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domingo, 19 de mayo de 2019

Marx: el comunismo como estrategia [A propósito del nuevo libro de Isabelle Garo]

Marx: el comunismo como estrategia

Communisme et stratégie (París, Éditions Amsterdam, 2019, 332 pp.) es una nueva contribución de Isabelle Garo que viene desarrollando desde hace años una sólida reflexión sobre problemas del marxismo. Nombraremos algunos de sus libros –que aún no han sido traducidos al castellano– como Marx, une critique de la philosophie (Seuil, 2000) y Foucault, Deleuze, Althusser & Marx: La politique dans la philosophie (Démopolis, 2011).

domingo, 10 de febrero de 2019

¿En qué sentido vuelve y tiene que volver el marxismo?

¿En qué sentido vuelve y tiene que volver el marxismo?


En una entrevista que publicamos en julio de 2018, Razmig Keucheyan afirmaba que el marxismo ganó autoridad en el terreno de la explicación de la crisis capitalista frente a otras teorías críticas, que como no tenían mucho que decir sobre el capitalismo tampoco tenían nada que agregar sobre su crisis. Sin embargo, señalaba que esta mayor capacidad explicativa no tiene todavía un correlato en una recomposición política acorde. Retomando esta reflexión, intentaremos plantear algunas cuestiones sobre la actualidad de la política y la estrategia marxista y algunos desafíos a los que tiene que responder hoy.

martes, 4 de diciembre de 2018

De Pasado y Presente al frente anti-Macri

De Pasado y presente al frente anti-Macri

En “Aricó y el marxismo: la potencia de su legado”, Marcelo Starcenbaum nos ha acercado su contribución al debate sobre el pensamiento de José Aricó y su productividad para abordar los problemas de la teoría marxista y la actualidad argentina, que publicamos en el número anterior de este semanario. Recordemos que el debate se inicia en estas páginas con un artículo de Martín Cortés y posterior respuesta de quien esto escribe.

Marcelo retoma algunos de los temas tratados por Martín, pero centrándose especialmente en una crítica sobre nuestro modo de interpretar las elaboraciones y el legado de José Aricó. Su artículo contiene algunas observaciones que podríamos llamar metodológicas y otras específicamente referidas a ciertos posicionamientos teóricos y políticos de Aricó y su relación con el problema de cómo se estructura una práctica emancipadora de los sectores populares.

Abordaremos en primer lugar la cuestión metodológica, para luego tratar los temas políticos y estratégicos.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Trotsky: marxismo y sindicatos

Trotsky: marxismo y sindicatos

La cuestión de los sindicatos y su rol es de gran importancia en la política argentina e internacional. En la tradición marxista ha sido un tema abordado en profundidad. Si bien en las últimas décadas se han dado una serie de cambios significativos que exceden ciertos aspectos del análisis clásico, los fundamentos marxistas de la cuestión sindical siguen siendo centrales para pensar el problema. En este artículo tomaremos especialmente algunos puntos del recorrido de Trotsky sobre el tema, por ser uno de los marxistas que siguió en mayor profundidad la evolución de los sindicatos y su relación con el Estado, desde un punto de vista tanto conceptual como estratégico.

lunes, 1 de octubre de 2018

domingo, 2 de septiembre de 2018

Entrevista: “Buscamos restituir la idea de hegemonía a un marxismo centrado en la lucha de clases”

“Buscamos restituir la idea de hegemonía a un marxismo centrado en la lucha de clases”

Hegemonía y lucha de clases. Tres ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo es el nuevo libro de Juan Dal Maso y el tercero de la colección Debates marxistas contemporáneos de Ediciones IPS (junto con El marxismo de Gramsci, del mismo autor, y Marx en el país de los soviets o los dos rostros del comunismo, de Emmanuel Barot). Conversamos con Juan sobre los contenidos de este nuevo libro.

martes, 21 de agosto de 2018

Nueva publicación sobre Trotsky y Gramsci



A fin de mes saldrá Hegemonía y lucha de clases. Tres Ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo de Juan Dal Maso. En este nuevo libro se profundiza la reflexión sobre las relaciones entre las teorías de ambos autores.

lunes, 30 de julio de 2018

Razmig Keucheyan: "Seremos testigos de un retorno del marxismo"

“Seremos testigos de un retorno del marxismo”

Razmig Keucheyan es profesor de Sociología en la Universidad de Burdeos (Francia). Es miembro del consejo editorial de las revistas Actuel Marx y Contretemps y autor de libros como Hemisferio Izquierda (2010) y La naturaleza es un campo de batalla (2014), así como de múltiples artículos sobre problemas de teoría marxista. También editó, con un estudio preliminar propio, una selección en francés de textos de los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci titulada Guerra de movimiento y guerra de posición (2012).

En esta entrevista repasamos el “mapa de los pensamientos críticos” trazado por él en Hemisferio Izquierda, la relación entre la crisis en curso desde 2008 y las perspectivas del marxismo, la situación de la clase trabajadora y su relación con los movimientos de las mujeres y los inmigrantes, la relación entre el marxismo y el problema de la crisis ambiental y su crítica de ciertas versiones “mainstream” de la teoría de Gramsci que circulan en Francia.


domingo, 22 de julio de 2018

Mariátegui según Aricó: en busca del marxismo latinoamericano

Mariátegui según Aricó: en busca del marxismo latinoamericano


A 90 años de los 7 Ensayos de Mariátegui, realizamos un repaso por algunas de sus posiciones y el rescate que hiciera de ellas José Aricó, referente de los “gramscianos argentinos” a fines de los años ‘70 y principios de los ‘80.

domingo, 24 de junio de 2018

Massimo Modonesi: "La izquierda no debe ni puede confundirse con el progresismo"


Massimo Modonesi es historiador y sociólogo, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Nacido en Roma, vive hace muchos años en el país azteca. Es autor de múltiples artículos y libros como Subalternidad, antagonismo, autonomía. Marxismos y subjetivación política, El principio antagonista. Marxismo y acción política y Revoluciones pasivas en América. Forma parte también de la Asociación Gramsci de México.

En esta entrevista conversamos sobre algunas cuestiones centrales de su abordaje teórico para pensar los problemas de la acción política, los movimientos de lucha y la constitución de subjetividades políticas desde el marxismo, la relación entre la clase trabajadora y otros movimientos sociales, la cuestión de los intelectuales, la situación en México y América Latina, entre otros temas.

Seguir leyendo en Ideas de Izquierda Semanario

jueves, 1 de febrero de 2018

¿Qué estrategia para la izquierda?



A propósito del artículo de Javier Balsa “Pensar la estrategia política a partir de los aportes de las nuevas lecturas sobre la obra de Gramsci”.

En un reciente artículo publicado en Batalla de Ideas, Javier Balsa (en adelante JB) recapitula sobre los aportes de algunos estudios gramscianos recientes para repensar el problema de la estrategia política desde la perspectiva de una “izquierda popular” [...] 

El artículo es una invitación al debate ya que busca realizar un uso de la teoría gramsciana para realizar una indagación político-estratégica ligada al pasado reciente y al presente y al mismo tiempo incorporar lecturas de Gramsci que persiguen una mayor precisión filológica que la cita de ocasión. Iremos analizando algunas de sus principales afirmaciones.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Una escuela de pensamiento estratégico


A propósito del libro de Trotsky Los primeros 5 años de la internacional Comunista.

En octubre de 2016, Ediciones IPS-CEIP y la Casa Museo León Trotsky de México han puesto en circulación el 9° tomo de las Obras Escogidas de Trotsky. Se trata de Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, una obra publicada por primera vez en castellano de manera íntegra, que reúne artículos, documentos, cartas, discursos y ensayos del revolucionario ruso relativos a los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista.

Algunos de ellos, como “Una escuela de estrategia revolucionaria”, el “Informe sobre la NEP y las perspectivas de la revolución mundial”, “Sobre el Frente Único” o “Flujos y reflujos”, ya habían sido incluidos en otras compilaciones del CEIP o en textos de otras editoriales. Sin embargo, estos son apenas algunos de los 59 trabajos de Trotsky que componen el volumen.

Publicado originalmente en 1924 cuando ya se había iniciado en la URSS la “lucha contra el trotskismo”, que retomaba las viejas querellas del marxismo ruso para limar la influencia de Trotsky en el partido y el Estado soviéticos, este libro muestra con toda claridad su rol en los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (IC); el trabajo común con Lenin y por supuesto muchas de sus ideas. Permite comprender el posterior desarrollo de la teoría y la actividad de Trotsky, a partir de un conjunto de problemas tácticos y estratégicos del movimiento obrero en la primera posguerra. Intentaremos realizar un pequeño repaso sobre algunos de ellos.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Entrevista con Fernando Rosso sobre El marxismo de Gramsci



Va la entrevista con mi amigo Fernando, que se dispuso gentilmente a hundir el rating de su prestigioso ciclo.....

Entrevistamos al autor del libro “El marxismo de Gramsci”, donde propone una lectura sobre los clásicos Cuadernos de la Cárcel del comunista italiano. 


martes, 17 de mayo de 2016

Dossier: Hegemonía

"Visión de Tondal" del taller de El Bosco. Conservado en el Museo Lázaro Galdiano

A pedido de los lectores y las lectoras, continuando con la seguidilla de dossiers de los galos de Asterix, ofrecemos en esta oportunidad uno sobre la cuestión de la hegemonía, con varios artículos, escritos junto con Fernando Rosso o a título personal, que abordan el tema desde distintos ángulos, como las relaciones entre hegemonía y determinación de clase, la cuestión del estado, la política nacional y el internacionalismo, los gobiernos "populistas" en América Latina, las relaciones entre hegemonía y revolución permanente, los problemas de la estrategia marxista y la construcción del socialismo.

Pasen y vean.




La hegemonía débil del "populismo"

Hegemonía y Revolución Permanente

Gramsci: tres momentos de la hegemonía

viernes, 5 de junio de 2015

La huelga aceitera y las "posiciones estratégicas" de la clase obrera



Por Roberto Amador y Lucho Aguilar

La huelga general aceitera duró 25 días y logró romper el techo salarial. Los trabajadores aprovecharon sus "posiciones" para paralizar el complejo oleaginoso más grande de Latinoamérica y uno de los centros capitalistas de nuestro país. ¿Cómo tomar esa experiencia para pensar los futuros combates de la clase obrera y la izquierda?

viernes, 29 de mayo de 2015

Gramsci y Trotsky: Ciencia política y Estrategia (a propósito de un texto de Carlos Nelson Coutinho)


Para retomar la reflexión que planteamos en distintos momentos desde este blog, sobre las relaciones entre ciencia política y estrategia marxista (ver por ejemplo este viejo post y este otro más reciente), utilizaremos un trabajo de Carlos Nelson Coutinho (reconocido intelectual gramsciano-lukacsiano del Brasil), posteado recientemente en el blog Marx desde Cero y hace unos años en Gramscimanía

En "El concepto de política en los Cuadernos de la Cárcel", Coutinho retoma la cuestión de la ciencia política en los Cuadernos de la Cárcel, señalando algunas  claves de interpretación que a veces no son tenidas en cuenta por los que postulan a Gramsci como un teórico de la "autonomía de la política" sin más. 

-La primera es que Gramsci se ubica desde el punto de vista de la "totalidad" y por eso rechaza una concepción academicista o estrecha de la política. Si bien el eco lukacsiano de tal afirmación es evidente y quizás no sea la forma exacta en que Gramsci plantea el problema, podemos considerar que la concepción de la "nueva inmanencia" como unidad de teoría y práctica y de filosofía, historia y política, consustancial a la praxis política revolucionaria tiene que ver con un punto de vista integral (y por ende que busca la totalidad). 

-En función de lo anterior, Coutinho destaca la concepción gramsciana del "momento catártico" como comprensión de la política en sentido amplio, es decir la política como el momento en que los sectotes subalternos conquistan una conciencia crítica de su propia práctica y la modifican.

-Avanzando en la cuestión más "científica" sobre la base del momento catártico domo definición amplia de política, se constituiría la ciencia política como crítica de la política burguesa y como actividad tendiente a "crear nuevas relaciones de fuerzas". 

-En función de estas definiciones, Coutinho debate contra la interpretación "politicista" del pensamiento de Gramsci, señalando que para éste la política sigue siendo expresión de los conflictos que se dan al nivel de la estructura, por lo que hay una "prioridad ontológica" de la estructura sobre la superestructura que en última instancia establece las determinaciones y condicionamientos de la praxis política. A su vez, destaca un segundo aspecto relevante que es la centralidad de la cuestión de las relaciones de fuerzas en las elaboraciones de Gramsci, que a su vez sería distintiva de su concepción de la ciencia política

-Por último, asocia la cuestión de la ciencia política a la necesidad de establecer una "estrategia especial de transición al socialismo en las sociedades más complejas, occidentales."

Creo que en ese hiato entre la cuestión de las "relaciones de fuerzas" y la de la "transición al socialismo en las sociedades más complejas occidentales" reside una de las principales debilidades de los enfoques de los gramscianos, basados en ciertas ambigüedades del propio Gramsci pero también en una clave de lectura generalizada que contrapone la "guerra de posición" con la "guerra de maniobra". 

En efecto, como señalamos en su momento en un artículo sobre los gramscianos argentinos, la modificación de las relaciones de fuerzas o mejor dicho la creación de una relación de fuerzas favorable, no resuelve como tal la cuestión del poder y en este sentido la ciencia política no reemplaza la estrategia. 

O mejor dicho, si consideramos como central la cuestión de las relaciones de fuerzas en el pensamiento de Gramsci, no se puede postular una "transición al socialismo" sin el momento previo de ruptura revolucionaria, que Gramsci situaba entre el "momento de las relaciones de fuerzas políticas" y el de las "relaciones de fuerzas militares". 

Sin embargo, queda pendiente la pregunta: ¿hasta dónde Gramsci omite deliberadamente la hipótesis "insurreccional" en sus Cuadernos de la Cárcel, hasta dónde la considera un momento subordinado dentro de un proceso más amplio y qué relación tiene esta cuestión con la de la guerra civil en "Occidente", que ya Trotsky había señalado tendría un carácter más de "guerra de posición" aunque no de posicionalismo absoluto?

Si bien hemos destacado en este artículo y en otros posts ciertos pasajes de los Cuadernos en los cuales Gramsci establece una relación entre "guerra de posición" y "guerra de maniobra" distinta a la contraposición rígida, sería necio intentar presentar a Gramsci como un "teórico de la insurrección", dado que sus reflexiones apuntan a comprender, explicar y formular una teoría política que de cuenta de qué hay que hacer cuando la insurrección no está planteada como perspectiva inmediata. 

Por eso, cuando compara la lucha política con la guerra militar señala: 


En la guerra militar, logrado el fin estratégico, destrucción del ejército enemigo y ocupación de su territorio, se da la paz. Es preciso señalar, por otro lado, que para que concluya la guerra basta con que el fin estratégico sea alcanzado sólo potencialmente; o sea, basta con que no exista duda de que un ejército no puede combatir más y que el ejército victorioso "puede" ocupar el territorio enemigo. La lucha política es enormemente más compleja. En cierto sentido puede ser parangonada con las guerras coloniales o con las viejas guerras de conquista, cuando el ejército victorioso ocupa o se propone ocupar en forma estable todo o una parte del territorio conquistado. Entonces, el ejército vencido es desarmado y dispersado, pero la lucha continúa en el terreno político y en el de la "preparación" militar (C1 § 134, en este mismo parágrafo Gramsci distingue, la "guerra de posición", la de movimiento y la subterránea)
No obstante lo sugerente del argumento, parecería que la comparación entre guerra de conquista y lucha política apunta sobre todo a una estrategia de "largo aliento" en la cual el momento específico insurreccional no tiene un peso especial o queda subsumido dentro de un proceso de conjunto. Sin embargo, el famoso parágrafo 17 del Cuaderno 13 señala el "momento" de la relación de fuerzas militares como "inmediatamente decisivo". Por eso del texto anterior surge claramente que no basta solamente con una relación de fuerzas favorable sino que ésta debe ser consolidada como una relación más permanente, "ocupando en todo o en parte el territorio enemigo" y sosteniendo esa "ocupación".

Como señalamos en un reciente artículo escrito con Fernando Rosso, Gramsci ejemplifica la cuestión militar y político-militar con la guerra de liberación de una nación oprimida, que puede ser considerada como el equivalente "nacional" de la guerra civil.  

Si dejamos de lado ciertos enfoques "gradualistas" que hoy por hoy impulsan nuevamente los referentes de PODEMOS y Syriza y volvemos a pensar a Gramsci en su contexto, el de los años de entreguerras, podríamos hacer una lectura más ajustada. 

Porque precisamente es en los años de entreguerras aquellos en los que la sociedad burguesa marcha hacia una extrema politización por un lado y hacia un extremo militarismo por el otro, años en los que al calor de la lucha entre revolución y contra-revoluciones, surgen nuevas formas y actores políticos, nuevas tácticas y doctrinas militares y nuevas teorías de ambas cosas. 

En este contexto, más que como un mero teórico de la guerra de posiciones entendida como una acumulación gradual, Gramsci podría ser considerado como un develador de la "guerra subterránea" sobre la que se estructura el Estado moderno, estructura que exige a su vez una preparación en una escala superior a las experiencias del pasado y que impide cualquier intento de trastocarla por medios puramente "políticos".

Retomando entonces la comparación entre guerra de conquista y lucha política, la "guerra de posición" no sería una simple lucha política acumulativa o defensiva sino parte (sin duda parcial, pero parte al fin) de una estrategia ofensiva contra una clase dominante y un Estado que luchan a la defensiva desde una posición de mayor fortaleza. 

Y aquí vuelve a plantearse la relación entre Gramsci y Trotsky, que es uno de los "núcleos obsesivos" de este blog, para articular las teorías de la hegemonía y la revolución permanente, la ciencia política y la estrategia.

martes, 7 de abril de 2015

Gramsci y la revolución permanente (segunda parte)

En este post hacíamos referencia a una lectura de Alvaro Bianchi (O Laboratório de Gramsci - Filosofía, História E Política, Campinas, Alameda Editorial, 2008), que sostenía que "A partir de mayo de 1932, Gramsci parece no insistir en la identidad de guerra de movimiento y revolución permanente, como es posible constatar en la supresión de esta identidad en el pasaje ya citado del Cuaderno 13". (Bianchi, pg. 243; se refiere al pasaje del Cuaderno 8 § 52 y su reelaboración en Cuaderno 13 § 7).

Para continuar la reflexión, quizás resulte interesante retomar la cuestión de la revolución pasiva, que Gramsci consideraba como "antítesis vigorosa" de la revolución permanente, pero no como programa sino como principio de interpretación (la diferencia que hace Massimo Modonesi entre la revolución pasiva como proyecto o proceso en su trabajo publicado en el libro Horizontes Gramscianos del cual es compilador). 

En el Cuaderno 15, escrito desde 1933, Gramsci profundiza la cuestión de la revolución pasiva, analizando dos elementos claves para comprender, desde su perspectiva, el proceso del Risorgimento italiano: el rol del Estado piamontés y la primacía del carácter de "restauración" por sobre el de "revolución" en el proceso dirigido por los moderados por su falta de "hegemonía" expansiva sobre los demás grupos sociales (C15 § 59). 

En relación con estas reflexiones, plantea asimismo dos criterios que pueden tener un carácter metodológico para relacionar revolución pasiva y revolución permanente.


En primer lugar, una relación más "dialéctica" entre "guerra de posición" y "guerra de maniobra" a partir del análisis crítico del concepto de revolución pasiva: 

El concepto de "revolución pasiva" en el sentido de Vicenzo Cuoco atribuida al primer período del Risorgimento italiano, puede ser relacionado con el concepto de "guerra de posiciones" en contraposición a la guerra de maniobras? Esto es, ¿estos conceptos han surgido después de la Revolución francesa y el binomio Proudhon -Gioberti puede ser justificado por el pánico creado por el terror de 1793 como el sorelismo por el pánico subsiguiente a los estragos parisienses de 1871? Es decir, existe una identidad absoluta entre guerra de posiciones y revolución pasiva? ¿O existe al menos o puede concebirse todo un período histórico en el que los dos conceptos se deban identificar, hasta el punto en que la guerra de posiciones vuelve a convertirse en guerra de maniobras? Es un juicio "dinámico" que hay que dar sobre las "restauraciones" que serían una "astucia de la providencia" en sentido viquiano (C15 § 11).
Habiéndose establecido hace mucho tiempo la idea de un Gramsci que contrapone furiosamente la "guerra de posición" con la "guerra de maniobra" identificando con esta última a la teoría de la revolución permanente de Trotsky, este párrafo resulta sugerente precisamente para establecer una lectura más "equilibrada" sobre el pensamiento de Gramsci al respecto. 

Siendo una nota miscelánea, de un Cuaderno fragmentario, de una obra no terminada sistemáticamente, siempre se puede mantener cierta reserva y no sería adecuado considerarlo el "punto de vista definitivo" de Gramsci al respecto. 

No obstante esto, la reflexión citada más arriba es parte de un intento de Gramsci de profundizar las ideas expuestas en el Cuaderno 13 dedicado a Maquiavelo y por su contenido, puede desprenderse de ella un valor "metodológico" para poner un límite a las lecturas más unilaterales sobre el tema.

Más allá de la contraposición estéril entre "posición" y "maniobra" hay que establecer un "juicio dinámico" en base a las experiencias de las restauraciones; estas imponen formas de "guerra de posición" por todo un período, luego del cual la guerra de posición "vuelve a convertirse" en "guerra de maniobra" (y en esa transformación de la guerra de posición en guerra de maniobra residiría la "astucia de la providencia").

Ligado a esto, hay un segundo aspecto, bastante más conocido y rescatado por distintos autores: que el argumento de la revolución pasiva "presupone, incluso postula como necesaria, una antítesis vigorosa y que presente todas sus posibilidades de explicación intransigentemente. Por lo tanto no teoría de la 'revolución pasiva' como programa, como fue en los liberales italianos del Risorgimento, sino como criterio de interpretación en ausencia de otros elementos activos en forma dominante" (C15 § 62)

Pero volviendo a la anterior, es decir a la relación entre restauraciones y "guerra de posiciones" y para pensar la actualidad: 

La vieja pregunta de Trotsky sobre ¿qué aspecto presenta en la práctica la teoría de la revolución permanente? ¿no debería ponerse en relación con este par conceptual restauración-guerra de posición?

Dicho de otro modo, en tanto los avances del capitalismo durante las duras décadas de restauración burguesa, que significaron el neoliberalismo, la caída de la URSS, y la restauración en China, implicaron un retroceso de la clase obrera y el marxismo al plano de la lucha defensiva (que sería la forma más elemental de guerra de posición), la reconstitución de las perspectivas revolucionarias ¿no incluye obligadamente una buena cantidad de experiencias de "guerra de posición" (defensivas primero y ofensivas después) como condición indispensable para la reconstrucción del marxismo revolucionario?

sábado, 7 de marzo de 2015

Gramsci y la revolución permanente



El tema al que hace referencia el título de estas líneas suele ser un poco problemático. Problemático pero no por eso improductivo, no solamente desde el punto de vista teórico general sino para reflexionar sobre los problemas actuales de teoría y estrategia marxista, como intentamos hacer en este artículo escrito el año pasado junto con Fernando Rosso para la revista Ideas de Izquierda

Pero antes de empezar por el final, deberíamos plantear que la cuestión de la "revolución permanente", en sentido amplio, tiene un lugar central en el pensamiento del marxista sardo. 

Esta centralidad no se debe tanto al análisis por Gramsci de la revolución permanente según Trotsky, sino a que la revolución permanente es el par conceptual de la revolución pasiva, que a su vez remite a las reflexiones de Gramsci sobre la Revolución burguesa moderna y la oposición entre Francia (jacobinismo-revolución permanente) e Italia (moderantismo-revolución pasiva). 

Entonces, revolución permanente, como el otro de la revolución pasiva. Pero curiosamente ambas categorías son presentadas por Gramsci como hijas de las mismas premisas explicativas del materialismo histórico: 

En C13 §17: señala: 

"Niguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización." [Prólogo de la Contribución a la crítica de la Economia Política.]'" 

Y posteriormente, a propósito de los debates sobre qué conjunto de acontecimientos conformaban la revolución francesa dice: 

"En todos estos puntos de vista hay una parte de verdad. Realmente las contradicciones internas de la estructura social francesa que se desarrollan después de 1789 encuentran su resolución relativa sólo con la tercera república y Francia tiene 60 años de vida política equilibrada después de 80 años de trastornos en oleadas cada vez más largas: 89-94-99-1804-1815-1830-1848-1870. Es precisamente el estudio de estas 'oleadas' de diversa oscilación lo que permite reconstruir las relaciones entre estructura y superestructura por una parte y por la otra entre el desarrollo del movimiento orgánico y el del movimiento de coyuntura de la estructura. Se puede decir entre tanto que la mediación dialéctica entre los dos principios metodológicos enunciados al comienzo de esta nota se puede encontrar en la fórmula político-histórica de revolución permanente."

En C15 § 17 se puede leer: 

"El concepto de revolución pasiva debe ser deducido rigurosamente de los dos principios fundamentales de ciencia política. 1 ] que ninguna formación social desaparece mientras las fuerzas productivas que se han desarrollado en ella encuentran todavía lugar para su ulterior movimiento progresivo; 2] que la sociedad no se impone tareas para cuya solución no se hayan incubado las condiciones necesarias, etcétera."

Entonces, de los principios del materialismo histórico, que Gramsci cita primero  y parafrasea después, del prólogo a la Contribución a la Crítica de la Ecomonía política, cuya mediación dialéctica se sintetiza en la fórmula revolución permanente, debe deducirse el concepto de revolución pasiva, no como programa, sino como "criterio de interpretación en ausencia de otros elementos activos dominantes" (C15 § 62).

En definitiva, en la historia de las revoluciones burguesas, la revolución permanente se opone a la revolución pasiva y en las categorías explicativas del materialismo histórico, los conceptos de revolución permanente y revolución pasiva se utilizan  para comprender las relaciones entre estructura y superestructura en la constitución de los Estados modernos, a partir de la comparación entre Francia e Italia. Explicación que por su parte alude a la dinámica de los acontecimientos, combinando cuestiones objetivas y subjetivas, cuya expresión se sintetiza en la existencia o ausencia de una fuerza "jacobina" capaz de hacerse con el mando e impulsar el proceso revolucionario más allá de los límites que buscan imponerle los sectores más moderados. 

Son pocos los marxistas del siglo XX que le dieron tanta importancia a la cuestión de la revolución permanente en la reflexión sobre el desarrollo de las revoluciones burguesas, las revoluciones de 1848 y el desarrollo del movimiento obrero moderno. 


Y si bien la respuesta que dan son distintas, Gramsci se ubica en un plano de reflexión cercano al de Trotsky, al intentar analizar las condiciones para la continuidad de la estrategia de revolución permanente que surge en la Revolución Francesa, es reformulada por Marx y sistematizada por Trotsky en el siglo XX. 



Trotsky, por su parte, en la primera formulación de la revolución permanente en su trabajo Resultados y Perspectivas, plantea las conclusiones posibles de la comparación de las experiencias de 1789, 1848 y 1905 y de ellas desprende la centralidad de la clase obrera como sujeto de la revolución, a partir de la reconstrucción de los pasos que aquella va dando en su experiencia de lucha, en la que progresivamente se va separando del “pueblo” dentro del cual anteriormente estaba diluida bajo dirección burguesa. 

En la argumentación de Trotsky, que se inserta en la tradición marxista clásica de estudiar profundamente las revoluciones burguesas para mejor comprender la lucha de clases del proletariado, la Revolución Francesa de 1789 ofrece el modelo de “revolución nacional” burguesa, mientras que en las revoluciones de 1848, surge la clase obrera como un actor diferenciado de la burguesía republicana y la pequeñoburguesía democrática, pero todavía débil aún para imponer su propio poder. Finalmente, en la revolución de 1905 en Rusia, la clase obrera aparece como la combatiente de vanguardia de la revolución democrático-burguesa; lo cual se explica a su vez por las características del desarrollo histórico ruso (país “atrasado” pero moldeado por e inserto en la economía mundial). La comparación de estas tres revoluciones permite a Trotsky esquematizar el desarrollo de la clase obrera que a tavés de la experiencia histórica, se escinde del bloque indiferenciado del “pueblo” y comienza a luchar por su propio interés de clase que llevado hasta el final implica la lucha por la dictadura del proletariado y el socialismo. 

Las experiencias de 1789, 1848 y 1905 planteaban entonces para el marxismo la progresiva (aunque no lineal) desagregación del “pueblo”, en un proceso de ascenso y consolidación de la sociedad burguesa que a su vez conlleva el proceso de separación del proletariado y por ende la elaboración de una estrategia de “hegemonía proletaria” precisamente en los países en que la “modernización” llega tarde y la clase obrera es más fuerte que la burguesía, como Rusia.

Las diferencias son dos. Allí donde Gramsci ve más continuidad de 1789 a 1848, Trotsky ve el inicio de una ruptura y allí donde Trotsky se orienta hacia 1905 (Rusia), Gramsci vuelve la vista hacia la unificación italiana.

En el artículo citado al principio, comentando un texto de Fabio Frosini, debatíamos sobre las afinidades entre la teoría de la revolución permanente de Trotsky y la teoría de la hegemonía de Gramsci, a partir del rescate, problemático, contradictorio, pero efectivo que el comunista italiano hacía de lo que podríamos denominar "el permanentismo de Lenin" en el Cuaderno 1 §44. 

Sin dudas que esta es una dirección en la cual indagar, muy interesante y como destaca Alvaro Bianchi en su libro O Laboratório de Gramsci - Filosofía, História E Política, (Campinas, Alameda Editorial, 2008, pg. 237) sobre la interpretación de Gramsci, que habla de "alianza entre dos clases, con hegemonía de la clase urbana": "Esa fórmula estaba muy lejos de ser idéntica a la 'dictadura democrática del proletariado y el campesinado' defendida por Lenin en 1905". 

Recordemos que la vieja fórmula de Lenin fue la que utilizó primero la Troika y luego los bujarinistas y stalinistas para oponerse a la revolución permanente y que Trotsky señala como una de las debilidades de esa fórmula que no definía qué clase tenía la hegemonía dentro de la alianza obrero-campesina.

No obstante este "reconocimiento parcial" de la dinámica permanente de la revolución rusa, podría argumentarse que el problema pasa por si la revolución permanente tenía para Gramsci vigencia para Occidente. Es un debate complejo, en el que ciertos recortes efectuados por los cultores de la interpretación "togliattiana" del pensamiento de Gramsci, no ha ayudado precisamente a clarificar el asunto. 

Y de hecho, basándose en ciertos fragmentos simplistas, la "síntesis" del planteamiento del problema por Gramsci se ha establecido más o menos así: "Habría que ver si la teoría de Trotsky no es el reflejo de la lucha tal como se dio en un país en el cual los cuadros de la vida nacional eran fluidos y desorganizados, mientras que si intenta aplicarse a Europa Occidental, en la cual hay una relación 'equilibrada' entre Estado y Sociedad Civil, solamente puede ser causas de derrota". (Esto último no es cita sino una reconstrucción del argumento tal y como se ha difundido).

Con eso, más algunas citas, sería suficiente para catalogar a Gramsci como un antitrotskista, aunque no furioso, bastante convencido. 


Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. 


En primer lugar, hay que realizar la siguiente contextualización: Ni siquiera Lenin, luego de su confluencia con Trotsky, reconoció el rol de la teoría de la revolución permanente (formulada por primera vez en Resultados y Perspectivas) en la evolución del marxismo ruso e internacional. 


Más allá de la persona de Lenin, esto tiene relevancia porque el marxismo de la III Internacional, que ponía en primer plano la cuestión estratégica de la toma del poder por la clase obrera, seguía sosteniendo ciertas ideas que rápidamente se demostrarían como envejecidas (por ejemplo la idea de que en las colonias o semicolonias era poco probable que la clase obrera pudiera desempeñar un rol hegemónico sobre los campesinos y los movimientos nacionales). 


Reformular el marco teórico para mejor comprender el nuevo marco estratégico, con todo, hubiera tenido ciertos límites. Seguramente, en 1922 no se podía pronosticar desde Moscú una revolución proletaria en China o Indonesia por fuera de la experiencia práctica. Pero, incluso siendo muy cautelosos, el poder explicativo y anticipador de la teoría marxista se hubiera ampliado y sobre todo hubiera sido más difícil restaurar de a poco y en un largo proceso, de 1924 en adelante, la línea etapista menchevique, tergiversando las "viejas fórmulas" de Lenin. 


Pero como esto último es una suposición, volvamos a Gramsci. 


Decía que el asunto no es tan sencillo porque los considerandos del marxista sardo no se detienen en los que mencionamos y que constituyen el espantapájaros con que los togliattianos querían exorcizar a los trotskistas.


En el libro que ya citamos de Alvaro Bianchi, el autor hace un análisis concienzudo del problema, buceando en distintos pasajes de los Cuadernos (teniendo siempre en cuenta el momento en que fueron escritos) y en especial compara el texto del C8 § 52 y su reelaboración en C13 § 7,  y llega  a la siguiente conclusión: "A partir de mayo de 1932, Gramsci parece no insistir en la identidad de guerra de movimiento y revolución permanente, como es posible constatar en la supresión de esta identidad en el pasaje ya citado del Cuaderno 13". (Bianchi, pg. 243).

Yo creo que teniendo en cuenta asimismo lo señalado por el propio Gramsci al final del C13 § 24, en el que rescata, aunque dice que no lo sistematizó, el análisis de Trotsky sobre las diferencias de las condiciones de lucha entre Rusia y Europa Occidental en el Cuarto Congreso de la Tercera Internacional, Gramsci sabía que la teoría de Trotsky no podía asimilarse sin más a la "guerra de movimiento" y mucho menos al "ataque frontal", pero veía que la relación entre "guerra de posición" y "guerra de maniobra" debía invertirse, es decir pasar a tener preponderancia la primera por sobre la segunda. 


El problema es que Trotsky pensaba lo mismo, (basta ver el conjunto de escritos de los años '30 sobre la cuestión del Frente Unico, los sindicatos, el problema de la huelga general, sobre todo en Inglaterra, Francia y Alemania, distinto de España donde había un proceso revolucionario abierto), aunque, sobre todo en 1923, cuando dice que se dejó pasar la posibilidad de tomar el poder en Alemaina,  no veía tan lejanas las posibilidades para cambiar de una orientación defensiva a una ofensiva como Gramsci, por el contrario consideraba central prepararse para ese pasaje. 


Pero en cierto modo y para decirlo popularmente, en lo que hace al reconocimiento de distintas condiciones de lucha en Europa Occidental por Trotsky, Gramsci estaba pateando una puerta que estaba abierta. 


No obstante esto, podemos invertir la pregunta ¿Qué aspecto presenta en la práctica la revolución permanente en "Occidente"? ¿No tiene como un componente central la conquista de "hegemonía" obrera (que en la elaboración por Trotsky de la teoría de la revolución permanente juega un papel fundamental)? 


En Gramsci hay de algún modo varios Occidentes: E.E.U.U., el bloque de Inglaterra, Francia y Alemania y los países que denominaba (denominación problemática) como "capitalismo periférico" dentro de Europa, como España, Portugal, Grecia, Italia. Es decir, para Gramsci no hay un sólo "Occidente". 


Sin embargo, se puede resumir la "condición occidental" en algunas características: sociedad civil robusta, cooptación de las organizaciones de masas, Estado con un alto poder de fuego, que se resumen en la categoría de Estado integral. Esa condición occidental, aunque degradada, se generalizó a un conjunto de países semicoloniales, por lo menos en cuanto a las formas políticas.


Pensando en esto y en la situación subjetiva de la clase obrera, en el artículo que citamos anteriormente, habíamos escrito con Fernando Rosso, que por la dinámica actual de los procesos políticos están planteadas tareas que hacen a la fórmula de revolución permanente de Marx (conquista de la independencia de clase), la fórmula de Gramsci (conquista de hegemonía-guerra de posición) y la de Trotsky (unidad de los procesos a escala internacional, estrategia que articula la conquista de hegemonía con una perspectiva insurreccional).


Para concluir esta reflexión que ya se hizo un poco larga, mi conclusión sería que en un contexto en el que las experiencias como la de Syriza y PODEMOS llevan adelante un posicionalismo sin guerra de posición (que se resume en la frase de Pablo Iglesias en su conversación con Chantal Mouffe "Tener el Estado no es tener el poder, pero...."), la temática gramsciana de la guerra de posición y la conquista de hegemonía pasa a ser un componente fundamental para la teoría de la revolución permanente, en este período.

domingo, 11 de enero de 2015

Charlie Hebdo: el futuro que llegó



Fernando Rosso y Juan Dal Maso

La cobertura de La Izquierda Diario sobre el atentado contra la revista "progresista" Charlie Hebdo viene mostrando los hechos, las movilizaciones de repudio, la posterior muerte de los sospechosos, la política de los gobiernos para consagrar la unidad nacional reaccionaria en Francia y en Europa en su conjunto, y publicando distintos análisis. Ya vendrán las denuncias contra PODEMOS y Syriza por no ser lo suficientemente antiterroristas… Aunque la formación del Estado Español se está esforzando para lo contrario y anuncia que su “responsable internacional” estará presente en la marcha de este domingo en París en representación del partido.

Aportamos una reflexión en tres planos, que consideramos importantes: el estratégico-programático, uno que podríamos denominar ideológico-cultural y un tercero, histórico-filosófico.

Sobre la cuestión estratégica y programática: 

En su ponencia presentada en un Congreso realizado en Brasil sobre los 150 años de la Primera Internacional -a la que accedimos por gentileza de las compañeras Andrea D'Atri y Celeste Murillo-, el intelectual italiano Pietro Basso señalaba que el fenómeno de la inmigración (que ha crecido exponencialmente desde hace algunos años) y la relación entre nativos e inmigrantes en las metrópolis es un problema estratégico del movimiento obrero desde la época de Marx en adelante. Marx mismo había tomado con especial énfasis la cuestión irlandesa en sus múltiples aspectos, incluyendo la división de los proletarios irlandeses e ingleses en todos los centros industriales británicos. Basso también dice que además de los obvios motivos de explotación por los cuales el capitalismo se beneficia de la presencia de los inmigrantes sin papeles (mano de obra a bajo costo) y las tendencias xenófobas alentadas por la extrema derecha (y no tan extrema) la convivencia de trabajadores de todos los colores y países recrea las bases para el internacionalismo proletario. 

Totalmente acertado su planteo, ya que la contracara de la unidad nacional reaccionaria, que busca efectuarse tras un discurso republicano (que incluso rechaza aliarse a la ultraderecha de Marine Le Pen), es una suerte de "cosmopolitismo de los ghettos", como se puede ver en París, tanto en la banlieue como en barrios un poco más cercanos al centro de la ciudad, considerados de "máxima peligrosidad" por el sólo hecho de que sus habitantes son de origen africano. 

En este sentido, si pensamos el rol que asignaba Trotsky a los sindicatos dentro de una estrategia proletaria en Europa Occidental como instituciones de democracia obrera conquistadas luchando bajo y contra la dominación de la burguesía (Gramsci diría trincheras) son precisamente los sindicatos y organizaciones obreras los que debieran plantear una política independiente de los gobiernos y sectores reaccionarios, reclamando la unidad de toda la clase trabajadora más allá de las diferencias étnicas, religiosas y "administrativas" (con o sin papeles) contra el curso represivo y la política de austeridad. Si las conducciones burocráticas de los mismos no lo tienen en su agenda e incluso participan de la unidad reaccionaria, es una batalla elemental de las organizaciones de la extrema izquierda y clasistas en los sindicatos, como exigencia para lograr la unidad de la clase obrera.

En cuanto a la cuestión ideológico – cultural (religiosa): 

Un atentado brutal contra periodistas para "vengar al profeta", como bien se dijo, es algo totalmente oscurantista y reaccionario y brinda razones a la reacción islamofóbica interesada del Estado francés y los imperialismos europeos que están en búsqueda rabiosa de un “otro”, a quien responsabilizar por su propia crisis. Sin embargo, el laicismo liberal y autoritario del Estado francés, que busca relegitimarse, junto con la policía, el gobierno, etc., no es más "progresista".

Para decirlo provocativamente, es tan ideológica la creencia religiosa en Mahoma como la creencia no menos “religiosa” en los valores supremos y supraterrenales de la democracia liberal occidental. Ambas son "falsas conciencias" fundadas en motivos dogmáticos, algunos más extravagantes que otros. Y si el Islam es el opio del pueblo musulmán, la democracia liberal es la pasta que receta el psiquiatra-burgués al ciudadano occidental (o el tratamiento psicoanalítico interminable según los cánones argentinos y porteños, criticados implacablemente por Salvador Benesdra).

En este contexto, el ateísmo irreconciliable del marxismo es un poco más "soreliano" que "ilustrado". No cree en los mitos, pero reconoce su génesis y su función histórica, es decir intenta comprender por qué la gente cree en ellos, para combatirlos tanto en el terreno ideológico, como y fundamentalmente, en el suelo de las bases materiales que le dan sustento. 

Por eso Lenin escribió: La lucha contra la religión no puede limitarse ni reducirse a la prédica ideológica abstracta; hay que vincular esta lucha a la actividad práctica concreta del movimiento de clases, que tiende a eliminar las raíces sociales de la religión. ¿Por qué persiste la religión entre los sectores atrasados del proletariado urbano, entre las vastas capas semiproletarias y entre la masa campesina? Por la ignorancia del pueblo, responderán el progresista burgués, el radical o el materialista burgués. En consecuencia, ¡abajo la religión y viva el ateísmo!, la difusión de las concepciones ateístas es nuestra tarea principal. El marxista dice: No es cierto. Semejante opinión es una ficción cultural superficial, burguesa, limitada. Semejante opinión no es profunda y explica las raíces de la religión de un modo no materialista, sino idealista. En los países capitalistas contemporáneos, estas raíces son, principalmente, sociales. La raíz más profunda de la religión en nuestros tiempos es la opresión social de las masas trabajadoras, su aparente impotencia total frente a las fuerzas ciegas del capitalismo, que cada día, cada hora causa a los trabajadores sufrimientos y martirios mil veces más horrorosos y salvajes que cualquier acontecimiento extraordinario, como las guerras, los terremotos, etc. "El miedo creó a los dioses". 

En esto, Lenin seguía a Marx, que en sus Tesis sobre Feuerbach ya había explicado que después de criticar la "alienación religiosa" falta hacer lo fundamental, es decir explicar las contradicciones sociales que le dan origen y subvertirlas en la práctica.

No cederle “ni tantico así” de poder al Estado imperialista (y a ningún Estado) para atacar a las libertades democráticas, entre ellas la libertad de expresión, no es sinónimo de abstenerse de la crítica al contenido político de las manifestaciones periodísticas de Charlie Hebdo, más aún cuando en el último tiempo había tomado al Islam como uno de los blancos predilectos de su sátira. Y con mayor razón cuando esta religión es a la que adhieren sectores mayoritarios de pueblos oprimidos, que son blanco de ataque de la guerra “antiterrorista”. Con muchas razones para la impotencia frente a las fuerzas ciegas y salvajes (¡Palestina!) que desata un sistema decadente y bárbaro.

Para ejemplificar, no es lo mismo la crítica satírica y artística al catolicismo en la Argentina (León Ferrari) que a la misma religión, pongamos por caso, en Irlanda del Norte. Allí se convirtió en forma ideológica de los que se oponían a la opresión inglesa y en legítima demanda democrática para ejercerla “libremente”. 

Si esta crítica ideológica toma formas artísticas, como es el caso de Charlie Hebdo, ese mismo contenido político-artístico no está eximido de la crítica. Las mismas convicciones del combate contra cualquier tipo censura estatal y contra los bárbaros actos de terrorismo del fueron víctimas, habilitan la crítica.

"Así, la crítica de los cielos se transforma en crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica de la ley, y la crítica de la teología en la crítica de la política", como dijera Marx.

Esto es, rastrear las raíces profundas de la religión como ideología, las condiciones de opresión y explotación de gran parte del mundo árabe e islámico, el uso de sus burguesías locales y el abuso del imperialismo mundial.

En cuanto a la cuestión histórico-filosófica: 

La imagen de un atentado bárbaro "medieval" contra un semanario de humor político con ribetes "posmodernos" es, de por sí, una trastocación de cualquier sentido del tiempo histórico. Parafraseando a los Redondos, el futuro llegó hace rato... y es un retroceso. 

Si el marxismo del siglo XX permite analizar el imperialismo como reacción en toda la línea (Lenin) o como combinación de reacción y reconfiguraciones del poder estatal-societal que garantizan la duración de un sistema en crisis orgánica, incluso con alguna pose "progresista" (Antonio Gramsci), desde ambas lecturas se abre la posibilidad de una descomposición del tiempo histórico: el tiempo lineal y vacío del "progreso" deja su lugar a una temporalidad en proceso de descomposición, donde el pasado y el presente se superponen y crean combinaciones originales que pueden resultar aberrantes. En este contexto, la teoría de la revolución permanente de León Trotsky (basada a su vez en otra teoría, la del desarrollo desigual y combinado) presta un marco de referencia para pensar la reversión de una temporalidad que no para de retroceder por el "lado malo" de la historia. La condición es que el sujeto histórico proletario vuelva por sus fueros, con la bandera de un nuevo internacionalismo concreto.