martes, 1 de mayo de 2012

La Tercera Internacional y la "revolución pasiva" (sobre la Lección Séptima de José M. Aricó)




Acá en Neuquén hicimos la movida del 1º de Mayo por la mañana, así que me quedó un rato para leer y obviamente tuve que volver a la faena de las 9 Lecciones sobre economía y política en el marxismo, dejando para más tarde una novela de Mankell

A esta altura, a los valientes que siguen leyendo los comentarios acerca de este libro, les digo lo siguiente: Aricó tiene una suerte de tendencia decreciente de la tasa de buenos argumentos, o sea, empeora en sus contenidos a medida que se aleja de la teoría y se mete en la estrategia. Otra cuestión importante es que al no tener ninguna apropiación o lectura seria del pensamiento de Trotsky, Aricó termina "inventando la pólvora" en debates que hace contra la Internacional Comunista, desconociendo planteos de Trotsky que contemplan gran parte de lo que afirma el pensador cordobés, aunque desde una óptica totalmente distinta. 

El núcleo principal de la Lección Séptima, previa reconstrucción de los debates que se dieron entre 1890 y 1920 sobre el destino del capitalismo, es que a pesar de que Lenin era enemigo de la teoría del derrumbe inevitable del capitalismo porque consideraba que no había situación sin salida para la burguesía, su teoría del imperialismo, con el supuesto de la crisis general del capitalismo y la actualidad de la revolución sentó las bases para una concepción predominante en la Internacional Comunista en la cual la caída del capitalismo estaba a la orden del día y no fue posible ver los procesos de restructuración del capitalismo que se expresaban en la república de Weimar (nuevo rol del Estado en la organización de la producción) y el americanismo (desarrollo de la técnica de producción industrial al cual se relacionan ciertos mecanismos de racionalización de la población). Algo parecido planteaba Portantiero en Los Usos de Gramsci, que criticamos acá, donde además retomamos los debates del Tercer Congreso entre Lenin y Trotsky y los "comunistas de izquierda". 

Me parece pertinente debatir con la reconstrucción que hace Aricó sobre los obstáculos epistemológicos a los que habría estado sometida la Internacional Comunista, los cuales la llevaron a una política sectaria en lo que se conoce como el "tercer período" que permitió el ascenso del nazismo alemán. 

En primer lugar, la teoría del imperialismo no suponía para Lenin que la época de crisis, guerras y revoluciones fuera una época de crisis, guerras y revoluciones ininterrumpidas o constantemente en acto. En este sentido, no es cierto que la única diferencia entre Lenin y los ultraizquierdistas alemanes, que caracterizó el Tercer Congreso de la Internacional Comunista, fuera únicamente a propósito de la política de alianzas. Lenin planteó claramente que después de las derrotas de Italia, Polonia y Alemania, en 1921 la burguesía había recuperado el control de la situación luego de un período en que se encontraba paralizada producto de la ofensiva de la clase trabajadora que tenía su hito máximo en la Revolución Rusa de Octubre de 1917. 

Asimismo, la Internacional Comunista, principalmente en análisis de Trotsky incluidos en sus Escritos Militares y que citamos acá, planteaba no solamente la necesidad de la táctica del Frente Unico por el objetivo político de ganar a las masas bajo influencia de la socialdemocracia sino también como una táctica que formaba parte de una hipótesis estratégica (provisoria y no inamovible) que oponía la dinámica de la revolución en Europa Occidental a la de Rusia: Primero guerra civil y después toma del poder. Desde ya que esta hipótesis provenía de un cálculo de probabilidades y no tenía viso alguno de "bola de cristal". Podía darse o no. Pero es importante destacar esto en función de que la reconstrucción del clima de ideas de la III Internacional que realiza Aricó prescinde de este aspecto. 

En segundo lugar, tampoco es cierto que haya sido solamente Gramsci el que asignó importancia a los mecanismos de reconfiguración de las formas estatales en los años '20 y '30 o al fordismo-americanismo. Trotsky abordó estos problemas en reiteradas oportunidades, analizando los cambios de las formas estatales desde la constitución de Weimar hasta el nazismo, pasando por las distintas formas bonapartistas que adquirieron los gobiernos alemanes previos al ascenso de Hitler, las formas del Estado soviético bajo el mando de la burocracia o de los distintos gobiernos desde reformistas a bonapartistas del Frente Popular en España y Francia, el significado del New Deal o el proceso de estatización de los sindicatos a escala mundial. Y también reflexionó sobre la importancia que tenía el rol de Estados Unidos como potencia, tanto desde el punto de vista de su superioridad económica como desde el punto de vista de las relaciones entre Europa y Estados Unidos como causa probable de nuevos estallidos revolucionarios, crisis y guerras, en particular de cara a los preparativos de la Segunda Guerra Mundial. Estos procesos tuvieron un rol de reconfigurar las relaciones entre economía y política en el capitalismo y algunos de ellos se expresaron más claramente después de la Segunda Guerra Mundial, mediante el "Estado de bienestar", pero para Trotsky (a diferencia de Gramsci) los mecanismos mediante los cuales el capitalismo sobrevivía a su propia crisis, estaban enmarcados en las tendencias hacia la guerra, originada en la lucha interimperialista que la Primera Guerra Mundial no había resuelto sino puesto en un impasse

Lo que determinó la acción de la Internacional Comunista de 1924 en adelante no fue una incomprensión del desarrollo de las formas de reconfiguración estatal, que Trotsky por otra parte analizó, sino una incomprensión del carácter de la época imperialista y de la primacía de la estrategia contra las diversas formas de fatalismo, a lo que se sumó desde 1925 y sobre todo a partir de 1928 la necesidad de conciliar la adhesión formal al internacionalismo con la "teoría del socialismo en un sólo país" (jamás nombrada por Aricó), que se basaba en una dislocación de las tendencias a la interdependencia inherentes a la economía mundial en lo teórico y en las presiones de las capas más conservadoras de la sociedad soviética desde el punto de vista material. En este marco, el llamado "tercer período" era un intento de silenciar las conclusiones estratégicas de la política derechista anterior llevada adelante por la Internacional Comunista entre 1925 y 1927, que llevó a la derrota de la revolución en China y se basaba a su vez en una errónea lectura de las relaciones de fuerzas entre la clase obrera y el fascismo, así como de la naturaleza de éste último como fenómeno político reaccionario. 

Al pasar por alto estos aspectos centrales del derrotero de la Internacional Comunista, Aricó establece una suerte de continuidad teórica entre Lenin y el stalinismo, que flaco favor le hace al fundador del Partido Bolchevique.