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domingo, 17 de junio de 2018

La democracia: ¿valor universal?


En 1979, el reconocido intelectual brasileño Carlos Nelson Coutinho publicó en el volumen 9 de la revista Encontros com a Civilização Brasileira su ensayo “La democracia como valor universal” [1]. [...] Resumiremos sus principales ideas, para luego realizar una indagación crítica sobre sus contenidos.

lunes, 27 de junio de 2016

Balance de las elecciones del 26J en el Estado Español


Por Santiago Lupe 


La formación del gobierno seguirá siendo un galimatías y las opciones posibles no pueden dar salida a las principales “cuestiones calientes” del Régimen del 78. El fracaso del “sorpasso” pone en cuestión la estrategia de moderación de Unidos Podemos.

Seguir leyendo en laizquierdadiaro.es

sábado, 28 de noviembre de 2015

D’Ernesto Laclau à Pablo Iglesias: théorie et pratique du (néo)populisme


Pablo Iglesias répète de longue date qu’il faut oublier le vieux schéma « classe contre classe » devenu incompréhensible, pour le remplacer par le schéma « peuple contre caste » qui serait parlant pour tout le monde. Cet article porte sur une ressource théorique majeure venue appuyer, sinon inspirer, ce positionnement : la théorie de la « raison populiste » d’Ernesto Laclau (né en 1935 à Buenos Aires, décédé en avril 2014).

Il est difficile de mesurer jusqu’où cette référence a été ou est encore organique dans certains courants de Podemos, mais son importance centrale pour Iglesias suffit à ce quenous lui accordions toute l’attention requise.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Spanish State: Pablo Iglesias and his Gramsci "à la carte"



(Spanish version from La Izquierda Diario, May 7, 2015)

Fernando Rosso & Juan Dal Maso

In his recent article published in Público and republished in the friendly blog Gramscimanía, Pablo Iglesias gives an interpretation of the theory of Antonio Gramsci, tending to justify his electoral politics, after the earthquake suffered by the leadership of PODEMOS facing the resignation of the "number three", Juan Carlos Monedero.

There is a certain internal coherence in the article, however, it is riddled with ideological operations which together express a reduction of the Gramscian thought. Let us see why.

lunes, 29 de junio de 2015

Dossier Syriza-PODEMOS

siri

Ante el agravamiento de la situación en Grecia y en el marco del rechazo a la política de la Troika de arrodillar al pueblo griego, a la que el gobierno de Tsipras ha venido haciendo disitintas concesiones; así como ante la creciente orientación de PODEMOS hacia el "centro" ("centralidad del tablero" según Iglesias), compartimos con los lectores de Los Galos de Asterix una compilación de artículos sobre los fenómenos políticos de Syriza y PODEMOS, como aporte a la reflexión. 

Los artículos están ordenados por fecha, del más reciente al más antiguo y se agregan las versiones en otros idiomas cuando existen. 








martes, 2 de junio de 2015

Toni Negri con Pablo Iglesias: Di' qualcosa di sinistra!!!!

Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso

La entrevista de Pablo Iglesias con Toni Negri en Otra Vuelta de Tuerka se encontraba dentro de lo previsible, aunque permite desarrollar algunas reflexiones. Recomendamos verla completa, antes de leer este post.



Decimos "dentro de lo previsible", porque Negri ya había adelantado acá su posición sobre PODEMOS, que resumidamente consiste en caracterizarlo como una fuerza reformista y a la vez aconsejar que dicha formación impulse "contrapoderes sociales" o un proceso "constituyente" desde abajo. 

Y si bien las partes más interesantes de la entrevista tienen que ver con la vieja militancia de Negri, lo central pasa precisamente por su posiciomiento actual. Ya que Iglesias puede mostrar que su "populismo" cuenta con el apoyo del pope del "marxismo autonomista" y de esa forma reforzar la idea de que PODEMOS es la expresión genuina del proceso del 15M. 

No obstante el rol claramente "instrumental" que tiene la entrevista dentro de la estrategia electoral de Iglesias, podemos analizar algunos elementos que sirven, no tanto para discutir las posiciones del líder de PODEMOS, sobre lo que hemos escrito otras veces (ver acá y acá, por ejemplo), sino más bien analizar el derrotero de Toni Negri y sus actuales posicionamientos. 

A lo largo de su trabajo teórico (recomendamos leer unas críticas acá, acá y acá), Negri ha radicalizado progresivamente una idea que estaba en la base del operaismo italiano: que la modernización y reconfiguraciones del capitalismo son producto de la lucha obrera y no al revés, como se pensaba desde cierto "automatismo" socialdemócrata. Esto hace, por ejemplo, que Negri plantee que "el precariado" no era solamente una política del neoliberalismo para quitar derechos a la clase trabajadora sino también de algún modo una respuesta al rechazo de los obreros por la explotación en la fábrica. O la famosa idea de que "la multitud llamó al Imperio", que Bin Laden supiera hacer entrar en desgracia antes de que tomara la posta George W. Bush... 

En este contexto, animado a su vez por la idea deleuze-althusseriana de construir un materialismo sin dialéctica, pasando del obrero masa al obrero social y después a la multitud, Negri ha ido radicalizando la comprensión de la relación entre el capitalismo y la clase obrera en términos de una exterioridad (a lo que hace referencia en la entrevista cuando menciona a David Harvey y la teoría de la "acumulación por desposesión"), lo cual está bastante bien explicado en un reciente artículo sobre la huelga abstracta

La consecuencia teórica y estratégica de esta exterioridad radical, es una vuelta del reformismo y el programa mínimo. Aunque esta afirmación pueda sonar brutal, no por eso deja de ser cierta.

Sucede que la confusión que desarrolla Negri entre las relaciones de clase y la dominación política, considerando "superada" la vieja forma de explotación capitalista y pasando a postular el rol de la patronal como esencialmente político, crea la ilusión de que el mecanismo de explotación puede ser derrotado con medidas que cambien la política sin cambiar las relaciones sociales (que solamente deberían seguir desarrollando la autonomía del trabajo abstracto liberado del comando capitalista) como una Renta Universal Ciudadana. 

Y es desde esta posición que, a contramano de cualquier tradición inmanentista, el propio Negri cae en un grosero dualismo, el cual encaja como anillo al dedo con una postura "progresista": la autonomía de base desde abajo, alentada desde arriba por un reformismo bien entendido, con el ejemplo de .... Roosevelt.

La afirmación de que la experiencia latinoamericana de la última década "demuestra" la superación del estado nacional, porque la "colaboración" de los distintos países habría evitado que las multinacionales intervinieran en el desarrollo; parece un chiste de mal gusto para quienes vivimos de este lado del mundo. Primero porque las multinacionales (con desigualdades) han hecho sus negocios en la "década ganada" y en general han seguido determinando el desarrollo de los países. Y segundo porque la integración no ha pasado más que de acuerdos político-comerciales que hoy atraviesan una crisis (ALBA-Mercosur). 

Negri repite más de una vez que su pensamiento "es profundamente institucional", porque "nosotros nunca hemos sido anarquistas", aclara. Pero, sin embargo, pese a que dice que lo que quedó de las experiencia de Quaderni Rossi y posteriores agrupamientos, es la sensación de una profunda autonomía de base, no propone ninguna "institución" de la democracia de base, sean comisiones internas de fábrica, coordinadoras interfabriles, soviets, asambleas populares, juntas vecinales o lo que fuere en tal sentido, que solamente quedan como una expresión del pasado.

Lo más parecido a una institución a lo que hace referencia (además de los gobiernos "progresistas") es al tipo de coalición amplia del estilo PODEMOS (que "lamentablemente no existe en Italia"). 

De esta forma, la "potencia de la multitud" que supuestamente no necesita de "mediaciones tradicionales" como partidos y programas revolucionarios, pero puede servirse de "necesarios" líderes mediáticos; termina siendo, por decirlo con términos un poco argentinos, la "columna vertebral" de un movimiento donde la "cabeza" son los intelectuales posmarxistas que postulan al Estado nacional como agente del cambio histórico. Dicho en los términos de Negri "una buena interpretación del reformismo, no de la revolución".

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(Agregado el 03/06/2015) Versión en italiano, acá

martes, 24 de marzo de 2015

Democracia, socialismo, marxismo (a propósito de Pablo Iglesias y Chantal Mouffe)


Mientras a nivel nacional nos preparamos desde el PTS para movilizarnos masivamente en un nuevo aniversario del 24 de Marzo, junto al Frente de Izquierda y de los Trabajadores, van algunas reflexiones teóricas, motivadas en algunos hechos de la política internacional.

Leyendo esta nota muy buena de Antonio Liz sobre las elecciones en Andalucía, un tema que queda en el tintero es hasta donde PODEMOS (y Syriza) son consecuentes con su propio discurso de "radicalizar la democracia" (o frases equivalentes) y a su vez la cuestión de las relaciones entre "socialismo" y "democracia".


En este sentido, la entrevista realizada por Pablo Iglesias a Chantal Mouffe hace más de un mes, permite debatir varias cuestiones. Las más obvias como las diferencias entre la teoría de Gramsci y la de Laclau y Mouffe, la hemos abordado en distintos posts, por ejemplo, acá

En esta ocasión creo que lo principal a considerar es el "marco estratégico" que recrea Mouffe en la charla con Iglesias: después de la derrota de los '70, la alternativa era "radicalizar la democracia" en base a una construcción "hegemónica" sin sujeto privilegiado. En cuanto a la cuestión teórica y estratégica general, algo comentamos acá sobre las críticas que realizara Ellen Meiksins Wood.


Si bien Mouffe dice que Laclau había tomado el interés por Gramsci de algunos argentinos (aparentemente anónimos), en las entrevistas de José Aricó de los primeros años '80 e incluso en sus recientemente publicadas póstumamente 9 Lecciones, aparece el mismo planteo, que después recogerá el propio Aricó en La Cola del Diablo, cuando realiza el balance retrospectivo de la experiencia de Pasado y Presente y las "izquierdas" latinoamericanas. 

Para ir al grano, la "revalorización de la democracia como antesala ineludible del socialismo", común a toda una generación que vivió y teorizó el tránsito de los '70 a los '80 y '90,  fue un fracaso. En ese sentido, resulta llamativa la falta total de autocrítica de Mouffe, cuya apuesta había sido una "socialdemocracia de izquierda", cuando al día de hoy es la propia socialdemocracia uno de los pilares más desprestigiagos de los regímenes políticos europeos. 

Sin embargo, fenómenos como los de Syriza y PODEMOS, nos plantean que, fracasada o no, la tentativa de Laclau-Mouffe, sigue de algún modo expresando un cierto "espíritu de época" en la actualidad. 

Como habíamos señalado con Fernando Rosso acá, frente al desprestigio de los regímenes autoritarios o democráticos degradados, la clase trabajadora y los sectores populares responden, a su modo, buscando ampliar o conquistar nuevos derechos aunque el poder del Estado no cambie su carácter de clase y la clase obrera todavía no se constituye como sujeto hegemónico de esos movimientos. 

No importa en este caso que la gente haya leído o no a Laclau, sino que las condiciones en que se desenvuelve su posibilidad de asumir un posicionamiento político están limitadas por coordenadas coincidentes con planteos de ese tipo y por ende más cercanas a la perspectiva de "radicalizar la democracia" que a la de "toma del poder por la clase obrera". 

Aunque a simple vista las aspiraciones de "ampliación de derechos" no cuestionan el carácter de clase del Estado, la realidad es que entran a cada paso en contradicción con éste, por ser precisamente las formas de "democracia degradada" que asumen los Estados, aquellas que garantizan las políticas que las grandes mayorías populares rechazan. 

En este contexto, cabe revalorizar dentro de la estrategia marxista la importancia de las consignas democráticas que pusiera en práctica la Comuna de París, sintetizando la tradición jacobina con la lucha obrera, que rescata en la Argentina el Frente de Izquierda y a las que hicimos referencia una vez en el extinto blog Las ideas no caen del cielo

En general, las corrientes que buscan articular "democracia" y "socialismo" (las comillas van porque así planteadas son dos grandes abstracciones en las que entra de todo), hacen especial hincapié en la institución del sufragio. Como el sufragio garantiza una igualdad formal, su incorporación a una "democracia socialista", sería la forma de tener una representación más amplia que la de una democracia estrictamente basada en soviets, más fácilmente manipulable hacia el totalitarismo. Desde esta perspectiva, la "profundización de la democracia" va de la mano con la lucha por el socialismo y resulta premisa ineludible de esta última.

Mucho menos tenida en cuenta es la relación entre el igualitarismo democrático y la lucha por el socialismo. Nos referimos a las demandas y consignas que hizo propias la Comuna de París, que provenían del jacobinismo y son la clave de una democracia más generosa: que todos los cargos públicos tengan la misma remuneración de un obrero o una maestra, que sean revocables, que se haga una cámara única de representantes que tome las funciones legislativas y ejecutivas y se termine la institución presidencial, que los jueces sean elegidos por el pueblo, entre otras. Este programa fue rescatado por Lenin en El Estado y la Revolución, en que el Estado-Comuna se complementaba con los soviets para generar una teoría del Estado proletario y su institucionalidad opuesta por el vértice a la de la democracia burguesa. A tal punto fue la importancia que le dio Lenin a estas consignas, que consideraba que significaban un "viraje" de la democracia burguesa a la democracia proletaria. 

¿Por qué Syriza o PODEMOS no plantean este tipo de consignas, aunque denuncien a las castas de políticos vendidos que llevaron a Grecia y el Estado Español a la crisis actual? 

Obviamente, es una pregunta retórica, ya que las perspectivas de "radicalizar la democracia" en ningún momento suponen que esto fuera "mediante el desarrollo de la lucha de clases", condición indispensable para lograr imponer cualquiera de estas consignas.

En resumen, la deriva de los PC's de posguerra, sintetizada en la frase "del Frente Popular a la unidad nacional" (acompañada por la de la socialdemocracia del reformismo al social-liberalismo), a la que hicimos referencia acá, fue también una deriva hacia la aceptación de formas cada vez más restringidas de democracia burguesa y está en la base de las concepciones de los actuales "posmarxistas" y "postogliattianos" cuya "radicalización de la democracia" es esencialmente discursiva.

(Agradezco a Yazmín Muñoz Sad los comentarios y observaciones a partir de los cuales surge este post)

martes, 17 de marzo de 2015

Syriza y PODEMOS: ¿la izquierda "sin sujeto"?



El discurso del compañero Emilio Albamonte en el emotivo acto de despedida de nuestro compañero Leo Norniella, sirve de impulso, entre otras reflexiones, pera pensar sobre las relaciones entre la izquierda militante y la clase obrera y retomar el tratamiento de la "cuestión del sujeto" en la actualidad, por parte de ciertas izquierdas que hoy están de moda.

Para esto, continuaremos explorando la "herencia althusseriana" de Syriza y PODEMOS, y su afinidad con las posiciones que rezan: La clase obrera no puede ni debe constituirse como sujeto.

En su libro polémico La Lección de Althusser, que ya habíamos comentado acá, Jacques Rancière señalaba la afinidad entre las posiciones de Althusser y el clima del medio universitario después del '68: 

"Hoy en día la lucha contra el humanismo teórico y la filosofía del sujeto ¿es una lucha de clases importante en la filosofía? Mire alrededor suyo: en ese punto, la Universidad francesa de 1973 está tan pacificada como la sociedad soviética de 1936. No hay un solo lugar donde no se proclame la muerte del hombre y la liquidación del sujeto: en nombre de Marx o de Freud, de Nietzsche o de Heidegger, del 'proceso sin sujeto' o de la 'deconstrucción de la metafísica', grandes y pequeños mandarines van por doquier, acechando 'al sujeto' y expulsándolo de la ciencia, con el mismo ardor que ponía la Tía Betsy al echar a los burros de su césped en David Copperfield. La única lucha entre nuestros filósofos universitarios versa sobre lo siguiente: ¿con qué salsa nos comeremos 'el sujeto'? En cuanto al hombre (...) De hecho, los únicos que todavía se atreven a hablar de él, sin más precauciones, son los trabajadores." (La Lección de Althusser, LOM Editorial, Santiago de Chile 2013, pág. 105). 

A este "comerse al sujeto en la salsa universitaria", Rancière le oponía las voces de las luchas obreras desde 1840 en adelante, incluidas las de la toma de la fábrica LIP en 1973. Hoy podríamos oponer las voces de los proletarios de VIOME y París 8 a los nuevos "mandarines" que consumen salsas similares pero más rancias, mientras sueñan con el "asalto al poder" por la vía del marketing electoral o dilapidan en cuotas el apoyo popular en aras del "mal menor". 

Se podría objetar que Pablo Iglesias reivindica a Laclau y a "Gramsci" más que Althusser y que Tsipras a Berlinguer, Togliatti y Gramsci. Sin embargo o precisamente de eso se trata: Althusser, el eurocomunismo y el posmarxismo tienen denominadores comunes. 

Ellen Meiksins Wood, en un trabajo escrito en los años '80 reconstruía la sucesión de acontecimientos desafortunados que va del eurocomunismo y la teoría del Estado de Poulantzsas hasta el posmarxismo, marcando como denominador común entre ellos el desplazamiento de la lucha de clases por formas diversas de enfrentamiento entre "bloques populares" y "bloques de poder"; señalaba asimismo la relación de afinidad entre el "althusserismo" y el posmarxismo, aparentemente opuestos: 

"Es posible decir que el falso dualismo entre el determinismo absoluto y la contingencia absoluta, así como la caracterizacíon de la historia como una irreductible contingencia, siempre han sido temas implícitos en el estructuralismo althusseriano. (...) El mundo de la estructura -caracterizado por relaciones definidas y estructuradas- pertenece a la esfera de la teoría autónoma, en tanto que el mundo empírico -el objeto del conocimiento histórico- es un mundo de contingencia y arbitrariedades". (¿Una política sin clases? El post-marxismo y su legado,  Ed. RyR Bs. As. 2013 pág 156)

PODEMOS se apoya en la teoría de la "hegemonía" versión Laclau, porque expresa precisamente la idea de una "socialdemocracia de izquierda" (como dijo recientemente Chantal Mouffe en entrevista con Iglesias) apoyada en un conjunto de movimientos que "no llegan a ser sujeto", lo cual de paso unge como protagonistas del proceso político a los intelectuales. La inflación del componente discursivo en la conformación de las identidades políticas conlleva como decía Meiksins Wood en el libro ya citado, la pregunta "quién será el portador del discurso (...) La primera respuesta es: nadie. O todos." (pág.135).  

Ese "nadie o todos" terminan siendo primero los intelectuales y después el Estado, a quien Iglesias presenta como "la última esperanza de los pobres" en la misma conversación con Chantal Mouffe.

Los defensores de Syriza y PODEMOS pueden argumentar, como ya han hecho en otras ocasiones, que la clase trabajadora no asume espontáneamente la posición que nosotros pretendemos atribuirle. Este argumento desconoce en primer lugar que la clase obrera es internacional y no se limita a algunos países europeos en los cuales la situación puede ser más desfavorable (aunque casualmente en esos países militan esas "izquierdas"), que su gran heterogeneidad a escala internacional permite que mientras en algunos lugares la izquierda ni siquiera lucha contra los cierres de fábricas en otros, como Bangladesh, Sudáfrica o la misma China se levanten nuevos valerosos y enormes ejércitos proletarios que no están de acuerdo con eso de darse por perimidos; y por otra parte, en función del sustituismo del sujeto proletario por una suma de fenómenos cualesquiera, terminan anulando cualquier reflexión estratégica tendiente a la hegemonía obrera, en función de "apoyar lo que hay" en el espectro de las izquierdas reformistas. 

Entonces, al espíritu "althusseriano" que habíamos señalado en Syriza y PODEMOS, por su política centrada en las maniobras por arriba en lugar de la movilización desde abajo y su visión retrospectiva "moderada" de los '70 (eurocomunismo sin '68) cabe sumarle una "teoría" tributaria de una "izquierda sin sujeto", que a su vez postula una "toma de posiciones" sin "guerra de posición".

Un cuchillo sin hoja... que no tiene mango...

miércoles, 25 de febrero de 2015

Syriza y PODEMOS: ¿gramscianos o althusserianos?


Se habla mucho del eurocomunismo y de la herencia gramsci-togliattiana de Syriza y PODEMOS. Se dice incluso que PODEMOS basa su discurso y política en "los postulados de Antonio Gramsci" (un Gramsci deformado hasta el extremo por Laclau y Mouffe).

En cambio, yo diría, sin miedo a ser extravagante, que estos muchachos son más "althusserianos" que gramscianos. Y esto debe tomarse en un sentido más metafórico que conceptual (aunque veremos que la metáfora se basa en algo real).

En su libro de 1974, La Lección de Althusser (LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2013), Jacques Rancière (influenciado por la experiencia de la "revolución cultural" china y del propio Mayo francés) realizaba una crítica del pensamiento del intelectual "díscolo" del PCF y concluía que el "althusserismo" era un "pensamiento del orden". 

Oponiendo la ciencia contra la ideología y la línea correcta del "partido de la clase obrera" contra los estudiantes "izquierdistas y pequeño-burgueses", Althusser ponía en práctica una defensa del orden universitario tanto como de la burocracia del PCF, contra la revuelta del `68 y contra todo espíritu subversivo en general. 

La idea de "lucha de clases en la teoría" aparece en este contexto como la máxima expresión de la reivindicación de la división de trabajo manual e intelectual y el reaseguro de la posición más cómoda para los intelectuales dentro de ella. Una especie de stalinismo culto que se dedica a distinguir ideas burguesas de proletarias "científicamente", mientras en la práctica convalida la labor gris del aparato burocrático. 

La crítica de Rancière fue lapidaria y tenía un momento de especial lucidez cuando analizaba la formulación por Althusser de la poco feliz teoría de los Aparatos Ideológicos del Estado (que tantos perjuicios generara al marxismo como beneficios a los asaltantes de cargos públicos, lo voy a repetir hasta el hartazgo). 

Rancière observaba que, después de que el movimiento del Mayo francés hubiera puesto en cuestión el rol de las instituciones educativas en la reproducción de la ideología dominante (incluyendo a los intelectuales del PCF), Althusser descubre como algo novedoso los Aparatos Ideológicos del Estado, formulación que según él tendría algún tipo de antecedente en la temática gramsciana de la organización de la cultura (a la que remeda pobremente). Se preguntaba entonces Rancière cómo podía ser que la teoría surgiera de otra teoría y no del movimiento de lucha real. Y concluye que, consecuente con su "pensamiento del orden", Althusser procedía con el siguiente presupuesto: El 68 no existió.

El 68 no existió: Otro motivo para considerar a Althusser mucho más cerca de Benedetto Croce que el propio Gramsci, a quien Althusser acusaba de "crocianismo". 

El libro de Rancière es muy interesante y sirve como disparador no solamente para comprender contextualizadamente el "althusserismo" sino también para reflexionar en líneas generales sobre la trayectoria de los PC's de Occidente. 

Porque el moderantismo ("pensamiento del orden") fue un rasgo común tanto al PCF, como al PCI, como al PCE. Santiago Carrillo, dirigente histórico del PCE lo resumió bien en una entrevista con Pablo Iglesias al referirse al rol del PCE en la salida del franquismo: "garantizamos la transición a la democracia y evitamos una nueva guerra civil" (la frase no es textual, pero dice más o menos eso). El PCI, por su parte, jugó un rol conservador en el "largo '68" italiano, expulsando a los que llamaban en sus filas a apoyar las luchas obreras, como a los fundadores de Il Manifesto en 1970.

Los simpatizantes abiertos o solapados del stalinismo pueden decir "otra vez los trotskistas denunciando la traición". Sin embargo, creo que no pasa por ahí. No estamos analizando el accionar de una burocracia que es "muy mala" sino la colonización de las organizaciones obreras tradicionales por obra y gracia del capitalismo (a la que la burocracia fue funcional).

Porque si el Estado de Bienestar representaba un compromiso entre la burguesía y la clase obrera de las metrópolis para conceder algunos importantes derechos a cambio de que no haya nuevas revoluciones, lo cual a su vez daba fuerza a los PC de Europa occidental, el compromiso no era eterno y la burguesía, en lugar de agradecer a los stalinistas los servicios prestados, fue por un objetivo más ambicioso: asimilar totalmente las organizaciones reformistas en regímenes políticos conservadores

La evolución "moderada" de los PC en la segunda posguerra (que podemos resumir un poco groseramente en la frase "del Frente Popular a la Unidad Nacional") más que la genialidad de grandes estrategas (como ahora nos quieren hacer creer) expresa esta presión creada por la "guerra de conquista" llevada adelante por el capitalismo sobre las organizaciones obreras tradicionales.

Visto desde este ángulo, el "eurocomunismo" no sería una tentativa novedosa de combinar democracia y socialismo, sino un salto en la "socialdemocratización" de los PC, correlativa con la "neoliberalización" de los viejos PS. 

Ahora bien ¿qué clase de lectura sobre el último ascenso obrero y de la juventud que tuvo lugar en el viejo continente expresa la reivindicación actual del eurocomunismo?

Mi respuesta sería: Una lectura "moderada", que pone la mirada en el momento pretendidamente ecuménico e invisibiliza el de la lucha.

Y puede resumirse precisamente en la frase con que Rancière sintetizaba el "pensamiento del orden" de Althusser: El 68 no existió

Podríamos agregar: porque si hubiera existido no podríamos reivindicar a los Partidos Comunistas y su eurocomunismo.

El problema, con todo, no es la interpretación del pasado (sin duda importante), sino la estrategia a llevar adelante en el presente. Como puede verse tanto en el discurso de Iglesias, como en la política que está llevando adelante el gobierno de Tsipras, la frase El 68 no existió tiene hoy un contenido muy concreto: la prioridad de los acuerdos y maniobras por arriba, por sobre la movilización de la clase trabajadora y el pueblo desde abajo, incluso para defender su propio programa de reformas.

En resumen, un pos-togliattismo que tiene más deuda con el "pensamiento del orden" de Althusser que con "la lucha por la hegemonía" gramsciana.

martes, 6 de enero de 2015

Syriza, PODEMOS y la curiosa resurrección de Palmiro Togliatti

                               


Durante el último tiempo han venido creciendo las expectativas por las experiencias de Syriza y Podemos, sobre todo ahora que parece que dentro de muy poco Syriza podría ganar las elecciones en Grecia. 

En este caso, me interesa analizar un fenómeno ideológico ligado a estas expectativas que es el interés en parte de cierta izquierda por "revalorizar" la experiencia del comunismo italiano de la segunda posguerra, o sea, el Partido Comunista de Italia, dirigido por Palmiro Togliatti y un grupo de fieles servidores, en general y la tentativa del "eurocomunismo", encabezada por Enrico Berlinguer en los '70, en particular; es decir la estrategia de desarrollar partidos comunistas con base de masas, con una política "populista" o "de clases medias" y con la perspectiva de llegar al poder por elecciones o integrar gobiernos surgidos de estas, en los marcos de la democracia capitalista, como "alternativa" al "modelo soviético".

En líneas generales, lo que hemos planteado sobre los límites de PODEMOS para autodefinirse como "fenómeno populista" se aplica a los paralelismos que pueden hacerse con el PCI o el eurocomunismo, tanto para PODEMOS como para Syriza, aunque estos últimos son más "clásicos" y menos "pospolíticos". 

Pero más allá de si los ejemplos históricos guardan relación con las experiencias actuales o no, no deja de llamar la atención el rescate en sí de experiencias como el eurocomunismo o el PCI de Togliatti más de conjunto (para una valoración más profunda aunque "togliattiana de izquierda" ver El Sastre de Ulm de Lucio Magri).

Y digo que no deja de llamar la atención precisamente porque (como se ve en el propio libro de Magri) si uno está dispuesto a reivindicar en todo o en parte a Togliatti y el PCI, un poco también tiene que reivindicar a Stalin, que fue quien planteara el marco estratégico (Frente Popular del VII Congreso de la Internacional Comunista) a partir del cual se estructura, dígase o no, la estrategia de Togliatti a la salida de la guerra, empezando por el desarme de los partisanos, la colaboración en la transición y la extrema moderación de los comunistas en los inicios de la República italiana, que en los hechos violaba los contenidos de su "avanzada" Constitución. La reivindicación del "eurocomunismo" permite en apariencia reivindicar a Togliatti y sus sucesores, despegándose del stalinismo, pero no permite en modo alguno separar al "eurocomunismo" de sus antecedentes stalinistas (aunque sea un "stalinismo educado" como el de Togliatti). 

Creo que una de las razones de esta curiosa resurrección radica precisamente en la falta de continuidad de las ideas marxistas y revolucionarias, así como en la falta de un balance y conclusiones serios sobre la experiencia del '68 europeo, del que parece haber sacado más conclusiones la derecha que la izquierda, que cambió la estrategia por el "aprovechamiento de oportunidades". En suma una banalización de la historia del siglo XX, cuyas alternativas dramáticas son leídas en clave "electoral".

La segunda cuestión a considerar es la de una cierta retrogradación teórica que surge del hecho siguiente: la reivindicación de Togliatti y/o el eurocomunismo va acompañada de alguna cita de autoridad extraída de Gramsci, buscando ubicar al comunista sardo como "padre de la criatura" por lo menos desde el punto de vista intelectual. 

El propio Alexis Tsipras (en la foto) hacía campaña por Twitter en Italia para las elecciones europeas diciendo "La Izquierda de Togliatti, Gramsci y Berlinguer está de vuelta en Italia y llegó para quedarse". Más recientemente, Pablo Iglesias hizo su defensa de Syriza con la correspondiente "cita" de Gramsci,

Esta operación ideológica debe ser combatida con fuerza, porque incluso dándole en parte la razón a Magri, que dice que Togliatti no falsificó la obra de Gramsci sino que hizo una publicación intencionalmente orientada a justificar una política (para mí opuesta por el vértice a la perspectiva de Gramsci), lo cierto es que una reapropiación de Gramsci por los "reformismos realmente existentes" les daría una apariencia de "solidez teórica" que en realidad no tienen, al mismo tiempo que sería teóricamente improductiva desde el punto de vista de la recomposición del marxismo.

Hemos dicho en otra ocasión que en los '60 o '70 hubiera sido casi imposible decir "Trotsky y Gramsci" porque hubiera sido "Trotsky y Togliatti". Más allá de la duración que pueda tener el fenómeno de nuevo interés por el eurocomunismo (que en definitiva estará ligado a las performances de Syriza y PODEMOS que no hay que subestimar incluso desde el punto de vista de las expectativas que pueden generar en las masas populares, más allá de los dirigentes), está planteada una lucha ideológica fuerte contra el intento de reconstrucción de un "marxismo" reformista (que ni siquiera promueve la acción de masas para conseguir reformas), el cual intenta cubrirse de uno u otro modo con el prestigio del autor de los Cuadernos de la Cárcel.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

PODEMOS, Gramsci y el Populismo

Fernando Rosso/Juan Dal Maso

El debate sobre el "populismo" realizado en Fort Apache (conducido por el eurodiputado Pablo Iglesias) es muy interesante para comprender el rescate "posmarxista togliattiano" con el que los voceros de PODEMOS intentan sostener una línea de continuidad entre Antonio Gramsci y Ernesto Laclau. Y así autoinvestirse como fenómeno emergente de una “situación populista" y por lo tanto como un movimiento político de carácter “populista”. Cabe aclarar que como ya se dijo infinidad de veces, "uso" de Gramsci, no necesariamente es "abuso", pero veremos que lamentablemente este no es el caso.





Un comienzo que es toda una confesión de parte: en un gesto muy poco "populista" y bastante "liberal", la referencia planteada por Iglesias y luego bendecida por Errejón es la política del PC italiano después de la Segunda Guerra Mundial. Para los referentes de PODEMOS, que consideran superada la lucha de clases del marxismo clásico, la historia "ético-política" se independiza del momento de la coerción, la fuerza y el enfrentamiento directo entre las clases (o entre el pueblo y las castas reaccionarias) e incurren en el mismo error que criticaba Gramsci a Benedetto Croce por iniciar su Historia de Europa en el siglo XIX después de la revolución y las guerras napoleónicas.

Este "error" es por otra parte muy funcional al conjunto de la argumentación. Ya que hablar del rol del PCI en la salida de la Segunda Guerra Mundial y de su política para sostener a cómo dé lugar la instauración de una democracia burguesa (bien retratada en la película Novecento), sería trazar un poco favorable paralelismo para el propio proceso de PODEMOS.

En segundo lugar, irse a reivindicar el "eurocomunismo" en Italia, permite no tener que hacerlo con el "eurocomunismo" español, que presentó su apoyo a los Pactos de la Moncloa como un equivalente del "compromiso histórico" llevado adelante por el PC italiano. Por eso el periodista Enric Juliana, el denominado por Iglesias como “gramsciano de derecha”, nombra la soga en la casa del ahorcado y les propone reivindicar la transición y especialmente el rol del PCE que luego de la “Matanza de Atocha” tenía la posibilidad de “incendiar las calles de Madrid y sin embargo no lo hizo”, a cambio de obtener al poco tiempo su legalidad e incorporarse al régimen.

Por último, cirscunscribirse a los inicios de la política "hegemónica" a la Togliatti, pero no a su desarrollo posterior, permite hacerse los distraídos sobre el ascenso obrero y popular que en Italia va del '68 al '79 (el más largo de Europa en esos años), en el que el PC jugó un rol ultraconservador y opuesto a los propios obreros cuya centralidad había dejado de lado en las décadas anteriores. La crisis del movimiento obrero y la izquierda italiana hoy debería llevar a reflexionar sobre qué relación tiene la situación actual con toda la experiencia previa del PC de Italia.

Algo más, si bien se dice que en el Estado español la recepción de las obras de Antonio Gramsci fue tardía e influida por la operación ideológica que llevara adelante Togliatti, lo cierto es que desde 1975 existe la edición de los Cuadernos de la Cárcel de Valentino Gerratana y una profusión terrible de estudios gramscianos (muchos de los cuales están en español) que han mostrado cada vez más como el proyecto teórico de los Cuadernos no es asimilable ni a la "vía italiana al socialismo" ni al "eurocomunismo" (lo cual permite por ejemplo trabajar sobre las convergencias y divergencias entre Trotsky y Gramsci) por lo que volver a unir Gramsci con Togliatti, aunque sea para llegar al más "de moda" Laclau, no deja de ser bastante retrógrado, desde el punto de vista del marxismo, pero también desde el de cualquier investigador interesado mínimamente en la obra de Gramsci.

Sobre la relación de Gramsci con Laclau, cualquier tentativa en tal sentido debería partir de reconocer que la "hegemonía" laclausiana pega un salto al vacío respecto de cualquier "populismo" que pudiera haber en Gramsci.

En efecto, si bien Gramsci sostenía en líneas generales la hegemonía proletaria y la centralidad de la clase obrera como sujeto, su posicionamiento en el debate al interior de la URSS en 1926 contiene un cierto desplazamiento de la centralidad obrera a un bloque popular dirigido por el partido "con el punto de vista" de la clase obrera.  Sobre esto nos hemos referido acá. Su posición sobre este tema en los Cuadernos es un poco ambivalente, en tanto sostiene que la hegemonía no puede ser solamente ético política sino también económica (C13 §18), con lo cual de alguna manera estaría matizando su posicionamiento anterior, no obstante mantener un tensión entre peso social y hegemonía política.En resumen, si bien es cierto que en Gramsci existe este desplazamiento, todo lo demás corre por cuenta de los que posteriormente quisieron ubicarlo como un teórico de la "hegemonía sin determinación de clase" como hicieran con distintas herramientas pero con un sentido similar José María Aricó y Ernesto Laclau.


En cuanto al uso de las herramientas teóricas de Laclau para analizar el "momento populista" que PODEMOS expresaría políticamente, resulta evidente que como al tándem de la Tuerka le está yendo muy bien, los muchachos están un poco subidos al caballo y esto genera una sobrevaloración de los efectos que generan los discursos políticos en la realidad y sus relaciones de fuerzas.

Además de lo señalado por el diputado de IU de que los "chavs" no están incorporándose a la "ciudadanía" por la vía de PODEMOS, con lo cual podríamos decir también que es un "populismo débil" o más bien un "populismo ciudadano", la exageración de la potencia creativa del discurso político pierde de vista el elemento central de todo "populismo": la creación (o utilización) de relaciones de fuerzas sociales como fundamento de la relación de fuerzas políticas.

Tomemos el caso de un "populismo" que conocemos bastante: el peronismo. Nadie dudaría de que Perón cambió para todo un largo ciclo el discurso político argentino, creo significantes "flotantes" o como se prefiera llamarlos, empezando por el propio peronismo, que es todo y es nada. Pero también creó una relación entre el Estado y los sindicatos, que persiste hasta el día de hoy, incluso cuando el peronismo viene inclinándose hacia los votantes de clase media y la administración de la pobreza, en detrimento de los sindicatos, desde la salida de la dictadura. Perón, además tenía de su lado a los militares, por lo menos hasta el '55. Y la reactivación económica argentina fue producto de la sustitución de importaciones durante la Segunda Guerra.

En resumen, no tenía solamente el "discurso performativo" (“El sujeto es segundo con respecto al discurso”, dice Alemán en la mesa) sino fuerzas sociales y materiales en las que apoyarse. Y si había un “vacío” relativo era en el marco internacional del ya no más del imperialismo inglés y el todavía no del imperialismo norteamericano. En este contexto, la teorización de Laclau, ex integrante de la "izquierda nacional" argentina, no deja de tener un poco de "picardía peronista": canta loas al giro lingüístico para hacer el peronismo más digerible para los europeos, pero sabe que la única verdad (o por lo menos una parte muy importante de ella) es la realidad de los aparatos y las fuerzas materiales.

En síntesis, los rescates históricos y teóricos de PODEMOS empiezan a mostrar con qué piensan pagar la “hipoteca” (en los términos planteados por el referente de IU) que les otorgó su emergencia política. El modelo de los partidos comunistas socialdemocratizados o los populismos latinoamericanos, con los que pretenden compartir todos los defectos, sin poseer ninguna de sus “virtudes”: el anclaje social para sus maniobras. Ese es el "vacío" del significante Podemos y lo que lo puede convertir en un fenómeno episódico y acelerar su institucionalización hacia la que su dirección avanza con gusto.

No por nada en una de sus últimas intervenciones públicas, Iglesias reivindica al nuevo líder de una de las castas más eternas y retrógradas de la historia humana, pese a que hoy pase un “momento populista”: Jorge Mario Bergoglio, más conocido en el mundo como Francisco.