viernes, 6 de septiembre de 2013

Borges, Perón y el pasado que no vuelve

Mi amigo Fernando Rosso me hizo llegar este artículo de David Viñas, que dada mi ignorancia habitual sobre muchísimas cosas incluido Viñas, no conocía. 

Es interesante que le encontró una vuelta distinta a la discusión sobre peronismo y antiperonismo alrededor de la comparación entre las figuras de Perón y Borges y en definitiva cómo ambos expresan, a modo de cara y contracara, lo más que dio el pensamiento burgués sobre cómo conducir la nación argentina.

Para continuar la reflexión desde otro lugar, creo que una gran diferencia entre Borges y Perón es aquella referida al "rol del intelectual". Borges podría encuadrarse en lo que según el análisis gramsciano de los intelectuales se considera un "intelectual tradicional". Más allá de sus posicionamientos políticos, siempre consideró que su función estaba más allá de la política. Su literatura tiene un sesgo intelectual pronunciado que se expresa en las permanentes demostraciones de erudición (muchas veces innecesarias en lo que hace al desarrollo del relato) y las incursiones de la reflexión sobre filosofía, metafísica, religión y cuestiones por el estilo. Puede argumentarse que realizar una conferencia sobre Swedenborg en plena dictadura o pronunciarse a favor de la censura contra la película inspirada en su relato La Intrusa, son posicionamientos de por sí fuertemente políticos. Pero creo que Borges no estaba interesado en tales asuntos.

Perón aparece en cierto modo como lo contrario de Borges. Lejos de la figura de un intelectual tradicional, si bien salido de la burocracia militar, es más parecido a un "intelectual orgánico", porque traspasa su función previamente establecida para su categoría social, toma en sus manos la "conducción política" y se propone administrar la "anomalía" del movimiento obrero argentino. Pero como el bonapartismo es "inorgánico por definición" (ya que al elevarse por encima de las clases para defender el interés burgués no siempre lo hace con el beneplácito de la burguesía), en realidad es una hibridación de las dos figuras, la del intelectual "tradicional" y la del "orgánico".

Con todo, son dos figuras de un pasado que no se va a repetir. La decadencia de las "clases altas" tiene su expresión en que los chetos se segregan cada vez más, pero no están imbuidos de ninguna aspiración de tallar en la "alta cultura" y la búsqueda de universalidad por los escritores argentinos (por lo menos los que yo conozco) es en la actualidad mucho más modesta. La reciente historia argentina hace imposible la unidad de supuestos (e inexistentes) "militares anti-imperialistas" con el movimiento de masas y el peronismo, sometido a diversas configuraciones durante las últimas décadas, está pasando de la "izquierda posible" a la "derecha aceptable", a pasos acelerados. 

Borges y Perón son dos postales de una Argentina que no existe más.