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jueves, 20 de julio de 2017

La vuelta de un debate clásico: sindicatos e izquierda en la Argentina



Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso 

La lucha de la alimenticia Pepsico Snacks irrumpió en la escena política y reactualizó una polémica esencial: el rol de los sindicatos, sus ambivalencias, fortalezas y debilidades.

jueves, 15 de junio de 2017

[DOSSIER] ¿Adónde va la contracultura de la protesta?




Reflexión y debate colectivo sobre los problemas estratégicos de la izquierda y los sectores que luchan en Neuquén y Río Negro.

Redacción Neuquén

Miércoles 14 de junio | Edición del día

En el fin de ciclo del neoliberalismo a nivel internacional, estamos asistiendo a una crisis de las formaciones políticas tradicionales, en particular de la socialdemocracia europea (con las excepciones del PS Portugal y el reciente reanimamiento el Partido Laborista en Reino Unido tras la figura de Jeremy Corbyn). Con la crisis capitalista que irrumpió en 2008 como telón de fondo, de la que no se termina de salir, pero tampoco se desarrolla como una crisis catastrófica, surgen crisis orgánicas en formaciones estatales muy importantes como EEUU y Francia o en América Latina, Brasil.

En este contexto, la reflexión sobre los problemas estratégicos a los que tiene que responder la izquierda (social y política) es fundamental. Partiendo de que la Argentina es un país con una alta tasa de sindicalización y una conflictividad significativa, en este dossier nos proponemos analizar a dónde va la protesta social neuquina, que puede constituirse como objeto de análisis específico no sólo por una delimitación geográfica, sino sobre todo por determinadas condiciones particulares de la provincia de Neuquén: más de medio siglo de gobierno del MPN, gran peso relativo de los sindicatos en la vida de la provincia, experiencias de sindicalismo combativo y/o clasista, movimiento de mujeres, movimiento estudiantil, el pueblo mapuche, fábricas recuperadas y por último, como fenómeno más reciente, el surgimiento de una izquierda política con proyección electoral, como el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que cuenta con dos bancas en la Legislatura provincial.

Para realizar esta reflexión, contamos con las contribuciones de Ariel Petruccelli (Historia-UNCo), Marcelo Lafón (militante de base de ATEN, profesor de Historia) y José Luis Bonifacio (Sociología-UNCo), autores involucrados en las luchas sociales de la región, desde el punto de vista práctico y de la reflexión teórica.

El artículo de Ariel Petruccelli retoma los alcances del concepto de “contracultura de la protesta” acuñado en su libro Docentes y piqueteros, desde el cual analiza ciertas peculiaridades de las luchas sociales neuquinas, sus potencialidades, para trazar las perspectivas de un proyecto de transformación profunda en la región.

Marcelo Lafón, partiendo de un contexto internacional y proponiendo un enfoque que destaca la tentativa del neoliberalismo para desarticular las identidades colectivas, plantea los contornos de esa política en el plano nacional y se interroga sobre ciertas limitaciones de la protesta social en Neuquén y los modos de “transcenderse a sí misma”.

José Luis Bonifacio desarrolla un análisis comparativo de los movimientos de lucha en Neuquén y Río Negro, destacando similitudes y diferencias y poniendo en relación las protestas sociales con las matrices económicas predominantes en ambas provincias, marcando a su vez la heterogeneidad de los movimientos de lucha.

Por último, el artículo de Juan Dal Maso y Raúl Godoy retoma la problemática de la “contracultura de la protesta” para volver a debatir sobre la lucha de estrategias e ideológica que se da al interior del espectro de la protesta social neuquina y las potencialidades de una experiencia como la del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

Cuatro contribuciones que desde puntos de vista diferentes aportan elementos para una reflexión sobre a dónde va la protesta social en la región y cuáles deben ser las tareas de la izquierda.

Por último, desde la regional Neuquén del PTS queremos dedicar este dossier a la memoria de Ezequiel Castro y Laura Rimedio, valiosos militantes que tuvimos que despedir con profunda tristeza pero también con muchísimo orgullo recientemente y enviamos toda la fuerza para Federico Rotelle que sigue peleando por su vida. Con este pequeño homenaje, volvemos a levantar sus banderas.





martes, 9 de junio de 2015

viernes, 5 de junio de 2015

La huelga aceitera y las "posiciones estratégicas" de la clase obrera



Por Roberto Amador y Lucho Aguilar

La huelga general aceitera duró 25 días y logró romper el techo salarial. Los trabajadores aprovecharon sus "posiciones" para paralizar el complejo oleaginoso más grande de Latinoamérica y uno de los centros capitalistas de nuestro país. ¿Cómo tomar esa experiencia para pensar los futuros combates de la clase obrera y la izquierda?

sábado, 23 de mayo de 2015

SMATA: gravísimo ataque en LEAR

SMATA: gravísimo ataque en Lear

Por Jonatan Ros

Con el aval de la empresa, militantes de la Lista Verde de SMATA, agredieron a Damián González, trabajador reincorporado. En VW otro trabajador reinstalado también sufre ataques de ese sector oficialista.

viernes, 11 de abril de 2014

El paro general en Argentina, los sindicatos, el peronismo y la izquierda



De acuerdo con lo que dice Fernando acá y de paso agregamos o complementamos algunas cuestiones, intentando no caer en el exceso de análisis al que somos tan proclives los argentinos (aunque seamos internacionalistas):

-Queda claro el peso de los sindicatos en la vida nacional (y de paso la ridiculez de los que proponían protestas de la confitería Richmond en Plaza de Mayo, convocadas por el FIT, como si éste pudiera reemplazar las centrales obreras o los que proponían similares tertulias pero en otras plazas). No obstante esto, sigue planteada la contradicción entre el peso de los sindicatos en la estructura del peronismo y el Estado argentino y la tendencia política que predomina en los candidatos que se proponen suceder a CFK. Siendo que cualquiera de ellos, sea Massa o Scioli o Macri (no sé si lo pongo por piedad o por sarcasmo...), no tiene nada que ofrecer al movimiento obero, salvo ajuste, que hoy aparece como ajuste negociado, pero es poco probable que pueda sostenerse en esa tónica durante uno o dos mandatos más. En este contexto, si bien la burocracia sindical es un pilar del régimen político argentino y precisamente lo es por su control del movimiento obrero, lo cierto es que la perspectiva de ligarse a proyectos políticos patronales que poco y nada tienen para ofrecer, deja a Moyano (más que a Barrionuevo, que de todos modos dirige mucho menos) en una situación incómoda, sin alternativa, que es la que "sobredetermina" (como le gusta decir a los académicos) su extrema moderación (paro dominguero, discurso contra los piquetes, etc.), El otro plano de este problema, es que no hacer nada es la mejor forma de seguir dejando que la izquierda gane peso. En el fondo, el peronismo no puede resolver "históricamente" el problema del peso "excesivo" de los sindicatos sin derrotas de mayor magnitud, que van mucho más allá del ajuste "negociado", ni la burocracia puede conseguir un vuelco en la relación de fuerzas sin dar una lucha más seria, que abre a su vez la posibilidad de distintos "desbordes" y si la clase obrera le agarra el gustito a las demostraciones de fuerza que ponen de manifiesto su enorme peso social en la Argentina, el peronismo tiene un problema. 

-El peso de los sindicatos en la vida nacional, plantea que no puede pensarse ninguna estrategia para desarrollar una izquierda que talle como actor en la política nacional, por fuera del o mejor dicho eludiendo el trabajo en los sindicatos (ya que por afuera de ellos también hay muchas tareas). En ese sentido, preferimos el denominado por Perry Anderson como "el último consejo de Lenin al movimiento comunista de occidente" (lucha por el Frente Unico para ganar a la mayoría de la clase obrera, organizada en sindicatos, lo cual incluye la lucha por recuperar esas organizaciones), que el primer consejo de Morales Solá al PTS, (dedicarnos más al electoralismo y menos a la acción directa), aunque no negamos que quizás en Lichtenstein o Suiza pudiera llegar a ser un consejo realista. Curiosamente, la propuesta de que nos constituyamos como un "massismo rojo" termina uniendo al columnista de La Nación con los voceros de la Mazorca peronista....

-Se podría decir que durante el 2013 pareció predominar la tendencia a la constitución de un partido (entendido en el sentido histórico) por la vía del desarrollo parlamentario de la izquierda. Esta "hipótesis", marginal en la historia del movimiento obrero argentino, pródigo en huelgas generales, piquetes, comisiones internas y coordinadoras, pero poco avezado en el parlamentarismo obrero, parecía aparecer con fuerza, marcando las vías de evolución de la relación entre el movimiento obrero y la izquierda. Precisamente, una de las cosas que quedó clara ayer, es que el desarrollo electoral o parlamentario es un "clavel del aire" sin el peso orgánico y el trabajo de base en los sindicatos. Y si la "crisis de autoridad" de la burocracia sindical en los gremios que llamaron a no parar y la base paró igual es una amenaza que se cierne en cierto modo sobre toda la burocracia, esto no sería posible si no existiera un trabajo sistemático de la izquierda, en particular del PTS, en el movimiento obrero y los sindicatos. No obstante esto, desde el punto de vista de las posibles vías de recomposición de la izquierda, en cierto modo todas están más o menos verdes y todas siguen abiertas (desarrollo del FIT, desarrollo del sindicalismo combativo, constitución de corrientes clasistas en los sindicatos, desarrollo de instancias de coordinación, surgimiento de tendencias a la independencia de clase, etc.), pero la contradicción entre el rol "reformista" de los sindicatos y la tendencia a la constitución de un peronismo de centroderecha ajustador, abre la perspectiva de desarrollos más amplios, donde lo electoral esté subordinado a fenómenos más profundos en el movimiento obrero. 

-(Sepan disculpar la digresión...) Hace unos días le vengo dando vueltas a algunas discusiones relacionadas con los estudios gramscianos, a saber: las disímiles propuestas de cómo entender los Cuadernos de la Cárcel de Juan Carlos Portantiero y Peter Thomas. El primero dice que como Gramsci no es un profesor de ciencia politica no se puede articular ninguna lectura a partir de uno o dos conceptos, sino de una propuesta de "guerra de posiciones" como "estrategia de largo aliento para la conquista del poder". Peter Thomas sostiene que la teoría de la hegemonía es el punto de elaboración más alto de los Cuadernos y que todos los conceptos restantes como "revolución pasiva", "guerra de posición", "occidente y oriente" deben subordinarse a aquella. Yo creo que tiene razón Thomas, porque la reflexión de los Cuadernos se ubica más en el plano de la teoría política que en el de la estrategia, pero sobre todo porque la "guerra de posición" en la interpretación de Portantiero termina introduciendo un componente temporal (tiempos largos tendientes a infinitos) que vuelve intrascendente la lucha de clases, mientras que rescatar la teoría de la hegemonía (depurada de sus desplazamientos populistas) hace a la crítica del sindicalismo tanto como del electoralismo. Y más en general, más allá de la teoría, mucha "guerra de posición" termina en "posicionalismo" más o menos absoluto que termina siendo una mera ocupación de espacios.

Desde este punto de vista, toda conquista de posiciones en los sindicatos, los centros de estudiantes o los parlamentos, cobra sentido como parte de la lucha por que la clase obrera se constituya en sujeto y soldar en la lucha común la alianza obrero-popular con el movimiento estudiantil combativo, los movimientos de mujeres, los pueblos originarios y los pobres de las grandes barriadas. Gracias a esa práctica, ayer hubo una voz alternativa a la de la burocracia en el paro nacional más importante que se haya hecho contra un gobierno kirchnerista.

viernes, 13 de julio de 2012

Unas líneas sobre la situación política, el movimiento obrero y la estrategia de la izquierda


Es un momento bastante peculiar en lo que a la situación política se refiere. Venimos de un período en que la "construcción de autoridad" del oficialismo fue de la mano con la gran política burguesa de recomposición de la autoridad estatal, lo cual redundó en beneficio de la institución del voto y la autoridad presidencial, como se vio el año pasado en las elecciones, donde el gobierno ocupó casi la totalidad del espacio político, frente a una oposición burguesa paupérrima. El régimen político se estabilizaba a medida que el oficialismo acrecentaba su poder.

Esa situación ha empezado a cambiar desde hace varios meses, pero ha pegado un salto con los hechos de las últimas semanas, que han venido dando un particular talante a la crisis política: del anuncio con bombos y platillos de la "expropiación" de YPF a los rumores de renuncia de Galluccio, los "éxitos" del gobierno se vuelven efímeros en la misma medida en que profundiza su política de ajuste.

El recrudecimiento de la interna del PJ, ligado a la lucha de camarillas por la sucesión presidencial, esconde y a la vez afecta dos problemas estratégicos para el régimen: por arriba, si CFK en su enfrentamiento con Moyano y Scioli no va a terminar dinamitando el peronismo como "partido de la contención", lo cual abre interrogantes aún mayores sobre el lejano 2015, ya que el ajuste impuesto y compartido por cristinismo y sciolismo (con perdón de los "ismos" históricos) en la PBA es una política eficaz para limar las aspiraciones del gobernador y la reforma constitucional para un nuevo mandato de CFK parecería descartada. Por este camino, el PJ no tiene carta de recambio, por lo menos con cierta proyección nacional y el cristinismo que no tiene el aparato territorial para cortarse solo definitivamente, tiene el mismo problema.

El otro, de fondo y por abajo, cómo manejar desde el punto de vista burgués la relación con el movimiento obrero (el cual ya de hecho se está empezando a constituir en "oposición social" tanto al cristinismo como al sciolismo) en vísperas de mayores impactos de la crisis internacional en nuestro país. La ruptura de la CGT, con los dos gremios con "posiciones estratégicas" más importantes como Camioneros y Petroleros en cuanto a su capacidad de paralizar el país ubicados en la oposición al gobierno, habla bastante de lo que se puede venir, como de que la burocracia teme lo mismo que el gobierno: por algo Pereyra va de adjunto de Moyano, pero tiene un discurso conciliador hacia el oficialismo y Moyano dice que va a profundizar los reclamos "sin hacer locuras". Pero más allá de las intenciones de los burócratas sindicales, la dinámica de clases es a mayores enfrentamientos.

La política restauradora del kirchnerismo, sin llegar ni de lejos a ser una "revolución pasiva" en el sentido gramsciano clásico del término, tuvo en común con ese mecanismo el desplazamiento de la lucha social en las calles a la gestión política desde el Estado. Con el telón de fondo de la recuperación económica post devaluación y con la colaboración del hoy denostado Moyano, pareció incluso que se resignificaba la identidad peronista del movimiento obrero. Sin embargo, el derrotero de la política oficialista está llevando de vuelta de la confianza en la política estatal hacia la lucha social, que no es otra cosa que lucha de clases. Como se dice acá, lo sustantivo es que se está abriendo un nuevo ciclo de experiencia de la clase trabajadora argentina con el peronismo, con la peculiaridad de que no existen, como en los '70 corrientes "peronistas revolucionarias" y en los sectores del sindicalismo de base el peso del trotskismo es abrumador, aunque son momentos preparatorios y es de destacar que a mayor crisis capitalista surgirán más y no menos mediaciones entre nosotros y las masas de la clase obrera.

Al peronismo, como a todos los fenónemos políticos, se le aplica la máxima de que todo lo que existe merece perecer. Pero cabe recordar que este partido que marcó a fuego la historia argentina ha sabido administrar (por una combinación de viveza criolla, golpe de vista y voluntad de poder) su propia declinación histórica, siguiendo los vientos de la economía y la política internacional. Por eso, lo más probable es que vayamos a un período más convulsivo, caracterizado por el "ya no más" de la hegemonía peronista en el movimiento obrero pero también por el "todavía no" de la conquista de la independencia de clase del proletariado.

Desde este ángulo, las tareas planteadas por la Conferencia Nacional de Trabajadores del PTS, de lucha antiburocrática y por la independencia de clase son precondiciones indispensables para cualquier posibilidad de poder obrero.

Las elecciones del 2013 seguramente serán un termómetro del desarrollo de los elementos arriba mencionados. Si bien en el contexto de la situación argentina no se puede descartar el surgimiento de una izquierda con mayor peso electoral (para lo cual el FIT ya está posicionado), lo central no pasa por ahí.

La apuesta táctica por un desarrollo parlamentario de la izquierda, es subsidiaria (más allá de las intenciones de quienes la sostengan) de la hipótesis estratégica de "gobierno de izquierda", alentada recientemente en Grecia por amplios sectores de la izquierda y la  intelectualidad, incluidos nuestros aliados del PO, con pésimos resultados (esta consigna a su vez es una versión libre y aggiornada de la táctica de Gobierno Obrero del IV Congreso de la III Internacional que de por sí tenía ciertos ribetes gradualistas).

Esta hipótesis (que supone algún tipo de progresión electoral hacia el poder) tiene la dificultad adicional de que en un país como la Argentina, por el peso de la tradición peronista, no existe un "reformismo obrero" (indispensable para una línea así) que sea reformista pero independiente de los partidos patronales, con lo cual no habría posibilidades de reeditar una experiencia como la del gobierno de Sajonia, en el cual ingresaron los comunistas en frente único con la socialdemocracia y cuya defensa frente a la reacción sería el pretexto para desatar la lucha por el poder obrero a escala nacional en el llamado (y fallido) Octubre alemán (1923), siendo esta la versión más revolucionaria posible de un "gobierno de izquierda".

Las experiencias de la clase obrera en nuestro país, desde la Semana Roja hasta las jornadas de julio de 1975, pasando por la huelga de la construcción de 1935 y la huelga general de 1936, la toma del Lisandro de la Torre, el Cordobazo y todos los "azos" y las rebeliones antiburocráticas de 1973/74 plantea lo esencial de la hipótesis estratégica de la dinámica posible del levantamiento obrero más apta para suelo patrio: la huelga general con eje en los grandes centros urbanos, control de las calles y organización de la autodefensa por los trabajadores. Para que esta avanzada de los trabajadores pueda triunfar es necesaria una alianza obrero-popular, que garantice el apoyo de los pobres de las grandes barriadas tanto como de sectores de las capas medias. Y obviamente una dirección política que sostenga esa estrategia, que como planteamos acá, es un partido revolucionario.

Trotsky decía que la huelga general plantea el problema del poder pero no lo resuelve. Por eso no se trata solamente de preparar un "nuevo 19 y 20" o un "19 y 20 + intervención de la clase obrera". Sin embargo, cualquier hipótesis de avance político de la izquierda trotskista no puede estar desligada de la recuperación de las formas de lucha y experiencias más avanzadas de la clase obrera a escala nacional e internacional.

miércoles, 27 de junio de 2012

El Sindicalismo de Base dijo Presente en las calles de Neuquén

(Neuquén 27/06/12) El llamado sindicalismo de base, enfrentado a las conducciones burocráticas de los sindicatos, se movilizó a Plaza de Mayo, encabezado por las Comisiones Internas combativas de la Alimentación como Kraft y Pepsico, apoyando el reclamo contra el impuesto a las ganancias y sumando sus reclamos. En Neuquén, el sindicalismo de base también dijo presente y se movilizó con una columna propia por las calles de Neuquén, participando tanto del acto convocado por la CTA como del de la CGT.

Completo, acá.

lunes, 27 de febrero de 2012

Carta abierta del Poke Hermosilla a Horacio Verbitsky



Nos sumamos a la difusión de esta carta del Poke que responde a lo que dijo Verbitsky ayer en Página 12, contradiciendo sus propias posiciones de columnas anteriores sobre el Proyecto X. 



                                       Buenos Aires, 26 de Febrero de 2012

Me veo en la obligación de escribirle esta carta, en el marco de la difícil situación por la que estamos atravesando muchos luchadores sociales que estamos siendo, no solamente perseguidos y enjuiciados, sino ahora también, ilegalmente espiados; ya que por segunda vez consecutiva Ud. cita mi nombre en su columna dominical del diario Página 12.

Estas persecuciones y espionaje, que luego terminan en causas armadas en la justicia, tienen para mí graves consecuencias. Me han significado 11 causas penales en mi contra y un embargo que llegó a $290 mil, cuando mi salario, señor Verbitsky, es de $4 mil. Esto por el único hecho de defender a mis compañeros de trabajo ante la multinacional Kraft. Por ello sigo con atención la información referida al espionaje que, como hemos denunciado, realiza la Gendarmería sobre organizaciones sociales, obreras y políticas. Ud. escribió hace una semana, en su columna del domingo pasado, que “La defensa de Schenone (Jefe de la Gendarmería) de que sólo actuaron por indicación judicial es menos sólida de lo que parece. Por más que la firme un juez, la orden de hacer Inteligencia sobre trabajadores en huelga o movilización es ilegal”. En esa misma columna explica que el Protocolo de actuación de fuerzas de seguridad y policiales en manifestaciones públicas sentencia que  “Todo el personal de seguridad debe lucir una identificación clara que se advierta a simple vista y respetar en cada etapa del operativo la Ley de Inteligencia Nacional” y termina afirmando claramente que “Antes de que concluya la auditoría, parece evidente la contradicción entre esta línea central de trabajo y los procedimientos con anuencia judicial que ha estado realizando la Gendarmería. La Ministra Garré, en su conferencia de prensa, no dijo nada sobre esta forma ilegal de proceder de la Gendarmería. Por si fuera poco Ud. afirma tajantemente que el Jefe de la Gendarmería, Schenone, es “uno de los hombres de la DEA en la Argentina. Sin embargo lo que era “evidente” hace apenas siete días, a la semana siguiente ya no lo es tanto y la defensa de Schenone que era “poco sólida”, de repente se volvió fuerte y termina escribiendo la lamentable frase de  que la persecución es “un estigma político, no legal”. Usted titula su columna de hoy con un “Ni uno”, pretendiendo negar sin investigación alguna, el espionaje de la Gendarmería, que había aceptado como “evidente” la semana anterior. ¿Puede llegar a tanto su alineamiento con la ex vice ministra de la Alianza, Nilda Garre, como para negar una semana lo que afirmó la anterior? Las causas que pesan en mi contra son reales, señor Verbitsky, y los embargos que se me quieren imponer, inalcanzable para mi sueldo de obrero ¿le parecen a usted solo un “estigma político”?

En segundo lugar, al insistir Ud. jocosamente, en dos oportunidades, con el “chiste”  de que yo estaría “alienado” a tal o cual organización política y sabiendo que Ud. se proclama amigo y admirador de ese gran periodista que fue Rodolfo Walsh, una cosa queda clara: más allá de las diferencias políticas podamos tener con R. Walsh, éste nunca se hubiera burlado de esa manera, de una victima de espionaje y mucho menos ridiculizarlo a él y a su partido.

Contrariamente, estaría revisando un “alineamiento incondicional” con un gobierno responsable de 17 muertes por protestas sociales “en democracia”, incluida la de Mariano Ferreyra  – a manos del sindicalismo patotero, muchas veces elogiado por CFK -, o los miembros de la comunicad Qom en Formosa, que trató de meter preso al delegado ferroviario Rubén Sobrero (en otra vergonzosa causa armada) para castigar a  los  trabajadores que  denunciaban la complicidad objetiva del gobierno  y la empresa de Cirigliano  en el Ferrocarril Sarmiento y ahora se ha transformado  en cómplice  de la masacre de más de 50 hermanos de clase en la Estación Once. Es más, me atrevería a decir que como lo hizo en varias de sus valiosas investigaciones, estaría preocupado por develar quienes son los responsables de estos crímenes y no ocultando, mintiendo, a lo que ahora le suma el “plus” de burlarse de delegados obreros perseguidos y espiados, demostrando “involuntariamente”, que distancia moral  lo separa  con su admirado  R. Walsh. y muy alejado  de ese compromiso con la verdad “para dar testimonio en los momentos difíciles” (Carta Abierta a la Junta Militar).

Javier “Poke” Hermosilla, delegado de los trabajadores de Kraft y militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS)

(PD: como los dichos las afirmaciones de Verbitsky, pretenden banalizar mi trayectoria y mi buen nombre y honor, como representante de los trabajadores y como militante, solicito a la redacción de Página 12 me otorgue el “derecho a réplica” y publiquen esta carta)

viernes, 17 de febrero de 2012

domingo, 1 de enero de 2012

Los imponderables, la incertidumbre y la coyuntura estratégica

La represión y la crisis política en Santa Cruz primero y la muerte de Soria después son indicios más que elocuentes de que el 2012 va a ser un año movido. La primera marcó un retroceso para la política del gobierno nacional hacia los trabajadores estatales y mostró una crisis que combina la política derechista en curso, su contradicción con el discurso "progre" de la juventud del cristinismo y la resistencia de los trabajadores. 

La segunda deja un gobierno provincial muy debilitado, con un gobernador del Frente Grande (Weretilnek) escoltado por el aparato del PJ y un plan antiobrero recién aprobado en la legislatura que habrá que ver si pueden aplicar (cuentan siempre a su favor con los pechos más fríos del mundo que ostenta la burocracia sindical local). Sapag, por su parte, tendrá que pensar mejor si trata de hacer lo mismo que Soria, según como le vaya al gobierno rionegrino que queda, teniendo en cuenta que el nivel de beligerancia de los trabajadores neuquinos es mucho mayor que el de sus hermanos de clase del otro lado del puente.

La muerte de Soria fue uno de esos imponderables que surgen desde fuera de la política y se transforman en hechos políticos. 

La crisis que se abre en Río Negro, en lo inmediato puede no tener implicancias nacionales muy significativas, pero con la única condición de que el escenario de Santa Cruz no se repita en otras provincias durante el 2012 (cosa que parece difícil en función de los magros salarios de estatales y docentes, aunque por ejemplo en Neuquén la burocracia kirchnerista de ATEN provincial ya pactó el aumento del 17% en dos cuotas contra su propia base y a tono con la política oficial). 

Sea por imponderables que surgen o por el duro acero de las relaciones de fuerzas, la política tiene un alto componente de incertidumbre, sobre todo cuando se trata de pasar ataques a las conquistas de los trabajadores, que por esas mañas que tenemos los  asalariados, solemos ser renuentes a que nos dejen "en bolas". Y los imponderables, tanto como la incertidumbre resuelta en retrocesos pueden generar más crisis política. 

En ese marco de posibles y más grandes crisis políticas por arriba, reside una importante oportunidad para el desarrollo del sindicalismo de base y clasista, que tenga como expresión en la vida política nacional a una izquierda enraizada en la clase trabajadora. Será esta una importante tarea para el FIT.

El peronismo ha construido, trabajosamente y utilizando el aparato estatal, un amplio entramado para reducir la incertidumbre a los mínimos aceptables según los vaivenes de la situación internacional y la marcha de la economía, compuesto de los aparatos sindicales, territoriales y policiales. En épocas de vacas gordas, la tarea les resulta más sencilla y el poder parece reducirse a una buena planilla de Excell, como se dice en la blogósfera mazorquera, en referencia a la contabilización de guita y votos.

Cristina Kirchner viene dando señales de querer tomar distancia de ese entramado que la sostiene con mutuos recelos, empezando por Moyano en particular pero con el objetivo de limar el poder de negociación de los sindicatos e imponer un ataque en regla a las condiciones de vida de la clase trabajadora como objetivo de fondo.

Sin embargo, los primeros datos que surgen en este comienzo de año, parecen indicar que el gobierno equivocó la lectura de la coyuntura estratégica, es decir leyó la coyuntura de gran fortaleza que implica el 54% de los votos como una resolución del problema estratégico de cuál es su base de sustentación en el largo plazo. De esta forma emprende ataques contra los trabajadores al mismo tiempo que contra el aparato que le ha servido hasta acá para contenerlos. Y si bien el aparato peronista necesita a Cristina Kirchner y se ha colgado de su popularidad, tan cierto como eso es que la presidente no tiene con qué reemplazarlo, salvo que quiera elevar la incertidumbre de la política a niveles aún mayores. 

Y, como dice el detective Marlowe, gran artesano de la incertidumbre, héroe y antihéroe de la novela negra, no hay peor trampa que la que uno se tiende a sí mismo

martes, 13 de diciembre de 2011

La nueva etapa cristinista, el movimiento obrero y la izquierda

La asunción de Cristina al frente de la presidencia de la Nación durante un nuevo período, el contenido de su discurso, los debates del XII Congreso del PTS y la asunción de la banca del FIT en Neuquén, con fuerte impronta de la lucha ceramista, dejaron varios temas para seguir pensando. Algunos los intentaremos abordar en este post. 

Cristina piensa que puede hacer "la gran Menem" dosificadamente y con otro discurso. Ganó prometiendo el Nunca Menos y ahora reclama el fin de las huelgas y los reclamos obreros. Eligió su blanco con toda claridad. Pero quizás en este rumbo elegido se ponga a prueba la diferencia entre la realpolitik peronista y el politicismo frepasista abstracto, es decir la diferencia entre un aparato de control que conoce las fuerzas materiales bajo su mando y una lógica de la política mediática, que con la foto del 54% en mano, actúa sin tropa propia suficientemente cohesionada y extendida. NK fue un exponente de la primera variante ¿Lo será Cristina de la segunda? Cuenta a su favor con el conformismo social extendido, conquistado durante los últimos años. La crisis internacional, la relativa recomposición de las fuerzas del movimiento obrero y la crisis de la burocracia sindical, le juegan en contra.

La pelea con Moyano, que podría ser la punta del iceberg de una relación de crisis con la burocracia más de conjunto, tiene distintas aristas. Tomaremos para la reflexión el hecho de que el gobierno necesita sindicatos disciplinados que garanticen la aplicación en la base del "giro a la derecha". Pero el desprestigio de la burocracia en el contexto actual, hace muy difícil que estos "buenos muchachos" puedan bancar un ciclo de "transformismo" filo-menemista, que podría generar en otros gremios movidas como la que golpeó de lleno a  Daer en el STIA, donde brilla ese exponente del sindicalismo de base, clasista y de izquierda que es la comisión interna de Kraft. Si los costos políticos del ajuste pueden ser grandes para Cristina, mayores aún lo serán para los burócratas sindicales.
 
En este sentido, si Moyano pasase a la oposición abiertamente, cabe destacar que algunos paros nacionales bien organizados, estando o no a la cabeza de la CGT,  podrían limar el 54% en proporciones no menores, según el nivel de generalización del descontento con las nuevas medidas del gobierno que van a impactar (quita de subsidios) de lleno en los sectores medios. Las acciones de envergadura de sindicatos con peso en la distribución como Camioneros crearían un escenario de confrontación que podría compararse con el combate en la llanura que describe Clausewitz. Cada acción a nivel nacional, tendería a crear mayor homogeneidad en las filas obreras, extendiendo la politización contra las medidas del gobierno y un cierto sentido común de resistencia sindical receptivo a las ideas de la izquierda. Con la cobertura de los paros generales, la izquierda clasista podría avanzar sobre la base de que el proletariado se vuelve actor en la escena política nacional. La burocracia en este caso controlaría más por arriba que por abajo, con el riesgo de que el movimiento generalizado la rebasase en los lugares donde tiene más crisis y se extendiera el sindicalismo de base.

Si no hay acciones nacionales porque Moyano termina negociando y se dan conflictos parciales más o menos aislados, aunque existan tendencias a la generalización que la burocracia intentará ahogar (pienso por ejemplo en docentes y estatales) los combates de clase tendrán más fisonomía de lucha de montaña, porque a falta de una acción centralizada común y homogénea, la iniciativa de cada combatiente será la principal reserva material y moral de la clase obrera, teniendo como protagonistas a las comisiones internas y cuerpos de delegados. En un escenario así, puede haber más derrotas duras por concentración de fuerzas enemigas en un punto más o menos aislado (como Casino y Maffissa), pero también posibilidades de que los avances de la izquierda sean profundos producto de la intensidad de las luchas y del desprestigio de la burocracia, fogueándose una vanguardia más dura del sindicalismo de base y clasista, que si sobrevive a los golpes que seguramente sufriremos en un escenario como el descripto, será un activo muy importante en caso de un proceso de luchas más generalizadas en un futuro más bien cercano.

Ambos escenarios podrían darse en forma combinada, dando lugar a hibridaciones diversas de "llanura" y "montaña" (que pueden coincidir parcialmente con las categorías de combate de maniobras y combate de posición, por ej. grandes huelgas nacionales combinadas con recuperaciones de internas o conflictos aislados) en las cuales podrá avanzar el sindicalismo de base, clasista y de izquierda en extensión y profundidad. 

Queda el problema de la experiencia con el peronismo en el poder.  Sigue planteado el tema de que "sobran sindicatos y falta burguesía nacional". Es decir, que se plantea para el peronismo el dilema de cómo resolver la contradicción con su base obrera que se resistirá a la degradación de sus condiciones de vida, sin tener otra forma que no sean los ataques más o menos directos.

Suponiendo que los gobernas feudales y los intendentes mazorqueros se mantuvieran leales en un escenario de disminución significativa de la popularidad del gobierno, éste buscaría compensar el descontento de los asalariados con el apoyo de los pobres urbanos, lo cual se preanuncia en el tratamiento que hace Cristina de ciertos conflictos como el del Subte y esconde embrionariamente la forma desarrollada de un enfrentamiento a muerte entre una izquierda con peso en los lugares de trabajo y el movimiento estudiantil y un peronismo con peso territorial, que buscará imponer mediante derrotas la transformación de una franja significativa de los asalariados en nuevos pobres urbanos, a los que sin duda será necesario controlar con más gendarmes y policías.

El peronismo no va a caer por el peso de sus propios elementos de descomposición. Ha demostrado una notable capacidad de maniobra y adaptación a las circunstancias. Si Cristina se separa aún más del PJ tradicional para congraciarse con las capas medias, a su manera lo estará preservando.Y el PJ cuenta con un aparato que, si bien no se caracteriza por la militancia ad honorem, está donde tiene que estar y hace lo que tiene que hacer para mantener el orden. Por eso, la pelea por influenciar, dividir y quebrar la base territorial del peronismo será durísima y exigirá una concentración enorme de fuerzas en los lugares de trabajo y los espacios juveniles, que permita golpear sobre los barrios, por abajo, mientras la clase trabajadora golpee por arriba con acciones nacionales de envergadura.  

Respecto del FIT, se confirma la hipótesis de desarrollo de la izquierda por la vía de las luchas obreras. La dureza que se anuncia hacia el movimiento obrero ubica el escenario de confrontación esencialmente más afuera que adentro del parlamento. 

Quizás más adelante se imponga la consigna de un Partido de Trabajadores frente al surgimiento de sectores obreros tendientes a la independencia de clase pero sin tradición de izquierda. Todavía es música del futuro. 

En lo inmediato, está planteado asociar el FIT a la resistencia obrera, amplificando la idea de la campaña electoral como izquierda que defiende los derechos de los trabajadores. Batallando por la independencia de clase, está planteado estructurar fuertes corrientes clasistas en los sindicatos como parte de la construcción de un partido con una estrategia de hegemonía proletaria clásica. 

La banca conquistada en Neuquén es una gran tribuna en la región para defender esta perspectiva a nivel nacional.