domingo, 29 de mayo de 2011

Intermezzo (anti) poético


Homenaje

Me dijiste qué lástima que te vas,
cumplís un rol importante acá
porque me ayudas a levantarme.
Fue nuestra última conversa cara a cara
Después le dejamos al teléfono
la transmisión de palabras
entre dos cabezas intraducibles.
El mes siguiente fui a verte 
a tu prisión de tubos y cables.
Aunque no podías hablar
escuchaste con atención la lectura
del primer capítulo del Quijote.
Fue un humilde ejercicio de esgrima
con que el discípulo rindió homenaje al maestro.


 Ronin


Soy pésimo para dibujar. En eso
no me va la paciencia oriental,
pero una vez dibujé
un samurai, con su katana
y su atuendo tradicional.
La psicopedagoga me dijo
que bajara de la palmera.
Después crecí y entendí
que los samurais
eran una casta conservadora.
Y la psicopedagoga
una pelotuda.


Musashi


Me froté las manos y apoyé una en tu frente.
Estabas semiconsciente y te dormiste.
Con mi nula vocación de carcelero
até tus manos a los costados de la cama
con nudos intrascendentes.
Me fui con la vieja a tomar el 7
pensando en tu larga vida
y recordé aquello
de creer en buda y las divinidades
pero no contar con ellos. 


Hagakure

Caer siete veces y levantarme
a la octava. Hacer un último ataque
con la cabeza cortada,
lanzado al combate
como un fantasma vengador.
Convertirme en puro espíritu
por una muerte honorable.
Despertarme
para entrar a laburar a las 7:30


Kamikaze

La novelas de Kawabata
hablan de cómo las costumbres y los jardines
sobreviven a los individuos. 
Ventajas del ceremonial
sobre las metafísicas de la subjetividad.
Por eso los japoneses
dicen los nombres como en la colimba:
Kawabata Yasunari ¡Presente Señor!
Firme al lado de la cocina a gas.