lunes, 26 de septiembre de 2011

El kirchnerismo y el factor Soria



Los kirchneristas se dividen en torno a la figura de Soria. Los pragmáticos celebran el triunfo del FPV en Río Negro, a tono con el discurso oficial, mientras los "progresistas" lo consideran un sapo duro de tragar (lo cual no implica que no se hayan tragado religiosamente todos los sapos anteriores, con una paciencia que envidiarían varios budas juntos, con lo cual calculo que si se tragan el nuevo plato presidencial, como estoy convencido que van a hacer, los muchachos estarían prácticamente en las puertas de la Iluminación).

De la elección como tal, creo que hay dos formas de analizarla. Por un lado, en la provincia de Río Negro Cristina Kirchner sacó casi el 60% de los votos en las primarias. Si bien Soria no es un político identificado con el kirchnerismo tal como se lo concibe desde el kirchnerismo politizado del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, lo cierto es que era el candidato de Cristina. En este sentido, creo que se puede relativizar lo que señala el Dario Río Negro, acerca de que el triunfo de Soria no necesariamente se debe a una identificación de los votantes rionegrinos con el gobierno nacional. Sin duda hay otros factores para analizar, pero sería necio negar cualquier tipo de relación entre los buenos resultados de Cristina en las primarias y el triunfo del FPV en las elecciones provinciales. 

En segundo término, hay factores, por así decirlo, regionales y municipales. En primer lugar, el desgaste de los radicales que gobernaron la provincia durante 28 años y están vistos como una casta política inútil, corrupta e inoperante, que hizo que Río Negro le deba a cada santo una vela y tenga que pedir guita prestada cada vez que paga los sueldos. A esto se suma el desprestigio de un aparato policial metido en todos los chanchullos habidos y por haber, cultor del gatillo fácil y de la represión. En segundo lugar, Soria y Weretilneck (su vice) son intendentes "exitosos" para los sectores medios en Gral. Roca y Cipolletti respectivamente, con lo cual tuvo peso en la votación la idea de que, repitiendo en la provincia "lo que han hecho" en sus intendencias,  van a "gestionar" mejor que los radicales. Es decir, hubo un peso específico del factor "municipal" a la hora de decidir a quién votar, por encima de cuestiones políticas nacionales e incluso ideológicas. 


De conjunto, la combinación de estos tres aspectos (peso del oficialismo nacional, decadencia de los radicales, base "municipal" de la fórmula del FPV) fue devastadora para el ahora ex-oficialismo provincial. 

Ahora bien, una vez dicho esto, encaremos la discusión de lo que expresa esta elección en el marco de la política de alianzas del gobierno nacional. 

Es necesario denunciar a los cuatro vientos que el FPV fue con un candidato semi-fascista y ultra-reaccionario, lo cual una vez más pone de relieve la naturaleza conservadora del kirchnerismo en su fase "cristinista", que pasó del discurso de "no reprimir la protesta social" a llevar como candidato a gobernador a uno de los responsables de la masacre del Puente Pueyrredón. 

Pero contra la indignación falsamente candorosa de algunos kirchneristas, me parece importante destacar que  Soria no es el único facho que habita en el peronismo y tampoco es el único facho que se apoya en la popularidad de Cristina y a su vez recibe apoyo del gobierno nacional. Varios jefes territoriales podrían arrimarle el bochín el ex jefe de la SIDE, lo mismo que muchos burócratas sindicales. 

¿Quién podría decir que los PJ de Jujuy y Formosa, fieles aliados de la presidente, son ejemplos de política progresista y democrática? Solamente puede resultar creíble para algunos porteños despistados que se creen todo lo que dice 678, pero los muertos que suman ambas gobernaciones entre los sectores obreros y populares más humildes que luchan por tierra, vivienda y por los derechos de las comunidades originarias tendrían que ser suficientes para dejar en claro el carácter reaccionario de esos aparatos. 

Acá en Neuquén, el MPN va a llevar la boleta de Cristina para la presidencial, mientras su candidato a intendente de Neuquén Capital va a ser Brillo, que fue sobischista hasta hace diez minutos y reivindica al PRO. Sin duda Brillo no va a ser "el candidato de Cristina" ni creo que se presente como tal, pero lo cierto es que el kichnerismo ha forjado los eslabones de la cadena que empieza con Cristina y termina con Brillo. 

Los kirchneristas entusiastas de la idea de que el Estado habría realizado en el ciclo K las demandas surgidas de la crisis del 2001 han ido acompañando el proceso de recomposición de la autoridad del estado sobre la base de sacar a las masas de las calles, del cual las alianzas con gente como Soria y los antes nombrados son consecuencia lógica. Se horrorizan de la misma política de la que fueron y son impulsores.

Sucede que el "armado" en que se apoya Cristina se sustenta en aparatos nada "progresistas" como los antes mencionados, los cuales incluyen a su vez vínculos fluidos con las policías provinciales, comparables a los que tiene el gobierno nacional con la Prefectura y la Gendarmería. Unos nenes más o menos... contra los cuales tendrán que enfrentarse los trabajadores y las fuerzas clasistas y revolucionarias. 

Frente a ese "poder real", los discursos de los "estadólatras" centroizquierdistas que piensan que el estado burgués es para "redistribuir" y lograr una sociedad "más justa" se chocan con la realidad del "espíritu estatal" de un peronismo cuyo objetivo es ejercer el poder más allá del discurso político (y de los prontuarios de sus candidatos).