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lunes, 19 de diciembre de 2016

Entrevista con Fernando Rosso sobre El marxismo de Gramsci



Va la entrevista con mi amigo Fernando, que se dispuso gentilmente a hundir el rating de su prestigioso ciclo.....

Entrevistamos al autor del libro “El marxismo de Gramsci”, donde propone una lectura sobre los clásicos Cuadernos de la Cárcel del comunista italiano. 


martes, 19 de enero de 2016

lunes, 20 de julio de 2015

El Príncipe moderno, Gramsci y el marxismo (a propósito de una ponencia de Peter D. Thomas)


La reciente ponencia de Peter D. Thomas en el Coloquio Marx-Engels realizado la semana pasada en Campinas, The Idea of Communism and the Party-Form retoma la cuestión del partido, que el autor había tratado en The Gramscian Moment y en Hegemony, Passive Revolution and the modern Prince.

En su momento hicimos con Fernando Rosso un comentario crítico del abordaje de Thomas sobre la cuestión del partido en Gramsci, que se puede leer acá y retomamos también en esta nota escrita para Esquerda Diário. 

En esta nueva intervención, Thomas suma dos novedades. La primera: pone en relación el debate sobre la "forma partido" propuesta por Gramsci con un debate más amplio sobre la cuestión del comunismo y en ese contexto realiza una crítica sumaria, pero bastante eficiente de las últimas elaboraciones de Toni Negri. La segunda: precisa su idea del Príncipe Moderno, planteándola más cercana a un "partido proceso" que a un "partido laboratorio", idea esta última que en su ponencia relaciona con Lukacs, aunque mantiene en general las posiciones que ya había delineado en sus trabajos anteriores.

Mientras señala que Negri retoma la idea del operaísmo del partido como organización "composicional" (organización de lucha redefinida no como aparato externo a la clase sino como organización de la clase acorde a su "composición técnica" en el proceso de producción), ejerce una crítica de la concepción de Lukacs del partido entendido como "sujeto político" y "laboratorio", que actúa como "mediación entre la teoría y la práctica" y "prefigura" la libertad comunista del futuro a través de una "forma autónoma de la conciencia de clase proletaria". 

El Príncipe moderno, entendido como un proceso expansivo de constitución de un partido de nuevo tipo, sintentiza los puntos fuertes de las anteriores "formas", ya que:

... representa solamente la punta del iceberg de un proceso más amplio de activación política colectiva de las clases populares, en todas las instancias de deliberación y toma de decisiones en toda la sociedad. Es precisamente por esta razón que el Príncipe moderno como forma-partido no es una instancia de formalismo político, sino una forma que constitutiva y continuamente excede sus propios límites para poder ser tal.

Señala Thomas a modo de conclusión: 

La discusión emergente sobre la renovación de la forma-partido se da en un contexto de experimentos radicales en las formas de organización alrededor del mundo, desde redes a coaliciones a viejas y nuevas concepciones del frente único. La verdadera cuestión estratégica hoy no es la simple idea del comunismo o incluso la afirmación o negación del partido, concebido en abstracto, sino la cuestión del tipo particular de forma-partido que podría ayudar a esos movimientos a continuar creciendo. La noción de Gramsci del Príncipe moderno como una forma política expansiva, integrando las dimensiones composicional y de laboratorio en una renovación del partido político como una formación y práctica del partidismo provee el nombre para este proceso de experimentación comunista colectiva.

El debate tiene, como siempre, aristas teóricas y políticas que hacen a la actualidad, como se ve en la entrevista realizada con Peter D. Thomas por Esquerda Diário y Opera Mundi y los planteos que vierte en la misma sobre la experiencia de Syriza. Intentaremos reflexionar brevemente primero sobre la cuestión teórica y luego sobre las cuestiones políticas.

En primer lugar, si intentamos hacer una aproximación "genética" a la concepción de partido de Gramsci, planteada con cierto apuro y no demasiada sutileza, podemos identificar tres momentos en su elaboración de la cuestión del partido: la de la época de los consejos de fábrica, la del momento de construcción del PCI a su regreso de la URSS, entre 1924 y 1926, que incluye (como la anterior) la polémica y el debate con Bordiga y por último las reflexiones sobre la cuestión del Príncipe Moderno en los Cuadernos de la Cárcel.

En la etapa "consiliar", Gramsci consideraba al partido como una "organización contractual y privada" frente a la cual estaba planteada la autonomía del consejo de fábrica como organismo "público", por decirlo en términos "clásicos", tendía a subvaluar el rol del partido, en la relación partido-consejo de fábrica (o soviet). Contra esta posición había polemizado Amadeo Bordiga, desde una óptica esencialmente sectaria contra la experiencia de los consejos de fábrica. Bordiga señalaba que la forma histórica de emancipación de la clase obrera era el partido comunista y no los consejos ni los soviets, a los que asignaba un rol esencialmente de lucha económica. 

Durante la etapa de construcción del PCI, Gramsci va a polemizar contra Bordiga señalando que el partido no era un "órgano" sino una "parte" de la clase, mientras buscaba establecer los fundamentos de una estrategia que expresara en la situación italiana de ese momento, los mismos objetivos que la experiencia de los consejos, la cual está sintetizada en las Tesis de Lyon. No obstante los aciertos de Gramsci en la polémica con Bordiga, la prohibición de las fracciones indicaba un paso hacia el autoritarismo, que en ese momento era funcional al desplazamiento de Bordiga, en un contexto de "bolchevización" promovido por la dirección de la Tercera Internacional contra los sectores disidentes.

En los Cuadernos de la Cárcel, la reformulación de la cuestión del partido en términos del Príncipe moderno, permite a Gramsci unir lo que en las etapas anteriores estuvo dividido: el movimiento histórico (antes asociado a los consejos) y la organización política (antes entendida en sentido más "estrecho"). Esto parecería darle la razón a Thomas en su interpretación del Príncipe moderno como "forma partido políticamente expansiva", pero no es tan sencillo. 

Al transformar en uno de los ejes de su reflexión carcelaria la cuestión de la hegemonía, Gramsci está poniendo el acento en uno de los puntos débiles que tuvieron tanto la experiencia de los consejos de fábrica como las posteriores experiencias del PCI frente al fascismo. 

Pero no es una cuestión únicamente italiana sino que hace a cierta debilidad de los comunistas de Occidente en su conjunto. Frente a Estados con varios siglos de historia, cultura y organización societal, la concepción socialdemócrata de la continuidad entre progreso capitalista y advenimiento del socialismo, se transformaba en una concepción acrítica del marxismo como "ala izquierda" de la modernidad capitalista. La consecuencia político-ideológica y estratégica, era cierto fatalismo en los comunistas de occidente, fuera ultraizquierdista o de derecha, pero que en sus dos variantes subestimaba la importancia de la acción política del partido para intervenir en los momentos de crisis y más bien se confiaba al curso de los acontecimientos. 

No obstante su decadencia, las conquistas históricas de la burguesía europea en los terrenos político, militar, económico y cultural impusieron a los comunistas de occidente una posición que los dejaba por detrás de la dinámica de los acontecimientos y de las conclusiones estratégicas que se desprendían de la nueva época abierta por la guerra mundial y la revolución rusa (como señalara Trotsky en Lecciones de Octubre y Stalin, el gran organizador de derrotas). 

En este contexto, la reflexión gramsciana sobre la cuestión del partido a través de la metáfora conceptual del Príncipe moderno, es inseparable de la reflexión gramsciana más general sobre la "filosofía de la praxis" como movimiento histórico que sintetiza la cultura de occidente, así como el legado del Renacimiento, la Reforma protestante y la Revolución francesa. 

Digo que es inseparable, porque cuando Gramsci reflexiona sobre el marxismo como concepción independiente de todas las corrientes ideológicas y filosóficas burguesas, su hincapié en la "autosuficiencia" del marxismo, no es un llamado al dogmatismo, sino una lucha por sentar las bases de una concepción del marxismo correlativa con la lucha por la constitución de la clase obrera como clase hegemónica, es decir como una clase dotada de una teoría que a su vez la proyecta como clase consciente de ser la cabeza de un movimiento histórico revolucionario que no busca continuar "la cultura de occidente" bajo predominio burgués sino construir un nuevo Estado (proletario) que dote de “una forma moderna y actual al humanismo laico tradicional que debe ser la base ética del nuevo tipo de Estado” (C11 §70).

Visto desde este ángulo, histórico-filosófico, la reflexión gramsciana sobre el Príncipe moderno que al desarrollarse convulsiona al conjunto de la sociedad, busca establecer una ligazón íntima entre movimiento histórico y forma política. 

Sin embargo, desde el ángulo de la relación estratégica entre movimiento social (entendido no en términos históricos generales sino más en un plano inmediato) y el partido (Príncipe moderno), la relación se vuelve menos "expansiva" y un tanto más "negativa", dado que en los Cuadernos de la Cárcel Gramsci tiende a identificar la actividad espontánea de la clase obrera con el sindicalismo y presentar en términos un tanto unilaterales la "superación" de aquel mediante el Príncipe moderno. 

En resumen, si la concepción "integral" de partido en los Cuadernos de la Cárcel resulta productiva para reflexionar desde el ángulo histórico-filosófico sobre la relación entre el marxismo, la clase obrera y la cultura de occidente, en el plano menos abstracto y más específico de la relación entre movimiento social y organización política en una situación determinada y no tan general, se vuelve más bien abstracta.

Esta relativa abstracción, en el plano de la relación movimiento-partido como categoría "situacional" o de "coyuntura estratégica" es lo que permite, por ejemplo, que Thomas pueda asociar la idea de Príncipe moderno con "ciertos momentos de la experiencia de Syriza" que precisamente pretendía lo contrario a la orientación gramsciana: sustituir mediante una organización política sin hegemonía social y con un programa de reformas la propia actividad de la clase trabajadora como sujeto revolucionario.

Si consideramos, como sostiene Emmanuel Barot (Marx au pays des soviets ou les deux visages du communisme, la ville brûle, 2011, pgs. 31-36) siguiendo a Marx, que el comunismo no es un fin a realizar en abstracto, sino el movimiento real que busca abolir el estado actual de cosas, toda reflexión sobre la posibilidad de reconstruir las organizaciones revolucionarias de la clase obrera debería partir de la necesaria relación entre hegemonía política y hegemonía social. Es decir, no se puede presentar como "hegemónica" una política que no tiene como eje de su actividad la constitución de la clase obrera como sujeto y prioriza la "política por arriba" en lugar del "movimiento real". 

En este sentido, la "forma partido" necesaria para el desarrollo del "movimiento real", es aquella capaz de sostener una práctica política que combina la lucha por la recomposición social, política e ideológica de la clase trabajadora como sujeto, con una estrategia que parta de sus concretos y actuales combates, luchando por hegemonizar a los demás sectores oprimidos, por ejemplo llevar hasta el final la lucha por el NO en Grecia. Las "izquierdas amplias" se demostraron incapaces de hacerlo. Un "nuevo leninismo" debería proponérselo. 

Versión en portugués en Esquerda Diário  

lunes, 13 de julio de 2015

Sobre Peter D. Thomas e o marxismo de Gramsci




O livro de Peter D. Thomas, The Gramscian Moment: Philosophy, Hegemony and Marxism1, tem gerado um novo interesse pelo pensamento de Gramsci nos âmbitos da esquerda acadêmica e política na Inglaterra e França, e se converteu em certa medida em um acontecimento intelectual internacional.

martes, 10 de febrero de 2015

Althusser vs. Gramsci: materialismo "aleatorio" y revolución pasiva



En su libro The Gramscian Moment, Peter D. Thomas ubica las polémicas de Althuser contra Gramsci de los años '60 (y sus implicancias), como la última gran polémica teórica en el marxismo. En su argumentación, demuestra de manera bastante convincente que las concepciones "anti-historicistas" de Althusser están más cerca de las de Benedetto Croce criticadas por Gramsci, que las del propio Gramsci, criticadas por Althusser.

Luego concluye que entre la filosofía de la praxis de Gramsci y el "materialismo aleatorio" del último Althusser hay más proximidades de las que el propio Althusser hubiera estado dispuesto a reconocer. 

Esta última idea resulta más discutible. Si bien es cierto que el Althusser que reivindica "la corriente subterránea del materialismo del encuentro" tiene cierta afinidad con la crítica de Gramsci a la "historia con providencia", por su reivindicación de la contingencia en el acaecer de los hechos históricos, ahí se terminan las coincidencias. 

En sus artículos "Sobre el pensamiento marxista" y "La corriente subterránea del materialismo del encuentro", Althusser intenta reconstruir una visión sobre el marxismo y la historia de la filosofía que rompa con toda teleología. Por este motivo, traza una línea que pasa por Epicuro, Lucrecio, Maquiavelo, Spinoza y Heidegger, que podríamos definir como "antimonista", "antideterminista" y "antiteleológica", que estaría a su vez presente en La situación de la clase obrera en Inglaterra de Engels o en el capítulo sobre la acumulación orginaria de El Capital. No importa en este caso si las interpretaciones de cada uno de estos pensadores practicadas por Althusser se corresponden con sus genuinos puntos de vista. 

Althusser intentaba ofrecer una filosofía política que permitiera conciliar la reivindicación de algún tipo de cambio histórico con el clima de derrota de finales de los '70 y principios de los '80. De ahí que a través de la "lluvia de átomos" que se unen en un "encuentro" por obra de un clinamen sobre el que no opera necesidad alguna, y el Príncipe que no vino de ninguna parte, el filósofo francés crea una teoría del "Encuentro" que permitiría explicar la emergencia de los cambios revolucionarios desde una lectura que privilegia la "contingencia" por sobre el "determinismo". 

Manteniendo la "clásica" idea althusseriana del "proceso sin sujeto", el "materialismo del encuentro" le agrega la dispersión de las fuerzas sociales y la imposibilidad de un pensamiento estratégico "anterior" al "encuentro", de forma tal que lo que a simple vista puede parecer una crítica aguda del "determinismo" y la "teleología", termina coincidiendo bastante con la espera pasiva a la expectativa de algún acontecimiento mesiánico

En resumen, un retroceso teórico del "nuevo materialismo" creado por Marx, que sin negar la singularidad de los hechos históricos, explica que el "encuentro" no cae del cielo. En lugar del "nuevo materialismo" de Marx, Althusser ofrece un materialismo "pre-marxista", que no tiene mucho que envidiar al pensamiento mágico, que es a donde lleva, sea por la vía del cientificismo o del "contingencialismo", el anti-historicismo rabioso. 

En este contexto, cabe preguntarse si la "lluvia de átomos" (más allá de la belleza literaria de la imagen evocada) cuando no opera la constitución aleatoria del "encuentro", no se parece bastante a una sumatoria de "individuo(s) aislado(s) en el seno de la sociedad civil", como característico del "materialismo anterior", sometido a crítica por Marx en sus Tesis sobre Feuerbach.

Y en este punto, clinamen sobre el que se centra la posición althusseriana, podría producir el "encuentro" entre el "materialismo aleatorio" y el mecanismo capitalista de "revolución pasiva" (o su utilización limitada en un contexto de ofensiva reaccionaria). 

Sucede que la contingencia entendida en forma extremista privilegia al advenimiento mesiánico del "encuentro" por sobre la lucha por crear activamente nuevas relaciones de fuerzas, propia de la estrategia política marxista y por eso se opone a la hegemonía proletaria (que requiere una estabilidad relativa, aunque sea precaria, de esas relaciones de fuerzas), en una curiosa coincidencia con todas las "restauraciones" y "recomposiciones" capitalistas. 

En lugar de una alternativa a una concepción de la historia y la política tributaria de un tiempo vacío caracterizado por la duración de un sistema decadente o burocratizado, el "materialismo aleatorio" se inscribe en un contexto de respuestas ideológicas impotentes a la "guerra de conquista" emprendida por el neoliberalismo que impuso la "colonización" de las viejas organizaciones obreras reformistas, como ocurrió durante las últimas décadas con los partidos "socialistas" y "comunistas".

martes, 23 de septiembre de 2014

Gramsci, Marx y la "nueva inmanencia": acerca de una lectura de Peter D. Thomas



Este blog va a estar, por algún tiempo, en proceso de redefinición de sus tareas. Dado que será en La Izquierda Diario donde volquemos algunas opiniones u observaciones sobre el quehacer nacional, intentaremos utilizar este espacio para darle continuidad a las reflexiones sobre problemas teóricos. En resumen, temas "populares" al Diario, temas "impopulares" a la revista Ideas de Izquierda y este blog.

En este contexto y para no dejar a mitad de camino lo que comenzamos con este post, continuó con este otro, siguió con este y este, más estos dos artículos publicados en la revista Ideas de Izquierda, intentaremos analizar un último punto planteando por el marxista inglés Peter D. Thomas, en su libro The Gramscian Moment.

Hace algunos años, cuando escribí el trabajo La "ortodoxia" que no fue, que intenta contextualizar la polémica de Gramsci contra Bujarin del Cuaderno 11 y rescatar críticamente algunas de sus principales definiciones, una de las cuestiones que me parecieron importantes fue la de la "nueva inmanencia" (reivindicada a su modo por Daniel Bensaïd en Marx Intempestivo), porque de por sí el tema llama la atención y es otra vía de entrada al "nuevo materialismo" propuesto por Marx en sus Tesis sobre Feuerbach, de lo que nos ocupamos acá. Todo esto debería resignificarse a la luz de una lectura concienzuda del llamado Cuaderno Spinoza de Marx, que intentaremos en un futuro cercano.

En los Cuadernos de la Cárcel de Gramsci la idea de un "nuevo concepto de inmanencia" o una nueva inmanencia aparece relacionada con tres posibles líneas de interpretación (todas convergentes). 

-Una continuidad de la filosofía inmanentista, depurando la versión especulativa de esta que ofrece el hegelianismo (recordemos que Hegel consideraba la filosofía de Spinoza como un "momento" de su sistema. Esto está presente en la Fenomenología del Espíritu pero sobre todo está explicado acabadamente en la Ciencia de la Lógica), para una compresión realista y concreta de la historia. 

-Una síntesis teórica que une la filosofía alemana, la economía política inglesa y la política revolucionaria francesa (las famosas tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo), creando una nueva concepción del mundo que a su vez expresa esta síntesis de los tres elementos en cada uno de sus segmentos, de forma tal que no hay filosofía, política y economía marxistas, sino "filosofía de la praxis", "crítica de la economía política" y una teoría política/estrategia que tiene sus fundamentos teóricos en las dos anteriores y todo eso es parte de una "concepción del mundo".

-La categoría de "mercado determinado" y "leyes tendenciales" que Gramsci asocia al economista David Ricardo y que considera un elemento convergente con la concepción marxista, en tanto contribuye a establecer, dicho con términos no precisamente presentes en Gramsci, una estructura sujeta a una legalidad no mecánica, lo cual coincide con el interés de Gramsci en explicar "cómo surge el movimiento histórico sobre la base de la estructura" y la cuestión de las relaciones de fuerzas. 

Peter D. Thomas, que considera estos distintos aspectos, tomando a su vez otros estudios gramscianos, intenta cerrar el círculo de la "nueva inmanencia" con una definición que es la siguiente: Inmanencia = Teoría. Creo que si bien puede ser atractiva, no se ajusta del todo a la reflexión gramsciana. Veamos por qué. 

Thomas cita un pasaje del Cuaderno 4, en particular C4 §17, en el que Gramsci dice: "la expresión 'inmanencia' en Marx tiene un significado preciso y esto es lo que había que definir: en realidad esta definifición hubiera sido realmente 'teoría".  De esta frase, Thomas deriva la definición: Inmanencia = Teoría. 

Sin embargo, tal derivación está fuera de contexto. Dado que Gramsci no está diciendo que la definición de inmanencia es teoría, sino que el acto de definir el contenido preciso de la inmanencia en Marx hubiera sido realmente "hacer teoría". Para afirmar esto me baso por ejemplo en el Cuaderno 4 §13, donde Gramsci sostiene respecto del Ensayo de Bujarin: "La primera observación que hay que hacer es que el título no corresponde al contenido del libro. Teoría del materialismo histórico debería significar ordenamiento lógico de los contenidos filosóficos que son conocidos bajo el nombre de materialismo histórico. El primer capítulo, o una introducción general debería haber tratado la cuestión: ¿qué es la filosofía? ¿una concepción del mundo es una filosofía? ¿cómo fue concebida hasta ahora la filosofía? ¿El materialismo histórico renueva esta concepción? ¿Qué relaciones existen entre las ideologias, las concepciones del mundo, las filosofías? La respuesta a esta serie de interrogantes constituye la 'teoría' del materialismo histórico." Más adelante dice que esos son los problemas teóricos y no "los que el autor propone como tales". 

En este contexto, es decir habiendo establecido qué elaboraciones o reflexiones tendrían status "teórico", Gramsci critica a Bujarin por sostener que la palabra "inmanencia" tiene en Marx un sentido metafórico y por eludir la cuestión de definir su significado preciso en el pensamiento marxiano, lo cual sería efectivamente un definición "teórica".

Pero me parece forzar el texto hacerle decir que de ahí se desprende la fórmula Inmanencia = Teoría. Sí me parece acertado rescatar, cómo hace Thomas, que en la "nueva síntesis teórica" que es a su vez un redefinición de las relaciones entre la teoría y la práctica, como parte del desarrollo de la lucha por constituir a la clase obrera como clase hegemónica, uniendo filosofía y política, la relación entre historia, teoría y política se concibe como "inmanente". 

No obstante esto, mi impresión es que Gramsci no hace una definición precisa de la inmanencia según Marx, o por lo menos establece distintas aristas de la cuestión dejando más planteado el problema teórico que una "definición" formal, por lo que la idea de una "nueva inmanencia" debe emparentarse (está emparentada) con la de un "nuevo materialismo" de las Tesis sobre Feuerbach, como ya dijimos antes. 

Este debate es más importante no tanto por el tratamiento de la cuestión en los estudios gramscianos, sino sobre todo porque la "inmanencia" fue durante varias décadas la bandera, primero de un marxismo estructuralista y anti-hegeliano primero y de un autonomismo enemigo del marxismo clásico después, post-estructuralismo mediante. 

Cuando Toni Negri, resignificando sus propias elaboraciones previas como las presentes en El Trabajo en la Constitución y El Poder Constituyente, lanzaba muy suelto de cuerpo la idea de que "la multitud llamó al imperio", creando una mala infinitud de desafíos por abajo respondidos por recomposiciones por arriba que a su vez daba por liquidadas las mediaciones político-sociales que necesita constuir la clase obrera junto con los sectores oprimidos para mejor luchar (asociadas negativamente con la dialéctica hegeliana) y habilitaba la idea de un "comunismo sin transición", estaba utilizando la tradición inmanentista para crear una filosofia política de una "sustancia" que no puede "devenir sujeto" o para decirlo en términos más sencillos "tomar el mundo sin cambiar el poder" (la inversión del título de Holloway es adrede). De forma tal que el desafío planteado por Pierre Macherey en su Hegel o Spinoza de invertir la forma impuesta por el idealista alemán para leer al materialista judío-holandés, se transformaba en una simple degradación del legado de Spinoza al servicio de una teoría derrotista de la lucha de clases.

Frente a este falso "inmanentismo", el rescate de las reflexiones gramscianas y su relación con el "nuevo materialismo" puesto en práctica por Marx, permite volver a pensar en los fundamentos filosóficos del marxismo, no como una "pieza de museo" sino como una teoría viva que busca recrearse contra el pensamiento burgués, seudoautonomista y de la izquierda rutinaria.

martes, 17 de junio de 2014

Realpolitik y hegemonía: a propósito de una lectura de Peter D. Thomas sobre la NEP

Mientras compañeros de más alta calificación dan cuenta de los avatares de la realidad argentina, los galos de Asterix seguimos con la tarea de "desmenuzar" el "marxismo de Peter D. Thomas", y su libro The Gramscian Moment, poco conocido en la Argentina, pero un best seller a nivel de la izquierda europea. 

En la conclusión de este post, hacíamos referencia a que la tendencia de Thomas (que exacerba a su modo la ya existente en Gramsci) de postular la hegemonía como "superación del plano económico-corporativo" entendida como una primacía unilateral de la política por sobre el peso social de la clase obrera, se expresa en su lectura de la NEP (Nueva Política Económica). Y accidentalmente, llegamos a un punto que une muchas aristas teóricas, programáticas y estratégicas. 

Thomas asimila la NEP a la política de Frente Único y plantea que la NEP no fue una mera "retirada" impuesta por las circunstancias sino un proyecto de hegemonía civil y política de la clase obrera rusa:


"... la NEP fue tanto una 'revolución cultural' como 'económica' que perseguía la renovación de las relaciones sociales (de producción  pero también otras relaciones sociales) sobre las cuales el Estado soviético se había fundado forzosamente. Fundamentalmente, esta NEP se basaba en la tesis de "primacía de la política", como el terreno de relaciones sociales transformadoras que podía proveer el dinamismo para superar las contradicciones económicas que amenazaban con destruir el flamante estado de los trabajadores" (The Gramscian Moment, pg. 236). 


El giro de la Tercera Internacional en 1921 hacia la política de Frente Unico para el movimiento obrero de Occidente coincide con la instauración de la NEP en Rusia, y ambas fueron respuestas a su modo al retroceso de la oleada revolucionaria que surge de la guerra y la revolución rusa. Una, destinada a ganar al movimiento obrero de Occidente para las posiciones del comunismo (empezando por la lucha común por cuestiones defensivas) y la otra destinada a revitalizar la alianza obrero-campesina, para consolidar el poder soviético a la espera de la revolución internacional. Pero así como el Frente Unico no es en sí mismo una política hegemónica (aunque puede ser el primer paso en ese sentido), la NEP tampoco  lo es y no casualmente los bolcheviques la presentaron como una "retirada táctica". 


En su Informe sobre la NEP soviética y la perspectiva de la revolución mundial, Trotsky explicó en qué sentido era la NEP una retirada. Contra los argumentos de la socialdemocracia europea que veía en la NEP una derrota de la revolución, Trotsky explicaba que el comunismo de guerra fue una política económica impuesta por las circunstancias de la guerra civil que subordinó las decisiones económicas a las necesidades militares. En este marco, Trotsky planteaba que la NEP era una política del estado obrero para avanzar en la "acumulación primitiva socialista", es decir no "la vía al socialismo" sino una política para sentar las bases de la reconstrucción económica del país bajo dirección de la clase obrera, cuyo carácter "socialista" se iría incrementando en la medida en que avanzara la revolución internacional, idea sintetizada por el propio Trotsky en ese informe: "Nuestra Nueva Política Económica está calculada para condiciones muy específicas de espacio y tiempo. Es la política de maniobra de un Estado obrero que se mantiene rodeado por el capitalismo y que apuesta al desarrollo revolucionario en Europa." 

En este contexto, se plantea la mil veces discutida cuestión de la hegemonía, antes y después de la toma del poder por la clase obrera. Y así como Trotsky dijera en La revolución española y sus peligros que el concepto de dictadura de proletariado no coincide mecánicamente con el de revolución socialista, otro tanto puede decirse de la relación entre dictadura del proletariado y hegemonía de la clase obrera en un país de desarrollo burgués "retrasado" que después de la toma del poder por el proletariado inicia su etapa de "transición" al socialismo (recordemos una vez más, siempre subordinada al curso de la revolución -o falta de ella- a nivel internacional).


Por eso, me parece que se podría pensar que el momento más "hegemónico" de la vanguardia de la clase obrera y los bolcheviques coincide con la toma del poder y el decreto agrario mediante el cual los bolcheviques lograron una base de masas para el nuevo Estado, que se expresa en la constitución de un Ejército Rojo de cinco millones de hombres (en su mayoría campesinos) y que posteriormente la "hegemonía" adquiere formas más precarias , propias de las condiciones de guerra civil y pos-guerra civil en que se desarrollan las relaciones entre el campesinado y la clase obrera. (Recordemos el sistema de contrapesos que planteara Lenin para asegurar la posición social de la clase obrera en el Estado obrero "con graves deformaciones burocráticas" al que hicimos alusión acá).


Desde este punto de vista, definir la NEP como una especie de revolución cultural o como la política hegemónica por antonomasia me parece un embellecimiento un tanto ahistórico de una realpolitik destinada a sostener un gobierno de la clase obrera que empezaba a perder el apoyo de los campesinos. Si bien el realismo político es condición necesaria para cualquier política "hegemónica", y aunque la NEP tuvo como complemento una ofensiva de los bolcheviques para fortalecer la construcción cultural, por todos los elementos planteados anteriormente, creo que sería más adecuado definir a la NEP como una realpolitik pre-hegemónica (es decir pensada para crear las bases para recomponer la hegemonía y no como expresión de la hegemonía como tal) en condiciones de existencia más o menos precarias del poder soviético. 


Porque si antes de la toma del poder una política hegemónica es aquella tendiente a que todos los oprimidos depositen sus esperanzas en la clase obrera como la única que puede dar una salida, en las condiciones de la "transición" una política hegemónica no es la que permite sostenerse en el poder a cómo dé lugar sino aquella que une las medidas "socialistas" con el fortalecimiento del peso social de la clase obrera en la sociedad de transición (por ejemplo una colectivización de la tierra con apoyo de los campesinos medios y pobres, al revés de la colectivización forzosa que hizo Stalin después de la Neo-NEP que defendiera con Bujarin hasta 1928-29). 


En este sentido, además de todas las críticas que hemos hecho en anteriores ocasiones al posicionamiento de Gramsci sobre el debate en la URSS entre la Oposición Conjunta y el bloque Bujarin-Stalin, cabe preguntarnos si "la hegemonía en régimen de NEP" de la que hablaba el comunista italiano, alguna vez existió, entre la realpolitik pre-hegemónica de 1921 y el "giro hacia el kulak" dado a la NEP a partir del surgimiento de la "teoría" del "socialismo en un solo país" en 1925, en un contexto en el cual las formas políticas de la dictadura del proletariado fueron cambiando a medida en que avanza el proceso de reacción social (Thermidor) desde 1924 con su consiguiente burocratización.


Por último, la postulación por Thomas de una teoría de la hegemonía entendida esencialmente como primacía más o menos unilateral de la política por sobre el plano social (que es el único nexo histórico real entre economía y política) termina exagerando el carácter "hegemónico" de la NEP al mismo tiempo que deja abierta la puerta para una interpretación de la hegemonía en clave del poder político basado en el consenso (criticada por el mismo Thomas como contraria al auténtico pensamiento de Gramsci). 

jueves, 15 de mayo de 2014

La Hegemonía light de las "nuevas izquierdas" - Acerca de Peter D. Thomas y la actualidad de Gramsci

33 Imagen 1


A riesgo de resultar reiterativo (les aseguro que en persona es mucho peor...) copio para los/as lectores del blog un artículo que publicamos con Fernando Rosso en el pasado número de Ideas de Izquierda, sobre un trabajo de Peter D. Thomas, al que ya habíamos hecho referencia instrumentalmente acá


La parte de hegemonía nos quedó muy "teórica" y la de partido medio "obrerista" y por este motivo un poco separadas entre sí, por lo que sugiero complementar el artículo que sigue con lo que se plantea en este otro post


Hechas las aclaraciones, va el artículo...


El libro de Peter D. Thomas, The Gramscian Moment. Philosophy, Hegemony and Marxism, ha generado un nuevo interés por el pensamiento de Gramsci en los ámbitos de la izquierda académica y política en Inglaterra y Francia, y se convirtió en cierta medida en un acontecimiento intelectual internacional.

Los motivos de este suceso son varios. En primer lugar, un cierto “vacío” teórico en lo concerniente a las estrategias de la izquierda, entendida esta en sentido amplio. En una situación de relativo ascenso de las coaliciones de izquierda reformista, pasado el momento de la “ilusión de lo social” que expresó la moda autonomista, las elaboraciones de Thomas ofrecen una hipótesis de reconstrucción del marxismo, por la vía de un rescate del pensamiento de Gramsci, con afinidades hacia los nuevos movimientos surgidos en los últimos años: Ocuppy Wall Street, la Primavera Árabe, movimientos anticapitalistas en general. Y a la vez intenta retomar la cuestión “político-estratégica”.

Completo, acá

domingo, 4 de mayo de 2014

Nuevamente sobre el materialismo de Marx y su actualidad


Agradeciendo la contribución del compañero Federico Manzone, que espero tenga continuidad con otros posts, paso a desarrollar o mejor dicho esbozar con mayor claridad algunas de las cuestiones sobre las que pide precisiones.

El objetivo de este post no era privilegiar el materialismo contra o sobre la praxis, sino introducir a algunas cuestiones planteadas por el libro de Peter D. Thomas "The Gramscian Moment" y señalar algunos lugares comunes que da por supuestos o menciona abiertamente (más abajo, más detalles al respecto). Creo que de entrada la interpretación que hace Federico sobre que plantear que la oposición de materialismo y praxis es estéril es como plantear que la cuestión filosófica da lo mismo, no tiene nada que ver con lo que plantea el post. Pero vayamos por partes. 

En primer lugar, creo que si bien la discusión entre "materialistas" y "praxiológicos" tuvo su importancia histórica, no es tan sencilla ni tan nítida como parece serlo para Federico. Por ejemplo, él menciona entre los ejemplos, a Antonio Labriola y la II Internacional, pero Labriola nunca consideró que sus elaboraciones fueran contra la II Internacional, sino contra los socialistas italianos que postulaban que el marxismo era afìn con Spencer y Darwin (entendido éste último como una variedad de Spencer), los cuales a su vez eran una aberración respecto del relativo "positivismo" de la II Internacional. En cambio yo creo que había una gran heterogeneidad en este aspecto teórico, donde convivían de Labriola a Plejanov, incluyendo algunos "marxistas" que poco tenían que ver con el marxismo. Labriola también polemiza con Masaryk y Croce y discute con Sorel, es decir su principal trabajo como polemista era de la II Internacional hacia afuera. Sobre la crítica de Gramsci a Bujarin, ver en detalle acá

Creo que en la segunda postguerra, la discusión de reivindicar la praxis y la verdadera filosofía de Marx contra el stalinismo fue en gran medida una forma de ser "disidentes" en contextos en que no se podía plantear abiertamente las diferencias políticas (y en general los "disidentes" no podían ser "oposicionistas" es decir trotskistas, porque no había trotskismo en países como Yugoslavia o Checoslovaquia). Esto no quiere decir que haya que descartar, por el contrario por lo menos para mí son una referencia, los trabajos de Kosik y Markovic, pero contextualizarlos permite quitarle "dramatismo" al debate filosófico, politizando sus coordenadas. 

Por último, creo que después de varias décadas de efectos devastadores del "giro lingüístico" sobre la teoría, cualquier intento de recomposición del marxismo debe partir de proponerse superar "dialécticamente" las polémicas al interior de la tradición marxista que se dieron en condiciones totalmente distintas de las actuales, para plantear una teoría marxista que de cuenta de los principales cuestionamientos a los que estuvo sometida durante las últimas décadas, desde ya sin abandonar los debates clásicos. 

Ese es el sentido de debatir el libro de Thomas, así como reflexionar sobre la obra de Gramsci y su relación con la de Trotsky, a lo que se dedica una parte significativa de lo que se escribe en este blog (como continuidad o complemento del trabajo teórico del PTS y la FT). 

Sobre la cuestión de la praxis y la práctica, en general coincido con lo que dice, siempre y cuando lo de la "actividad práctica sensible" no excluya la teoría revolucionaria como parte de la praxis. Dicho sea  de paso, en el artículo "La ortodoxia que no fue", linkeado más arriba, hay un pequeño resumen de cómo aparecen ambas (englobadas en una idea amplia de praxis) en las Tesis sobre Feuerbach.

Sobre los párrafos referidos específicamente a las relaciones entre la praxis y el materialismo, me parece que el error de Federico consiste en que tiende hacia una visión en la que la "superación" por Marx del materialismo es pensada desde un punto de vista un poco antidialéctico.

Con esto quiero decir que Marx se delimita del "materialismo anterior" por su carácter pasivo y metafísico, pero no por su realismo, con lo cual, me parece insostenible invertir la relación entre praxis y materialismo, diciendo que el materialismo se deriva de la praxis. 

Cuando yo digo que Gramsci desconoce la formulación por Marx de un "nuevo materialismo" es porque él plantea no sólo que hay que hacer eje en el término "histórico" de la expresión "materialismo histórico" (cuestión que en sí misma no parece incorrecta) sino también que Marx nunca llamó "materialista" a su concepción. Yo atribuía este grosero error de Gramsci a una presunción de que no había tenido acceso a la Ideología Alemana (cuyo primer capítulo se publicó en ruso en 1924), cuestión que consulté con la investigadora Dora Kanoussi, vía mail, quien gentilmente me confirmó que hasta donde ella sabía, Gramsci no había leído La Ideología Alemana. No obstante esto, después me dí cuenta de que Gramsci, conociendo al dedillo las Tesis sobre Feuerbach y el fragmento sobre materialismo de La Sagrada Familia, había optado por una interpretación en la que su criterio de que los viejos términos adquieren un sentido nuevo en el marxismo (que aplica a la inmanencia) no había sido aplicado al materialismo, aunque el propio Marx habla de un nuevo materialismo explícitamente. En este sentido, coincido que la piedra de toque de este "nuevo materialismo", como está formulado en las Tesis, es la praxis, pero con la salvedad de que la ruptura con las concepciones anteriores, implica una conservación en otros términos de lo superado. Creo que esta discusión es importante, porque para hacer frente a teorías (en retirada pero todavía con peso) que reducen todo a discursos, es decir que van contra el materialismo no por su "pasividad" sino por su realismo, como forma "sofìsticada" de luchar contra el marxismo, la reivindicación de la idea de Marx de un "nuevo materialismo" permite unir el "realismo" que queda en pie del "viejo materialismo" con la idea de una concepción centrada en  la praxis (creo que es un error de descontextualización dar esa relación por supuesta).

Sobre la relación entre teoría y praxis, coincido en que la teoría es condición de posibilidad de la praxis (creo que la teoría es parte de la praxis, por lo menos en el marxismo revolucionario) y en ese sentido es que señalaba que la posición de Korsch, de ver la teoría como expresión inmediata de la práctica revolucionaria implica un "expresivismo", que para mí sí es problemático, porque puede generar una subestimación de la mediación de la teoría o pensado desde el ángulo estratégico una subestimación del trabajo preparatorio (incluido el teórico) en los momentos en que la lucha de clases no está en ascenso. 

Sobre lo de la "traducibilidad de los lenguajes cientìficos y filosóficos" me parece que lo que plantea Federico es una "interpretación libre". Gramsci plantea esa idea, pensando en cómo "traducir" la experiencia de los bolcheviques a Occidente y cómo "reducir" críticamente y en polémica distintos aspectos de la "revisión" de Croce, para superarla junto con la otra "revisión" de Bujarin. 

Por último, mi objeción contra Thomas es que asimila a Trotsky con el DIAMAT (incluso a Bujarin, que es distinto al DIAMAT, ya que Bujarin es mecanicista pero anti-organicista), sin hacer mayor esfuerzo para pensar las formulaciones de Trotsky en sus Notas sobre Lenin, Dialéctica y Evolucionismo con el conjunto de su teoría (ya que Trotsky no se dedicó con el mismo énfasis que Gramsci a elaborar sobre filosofìa, lo cual no quiere decir que no le diera importancia, como bien plantea Federico sobre la cuestión de la dialéctica), con lo cual ciertos criterios de interpretación postulados por el propio Gramsci (traducibilidad de los lenguajes, resignificación de viejos términos, ver la filosofìa de los hombres políticos en su obra no formalmente filosófica) se dejan de lado cuando se trata de asimilar en trazo grueso a Trotsky con el "marxismo soviético" (aunque sea en un aspecto parcial para el conjunto de la obra de Trotsky). 

sábado, 26 de abril de 2014

Gramsci, Estado, hegemonía




Al final de este post, comentábamos algunas cuestiones relativas a la comparación de los puntos de vista de Los Usos de Gramsci y The Gramscian Moment.

Fernando Aizcizon me apuntó que me olvidé de los movimientos ambientalistas (parece que se había entusiasmado -o no se lo creyó y aprovechó para hacérmelo notar- con lo que dice el último párrafo de este otro post).

Pero volviendo al costado teórico de la cuestión, me parece que hay que seguir haciendo el cruce entre la lectura que planteara Portantiero allá por los finales de los '70 y la propuesta de Thomas, cuyo libro fue publicado en 2009 y viene siendo tema de debate en la izquierda europea, ya que si bien son distintas, tienen algunos puntos de contacto.

En primer lugar, Portantiero y Thomas coinciden en que Gramsci aporta como elemento nuevo la cuestión del análisis en los cambios de las formas estatales. Para Thomas, Portantiero podría ubicarse entre los que tienden a ver la hegemonía como una teoría del poder político y en particular de los cambios en las formaciones estatales (y se refiere a Los Usos de Gramsci en tal sentido). 

Sin embargo, el hincapie de Portantiero en la idea de que Gramsci es el único marxista que percibió los alcances de  los cambios en las formas estatales en la entreguerra ("neo-corporativismo" combinado con "autonomía de la política", expresados en estados con base de masas que daban más poder a los sindicatos reformistas y a la vez daban mucho peso a la intervención estatal en la economía), coincide con el rescate que practica Thomas de la categoría de Estado Integral que redefine el significado y las relaciones entre la sociedad política y la sociedad civil

En este punto, Thomas es bastante eficaz cuando polemiza contra Perry Anderson acerca del tratamiento de esta cuestión en Gramsci. Sostiene que Gramsci supera los "modelos" relativos a la distribución de "consenso" y "coerción" exclusivamente en la sociedad civil o exclusivamente en el estado, planteando el concepto del Estado integral en el cual las distinciones entre sociedad civil y sociedad política son relativas dentro de una nueva forma de relación entre ambos términos en la cual lo central es su unidad.

Si bien Portantiero estaba más cerca de la idea de "Estado ampliado" de Buci-Glucksmann, no hubiera estado en desacuerdo con esto. Aunque tienen diferencias en la forma de analizar la cuestión de la revolución pasiva. Thomas la ve como época a partir del post-1848 y Portantiero como un proceso más propio del período de entreguerras, aunque contradictoriamente éste último planteaba la revolución pasiva más como capacidad de respuesta del capitalismo y Thomas más como fracaso de la hegemonía proletaria (ver acá acerca de la cuestión de la revolución pasiva y Trotsky y acá sobre los problemas de la tendencia a generalizar más o menos la categoría).

Retomando entonces lo del principio, yo destacaba que contra la visión supuestamente más estratégica de Portantiero, que termina dilyuendo la lucha de clases en los "tiempos largos" de la guerra de posiciones, había que rescatar la centralidad de la teoría de la hegemonía (que a su manera propone Thomas) como forma de superar el sindicalismo y el electoralismo. 

En la práctica, ese rescate de la lucha por que la clase obrera asuma una posición "hegemónica" es lo que nos permite -al PTS y la corriente internacional de la que forma parte- intervenir en distintos movimientos sociales o establecer relación con ellos (de mujeres, pueblos originarios, por cuestiones ambientales, inmigrantes) con la perspectiva de la unidad con el movimiento obrero; en el movimiento obrero con la perspectiva de tomar las demandas del pueblo pobre y todos los sectores oprimidos  (como los antes señalados); y en los parlamentos con una política "por arriba" que une ambas líneas de acción, ligando estrechamente los planos social, sindical y político a la intervención activa en la lucha de clases.

Ahora bien, en el enfoque de Thomas y su relación entre revolución pasiva y hegemonía como "antítesis vigorosa" se expresa una cierta afinidad con el punto de vista de Portantiero, o mejor dicho, puede llegar a un resultado parecido. Thomas sostiene que la revolución pasiva es una forma de duración (es decir, continuidad sin progresividad histórica) del sistema capitalista, y que mientras el proletariado no construya su propia hegemonía se impone la revolución pasiva. 

Sin embargo, esta idea de la construcción de un aparato hegemónico está planteada sin establecer una relación con la experiencia de la clase obrera y sus organizaciones en la lucha de clases (lo cual a su vez incide en el tipo de instituciones a través de las cuales pensamos que la clase obrera puede conquistar la hegemonía). De esta forma, frente a la "duración" de la revolución pasiva los tiempos de la construcción de la hegemonía pueden volverse también "vacíos". Esto guarda relación con una tendencia para mí constante en la interpretación de Thomas que es la de exacerbar las aristas de "superación del aspecto económico-corporativo" que contiene la teoría de la hegemonía, como en la interpretación que hace de la NEP. 

Pero ese es tema para otro post. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sobre los estudios gramscianos, el FIT y la "venganza de Juan B. Justo"



(Este post va a cumplir una función necesariamente "aguafiestas", por lo que sus contenidos podrán ser corregidos, limitados y mejorados por otros compañeros y compañeras. No pretende plantear más que una "verdad relativa"....)

Este artículo de Peter Thomas plantea una buena crítica a los que consideran a Gramsci un partidario de la "revolución pasiva" como programa. Contra esa lectura, sostiene que la cuestión de la revolución pasiva es una elaboración parcial y provisoria dentro de una teoría más general de la hegemonía y que lo que le interesa a Gramsci con la idea de "revolución pasiva" es plantear el carácter limitado, incompleto y parcial de las transformaciones históricas de la burguesía. No obstante las objeciones que pueden realizarse a este tipo de lectura (ver por ejemplo, acá, algunas de las consecuencias teóricas de la tendencia a generalizar los mecanismos de revolución pasiva), resulta interesante y además obliga a releer algunos pasajes de los Cuadernos de la Cárcel

Sin embargo, en la realidad, más allá de la cuestión teórica, los mecanismos de revolución pasiva, o que extraen la lógica de la revolución pasiva y la expresan en realidades más módicas que la formación tardía de Italia, Alemania y Japón, han sido generalmente eficaces en atemperar por un tiempo las contradicciones del capitalismo. De ahí que sea una tentación de muchos gramscianos, filo-gramscianos, academicistas y un largo etcétera, la de ver "revoluciones pasivas por todos lados". (Recordemos un clásico texto del gramscismo vernáculo) 

No habiendo tareas "burguesas" progresivas que realizar contra los vestigios de un régimen anterior, que puedan llevarse adelante sin que la lucha "democrática" se transforme en lucha social y que eso represente un "progreso" (dato característico de las revoluciones pasivas del siglo XIX), lo que queda de la revolución pasiva en el Siglo XX (y el actual) es un mecanismo de expropiación de las demandas populares por la vía de "renovaciones", "modernizaciones" y "recomposiciones" parciales, que preparan el camino a restauraciones más de derecha en su totalidad. 

Y en este sentido, mal que le pese a muchos, la "revolución pasiva" termina siendo una confirmación de la Teoría de la Revolución Permanente: las luchas nacionales, populares y democráticas que no avanzan hacia una lucha contra el capitalismo y por el poder obrero, resultan desviadas, contenidas, abortadas y sometidas a restauraciones tendientes a la constitución de un régimen muy parecido al anterior (ver Egipto). 

En Argentina, utilizamos el término "pasivización" para referirnos al proceso de retirada de las masas de las calles y expectativa en la resolución por arriba de los problemas, encarnado en su momento por el kirchnerismo después de la crisis del 2001 (en el sentido de que toma la lógica de la revolución pasiva, pero sin su progresividad histórica, según lo que planteamos más arriba). El éxito de esta empresa restauradora tiende a liquidar al kirchnerismo como tal y abrir camino a la vuelta del PJ, como todos sabemos. 

Otro punto de vista relacionado con la "revolución pasiva" como programa es aquel que dice que los sistemas políticos tienden a la "homeostasis" o auto-regulación (lo cual es cierto sobre todo si hay una baja lucha de clases). Ligando las dos ideas, la estabilidad del régimen político se constituye sobre la base de expropiar las demandas que vienen de abajo, tanto como de generar actores políticos que llenen los "vacíos" dejados por las crisis previas. 

Y en este contexto, pensando en las buenas performances electorales que está teniendo el FIT, tenemos que preguntarnos si no estamos asistiendo a una suerte de "venganza de Juan B. Justo" en la que la izquierda corre el riesgo de terminar siendo el agente involuntario de la "modernización" del sistema político, ocupando los espacios vacantes de la centroizquierda en crisis, que una vez recompuesta, volverá a reclamar lo perdido o el de una izquierda de tipo reformista que aún no puede constituirse en nombre propio, pero que ya tiene voces que reclaman "que se abra el FIT" a otras expresiones "transformadoras". 

Sin ánimo de dar carnadura a la imagen de Marx de que "el recuerdo de los muertos oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos", tenemos que ser concientes de que, una vez derrotado el intento de mantener en la marginalidad absoluta al trotskismo, la que se viene es la carta "juanbejustista".