martes, 25 de marzo de 2014

Peter D.Thomas y la filosofía del marxismo




Los Galos de Asterix estamos leyendo, de forma cooperativa junto con El violentooficio, el libro de Peter D. Thomas The Gramscian Moment - Philosophy, Hegemony and Marxism, con el propósito de realizar diversos comentarios críticos de la propuesta teórico-política del autor (estamos preparando un artículo para el próximo número de la revista Ideas de Izquierda, más centrado en las cuestiones de hegemonía y partido).


Según cuentan nuestros amigos europeos, el libro ha generado un fuerte debate entre los intelectuales y la izquierda, que ha vuelto la mirada hacia el pensamiento de Gramsci.

Primera cuestión: el provincianismo es un mal que aqueja a la teoría (o a los teóricos). Esto se expresa en el desconocimiento de los desarrollos teóricos que son convergentes pero no tomados en cuenta. En esta especie de "cadena de provincianismos" se perpetúa el estancamiento del marxismo como "marxismo académico", dividido por tradiciones nacionales y con más apego a las rentas universitarias que al desarrollo de enfoques de conjunto sobre asuntos teóricos. 

En el caso que nos ocupa, salvo en los ambientes donde se siguen los estudios gramscianos, en Inglaterra y Francia la imagen de Gramsci ha sido mediatizada por las críticas que le realizara Althusser en Contradicción y Sobredeterminación y Para leer El Capital. La implicancia que tiene esto es que en muchos casos se considera a Gramsci una especie de "subcapítulo" del "subjetivismo" de Lukacs (ver por ejemplo The Algebra of Revolution de John Rees). Thomas tiene un mérito en este contexto, que es el de buscar romper los límites de la tradición nacional. 

No obstante, esta diferencia en la "recepción" de Gramsci (acá tuvo en su momento peso el enfoque de Althusser, pero no impidió el desarrollo de una tradición gramsciana más o menos libre de esa "contaminación"), es lo que hace que en algunos casos, las cuestiones que plantea Thomas puedan resultar más novedosas para sus lectores europeos que para el lector argentino más o menos familiarizado con la obra de Gramsci y de sus seguidores vernáculos. 

Thomas parte de señalar la necesidad de leer a Gramsci, teniendo como referencia la polémica que contra este realizara Althusser, pero sin comprar la versión que el teórico estructuralista/stalinista francés creara sobre el pensamiento de Gramsci como un subjetivismo/humanismo/anticientificismo. 

En ese marco, Thomas plantea, siguiendo a André Tosel, que la polémica de Althusser contra Gramsci y más en general la oposición del "momento althusseriano" y el "momento gramsciano" fue el último gran debate teórico en el marxismo. Thomas define el "momento gramsciano" propiamente dicho al proceso de elaboración por Gramsci de la idea de que la teoría y práctica de la hegemonía por Lenin es un hecho filosófico (previamente Gramsci define la teoría de la hegemonía como un "evento metafísico"). 

Y efectivamente, Althusser y Gramsci (más allá del intento de Althusser de copiar la temática de la "organización de la cultura" mediante los mucho menos atractivos "Aparatos Ideológicos del Estado" que tanto daño hicieron al marxismo, como beneficios generaron a los asaltantes de cargos públicos), representan una especie de antítesis desde el punto de vista teórico, aunque Thomas intenta demostrar que la posterior evolución de Althusser se acerca mucho más a Gramsci, de lo que aquel hubiera querido reconocer y de hecho nunca reconoció. 

Ubicada la polémica en un plano téorico (concepción sobre el carácter científico del marxismo, materialismo histórico y dialéctico, etc), Thomas sostiene que más allá de su rigurosidad "científica" lo de Althusser termina en una defensa más o menos sofisticada de la "ortodoxia" stalinista (más conocida como DIAMAT). Althusser es un adversario "fácil" desde ese punto de vista, aunque muy fuerte por su peso en la intelectualidad británica y francesa.

Hemos planteado acá, que Gramsci fue el impulsor de una "ortodoxia que no fue", rescatando algunos de sus planteos en el plano filosófico. 

Sin embargo, el rescate de tales planteos por los gramscianos suele hacerse junto con la reproducción de ciertos lugares comunes, de los cuales Thomas sostiene uno bastante conocido: la oposición de "materialismo dialéctico" y "filosofía de la praxis", transformando a cualquiera que utilice la primera expresión en un partidario de la metafísica stalinista de las "leyes más generales" que regirían desde la composición de la 9ª de Beethoven hasta la digestión de un sandwich. 

En particular, cuando reivindica a Gramsci y su rescate del planteo de Antonio Labriola del marxismo como una concepción del mundo independiente de las restantes "cosmovisiones", Thomas señala que aunque Trotsky fuera lector de Antonio Labriola (antecedente de la posición de Gramsci en muchos aspectos), está muy próximo a la posición "filosófica" del stalinismo. 

Y aquí se vuelve a caer en otro vicio gramsciano (aunque no tanto de Gramsci): la "traducibilidad de los lenguajes", que permitiría a Gramsci dialogar con Croce pero superarlo dialécticamente en su relectura del marxismo, no se aplica a ningún otro pensador. Del mismo modo, la posibilidad de resignificación de viejos términos en un discurso teórico nuevo se aplica solamente a Gramsci, lo cual permite sostener todas sus "apropiaciones" de términos y conceptos provenientes de tradiciones no marxistas. Por eso, cuando comentan las Tesis sobre Feuerbach, los gramscianos suelen hacer hincapié en la praxis (lo cual es correcto) pero no en el concepto de "nuevo materialismo" (lo cual es incorrecto). 

Según esta forma asimétrica de entender la teoría, cuando Gramsci habla del momento "ético-político" hace una "traducción" genial, pero cuando Trotsky habla de "dialéctica materialista" o "materialismo dialéctico" estaría hablando de lo mismo que Stalin o sea que que es lo mismo quien se pregunta por las afinidades del marxismo con el darwinismo y el psicoanálisis y establece puntos de contacto sin plantear relaciones mecánicas que aquellos que se dedicaron a desfigurar el marxismo como un conjunto de leyes que garantizaban la infalibilidad de la burocracia. 

Por razones de espacio resulta difícil profundizar suficientemente en el asunto en este post, pero creo que en líneas generales la oposición entre "materialismo" (sea "materialismo dialéctico" o "dialéctica materialista") y "filosofía de la praxis" es más o menos estéril, por varios motivos. 

En primer lugar porque cuando Gramsci dice que hay que hacer hincapié en el término "histórico" de la expresión "materialismo histórico", desconoce la reivindicación de un "nuevo materialismo" por Marx. En este contexto, desde el punto de vista teórico, el materialismo es condición de posibilidad para la praxis (recordemos la crítica de Marx al "lado activo" del idealismo alemán). 

En segundo lugar porque en Gramsci hay una cierta tensión entre la utilización de la mediación de la praxis y la del lenguaje en la construcción del conocimiento. Esto que correctamente apreciado aparece como las limitantes históricas de la construcción de un discurso científico en lucha por la objetividad, requiere una relectura desde el prisma del marxismo clásico. 

Si solamente hablamos de praxis, caemos en una concepción "expresiva" similar a la de Korsch, de las relaciones entre teoría y práctica. Pero haciendo hincapié en el carácter "metalingüistico" de ciertos conceptos (por caso, la objetividad), podemos caer en una concepción meramente semántica de la teoría. Si bien Gramsci se mantiene más o menos equidistante de ambos extremos (o más o menos cerca de ambos, según se mire), lo cierto es que después de años de sobreabundancia de los enfoques "linguísticos", su propia tendencia en tal sentido debe ser releída bajo la óptica del Marx de La Ideología Alemana, que junto con Engels se propuso construir un discurso polémico y a la vez científico, que partía de la desmitificación del discurso filosófico y llegaba a la redefinición de la concepción de la historia, la teoría y la relación del género humano con la naturaleza. 

Por último, porque el criterio de "apelar al hombre para constatar la realidad y materialidad del mundo" (cito de memoria) con que Gramsci rescataba una conocida frase del Anti-Dühring, si bien correcto en cuanto que la ciencia es una actividad humana, debe ser limitado en tanto todo humanismo conlleva un cierto "antropocentrismo" poco compatible con los desafíos que plantea la realidad de la crisis ecológica, que supone la necesidad de redefinir las relaciones entre la "segunda naturaleza" y su madre original, incluso para un movimiento histórico que no esté en condiciones de resolver ese problema en lo inmediato. 

En suma, no se trata solamente de leer a Gramsci después de Althusser, sino de leer a Gramsci después de todo el Siglo XX y sus consecuencias históricas y teóricas. 

Continuará.

martes, 18 de marzo de 2014

El peronismo: "promedio histórico" y Freikorps sin uniforme

freikorps Munich

Este post generó algunos debates con los amigos, a propósito de su "catastrofismo". Pero como después de varios años de contrapuntos, los galos de Asterix llegamos a un "compromiso histórico" con El Violento Oficio de la Crítica, en el cual Fernando reconoció que hubo recomposición del régimen durante los años del kichnerismo y yo a su vez reconocí que no era para tanto, por lo cual el post tenía un cierto carácter de "armisticio" entre fuegos amigos, creo que deberíamos profundizar un poco en algunas cuestiones que están planteadas ahí y sus implicancias estratégicas, más allá del análisis de coyuntura (o del análisis de coyuntura que pretende ser "estructural" pero no lo es).

Repensando el problema de la crisis orgánica, la famosa "restricción externa", que reaparece cada tanto en la historia económica argentina, es expresión a su vez del estatuto semicolonial del país, como de las contradicciones de la acumulación de capital en la Argentina. En este sentido, si bien la declinación del "modelo de crecimiento con inclusión social" viene siendo administrada con un relativo éxito inmediato por el gobierno, el problema se resuelve con un ajuste a fondo o con un nuevo ciclo de endeudamiento. Desde el punto de vista económico, el "modelo" está posponiendo la llegada al punto de las "alternativas catastróficas", pero hoy es uno de los momentos, con excepción quizás del 2003/2004, en que está todo más atado con alambre, dentro de lo que viene siendo el ciclo kirchnerista. 

Además del rol de la burocracia sindical, que es una garantía de estabilidad porque no agita ni media, el gobierno viene logrando administrar su propia conversión de coalición de centroizquierda a coalición de centroderecha (como dice Fer "The Macri Moment, pero The Scioli Situation"), basado en la debilidad de la oposición burguesa (incluido Massa que si sigue así va a ser un nuevo Cobos, en cuanto a cómo se quemó el vice mucho antes de llegar al 2011, después de ser "esperanza blanca" por unos meses). La implementación del mecanismo de las PASO (lo más parecido a la tan soñada "modernización republicana" del peronismo), permite sacarle dramatismo a la sucesión (y tragar los sapos que sean necesarios para esa especie de Dalai Lama del tragado de sapos que es el progresismo K). Desde el ángulo de la política, hay por lo menos una posible salida para el oficialismo. 

Entonces, a la pregunta de si hay nuevamente crisis orgánica, podemos decir que todavía no, aunque maduran elementos en ese sentido. 

No obstante esto, sería interesante retomar el uso de tal categoría en relación con la resolución de la relación histórica de cada clase o sector social con su representación política. En criollo: la crisis orgánica del 2001 liquidó el partido radical como representación de las capas medias, pero el peronismo no se liquida por una crisis orgánica, porque su "sistema de trincheras" puede resistir las "incursiones catastróficas" de la crisis económica o de la crisis de la autoridad estatal, si no hay radicalización de la clase obrera, contra la que trabaja todos los días desde el control estatal de los grandes sindicatos. 

Entonces, crisis orgánica, que se vuelve una categoría recurrente en la historia argentina (al punto de que se podría aplicar a casi todos los "fines de ciclo"), no significa ruptura generalizada de la clase obrera con el peronismo, que es un proceso que va adquirir ribetes más claros de enfrentamiento entre revolución y contra-revolución. 

Esto último (vale decir "enfrentamientos entre revolución y contra-revolución") no implica, sin embargo, que esos enfrentamientos se den en un solo acto. Si se puede decir que la burocracia sindical es "sociedad civil" cuando cumple un rol "reformista" y "estado" cuando se suma al aparato represivo, podemos pensar que el peronismo (más allá de la actual preeminencia de candidatos descafeinados, vegetarianos, con estusiasmo y optimismo) es una suerte de Freikorps sin uniforme, dispuesta estratégicamente para emprender lo que en apariencia es una "guerra de posición" pero de hecho es una "guerra de aniquilamiento" contra los batallones combativos del movimiento obrero y la izquierda revolucionaria. Y en ese plano estratégico, el "promedio histórico" del peronismo, deja su lugar a la derecha más rancia. 

En este contexto, los frentes únicos que se van construyendo en la izquierda y los sectores combativos (como el FIT desde el punto de vista político-electoral y el Encuentro Sindical Combativo de Atlanta, desde el punto de vista sindical), deben ser vistos desde el ángulo de forjar las fuerzas combativas del movimiento obrero, de cara a lo que se viene. 

martes, 11 de marzo de 2014

The Macri Moment


Cristina Fernández asume el discurso "PRO" sobre cortes y piquetes y es aplaudida a rabiar por la bancada macrista. La "justicia" le hace un guiño a Macri con la causa del espionaje en la C.A.B.A. Elisa Carrió dice "quiero un frente lo más amplio posible para salvar la república". Macri parece el "centro" hacia el que tiende la política de nuestro país (oprimido por el imperialismo, pero generoso....)

Dicho sea de paso, como aunque Macri llegara a ganar las PASO en una delirante (o no) interna PRO/UNEN después le debería ganar al peronismo, parecería que va a tener que contentarse con la "batalla cultural"...

The Macri Moment, es el resultado de diez años de kirchnerismo (y astucia de la razón peronista...). Habiéndose liquidado las condiciones de la agenda "progresista" de antaño, la "restricción externa" se combate con ajuste a los salarios, enfriamiento del consumo, palos para los díscolos y reivindicación de las escandalosas condenas a los obreros de Las Heras.

Metáfora posible de la derechización del conjunto de los agrupamientos políticos patronales, The Macri Moment, sería una combinación entre el "momento" en el sentido de Hegel (plano de la realidad que es parte de un conjunto de relaciones, aunque no necesariamente en orden temporal convencional) y el "momento" en el sentido de la coyuntura. 

Frente al componente "Triple A" del peronismo, hay un desprendimiento, que va desde la JP Lealtad al Frepaso, con las necesarias dosis de ex PC, que es la contracara complementaria de la famosa "derecha peronista": unos dicen que como "los sindicatos son de Perón", hay que matar a todos los zurdos. Los otros, que los "negros organizados en sindicatos" impiden la gobernabilidad del progresismo con sus reclamos "desubicados", por lo que hay que matar a todos los zurdos, pero sin decirlo. Ambas corrientes llegan a la misma conclusión por distintos caminos. 

Los demonios de este frepasismo rabioso (que termina en macrismo, como Weretilneck en Río Negro) son los que desató CFK cuando rompió con Moyano, como expresión distorsionada de su ruptura con el movimiento obrero; y terminaron de ocupar por completo el discurso presidencial el 1º de Marzo. 

Sin embargo, no obstante su "frepasismo" ideológico, lo cierto es que el giro presidencial sería insostenible sin el principal pilar del régimen político argentino: la burocracia sindical peronista. Como en el best seller de John Grisham Tiempo de Matar, en que los rubios del Ku Klux Klan se ponen bajo la custodia de un sherif negro al que odian, pero los protege de una multitud a la que odian más,  el gobierno sostiene su política de ajuste, gracias a la moderación extrema de la burocracia, que hoy está jugando, como dirección del movimiento obrero, el rol más pérfido de todo el "ciclo kirchnerista".

En ese sentido, The Macri Moment, es al mismo tiempo, pero en distintos planos, un "momento" estratégico y pasajero. Estratégico porque indica que todo el régimen político va hacia la centroderecha (sin excluir una "radicalización", endureciendo toda la política represiva más aún de lo que ya lo están haciendo), pasajero, porque los grandes problemas que están en juego, no se definen en la coyuntura ni con medias tintas. 

En este sentido, señor/señora, cualquiera que le ofrezca una "centroderecha moderna y descafeinada" para los años venideros (empezando por el actual oficialismo), no solamente le está robando: se está preparando para meterlo preso. 

viernes, 7 de febrero de 2014

Argentina 2014 ¿Nuevamente crisis orgánica?


¿Llegó el momento de volver a hablar de "crisis orgánica"? Habría que pensarlo mejor, pero en principio puede afirmarse que hay varios elementos en ese sentido. Recapitulando, la "crisis orgánica" que tuvo su expresión en el 2001 combinó la salida de la convertibilidad con el estallido del bipartidismo UCR-PJ al hundirse el partido radical (todavía hoy en proceso de dudosa "recuperación"). Recordemos la conocida cita de Gramsci (según Ansaldi, "el genio de la lámpara”): 

"En cierto momento de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan, con aquellos determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen; ya no son reconocidos como expresión propia de su clase o de una fracción de ella. Cuando estas crisis se manifiestan, la situación inmediata se torna delicada y peligrosa, porque el terreno es propicio para soluciones de fuerza, para la actividad de potencias oscuras, representadas por hombres providenciales o carismáticos.

¿Cómo se forman estas situaciones; de contraste entre "representados y representantes" que desde el terreno de los partidos (organizaciones de partido en sentido estricto, campo electoral-parlamentario, organización periodística) se transmiten a todo el organismo estatal, reforzando la posición relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de las altas finanzas, de la Iglesia y en general de todos los organismos relativamente independientes a las fluctuaciones de la opinión pública? En cada país el proceso es diferente, aunque el contenido sea el mismo. Y el contenido es la crisis de hegemonía de la clase dirigente, que ocurre ya sea porque dicha clase fracasó en alguna gran empresa política para la cual demandó o impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas (la guerra por ejemplo) o bien porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeños burgueses intelectuales) pasaron de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y plantearon reivindicaciones que en su caótico conjunto constituyen una revolución. Se habla de 'crisis de autoridad' y esto es justamente la crisis de hegemonía, o crisis del Estado en su conjunto."

Como suele ocurrir, la realidad no encaja exactamente en la cita (ni tendría por qué), pero hagamos una hipótesis que sirva para pensar. Empecemos por invertir el orden de los argumentos. Antes del proceso de "escisión", veamos el problema de la "gran empresa" fallida de la clase dirigente. O mejor dicho, digamos que el kirchnerismo intentó ser él mismo una "gran empresa" que reemplazara la convertibilidad y el bipartidismo, pero no logró sustituir ninguna de las dos cosas con dispositivos permanentes, que pudieran durar un ciclo prolongado desde el punto de vista histórico. 

Desde el punto de vista económico, el curso actual ha dado por tierra con el viejo discurso de "aliento del consumo y bienvenida a las tensiones del crecimiento", lo cual fue precedido por la ruptura con los sindicatos protagonizada por CFK y líneas de ajuste "moderado". Las banderas de la “gran empresa”, empleo, consumo, más “estado”, que tenían como soporte las paritarias, que seguían, de atrás, pero seguían a la inflación, combinada con el “desendeudamiento”; hoy se caen al ritmo del pragmatismo de las medidas tomadas.

En cuanto al reemplazo del bipartidismo, si bien no resulta muy consistente exigir a un país semicolonial un sistema de partidos aceitado y "virtuoso", lo cierto es que no sólo el kirchnerismo encontró soluciones parciales deficientes (básicamente ocupar todo el espacio político y represtigiar el régimen por la vía de montones de elecciones, en especial la del 54%) sino que ahora incluso está dinamitando al PJ, al mismo tiempo que se dinamita a sí mismo. La experiencia de las masas con el "partido de la contención", que a su vez es el “partido del orden” por excelencia de los últimos 70 años, es decir con el peronismo, que no pudo llevarse hasta el final con el primer gobierno (por la Libertadora), ni en los setenta por la muerte de Perón y el Golpe; se puede estar produciendo en el presente. El kirchnerismo como enterrador del mito de que el peronismo es garantía de gobierno y de estabilidad.

En cuanto al elemento de "separación de dirigentes y dirigidos", todavía es algo más mediatizado, pero también más de clase y más político que en el 2001. Mientras que el 2001 marcó la separación abrupta, por la forma en que se desplomó la economía, de las capas medias con el partido radial, el fin de ciclo kirchnerista marcó el inicio de la separación de la clase obrera con el peronismo, que es un proceso nuevo y al mismo tiempo con elementos de continuidad con las experiencias de organización, conciencia de clase y autonomía obrera en los '70. En este sentido aunque los "Holloway" del peronismo, digan que el "posperonismo" es una ilusión con bisnietos, lo cierto es que los "bisnietos" están haciendo la experiencia, a partir de tres mandatos consecutivos del kirchnerismo apoyado en el PJ. Todo este proceso estuvo precedido por una ruptura más “radical” (en todos los sentidos del término) de las clases medias, manifestada en los cacerolazos.

La crisis policial es otro elemento de “crisis orgánica”, tanto por la ruptura de la cadena de mando de uno de los principales brazos armados del estado, como por el factor inicial de una futura base maniobras de “potencias oscuras” (“partido policial” y Triple A), a disposición de nuevo Jefe.

Hasta acá, suficiente Gramsci. Ahora tratemos de pensar con Trotsky. 

Este proceso más mediatizado de escisión de la clase obrera con el peronismo, tiene ribetes contradictorios. Por un lado, la recomposición social de la clase obrera durante estos años de crecimiento económico (sin dejar de lado las divisiones producto de la precarización laboral y el rol penoso de las centrales sindicales que no existen más como centrales nacionales), se demostró como peso social en el paro del 20 de Noviembre de 2012 (que pasó a la historia como 20N, pero fue ninguneado como expresión de un proceso profundo por la mayoría de los analistas superficiales). Sin embargo, ese peso social tiene una expresión "superestructural" más difusa. En un franja se expresa como experiencia por izquierda con el kirchnerismo y apoyo al FIT, pero de conjunto no tiene expresión en una organización de la clase obrera en formación de combate. No estamos hablando de una huelga general insurreccional. Sino de un paro nacional contra el ataque al salario y las condiciones de vida. Si la burocracia lo convocara, los obreros sin duda lo tomarían en sus manos.

En ese sentido los debates sobre los cuántos elementos “pre-revolucionarios” hay en la situación transitoria está superado por la realidad. Podría decirse que la situación es todo lo pre-revolucionaria, que las direcciones contrarrevolucionarias del proletariado le permiten ser.

La burocracia ve un horizonte plagado de malos recuerdos y prefiere un '90/91 antes que un 73/74 y las conducciones "alternativas" son todavía débiles o acostumbradas a "nadar con la corriente" y por ende tendientes al "posibilismo". 

Lo que pase con las paritarias ¿será determinante de la evolución posterior de la correlación de fuerzas y de la conciencia y organización de la clase obrera, o relativamente secundario? No está claro. En el peor de los casos, una posición débil de los trabajadores en las paritarias no necesariamente equivale a una derrota decisiva y por decirlo metafóricamente, a un "ascenso de Hitler" (entrega sin lucha que prepara la liquidación de las organizaciones obreras), pero son estos momentos en los cuales es necesario empezar a ensayar el frente único como maniobra de vanguardia y de masas en la clase obrera, la creación de instancias de reagrupamiento de los sectores combativos, la preparación de los conflictos. Lo que sí puede ser decisivo, por el peso político y social logrado por la izquierda clasista y su “zonas de influencia”, es la intervención y la emergencia que pueda lograr en esta coyuntura, para erigirse como alternativa “real” para amplios sectores de la clase obrera.

Fernando Rosso/Juan Dal Maso

miércoles, 5 de febrero de 2014

Los Héroes del Pueblo (Osvaldo Bayer sobre los obreros de Las Heras)

Osvaldo Bayer sobre los petroleros de Las Heras: "Los héroes del pueblo"

El pueblo argentino está viviendo una de las más grandes injusticias históricas con los compañeros petroleros de Las Heras. Comparable con muchos de los delitos cometidos por las dictaduras militares vividas en pasados años. Las condenas de la justicia patagónica.
Completo, acá

sábado, 1 de febrero de 2014

Los sindicatos y la estrategia (artículo publicado en Ideas de Izquierda N° 6)

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Los gramscianos argentinos abonaron la idea de que América Latina es una combinación de las formaciones político-sociales que Gramsci catalogó como “oriente” y “occidente”. Este era el fundamento para una estrategia que en nuestro subcontinente debía ser de “guerra de posiciones” (“occidente”) pero con alianzas “policlasistas” (“oriente”). Esa idea de la combinación oriente/occidente puede tomarse desde una óptica totalmente distinta, y más fiel al marco estratégico en que la distinción de ambos términos fue concebida. En este sentido, podría pensarse que en la Argentina sería más fácil tomar el poder que en EE. UU. (por comparación tendría rasgos más “orientales”, ya que la burguesía es más débil como clase nacional y no cuenta con el mismo “consenso” y estabilidad estatal), pero más difícil que en la antigua Rusia (por comparación tendría rasgos más “occidentales”, ya que en la Rusia zarista no existía el sistema democráticoburgués ni el peronismo, que ha jugado el rol de “contención” que Gramsci asignaba en Occidente a la “sociedad civil”).

Completo, acá.