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domingo, 28 de abril de 2019

Althusser, Gramsci y Trotsky [Entrevista con Panagiotis Sotiris]


Althusser, Gramsci y Trotsky

Panagiotis Sotiris es Doctor en Filosofía, con amplia experiencia en la docencia universitaria. Forma parte del consejo editorial de Historical Materialism y de la organización de izquierda anticapitalista griega ARAN [Recomposición de Izquierda]. Sus investigaciones teóricas giran en torno al pensamiento de Althusser, el de Gramsci y los problemas de la filosofía, la política y la hegemonía en la tradición marxista. En esta entrevista conversamos con él sobre algunos de sus trabajos recientes, en los que realiza ciertas críticas a las concepciones posmarxistas de la política y rescata la problemática de la dualidad de poderes. 


lunes, 20 de julio de 2015

El Príncipe moderno, Gramsci y el marxismo (a propósito de una ponencia de Peter D. Thomas)


La reciente ponencia de Peter D. Thomas en el Coloquio Marx-Engels realizado la semana pasada en Campinas, The Idea of Communism and the Party-Form retoma la cuestión del partido, que el autor había tratado en The Gramscian Moment y en Hegemony, Passive Revolution and the modern Prince.

En su momento hicimos con Fernando Rosso un comentario crítico del abordaje de Thomas sobre la cuestión del partido en Gramsci, que se puede leer acá y retomamos también en esta nota escrita para Esquerda Diário. 

En esta nueva intervención, Thomas suma dos novedades. La primera: pone en relación el debate sobre la "forma partido" propuesta por Gramsci con un debate más amplio sobre la cuestión del comunismo y en ese contexto realiza una crítica sumaria, pero bastante eficiente de las últimas elaboraciones de Toni Negri. La segunda: precisa su idea del Príncipe Moderno, planteándola más cercana a un "partido proceso" que a un "partido laboratorio", idea esta última que en su ponencia relaciona con Lukacs, aunque mantiene en general las posiciones que ya había delineado en sus trabajos anteriores.

Mientras señala que Negri retoma la idea del operaísmo del partido como organización "composicional" (organización de lucha redefinida no como aparato externo a la clase sino como organización de la clase acorde a su "composición técnica" en el proceso de producción), ejerce una crítica de la concepción de Lukacs del partido entendido como "sujeto político" y "laboratorio", que actúa como "mediación entre la teoría y la práctica" y "prefigura" la libertad comunista del futuro a través de una "forma autónoma de la conciencia de clase proletaria". 

El Príncipe moderno, entendido como un proceso expansivo de constitución de un partido de nuevo tipo, sintentiza los puntos fuertes de las anteriores "formas", ya que:

... representa solamente la punta del iceberg de un proceso más amplio de activación política colectiva de las clases populares, en todas las instancias de deliberación y toma de decisiones en toda la sociedad. Es precisamente por esta razón que el Príncipe moderno como forma-partido no es una instancia de formalismo político, sino una forma que constitutiva y continuamente excede sus propios límites para poder ser tal.

Señala Thomas a modo de conclusión: 

La discusión emergente sobre la renovación de la forma-partido se da en un contexto de experimentos radicales en las formas de organización alrededor del mundo, desde redes a coaliciones a viejas y nuevas concepciones del frente único. La verdadera cuestión estratégica hoy no es la simple idea del comunismo o incluso la afirmación o negación del partido, concebido en abstracto, sino la cuestión del tipo particular de forma-partido que podría ayudar a esos movimientos a continuar creciendo. La noción de Gramsci del Príncipe moderno como una forma política expansiva, integrando las dimensiones composicional y de laboratorio en una renovación del partido político como una formación y práctica del partidismo provee el nombre para este proceso de experimentación comunista colectiva.

El debate tiene, como siempre, aristas teóricas y políticas que hacen a la actualidad, como se ve en la entrevista realizada con Peter D. Thomas por Esquerda Diário y Opera Mundi y los planteos que vierte en la misma sobre la experiencia de Syriza. Intentaremos reflexionar brevemente primero sobre la cuestión teórica y luego sobre las cuestiones políticas.

En primer lugar, si intentamos hacer una aproximación "genética" a la concepción de partido de Gramsci, planteada con cierto apuro y no demasiada sutileza, podemos identificar tres momentos en su elaboración de la cuestión del partido: la de la época de los consejos de fábrica, la del momento de construcción del PCI a su regreso de la URSS, entre 1924 y 1926, que incluye (como la anterior) la polémica y el debate con Bordiga y por último las reflexiones sobre la cuestión del Príncipe Moderno en los Cuadernos de la Cárcel.

En la etapa "consiliar", Gramsci consideraba al partido como una "organización contractual y privada" frente a la cual estaba planteada la autonomía del consejo de fábrica como organismo "público", por decirlo en términos "clásicos", tendía a subvaluar el rol del partido, en la relación partido-consejo de fábrica (o soviet). Contra esta posición había polemizado Amadeo Bordiga, desde una óptica esencialmente sectaria contra la experiencia de los consejos de fábrica. Bordiga señalaba que la forma histórica de emancipación de la clase obrera era el partido comunista y no los consejos ni los soviets, a los que asignaba un rol esencialmente de lucha económica. 

Durante la etapa de construcción del PCI, Gramsci va a polemizar contra Bordiga señalando que el partido no era un "órgano" sino una "parte" de la clase, mientras buscaba establecer los fundamentos de una estrategia que expresara en la situación italiana de ese momento, los mismos objetivos que la experiencia de los consejos, la cual está sintetizada en las Tesis de Lyon. No obstante los aciertos de Gramsci en la polémica con Bordiga, la prohibición de las fracciones indicaba un paso hacia el autoritarismo, que en ese momento era funcional al desplazamiento de Bordiga, en un contexto de "bolchevización" promovido por la dirección de la Tercera Internacional contra los sectores disidentes.

En los Cuadernos de la Cárcel, la reformulación de la cuestión del partido en términos del Príncipe moderno, permite a Gramsci unir lo que en las etapas anteriores estuvo dividido: el movimiento histórico (antes asociado a los consejos) y la organización política (antes entendida en sentido más "estrecho"). Esto parecería darle la razón a Thomas en su interpretación del Príncipe moderno como "forma partido políticamente expansiva", pero no es tan sencillo. 

Al transformar en uno de los ejes de su reflexión carcelaria la cuestión de la hegemonía, Gramsci está poniendo el acento en uno de los puntos débiles que tuvieron tanto la experiencia de los consejos de fábrica como las posteriores experiencias del PCI frente al fascismo. 

Pero no es una cuestión únicamente italiana sino que hace a cierta debilidad de los comunistas de Occidente en su conjunto. Frente a Estados con varios siglos de historia, cultura y organización societal, la concepción socialdemócrata de la continuidad entre progreso capitalista y advenimiento del socialismo, se transformaba en una concepción acrítica del marxismo como "ala izquierda" de la modernidad capitalista. La consecuencia político-ideológica y estratégica, era cierto fatalismo en los comunistas de occidente, fuera ultraizquierdista o de derecha, pero que en sus dos variantes subestimaba la importancia de la acción política del partido para intervenir en los momentos de crisis y más bien se confiaba al curso de los acontecimientos. 

No obstante su decadencia, las conquistas históricas de la burguesía europea en los terrenos político, militar, económico y cultural impusieron a los comunistas de occidente una posición que los dejaba por detrás de la dinámica de los acontecimientos y de las conclusiones estratégicas que se desprendían de la nueva época abierta por la guerra mundial y la revolución rusa (como señalara Trotsky en Lecciones de Octubre y Stalin, el gran organizador de derrotas). 

En este contexto, la reflexión gramsciana sobre la cuestión del partido a través de la metáfora conceptual del Príncipe moderno, es inseparable de la reflexión gramsciana más general sobre la "filosofía de la praxis" como movimiento histórico que sintetiza la cultura de occidente, así como el legado del Renacimiento, la Reforma protestante y la Revolución francesa. 

Digo que es inseparable, porque cuando Gramsci reflexiona sobre el marxismo como concepción independiente de todas las corrientes ideológicas y filosóficas burguesas, su hincapié en la "autosuficiencia" del marxismo, no es un llamado al dogmatismo, sino una lucha por sentar las bases de una concepción del marxismo correlativa con la lucha por la constitución de la clase obrera como clase hegemónica, es decir como una clase dotada de una teoría que a su vez la proyecta como clase consciente de ser la cabeza de un movimiento histórico revolucionario que no busca continuar "la cultura de occidente" bajo predominio burgués sino construir un nuevo Estado (proletario) que dote de “una forma moderna y actual al humanismo laico tradicional que debe ser la base ética del nuevo tipo de Estado” (C11 §70).

Visto desde este ángulo, histórico-filosófico, la reflexión gramsciana sobre el Príncipe moderno que al desarrollarse convulsiona al conjunto de la sociedad, busca establecer una ligazón íntima entre movimiento histórico y forma política. 

Sin embargo, desde el ángulo de la relación estratégica entre movimiento social (entendido no en términos históricos generales sino más en un plano inmediato) y el partido (Príncipe moderno), la relación se vuelve menos "expansiva" y un tanto más "negativa", dado que en los Cuadernos de la Cárcel Gramsci tiende a identificar la actividad espontánea de la clase obrera con el sindicalismo y presentar en términos un tanto unilaterales la "superación" de aquel mediante el Príncipe moderno. 

En resumen, si la concepción "integral" de partido en los Cuadernos de la Cárcel resulta productiva para reflexionar desde el ángulo histórico-filosófico sobre la relación entre el marxismo, la clase obrera y la cultura de occidente, en el plano menos abstracto y más específico de la relación entre movimiento social y organización política en una situación determinada y no tan general, se vuelve más bien abstracta.

Esta relativa abstracción, en el plano de la relación movimiento-partido como categoría "situacional" o de "coyuntura estratégica" es lo que permite, por ejemplo, que Thomas pueda asociar la idea de Príncipe moderno con "ciertos momentos de la experiencia de Syriza" que precisamente pretendía lo contrario a la orientación gramsciana: sustituir mediante una organización política sin hegemonía social y con un programa de reformas la propia actividad de la clase trabajadora como sujeto revolucionario.

Si consideramos, como sostiene Emmanuel Barot (Marx au pays des soviets ou les deux visages du communisme, la ville brûle, 2011, pgs. 31-36) siguiendo a Marx, que el comunismo no es un fin a realizar en abstracto, sino el movimiento real que busca abolir el estado actual de cosas, toda reflexión sobre la posibilidad de reconstruir las organizaciones revolucionarias de la clase obrera debería partir de la necesaria relación entre hegemonía política y hegemonía social. Es decir, no se puede presentar como "hegemónica" una política que no tiene como eje de su actividad la constitución de la clase obrera como sujeto y prioriza la "política por arriba" en lugar del "movimiento real". 

En este sentido, la "forma partido" necesaria para el desarrollo del "movimiento real", es aquella capaz de sostener una práctica política que combina la lucha por la recomposición social, política e ideológica de la clase trabajadora como sujeto, con una estrategia que parta de sus concretos y actuales combates, luchando por hegemonizar a los demás sectores oprimidos, por ejemplo llevar hasta el final la lucha por el NO en Grecia. Las "izquierdas amplias" se demostraron incapaces de hacerlo. Un "nuevo leninismo" debería proponérselo. 

Versión en portugués en Esquerda Diário  

viernes, 17 de julio de 2015

La crisis de Syriza y su ala izquierda


La votación en el Parlamento del nuevo memorándum pactado con la Troika puso al desnudo la crisis abierta en el partido de Alexis Tsipras. 40 diputados de Syriza no votaron a favor del acuerdo (32 en contra, 6 abstenciones y dos ausentes). La crisis de Syriza y el fracaso de la estrategia de su ala izquierda.

martes, 14 de julio de 2015

Debate Kouvelakis/Callinicos sobre Grecia

En el marco del evento anual Marxism 2015: Ideas for revolution se desarrolló un debate entre Stathis Kouvelakis, miembro de la dirección de Syriza y destacado militante de la Plataforma de Izquierda, y Alex Callinicos, dirigente del SWP (Socialist Workers Party) británico. Publicamos aquí la desgrabación traducida del debate.

domingo, 5 de julio de 2015

El pueblo griego dijo NO al ajuste




Con casi la totalidad de los votos escrutados, el NO se imponía con un 61% contra un 39% del SI en el referéndum en Grecia. La diferencia de unos 20 puntos desestimó la mayoría de las predicciones que daban como resultado una elección ajustada. Según diversos medios, el NO alcanzó porcentajes más altos en los barrios obreros y en la juventud.

miércoles, 1 de julio de 2015

Grecia, la Troika y Syriza: las amarguras de la realpolitik



Con todos los límites que se derivan de no conocer la situación de primera mano, comparto algunas reflexiones (como siempre digo, si les sirve, feliz con ello, si no, no le den bola...)

La situación social en Grecia es dramática y los eventos políticos van cambiando minuto a minuto y no se sabe bien qué puede pasar de acá al domingo en el que está convocado el referéndum sobre la política de la Troika, por lo que estas líneas intentan plantear algunas cuestiones que se expresan en la coyuntura pero podrían trascenderla...

La Troika y Grecia: ¿hacia el capitalismo periférico?

La política de retrogradación social que impulsa la "troika" para Grecia tiene objetivos de disciplinamiento hacia los propios griegos así como hacia todos los "socios menores" de la UE, también eventualmente, volver imposible la continuidad del gobierno de Syriza-ANEL. ¿Pero no tiene efectos más profundos? ¿No se puede pensar que la política de la Troika, está operando una metamorfosis de Grecia de "imperialismo menor" (similar a como veía Trotsky a Checoslovaquia en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial)  a "capitalismo periférico" (concepto con el que Gramsci identificaba el grupo de países europeos más "atrasados", entre ellos Italia, España y Portugal)?

En el concepto de Gramsci, la idea de capitalismo periférico estaba ligada a la de una mayor debilidad del aparato estatal y a una sobreextensión de sectores medios que bloqueaban el desarrollo de la clase obrera como actor independiente, una suerte de "Occidente periférico y tardío" según la expresión de Portantiero en Los Usos de Gramsci. En este caso, el proceso de pauperización de amplias capas de las sociedad, daría otra tónica a esta involución social, no obstante lo cual podría resignificarse este concepto; es decir que sin transformarse aún en un país semicolonial, su status esté en vías de transformación hacia un híbrido entre "imperialismo menor" y "capitalismo periférico". 

La respuesta a esta pregunta, no obstante, no puede encontrarse por fuera de la lucha que está en curso y del desarrollo de la lucha de clases más en general.

El internacionalismo y la huelga continental 

En este post escrito con Fernando Rosso habíamos retomado los análisis de Pietro Basso  sobre la cuestión de la nueva composición "plurinacional" de la clase obrera en las ciudades europeas como base concreta para un nuevo internacionalismo. 

La situación de Grecia plantea nuevamente la cuestión, desde otro ángulo, ya que más allá de la movilización masiva de los propios griegos, una derrota en toda la línea de la política de la Troika es difícil de lograr sin el apoyo activo de la clase obrera europea, en especial del proletariado alemán. 

Sin llegar a ser un "supraestado" con plenos poderes, la existencia de la Unión Europea y su intervención directa en la política de los "socios menores" como Grecia, amplía la escala del enfrentamiento, planteando la necesidad de unir centro y periferia dentro de la propia Europa y modificando en parte la vieja ecuación de Marx sobre que la lucha de la clase obrera era nacional por su forma pero internacional por su contenido. En la actualidad incluso la forma es un poco más internacional que en el pasado, obviamente sin haberse liquidado el rol de los Estados nacionales. 

Por eso, la figura de la huelga continental como acción coordinada a nivel europeo, está muy lejos de la fantasía de una revolución que estalla en todos lados al mismo tiempo. Por el contrario, empieza a ser una necesidad concreta, en este caso, para defender las más elementales condiciones de supervivencia de Grecia. 

En este sentido, los dirigentes reformistas de Europa, tan proclives a apoyar incondicionalmente todas las políticas de Tsipras, no tienen el mismo entusiasmo para convocar acciones contundentes de las organizaciones de masas que dirigen, cuando lo que está planteado es una gran acción de solidaridad continental e internacional con el pueblo de Grecia, por la anulación de la deuda y contra la política de la Troika. 

Las pasivizaciones y sus límites

En este post, identificaba la pasivización ciudadana (es decir la transformación de las luchas democráticas, populares y anti-imperialistas en luchas por la ampliación de la ciudadanía dentro de los marcos del sistema), como el principal mecanismo tendiente a dislocar la dinámica permanente de la revolución social, en ausencia de otros mecanismos como lo fuera en su momento la división tajante de la periferia y el centro, en el marco de los pactos entre la burocracia de la URSS y las potencias imperialistas. 

En mi opinión esa categoría sirve para entender el proceso de los gobiernos "posneoliberales" latinoamericanos y algunos momentos específicos de la "primavera árabe" (con más limitaciones ya que hubo procesos revolucionarios más desarrollados) así como los fenómenos de Syriza y PODEMOS. Sin embargo, en el caso de Syriza, se empiezan a mostrar con crueldad los límites de una estrategia pasivizadora presentada como realpolitik.

La pasivización fue la apuesta de Syriza, es decir, llegar al gobierno como expresión electoral del proceso de luchas que se dio en Grecia durante los últimos años, pero no para llevar hasta el final las demandas de los trabajadores y el pueblo, sino para reconstruir la autoridad estatal que estaba en crisis por la política de ajustes permanentes, de lo cual el hundimiento del PASOK fue la expresión política incontrastable. Así lo hizo saber el propio Tsipras al momento de asumir, generando un autodenominado gobierno de salvación nacional

Pero sin soja ni petróleo, ni "viento de cola", Tsipras parece haber atado su destino a la continuidad de Grecia en la "zona Euro", para lo cual sin poder transformarse en un agente directo de la Troika, ni alentar una salida del euro en clave soberanista, mucho menos tomando medidas anticapitalistas como la nacionalización de los bancos y otras que defiende la extrema izquierda en Grecia, empieza a parecer una especie "bonapartismo líquido" cuyas posiciones van cambiando en función de las maniobras y contramaniobras que realiza en la negociación. 

En este sentido, si la revolución pasiva es como habíamos señalado acá una suerte de "moderador clausewitziano" entre revolución y contrarrevolución, funcional a ésta última, tomando incluso su lugar cuando esta es evitable, la "contrarrevolución social por medios diplomáticos" que busca imponer la Troika, pone límites a cualquier salida reformista y con eso pone en crisis la estrategia pasivizadora de Syriza. 

Con todo, la liquidez misma tiene un límite. Como decía Trotsky en sus Escritos sobre Lenin, Dialéctica y Evolucionismo, todo fluye, pero nada fluye fuera de sus márgenes y así como la Troika puede estar forzando la relación de fuerzas más allá de los límites aceptables, lo mismo puede ocurrirle a Tsipras y sus marchas y contramarchas de cara a los trabajadores y el pueblo de Grecia.

martes, 30 de junio de 2015

Con los trabajadores y el pueblo de Grecia contra la Troika



La “troika” bajo la dirección del gobierno alemán y la gran banca imperialista, ha puesto a Grecia contra la espada y la pared. A pesar de las concesiones del gobierno de Syriza, que presentó un plan de recortes que un 90% contemplaba las exigencias de los acreedores, la Europa del capital y el FMI no se dieron por satisfechos. Quieren una rendición total del pueblo griego. No a al chantaje imperialista contra el pueblo griego. No al pago de la deuda y a los planes de austeridad. Reproducimos a continuación la declaración de la Fracción Trotskysta Cuarta Internacional (FT - CI).

jueves, 29 de enero de 2015

Syriza, izquierda "nacional" y realpolitik


El triunfo de Syriza, la conformación del nuevo gobierno, las primeras medidas anunciadas por Tsipras y sobre todo las especulaciones sobre cómo se van a llevar adelante las negociaciones sobre la deuda, vienen ocupando gran parte de los análisis internacionales, tanto en La Izquierda Diario, como en los medios tradicionales. 

Más allá de la valoración que se pueda hacer de la trayectoria de Syriza, es indudable que su ascenso al gobierno es un hecho novedoso, cuyas consecuencias de fondo no podemos conocer en lo inmediato, sino, por lo menos, en un mediano plazo. 

Intentaremos apuntar algunos elementos para pensar al respecto. 

-En esta nota de Josefina Martínez, en la que analiza la política de alianzas de Tsipras para formar gobierno, se cita este artículo de Stathis Kouvelakis (miembro del ala izquierda de Syriza, diferenciado de Tsipras), quien decía que la integración de los Griegos Independientes al gobierno iba a marcar el fin simbólico de la idea de un gobierno de la izquierda antiausteridad (fue escrita antes de que se haga púbico el acuerdo). Efectivamente, si tuviéramos que caracterizar con algún nombre el gobierno de Tsipras, tendríamos que decir que parece ser una variante de un gobierno de "unidad nacional" (ellos dicen de "salvación social", que por otro lado no es tan distinto....)

No digo esto porque ANEL (Griegos Independientes) sea un partido extremadamente representativo, ni porque la burguesía cierre filas de manera unificada con Syriza (de hecho cayó la bolsa) sino porque teniendo en cuenta que se hundió el PASOK y que las demás fuerzas no se podrían integrar al nuevo gobierno por diversos motivos, el gobierno de Syriza en acuerdo con ANEL es lo más parecido a un gobierno de "unidad nacional" que se puede conseguir en Grecia en la situación actual. Con gobierno de "unidad nacional" me refiero a un acuerdo de dos o más partidos para evitar una situación de colapso. Acá la situación de colapso viene de antes y las expectativas son muy altas, por lo que el gobierno puede seguir siendo visto como algo "nuevo", por más que Tsipras haya incluido a este sector nacionalista de derecha. En resumen, con sus peculiaridades, el nuevo gobierno es más de "unidad nacional" por la alianza que expresa, aunque la política hacia las masas sea de "salvación social". Queda para analizar de acá en adelante la cuestión señalada en su momento por Gramsci, acerca de que todo gobierno de coalición tiene un componente de cesarismo, que puede desarrollarse o no (ver Cuaderno 13 § 27), lo cual en última instancia depende de cómo responda Tsipras a los tres frentes que se le abren: las masas, la troika y su política de alianzas.

-Además del pragmatismo intrínseco a la política burguesa, presente en la alianza para conformar el gobierno, creo que esta política tiene una inspiración claramente "togliattiana", pero en condiciones diferentes a aquellas en las que el "stalinista educado" dirigente del viejo PCI de la segunda posguerra desarrollara su política de alianzas. No obstante su discurso más lavado y moderado, Tsipras se reivindica de la izquierda de "Togliatti, Berlinguer y Gramsci"(sic), donde los dos primeros apellidos encajan mejor con la realpolitik de Tsipras que el último. Togliatti en su momento buscaba la "unidad de todos los antifascistas" o fórmulas por el estilo. Tsipras busca la "unidad contra el ajuste" más allá de las diferencias de fondo. La otra fórmula togliattiana que podríamos recordar es la de "limitación de daños", que se parece mucho a la elección del "mal menor". Y precisamente fue el tercero de la lista de Tsipras, es decir, Gramsci, quien hiciera una crítica bastante aguda de la política de elegir los "males menores":

"Hay siempre un mal menor respecto de aquel predecentemente menor y frente a un peligro mayor respecto de aquel precedentemente mayor. Cada mal mayor deviene menor frente a otro mayor y así al infinito. No se trata por tanto de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuyo desarrollo es conducido por una fuerza eficiente, mientras la fuerza antitética está decidida a capitular progresivamente, en pequeñas etapas, y no de un sólo golpe, lo que llevaría, por el efecto psicológico condensado, a hacer nacer una fuerza competidora activa o a reforzar la ya existente" (C9 §7).

Una vez más el "togliattismo" se muestra como una mala versión "realista" de la teoría política gramsciana. 

De todos modos, esto no quiere decir que las masas obreras y populares griegas vean lo que hace Tsipras y digan "ah, ¡qué togliattiano de derecha!". Por el contrario, es posible que el gobierno gane mucha popularidad con las medidas que está anunciando a partir de que se constituya el nuevo parlamento, como la suba del salario mínimo y el restablecimiento de las negociaciones con los sindicatos o la reconexión de la luz a todos los que habían sido desconectados. Los trabajadores y el pueblo de Grecia tienen que ir haciendo su propia experiencia, sin dudas con la colaboración de los sectores que se reivindican clasistas y revolucionarios

-Por último, la cuestión político-estratégica y teórica. En noviembre del año pasado tuvimos la posibilidad de escuchar a Stathis Kouvelakis (citado más arriba) a propósito de las perspectivas de la izquierda "anticapitalista" europea en una charla realizada en el marco de la onceava Conferencia anual de Historical Materialism. Sobre ese debate, planteamos algunos cuestiones en La Izquierda Diario e Ideas de Izquierda

Nos quedó en el tintero una cuestión planteada por Kouvelakis, que por razones de espacio y porque él mismo no lo desarrollara en su exposición: la hipótesis estratégica de Gobierno Obrero de la Tercera Internacional, como marco de referencia para intervenir en un gobierno de Syriza. 

Más allá de si la forma en que Kouvelakis utiliza esta comparación es oportunista o no (suena parecido a lo que decía Daniel Bensaïd en su conocido texto sobre el retorno de la cuestión político-estratégica), creo que la diferencia principal es de las situaciones históricas concretas. 

La idea del Gobierno Obrero fue pensada por la Tercera Internacional como continuidad de la táctica del Frente Unico obrero, para plantear la posibilidad de un gobierno de coalición entre el PC y la izquierda socialdemócrata, desde el cual promover la acción revolucionaria de la clase obrera hasta llegar a la instancia de toma del poder a escala nacional, en especial en Alemania, aunque podía ser aplicable a otros países de Europa Occidental.

Las condiciones de retroceso del ascenso de lucha de clases 1917/21 obligaban a políticas de Frente Unico. El crecimiento del Partido Comunista y la continuidad de una poderosa clase obrera organizada en sindicatos y dirigida por un reformismo obrero (la socialdemocracia) en condiciones de crisis, permitían pensar la táctica de Gobierno Obrero como una pieza fundamental de una estrategia revolucionaria (para más información, ver acá y acá).

En las condiciones actuales, en que la clase obrera tiene más peso social pero menos organización política independiente, es muy poco probable que desde la participación en una experiencia gubernamental de izquierda reformista puedan crearse condiciones para desarrollar la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y los sectores populares

***
En este artículo, habíamos planteado con Fernando Rosso, que si bien en la actualidad no existe un "bloqueo" de la revolución permanente como el de la segunda posguerra (revoluciones en la periferia, crecimiento económico en las metrópolis, PCI y PCF en Italia y Francia y orden mundial pactado entre E.E.U.U. y la U.R.S.S.), el límite se da por la falta de radicalización y porque la clase trabajadora actúa diluída en movimientos "populares", "sociales" o "democráticos". Creo que esto se expresa a su vez en las experiencias de Syriza y PODEMOS, a través de un mecanismo que podríamos denominar "la transformación de luchas democráticas en ciudadanas". Desde este punto de vista la dinámica de la situación podría considerarse como "pre-estratégica" o "pre-permanentista". 

En este contexto, podríamos pensar que la conquista de la independencia política de la clase obrera, debería ser una tarea de primer orden para las organizaciones revolucionarias de Grecia, como lo es en la Argentina.