jueves, 1 de marzo de 2012

Entrevista con Eduardo Gruner

Posteo entrevista publicada en el último número de La Verdad Obrera.  


A pocas semanas de cumplirse los 30 años de la ocupación de Puerto Argentino, se ha reavivado el debate sobre Malvinas. Desde el gobierno se ha destacado como “causa nacional” al mismo tiempo que se resaltaba el “buen trato” a las multinacionales inglesas. A su vez, un grupo de intelectuales entre quienes están Beatriz Sarlo, José Sebreli, Emilio de Ipola y Luis Alberto Romero, sacó un pronunciamiento donde se impugna el reclamo de soberanía argentina sobre las islas. ¿Cuál es tu opinión sobre este debate y las posiciones que surgieron?

El documento de esos intelectuales es un manifiesto… despropósito, para decir lo menos. Fundar la crítica a la política del gobierno sobre Malvinas en el argumento de la “autodeterminación” de los llamados “kelpers” es un mamarracho lógico, político, ideológico y hasta jurídico –aún si nos atenemos a la juridicidad “burguesa” internacional-. Desde siempre, el derecho de autodeterminación es para las naciones, pueblos o grupos ocupados, no para los ocupantes . Si estos intelectuales fueran consistentes, deberían demandar la devolución de Argelia a Francia en nombre de la autodeterminación de los pieds noirs, o el absoluto respeto a la autodeterminación de los colonos israelíes en la Franja de Gaza, o de las tropas yanquis en Irak y Afganistán (después de todo, esos pobres hombres hace años que están allí trabajando ¿no?). ¿Y de los irlandeses que hace 800 años que luchan por su autodeterminación, no tenemos nada que decir? En fin, de este “argumento” ni vale la pena ocuparse. Lo que sí es preocupantemente sintomático es que los firmantes elijan justamente ese punto indefendible para oponerse al gobierno. Quiero decir: hubieran tenido muchas otras cosas de que agarrarse, bastante más gruesas. Podían haber señalado, por ejemplo, el contrasentido entre las declamaciones patrióticas y las excelentes relaciones con las multinacionales británicas (y no sólo ellas, claro), incluyendo las de la megaminería, el petróleo o las finanzas. O entre las diatribas contra el colonialismo en nombre de la democracia y la igualdad, y el sometimiento de nuestra soberanía a organismos internacionales para dictar nada menos que leyes “antiterroristas”. Pero nada de eso se menciona, y menos aún se coloca el debate en el contexto de un conflicto con un gobierno decidida y multisecularmente colonialista e imperialista como han sido todos los gobiernos británicos. Al contrario, se usa el mismo argumento de Cameron. Solo falta que digan que los colonialistas somos nosotros . Dadas esas omisiones y este argumento, sólo cabe una conclusión: es una declaración nítidamente de derecha, proimperialista, procolonialista o como se quiera decir (a propósito no digo “pro-británica”, porque “británicas” son asimismo las masas populares que resisten en las calles británicas los bestiales ajustes de Cameron y de las clases dominantes igualmente británicas, y si se quiere hablar de “intelectuales”, británicos son E. P. Thompson, Eric Hobsbawm, Raymond Williams, Terry Eagleton, Perry Anderson y etcétera , para no mencionar a Shakespeare y los Rolling Stones). Para colmo, se empieza recordando el desastre de la guerra de 1982, implicando que las canalladas de la dictadura militar deslegitiman cualquier política de recuperación de nuestros territorios ocupados. O sea, el viejo truco ideológico de la “parte por el todo”, que tan bien conocemos los intelectuales desde los sofistas presocráticos. Otra cosa, insisto, hubiera sido decir que ningún gobierno burgués va a poder llevar adelante consecuentemente la lucha por esta o muchas otras justas causas nacionales, porque tarde o temprano va a chocar con los límites del “modelo”. Si no se dice eso, y sean cuales sean las intenciones subjetivas de algunos de los firmantes (que no estoy en condiciones de juzgar) esa declaración es un para mí inexplicable disparate. 

Completo, acá.