martes, 18 de marzo de 2014

El peronismo: "promedio histórico" y Freikorps sin uniforme

freikorps Munich

Este post generó algunos debates con los amigos, a propósito de su "catastrofismo". Pero como después de varios años de contrapuntos, los galos de Asterix llegamos a un "compromiso histórico" con El Violento Oficio de la Crítica, en el cual Fernando reconoció que hubo recomposición del régimen durante los años del kichnerismo y yo a su vez reconocí que no era para tanto, por lo cual el post tenía un cierto carácter de "armisticio" entre fuegos amigos, creo que deberíamos profundizar un poco en algunas cuestiones que están planteadas ahí y sus implicancias estratégicas, más allá del análisis de coyuntura (o del análisis de coyuntura que pretende ser "estructural" pero no lo es).

Repensando el problema de la crisis orgánica, la famosa "restricción externa", que reaparece cada tanto en la historia económica argentina, es expresión a su vez del estatuto semicolonial del país, como de las contradicciones de la acumulación de capital en la Argentina. En este sentido, si bien la declinación del "modelo de crecimiento con inclusión social" viene siendo administrada con un relativo éxito inmediato por el gobierno, el problema se resuelve con un ajuste a fondo o con un nuevo ciclo de endeudamiento. Desde el punto de vista económico, el "modelo" está posponiendo la llegada al punto de las "alternativas catastróficas", pero hoy es uno de los momentos, con excepción quizás del 2003/2004, en que está todo más atado con alambre, dentro de lo que viene siendo el ciclo kirchnerista. 

Además del rol de la burocracia sindical, que es una garantía de estabilidad porque no agita ni media, el gobierno viene logrando administrar su propia conversión de coalición de centroizquierda a coalición de centroderecha (como dice Fer "The Macri Moment, pero The Scioli Situation"), basado en la debilidad de la oposición burguesa (incluido Massa que si sigue así va a ser un nuevo Cobos, en cuanto a cómo se quemó el vice mucho antes de llegar al 2011, después de ser "esperanza blanca" por unos meses). La implementación del mecanismo de las PASO (lo más parecido a la tan soñada "modernización republicana" del peronismo), permite sacarle dramatismo a la sucesión (y tragar los sapos que sean necesarios para esa especie de Dalai Lama del tragado de sapos que es el progresismo K). Desde el ángulo de la política, hay por lo menos una posible salida para el oficialismo. 

Entonces, a la pregunta de si hay nuevamente crisis orgánica, podemos decir que todavía no, aunque maduran elementos en ese sentido. 

No obstante esto, sería interesante retomar el uso de tal categoría en relación con la resolución de la relación histórica de cada clase o sector social con su representación política. En criollo: la crisis orgánica del 2001 liquidó el partido radical como representación de las capas medias, pero el peronismo no se liquida por una crisis orgánica, porque su "sistema de trincheras" puede resistir las "incursiones catastróficas" de la crisis económica o de la crisis de la autoridad estatal, si no hay radicalización de la clase obrera, contra la que trabaja todos los días desde el control estatal de los grandes sindicatos. 

Entonces, crisis orgánica, que se vuelve una categoría recurrente en la historia argentina (al punto de que se podría aplicar a casi todos los "fines de ciclo"), no significa ruptura generalizada de la clase obrera con el peronismo, que es un proceso que va adquirir ribetes más claros de enfrentamiento entre revolución y contra-revolución. 

Esto último (vale decir "enfrentamientos entre revolución y contra-revolución") no implica, sin embargo, que esos enfrentamientos se den en un solo acto. Si se puede decir que la burocracia sindical es "sociedad civil" cuando cumple un rol "reformista" y "estado" cuando se suma al aparato represivo, podemos pensar que el peronismo (más allá de la actual preeminencia de candidatos descafeinados, vegetarianos, con estusiasmo y optimismo) es una suerte de Freikorps sin uniforme, dispuesta estratégicamente para emprender lo que en apariencia es una "guerra de posición" pero de hecho es una "guerra de aniquilamiento" contra los batallones combativos del movimiento obrero y la izquierda revolucionaria. Y en ese plano estratégico, el "promedio histórico" del peronismo, deja su lugar a la derecha más rancia. 

En este contexto, los frentes únicos que se van construyendo en la izquierda y los sectores combativos (como el FIT desde el punto de vista político-electoral y el Encuentro Sindical Combativo de Atlanta, desde el punto de vista sindical), deben ser vistos desde el ángulo de forjar las fuerzas combativas del movimiento obrero, de cara a lo que se viene. 

martes, 11 de marzo de 2014

The Macri Moment


Cristina Fernández asume el discurso "PRO" sobre cortes y piquetes y es aplaudida a rabiar por la bancada macrista. La "justicia" le hace un guiño a Macri con la causa del espionaje en la C.A.B.A. Elisa Carrió dice "quiero un frente lo más amplio posible para salvar la república". Macri parece el "centro" hacia el que tiende la política de nuestro país (oprimido por el imperialismo, pero generoso....)

Dicho sea de paso, como aunque Macri llegara a ganar las PASO en una delirante (o no) interna PRO/UNEN después le debería ganar al peronismo, parecería que va a tener que contentarse con la "batalla cultural"...

The Macri Moment, es el resultado de diez años de kirchnerismo (y astucia de la razón peronista...). Habiéndose liquidado las condiciones de la agenda "progresista" de antaño, la "restricción externa" se combate con ajuste a los salarios, enfriamiento del consumo, palos para los díscolos y reivindicación de las escandalosas condenas a los obreros de Las Heras.

Metáfora posible de la derechización del conjunto de los agrupamientos políticos patronales, The Macri Moment, sería una combinación entre el "momento" en el sentido de Hegel (plano de la realidad que es parte de un conjunto de relaciones, aunque no necesariamente en orden temporal convencional) y el "momento" en el sentido de la coyuntura. 

Frente al componente "Triple A" del peronismo, hay un desprendimiento, que va desde la JP Lealtad al Frepaso, con las necesarias dosis de ex PC, que es la contracara complementaria de la famosa "derecha peronista": unos dicen que como "los sindicatos son de Perón", hay que matar a todos los zurdos. Los otros, que los "negros organizados en sindicatos" impiden la gobernabilidad del progresismo con sus reclamos "desubicados", por lo que hay que matar a todos los zurdos, pero sin decirlo. Ambas corrientes llegan a la misma conclusión por distintos caminos. 

Los demonios de este frepasismo rabioso (que termina en macrismo, como Weretilneck en Río Negro) son los que desató CFK cuando rompió con Moyano, como expresión distorsionada de su ruptura con el movimiento obrero; y terminaron de ocupar por completo el discurso presidencial el 1º de Marzo. 

Sin embargo, no obstante su "frepasismo" ideológico, lo cierto es que el giro presidencial sería insostenible sin el principal pilar del régimen político argentino: la burocracia sindical peronista. Como en el best seller de John Grisham Tiempo de Matar, en que los rubios del Ku Klux Klan se ponen bajo la custodia de un sherif negro al que odian, pero los protege de una multitud a la que odian más,  el gobierno sostiene su política de ajuste, gracias a la moderación extrema de la burocracia, que hoy está jugando, como dirección del movimiento obrero, el rol más pérfido de todo el "ciclo kirchnerista".

En ese sentido, The Macri Moment, es al mismo tiempo, pero en distintos planos, un "momento" estratégico y pasajero. Estratégico porque indica que todo el régimen político va hacia la centroderecha (sin excluir una "radicalización", endureciendo toda la política represiva más aún de lo que ya lo están haciendo), pasajero, porque los grandes problemas que están en juego, no se definen en la coyuntura ni con medias tintas. 

En este sentido, señor/señora, cualquiera que le ofrezca una "centroderecha moderna y descafeinada" para los años venideros (empezando por el actual oficialismo), no solamente le está robando: se está preparando para meterlo preso. 

viernes, 7 de febrero de 2014

Argentina 2014 ¿Nuevamente crisis orgánica?


¿Llegó el momento de volver a hablar de "crisis orgánica"? Habría que pensarlo mejor, pero en principio puede afirmarse que hay varios elementos en ese sentido. Recapitulando, la "crisis orgánica" que tuvo su expresión en el 2001 combinó la salida de la convertibilidad con el estallido del bipartidismo UCR-PJ al hundirse el partido radical (todavía hoy en proceso de dudosa "recuperación"). Recordemos la conocida cita de Gramsci (según Ansaldi, "el genio de la lámpara”): 

"En cierto momento de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan, con aquellos determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen; ya no son reconocidos como expresión propia de su clase o de una fracción de ella. Cuando estas crisis se manifiestan, la situación inmediata se torna delicada y peligrosa, porque el terreno es propicio para soluciones de fuerza, para la actividad de potencias oscuras, representadas por hombres providenciales o carismáticos.

¿Cómo se forman estas situaciones; de contraste entre "representados y representantes" que desde el terreno de los partidos (organizaciones de partido en sentido estricto, campo electoral-parlamentario, organización periodística) se transmiten a todo el organismo estatal, reforzando la posición relativa del poder de la burocracia (civil y militar), de las altas finanzas, de la Iglesia y en general de todos los organismos relativamente independientes a las fluctuaciones de la opinión pública? En cada país el proceso es diferente, aunque el contenido sea el mismo. Y el contenido es la crisis de hegemonía de la clase dirigente, que ocurre ya sea porque dicha clase fracasó en alguna gran empresa política para la cual demandó o impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas (la guerra por ejemplo) o bien porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeños burgueses intelectuales) pasaron de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y plantearon reivindicaciones que en su caótico conjunto constituyen una revolución. Se habla de 'crisis de autoridad' y esto es justamente la crisis de hegemonía, o crisis del Estado en su conjunto."

Como suele ocurrir, la realidad no encaja exactamente en la cita (ni tendría por qué), pero hagamos una hipótesis que sirva para pensar. Empecemos por invertir el orden de los argumentos. Antes del proceso de "escisión", veamos el problema de la "gran empresa" fallida de la clase dirigente. O mejor dicho, digamos que el kirchnerismo intentó ser él mismo una "gran empresa" que reemplazara la convertibilidad y el bipartidismo, pero no logró sustituir ninguna de las dos cosas con dispositivos permanentes, que pudieran durar un ciclo prolongado desde el punto de vista histórico. 

Desde el punto de vista económico, el curso actual ha dado por tierra con el viejo discurso de "aliento del consumo y bienvenida a las tensiones del crecimiento", lo cual fue precedido por la ruptura con los sindicatos protagonizada por CFK y líneas de ajuste "moderado". Las banderas de la “gran empresa”, empleo, consumo, más “estado”, que tenían como soporte las paritarias, que seguían, de atrás, pero seguían a la inflación, combinada con el “desendeudamiento”; hoy se caen al ritmo del pragmatismo de las medidas tomadas.

En cuanto al reemplazo del bipartidismo, si bien no resulta muy consistente exigir a un país semicolonial un sistema de partidos aceitado y "virtuoso", lo cierto es que no sólo el kirchnerismo encontró soluciones parciales deficientes (básicamente ocupar todo el espacio político y represtigiar el régimen por la vía de montones de elecciones, en especial la del 54%) sino que ahora incluso está dinamitando al PJ, al mismo tiempo que se dinamita a sí mismo. La experiencia de las masas con el "partido de la contención", que a su vez es el “partido del orden” por excelencia de los últimos 70 años, es decir con el peronismo, que no pudo llevarse hasta el final con el primer gobierno (por la Libertadora), ni en los setenta por la muerte de Perón y el Golpe; se puede estar produciendo en el presente. El kirchnerismo como enterrador del mito de que el peronismo es garantía de gobierno y de estabilidad.

En cuanto al elemento de "separación de dirigentes y dirigidos", todavía es algo más mediatizado, pero también más de clase y más político que en el 2001. Mientras que el 2001 marcó la separación abrupta, por la forma en que se desplomó la economía, de las capas medias con el partido radial, el fin de ciclo kirchnerista marcó el inicio de la separación de la clase obrera con el peronismo, que es un proceso nuevo y al mismo tiempo con elementos de continuidad con las experiencias de organización, conciencia de clase y autonomía obrera en los '70. En este sentido aunque los "Holloway" del peronismo, digan que el "posperonismo" es una ilusión con bisnietos, lo cierto es que los "bisnietos" están haciendo la experiencia, a partir de tres mandatos consecutivos del kirchnerismo apoyado en el PJ. Todo este proceso estuvo precedido por una ruptura más “radical” (en todos los sentidos del término) de las clases medias, manifestada en los cacerolazos.

La crisis policial es otro elemento de “crisis orgánica”, tanto por la ruptura de la cadena de mando de uno de los principales brazos armados del estado, como por el factor inicial de una futura base maniobras de “potencias oscuras” (“partido policial” y Triple A), a disposición de nuevo Jefe.

Hasta acá, suficiente Gramsci. Ahora tratemos de pensar con Trotsky. 

Este proceso más mediatizado de escisión de la clase obrera con el peronismo, tiene ribetes contradictorios. Por un lado, la recomposición social de la clase obrera durante estos años de crecimiento económico (sin dejar de lado las divisiones producto de la precarización laboral y el rol penoso de las centrales sindicales que no existen más como centrales nacionales), se demostró como peso social en el paro del 20 de Noviembre de 2012 (que pasó a la historia como 20N, pero fue ninguneado como expresión de un proceso profundo por la mayoría de los analistas superficiales). Sin embargo, ese peso social tiene una expresión "superestructural" más difusa. En un franja se expresa como experiencia por izquierda con el kirchnerismo y apoyo al FIT, pero de conjunto no tiene expresión en una organización de la clase obrera en formación de combate. No estamos hablando de una huelga general insurreccional. Sino de un paro nacional contra el ataque al salario y las condiciones de vida. Si la burocracia lo convocara, los obreros sin duda lo tomarían en sus manos.

En ese sentido los debates sobre los cuántos elementos “pre-revolucionarios” hay en la situación transitoria está superado por la realidad. Podría decirse que la situación es todo lo pre-revolucionaria, que las direcciones contrarrevolucionarias del proletariado le permiten ser.

La burocracia ve un horizonte plagado de malos recuerdos y prefiere un '90/91 antes que un 73/74 y las conducciones "alternativas" son todavía débiles o acostumbradas a "nadar con la corriente" y por ende tendientes al "posibilismo". 

Lo que pase con las paritarias ¿será determinante de la evolución posterior de la correlación de fuerzas y de la conciencia y organización de la clase obrera, o relativamente secundario? No está claro. En el peor de los casos, una posición débil de los trabajadores en las paritarias no necesariamente equivale a una derrota decisiva y por decirlo metafóricamente, a un "ascenso de Hitler" (entrega sin lucha que prepara la liquidación de las organizaciones obreras), pero son estos momentos en los cuales es necesario empezar a ensayar el frente único como maniobra de vanguardia y de masas en la clase obrera, la creación de instancias de reagrupamiento de los sectores combativos, la preparación de los conflictos. Lo que sí puede ser decisivo, por el peso político y social logrado por la izquierda clasista y su “zonas de influencia”, es la intervención y la emergencia que pueda lograr en esta coyuntura, para erigirse como alternativa “real” para amplios sectores de la clase obrera.

Fernando Rosso/Juan Dal Maso

miércoles, 5 de febrero de 2014

Los Héroes del Pueblo (Osvaldo Bayer sobre los obreros de Las Heras)

Osvaldo Bayer sobre los petroleros de Las Heras: "Los héroes del pueblo"

El pueblo argentino está viviendo una de las más grandes injusticias históricas con los compañeros petroleros de Las Heras. Comparable con muchos de los delitos cometidos por las dictaduras militares vividas en pasados años. Las condenas de la justicia patagónica.
Completo, acá

sábado, 1 de febrero de 2014

Los sindicatos y la estrategia (artículo publicado en Ideas de Izquierda N° 6)

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Los gramscianos argentinos abonaron la idea de que América Latina es una combinación de las formaciones político-sociales que Gramsci catalogó como “oriente” y “occidente”. Este era el fundamento para una estrategia que en nuestro subcontinente debía ser de “guerra de posiciones” (“occidente”) pero con alianzas “policlasistas” (“oriente”). Esa idea de la combinación oriente/occidente puede tomarse desde una óptica totalmente distinta, y más fiel al marco estratégico en que la distinción de ambos términos fue concebida. En este sentido, podría pensarse que en la Argentina sería más fácil tomar el poder que en EE. UU. (por comparación tendría rasgos más “orientales”, ya que la burguesía es más débil como clase nacional y no cuenta con el mismo “consenso” y estabilidad estatal), pero más difícil que en la antigua Rusia (por comparación tendría rasgos más “occidentales”, ya que en la Rusia zarista no existía el sistema democráticoburgués ni el peronismo, que ha jugado el rol de “contención” que Gramsci asignaba en Occidente a la “sociedad civil”).

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viernes, 24 de enero de 2014

De Sacco y Vanzetti a los petroleros

Copio para los amigos una nota de Lucho Aguilar que aporta una buena reflexión histórica para apuntalar la campaña por la libertad de los compañeros de Las Heras: 

9 de abril de 1927, Boston, Estados Unidos. Bartolomé Vanzetti aprisiona con sus manos de vendedor de pescado el sombrero que lleva para la ocasión. Hoy es un día importante: el juez va a dictar su sentencia. Tras un juicio absurdo, plagado de torturas y falsos testigos, tras siete años de cárcel, es condenado a la silla eléctrica por un crimen que no cometió. Entonces las palabras de Vanzetti enmudecen la sala. “Si no hubiera sido por esto, podría haber vivido mi vida hasta el final, hablando en las esquinas a los hombres desdeñosos. Habría muerto, desconocido, inadvertido, fracasado. Ahora no hemos fracasado. Esta es nuestra carrera y nuestro triunfo.¡Nuestras palabras, nuestras vidas, nuestros dolores, no son nada! El último momento nos pertenece, la agonía es nuestro triunfo”.

Completo, acá.