y desde ya no es un libro de autoayuda (aunque el nombre me obligó a dar varias explicaciones a amigos que no conocen al autor por estos pagos patagónicos, los cuales me miraban como diciendo "¿sos boludo?¿cómo vas a leer un libro de autoayuda?")... va con guiño para los lectores de Mishima... atenti al nombre del japonés Uzu...

La cruza entre el pensamiento hindú y chino se dio en el siglo I después de Cristo por medio de las enseñanzas budistas. Como resultado de esas dos modalidades surgió el Budismo Zen. El Budismo Zen llegó al barrio de Boedo de la mano del padre del Japonés Uzu, quien vino a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. El Japonés Uzu iba al colegio conmigo y no se llamaba Uzu sino Kimitake Hiraoke, pero todos, vaya uno a saber por qué, le decíamos Uzu. La llegada de la familia Uzu fue por escalas. Primero vino el padre para inspeccionar el lugar y ver si podía probar suerte. Lo ayudó la comunidad japonesa y rápidamente pudo ponerse una tintorería. En Osaka, su lugar de origen, tenían una bicicletería. Cuando Uzu, el hermano y su madre arribaron al aeropuerto de Ezeiza, los sorprendió que el hombre que los estaba esperando fuera melenudo, un beatle japonés. "Estoy tratando de pasar desapercibido, de parecerme a ellos", les dijo el padre para tranquilizarlos. El padre era cultor del zen y solía relatarle historias de ese tipo al japonés Uzu. Ya en el colegio, él nos las contaba a nosotros. De esta manera, nacía el Boedismo Zen. 

Así que ya saben muchachos, si alguien alguna vez les dice "calmate flaco", "no te hagas el pulenta", "relajate, loco" o frases similares cuando ustedes están cada vez más sacados, no intenten trompearlo, ni le digan "si no me calmo es problema mío", "no me hago, soy pulenta", "te atiendo cuando quieras", ni ninguna otra respuesta inapropiada. No sea cosa que se tengan que comer una paliza a lo Butteler, pero aplicada con la paciencia de un monje.