miércoles, 6 de abril de 2011

Sobre marxismo (estratégico) y filosofía


Durante los años 90’, al calor de los ambientes académicos, creció mucho la idea de que el marxismo es una teoría (totalitaria) del cambio social y que nada tiene que ver con la filosofía, salvo el errado interés en Marx por la dialéctica, totalizante y racionalista, que habría reforzado aún más el totalitarismo. Según esta lectura, el marxismo no pasaría, en el plano filosófico, del nivel de una serie de ejercicios escolares.

No obstante este prejuicio instalado, hubo intervenciones que buscaron sacar al marxismo de ese lugar nada agradable. Después de la vuelta de las grande huelgas de 1995 en Francia, Daniel Bensaïd intentaba, con ayuda de Gramsci y Benjamin (y en menor medida de Trotsky) reconstruir los derroteros del debate marxista en Marx Intempestivo. Luego del 11-S y la invasión a Irak, Después de la Teoría de Terry Eagleton intentó dar cuenta del cambio del clima intelectual operado en el comienzo del siglo XXI y planteando la necesidad de volver a ciertos tópicos del marxismo que la intelectualidad había abandonado.

Por una combinación entre el resurgir de la lucha de clases y el desarrollo de la crisis capitalista, las ideas marxistas han recobrado un prestigio que habían perdido en los ámbitos intelectuales tanto como en los del sentido común de masas.

Sin embargo, la tarea que queda es esencialmente reconstructiva. El marxismo necesita recomponerse tanto como corriente política inserta en la clase trabajadora, como corriente teórica y como pensamiento estratégico. Estos tres aspectos, que durante el siglo XX perdieron la unidad que los contenía, entre un stalinismo que liquidaba la teoría y retrocedía en la estrategia la vieja táctica reformista de alianza con la burguesía y un marxismo académico que pensaba sobre estética y filosofía, fueron solamente mantenidos parcialmente en relación por las corrientes trotskistas, muchas de las cuales hoy están en un curso de liquidación del trotskismo como la ex LCR.

O sea que estamos mejor pero no tanto. Y desde este punto de vista, surge la discusión que motiva estas líneas. Es necesario reconstruir un marxismo estratégico, como fue el marxismo de Lenin, Trotsky y la IIIª Internacional y de la IVª Internacional que surgió como alternativa a la burocratización de la IIIª y sigue siendo la única bandera bajo la cual se pueden agrupar todos los que quieran poner en pie el marxismo revolucionario. Sin embargo, el pensamiento estratégico marxista se ejercita en el arte de la conducción de la guerra de clases, pero se nutre de la teoría, que concentra experiencias y las trasciende desarrollando herramientas conceptuales.

Si el gran teórico de la guerra Karl Von Claussewitz no hubiera sido tal sin el bagaje de la filosofía clásica alemana en la que se nutrió, lo mismo se puede pensar de Lenin que en plena guerra mundial estudiaba a Hegel y de esa lectura supo desprender conclusiones teóricas y políticas muy importantes o de Trotsky, que aprovechó el encierro carcelario para estudiar los ensayos de Antonio Labriola, que lo terminaron de ganar para el marxismo.

El artículo que se puede leer acá, intenta hacer una lectura crítica del legado filosófico de Gramsci situándolo en el contexto de la IIIª Internacional.

Aborda cuestiones centrales en la elaboración filosófica de Marx como la praxis, la objetividad o los alcances de su concepción materialista, pasadas por el tamiz de las reflexiones del comunista italiano, sus limitaciones y aciertos. En términos generales, el artículo intentó hacer hincapié en la tradición del marxismo que entiende a éste como una “filosofía de la praxis” más que como una sofisticación del materialismo de la ilustración. Sin embargo, veo la necesidad de tomar distancia de aquellos que en función de una reivindicación de la “filosofía de la praxis” tienden a construir una caricatura voluntarista del marxismo (Löwy es una suerte de inspirador de esta corriente). Considero asimismo que un acierto de Gramsci respecto de la problemática sobre la objetividad del conocimiento tiene que ver con su incorporación de ciertos aspectos de la lingüística porque introduce el lenguaje como una mediación en la construcción de los conocimientos y por ende de la objetividad real tanto como del concepto de lo que es objetividad. Si bien es muy sugerente la reflexión sobre la “nueva inmanencia” del marxismo, creo que uno de los principales errores de Gramsci es subvaluar la continuidad que el propio Marx trazaba entre su posición y la del materialismo previo, por lo cual está totalmente subestimado en su análisis el concepto de “nuevo materialismo” de las Tesis sobre Feuerbach, algo en lo que los gramscianos no han reparado especialmente, porque suelen tomar como dada la visión del marxismo que tiene Gramsci y la someten a crítica sólo parcialmente.

En suma, este artículo busca retomar algunos tópicos que permitan profundizar la comprensión de la concepción materialista de la historia y está dirigido contra aquellos que, dentro y fuera del marxismo, consideran a éste una mera teoría del cambio de la sociedad, subestimando su dimensión filosófica, lo cual de por sí es una incomprensión del rol de la teoría. A su vez busca polemizar con las lecturas académicas que ubican la reflexión filosófica fuera del ámbito del marxismo revolucionario, mostrando ciertos debates de la IIIª Internacional, que muchos “sabios” de la actualidad, apenas repiten de oído.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Trotskismo, militancia y kirchnerismo


El asesinato del joven militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra primero y la masiva participación de sectores juveniles en los funerales de Néstor Kirchner abrieron el debate sobre la militancia política de los jóvenes. Surgió entonces una figura de la militancia política planteada como involucramiento en los asuntos públicos y participación activa en la construcción de los destinos del país. Los mismos que hasta hace dos días identificaban la militancia con “los troskos que no entienden el movimiento nacional y popular” pasaron a cantar loas sobre la militancia y al rol protagónico de la juventud, con la brutal contradicción de que la policía de Insfrán, aliado del gobierno y después la Federal junto a la policía de Macri, mataron cuatro jóvenes en el transcurso de dos semanas. Veamos algunos tópicos que tienen que ver con este debate. Intentaremos no repetir cosas que ya se han dicho, prefiriendo sí hacer referencias a otras intervenciones para que los lectores/as puedan seguir las polémicas que se vienen dando.


La naturaleza de lo político y la naturaleza de la lucha de clases


Según Carl Schmitt la naturaleza de lo político es la distinción de amigos y enemigos, entendiendo al enemigo como el otro, el extraño, aquel que con su sola existencia amenaza la forma existencial propia (la del nosotros organizados en una comunidad nacional) que debe ser combatida. Engels, por su parte, planteó que la política debe interpretarse como lucha de clases o fracciones de clase. Ambos criterios se cruzan en la realidad y más aún cuando la realidad se vuelve convulsiva desde el punto de vista político. Cuando se traza la distinción entre amigos y enemigos desde la participación en un frente policlasista, los partidarios de la lucha de clases, resultarán el otro, el que ataca el sistema de alianzas y el orden constituido por los policlasistas, resultarán el enemigo. Esta distinción de amigos y enemigos no es menor y tiene consecuencias en la política, sobre todo cuando toma dinámica propia la lucha de clases, porque cuando la lucha entre clases o fracciones de clase sobrepasa los límites de la legalidad imperante, la distinción entre amigo y enemido deja de ser un tema retórico y adquiere toda su densidad “existencial”, lo cual se expresa en última instancia en represión y muerte, como vimos en Barracas, Formosa y Villa Soldati.


En este sentido, siempre el peronismo identificó a los marxistas como el enemigo, en medida mucho mayor que al “capitalismo foráneo” con el que de una u otra forma se terminó entendiendo. El kirchnerismo recoge esta idea, pero le agrega una contradicción mayor. Reivindica a la juventud militante de los ’70, pero en su lucha contra la izquierda, tienen que valerse de la Juventud Sindical de los Moyano, contra la cual esos mismos militantes setentistas se batían a cadenazos limpios. De esta forma la dinámica de la política y la dinámica de la lucha de clases configuran amigos y enemigos más allá de todo discurso “progresista” y a esos alineamientos profundos es a los que hay que prestar atención para saber en qué sector de la topografía política se ubica el gobierno.


Espíritu Estatal y Estadolatría



En segundo lugar está planteado un debate sobre el rol del Estado. Como dijimos acá, el kirchnerismo buscó recomponer la autoridad estatal de modo tal que las demandas de 2001 se vieran canalizadas de forma distorsionada con una política por arriba. Definimos en su momento este proceso como un proceso de pasivización, porque sin ser una revolución pasiva en el sentido gramsciano clásico, sí logró sacar a las masas de escena. Desde el 2003 hasta acá fue creciendo la idea de que la política se hace desde arriba y que en última instancia el rol de los “movimientos sociales” es apoyar la acción del gobierno “progresista”. Todos los sectores del movimiento piquetero, sindical y de DDHH cooptados por el gobierno, más los intelectuales de Carta Abierta, han abonado esta idea. Sin embargo hay una diferencia entre los fundamentos de los que apoyan al gobierno y los fundamentos de los que gobiernan efectivamente. En este sentido, la distinción gramsciana entre Espíritu Estatal y Estadolatría resulta de gran utilidad. El peronismo tiene Espíritu Estatal, tiene voluntad de devenir estado, de retener el poder estatal y de gobernar. Para eso puede ser camporista, menemista o kirchnerista. Por el contrario, los progresistas devenidos kirchneristas practican la Estadolatría, es decir, agrandan las capacidades de transformación progresiva del estado burgués, minimizando el rol del automovimiento de las masas obreras y populares. No en vano, los miembros de Carta Abierta, se han callado la boca ante la represión en Kraft de forma absolutamente vergonzosa. Prefieren que la burocracia sindical controle el movimiento obrero, para que “los troskos” no alteren el desarrollo del “proyecto” cuyo “crecimiento” se basa en tener el 40% de los trabajadores en condiciones precarias y pagarle fortuna al Club de París. Los estadólatras resultan así absolutamente funcionales a los portadores del Espíritu Estatal: el peronismo con su aparato del conurbano bonaerense y la burocracia sindical, que resultan los principales apoyos con que cuenta el gobierno. Los estadólatras esgrimirán el argumento de que el Estado es un límite a las corporaciones. Esto puede ser parcialmente cierto en épocas de paz y crecimiento económico porque se garantiza una paupérrima “distribución” mientras los capitalistas librados a su exclusiva voluntad, nos harían trabajar por migajas. Sin embargo, las políticas “redistributivas” han beneficado escpecialmente a un sector en blanco y formalizado del movimiento obrero y poco y nada a los que trabajan en negro y en condiciones precarias o están desocupados. A esto se suma que en los hechos candentes de la lucha de clases, Estado y corporaciones actúan en el mismo bando como sucedió en el más importante conflicto obrero de fábrica de los últimos años, el de Kraft-Terrabusi.


Una caricatura de los ’70


A partir de estos debates retoman cierto interés algunos intercambios entre los blogueros peronistas sobre los años 70. Como dijimos en el artículo citado al comienzo de estas líneas, el discurso gubernamental de reivindicación de la militancia setentista siempre se detuvo ante el umbral de la violencia de los explotados, que nunca pudo reivindicar, por su propio carácter pasivizador. La elección del nombre y la mística de la juventud gubernamental es sintomática en este sentido. La Cámpora es la “juventud maravillosa” antes del 1º de Mayo de 1974. Es la juventud radicalizada pero no tanto. Es la izquierda peronista conviviendo con la derecha peronista bajo la conducción del General. Es una visión idílica de unidad del peronismo, muy bien sintentizada por Facundo Moyano: “Rucci es nuestro y los 30 mil desaparecidos también”. No nos vamos a extender sobre este tema porque ha sido bastante debatido. En términos generales la línea del gobierno coincide con lo que dijo Feinmann acá, que siempre que puede mete su balance derechoso sobre los años 70. Salvo que el gobierno no restringe la militancia oficialista al ámbito territorial (también intentan hacer pie en las Universidades donde aunque parezca insólito tienen muchísimo menos peso que los trotskistas) y sobre todo no la plantea como una actividad a pulmón, sino que ofrece millones de pesos del aparato estatal y una conducción de “jóvenes” funcionarios con sueldos millonarios para dirigir la patriada ¿Se imaginan a cualquiera de los obreros de la Mercedez Benz o el Ingenio Ledesma que están desaparecidos, marchando codo a codo con estos tipos, que tienen excelentes relaciones con esas patronales que entregaron a los obreros a los milicos?


Una adaptación a la “perestroika peronista”


Vamos sacando una primera conclusión, que es la siguiente: El llamado a la militancia de los kirchneristas es simplemente una convocatoria a apoyar activamente la política que el gobierno lleva adelante desde arriba, pero no un llamamiento a darle paso a la juventud, con sus propias ideas, problemas, sentimientos y propuestas.


Sin embargo, esto nos plantea la cuestión nada menor del peso que tiene la ideología, como concepción del mundo en el sentido gramsciano y como falsa conciencia en el sentido del joven Marx o como obstáculo epistemológico diría un Bachelard llegado a través de Althusser. Efectivamente, estamos asistiendo al auge de un discurso “nacional y popular” que se acompaña con la adaptación flagrante a lo que se ha llamado metafóricamente “la perestroika peronista”. Se ha pagado fortuna de deuda externa, presentando el “desendeudamiento” como una política revolucionaria, por oposición al más tradicional y combativo “no pago” defenestrado por todos los progresistas con el nada elogioso nombre de “default”. Toda la política seguida por Cristina indica que el gobierno tiene un discurso “nacional y popular” puesto al servicio de concretar un giro a la derecha (protección a Pedraza, pago al club de París, represión en Formosa y alineamiento con Insfrán, alineamiento con EEUU contra Irán, etc)


“Idealismo” y realismo político


La militancia incluye un alto grado de “idealismo”, entendido este en un sentido coloquial y no estrictamente filosófico, incluso aunque sea marxista y por ende materialista. Hay que creer profundamente en las ideas que uno sostiene aunque tengan fundamentos científicos, porque como se sabe no siempre es lo mismo tener fundamentos que convicciones. En este sentido, los jóvenes que quieren participar de la política encontrarán un límite a sus energías en la defensa del status quo con un discurso progresista. El falso realismo político que llama a apoyar al gobierno y dejar la lucha de clases para más tarde tendrá cada vez menos fundamentos en la medida en que se profundice la crisis del capitalismo. La verdadera epopeya que puede plantearse la juventud es la poner en pie una alianza con los trabajadores y todos los sectores populares oprimidos que luchan por igualdad de derechos y defienden sus reivindicaciones. Levantar la bandera de Mariano Ferreyra y no la de Facundo Moyano, porque como se demostró frente a los golpes del ’55 y el ’76 es la única fuerza social que puede presentarle batalla al imperialismo en esta Argentina dependiente y semicolonial. Esa es la perspectiva que defiende el PTS para construir una juventud revolucionaria entre los trabajadores y los estudiantes.

martes, 26 de octubre de 2010

Elogio de Mariano Ferreyra



La muerte de un militante revolucionario es la muerte de uno de los mejores hijos de los trabajadores y el pueblo. El militante revolucionario es el que sigue cuando los demás ya se cansaron, el que en vez de conformarse con lo que hay dice que hay que aprovechar para lograr más conquistas, el que siempre desconfía de la versión oficial y quiere estudiar críticamente las intepretaciones de la realidad. El militante revolucionario es el que nunca falta porque tiene que estudiar, en todo caso duerme menos y llega tan bien o mejor que los demás. El militante revolucionario es el que pone el cuerpo cuando los demás dudan o prefieren quedarse a un costado. El que hace su trabajo con obsesividad y se gana el respeto de sus compañeros. El que después de una larga jornada de trabajo utiliza el último aliento que le queda para organizar a los compañeros, para estudiar la historia del movimiento obrero o las ideas revolucionarias.


El militante revolucionario es el que eligió que su vida es importante pero más importante es si está orientada hacia objetivos grandes: la emancipación de la clase trabajadora y todos los oprimidos. El militante revolucionario es el que sabe que la vida tiene sentido si está puesta en función de algo infinito, que no es la divinidad de las religiones, sino la humanidad, con su incansable historia de opresión, miseria y sublevaciones. El militante revolucionario es el que sabe que no alza el puño por primera vez. Que hay innumerables generaciones de esclavos insurrectos que se alzaron antes y desde la historia reclaman que completemos la tarea que ellos no pudieron terminar. El militante revolucionario es el que sabe que no alcanza con ser izquierdista. Que para terminar con el capitalismo hace falta no sólo denunciar sus atrocidades, sino construir una organización revolucionaria que se proponga terminar con la explotación del hombre por el hombre de manera conciente y métodica.


El militante revolucionario es sobre todo, lo contrario de una figura mítica. Es una persona común, trabajador, estudiante, madre, hermana, que por motivos que no siempre se pueden racionalizar, simplemente no puede soportar la barbarie de la sociedad actual. No quiere ser un héroe, porque eso implica demasiado relieve individual, pero sabe que la lucha de clases puede ponerlo en el difícil lugar de los comportamientos heroicos. Lo único que desea no es el reconocimiento de los demás, sino pasar la prueba, no fallarle a sus compañeros. Estar a la altura de los que se la jugaron, de los que esperan que se la juegue ¡Suena tan modesto y tan difícil a la vez en un país donde la generación de los ’70 pasó por uno de los sistemas de terror y aniquilación más despiadados del Siglo XX!


Y sobre todo es algo tan desconocido por los indiviualistas, los que hacen su vida sin importarle lo que le pasa al de al lado, los que prefieren escalar en detrimento del bien común. Los que se burlan de los que luchan, porque es preferible ser un esclavo satisfecho, ingenuamente satisfecho con la propia condición de esclavo.


Lenin decía que este mundo es durísimo y muy cruel y muchas cosas deben ser destruidas por el hierro y por el fuego. En esa categoría entran sin duda, la burocracia asesina que segó la vida de Mariano Ferreyra, el gobierno que la sostiene y el sistema que defienden ambos. Los militantes trotskistas del PTS, estamos orgullosos de haber compartido la trinchera de lucha con Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero. Su nombre ha quedado inscripto para siempre en las banderas de lucha por la revolución socialista y la liberación de la clase obrera.

viernes, 30 de julio de 2010

En el campo de juego



Era una guerra de movimiento. El Peruano, cuyo nombre olvidé a fuerza de aplicarle el correspondiente apodo xenófobo, se defendía como un gato panza arriba. En realidad yo, que era más chico, me defendía de él, hasta que en un momento logré penetrar su territorio.

Con una gambeta lo dejé en el piso, lugar desde el cual me aplicó dos o tres de esos puntinazos reglamentarios a las canillas. No sirvió. La pelota pasó igual la línea de gol. Ese día había ganado.

Escenas como esa habían poblado mi infancia infinidad de veces. La plaza transformada en un campamento futbolístico por el piberío del barrio, que había ido secando y transformando en tierra el pasto. La coexistencia pacífica con ciertos integrantes de la hinchada de San Lorenzo, o que decían serlo para darse aires de gente con aguante; las peleas en que perdía mucho más de lo que ganaba, los escalamientos que llevaban a las terrazas de las señoras viejas del barrio, con el solo objetivo de recuperar la pelota.

La nuestra era una particular versión del juego, porque la cancha principal de la plaza era una pista de patinaje, en la cual con ayuda de algún adulto habíamos pintado el centro, las esquinas del corner, las áreas y dos pequeños arcos. Ninguno de nosotros entendía para qué habían puesto una pista de patinaje en una plaza en la cual había diez pibes por cada mujer, dado que la noble actividad de desplazarse sobre ocho rueditas no resultaba muy de varón a nuestro rudimentario entender…

Jugábamos con un arco bajito, de uno por uno y medio más o menos y sin arquero. Sacábamos el lateral con la mano, aunque a veces venían de otros barrios y lo sacaban con el pie, ante lo cual explicábamos la forma correcta de jugar en nuestra pista devenida campo de juego. Era la única cancha con baranda del mundo. A veces venían algunos que preguntaban si era papi o babi fútbol, lo cual era respondido con la famosa cita de Baruch de Spinoza: ¿De qué estás hablando, Willis?

El barrio siempre contuvo todas las sensibilidades: estaban los que iban a misa con sus padres, aquellos cuyos padres votaban a Zamora, quien para terror de mi vieja, que revistaba en las filas de aquellos, era “trotskista”, los hijos del camionero, del colectivero, del taxista, del que no se sabía de qué vivía, un hijo de cantante de ópera y anestesista que tenía el cielo ganado por adelantado, los coreanos que decían que en Corea la edad se computaba distinto porque pasaban dos años en la panza de sus madres (¡con razón se habla de la paciencia oriental!). Todos, sí, disfrutábamos recorrer las calles en verano con un balde lleno de agua y bombitas para el festejo del carnaval al que sometíamos ingenua pero cruelmente a algunas damas muy poco interesadas en el intercambio de agua por insultos.

De todos modos, esta actitud no podía encuadrarse estrictamente en un comportamiento hostil hacia el género femenino. Los del otro edificio, por ejemplo, a quienes asignábamos el poco reconfortante y muy ochentoso mote de “los conchetos”, fueran hombres o mujeres, recibían agua de la zanja a cambio de sus bombitas. Cuando se nos terminaba la munición, llenábamos nuevamente la botella en la breve correntada que acompañaba al cordón de la vereda y volvíamos a la carga. En realidad todas estas son secuencias que ocurrieron en tiempos diferentes, pero dejan claro el concepto, si se puede usar el término, de lo que éramos, queríamos y hacíamos.

La semana pasada estuve parado un buen rato, bajo la llovizna, en la misma pista devenida cancha y me acordé de estas cosas y muchas más. Mientras la malvinera contenía el ataque débil pero persistente del agua, observé el territorio en el que había transitado una significativa parte de mi vida. Había entrado por primera vez a esa plaza hace más de 20 años. Como símbolo de la política que nos dejó el turco y sus epígonos, ya no había bebederos ¿A quién se le ocurre que en un lugar para correr hasta quedar deshidratado no haya bebederos? Si se lo mira bien, el detalle es de una crueldad espantosa. Una escena de neoliberalismo explícito.

La plaza estaba prolijamente pintada de azulgrana, sólo interrumpido por leyendas que rezaban “No al polideportivo, Fuera CASLA”. Este principio de desgarramiento entre el barrio y el club no me afecta, primero porque ahora no me interesa especialmente el fútbol y segundo porque entiendo que a esa identidad de barrio y club no hay con qué darle: la amalgama entre Boedo y San Lorenzo no puede deshacerse por tal o cual dirigencia circunstancial o por la pésima idea de cerrar una plaza y abrir un polideportivo, que por otra parte, ya la escuché varias veces cuando era pibe.

De última, si cierran la plaza, siempre está el pasillo de mi propia casa, que más de una vez se transformó en un arco a arco entre mi viejo y yo. Daría lo que no tengo por ver a mi viejo pateando una pelota nuevamente.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Importante acción de solidaridad con la lucha de Terrabusi en el puente carretero


Esta tarde se realizó una importante acción de solidaridad con la lucha de los obreros y obreras de Terrabusi-Kraft. El Sindicato Ceramista, el CeProDH, organizaciones estudiantiles, elSindicato de Televisión, la CCC, el PTS, entre otras organizaciones que componen la multisectorial en solidaridad con la lucha de Terrabusi, junto con trabajadores de base de los gremios docentes y estatales, levantaron las barreras de los peajes y cortaron durante dos horas una parte de los carriles del puente que une Neuquén con Cipolletti, difundiendo este importante conflicto entre la comunidad del Alto Valle.

Aunque faltaba poco para el partido de la selección argentina con Uruguay y la gente
estaba apurada por llegar a su casa, recibimos muestras de apoyo y simpatía por este conflicto que se ha vuelto una verdadera causa nacional.

La actual lucha de los obreros y obreras de Kraft -Terrabusi lleva dos meses. En ese lapso enfrentaron las maniobras de una de las más poderosas multinacionales yanquis, el gobierno y la burocracia sindical. Con organización y lucha, le vienen parando la mano a esta empresa que quiere violar todos los derechos de los trabajadores y ganándose la simpatía de amplias capas de la población.

Por eso, una vez más en Neuquén nos hemos manifestado en su apoyo. Llamamos a todas las organizaciones a redoblar esfuerzos para que esta lucha triunfe.


CeProDH
Centro de Profesionales por los Derechos Humanos
Neuquén y alto Valle
Diagonal 9 de Julio Nº 82/86, Piso 1º - Neuquén
Tel. 0299 4426683 - Cel. 154121308

viernes, 25 de septiembre de 2009

¡No al desalojo en Kraft-Terrabusi!Todos a la marcha

Un centenar de compañeros y compañeros de diversas organizaciones, entre ellas el sindicato ceramista, el centro de Estudiantes de Bellas Artes, y organizaciones políticas y sociales nos manifestamos esta mañana en la cuidad de Neuquén en repudio a la política del gobierno nacional de militarizar la planta de Kraft-Terrabusi en Pacheco, Provincia de Buenos Aires.

Los trabajadores y trabajadoras de esa fábrica vienen llevando adelante una lucha contra 160 despidos hace más e un mes, con el apoyo y participación activa de todos los trabajadores.

La empresa Kraft, propiedad del multimillonario norteamericano Warren Buffet, violó en reiteradas oportunidades la conciliación obligatoria y reclama el desalojo de la planta. El ministro Aníbal Fernándes, a tono con el pedido de la empresa, declaró en los medio nacionales que “esto tiene que tener un fin”.

Ante esta situación, nos manifestamos esta mañana en la sede regional del Ministerio de Trabajo de Nación y convocamos a movilizarnos nuevamente junto a la multisectorial de apoyo a la lucha de Terrabusi este viernes 25 de septiembre a las 18 hs en el Monumento a San Martín.



PTS
Partido de los Trabajadores Socialistas
Diagonal 9 de julio 38 -Neuquén Tel. 447-1269
www.pts.org.ar

Graciela Frañol, (0299) 155 292 522

viernes, 7 de agosto de 2009


A raíz del golpe de Estado en Honduras

Teatro de operaciones

Por Darío Martini.
Profesor en historia


Atada a las políticas dictaminadas por Washington desde hace décadas, arrasada por el huracán Mitch en 1998 del cual nunca se pudo recuperar completamente, con una economía profundamente agraria dependiente de las exportaciones de sus productos primarios y de las remesas que envía la diáspora que vive y trabaja en el extranjero, Honduras es hoy el escenario del primer golpe de Estado del siglo XXI en Latinoamérica.
Durante las primeras décadas del siglo XX y junto con Nicaragua, Guatemala y El Salvador; este país recibía por parte de sus explotadores yanquis el calificativo de “república bananera”. Dos grandes compañías dirigían la vida política y militar del país. La “United Fruit Company” y la “Cuyamel”. La Cuyamel apoyaba a los liberales y la United a los nacionalistas.
Y es que difícilmente podríamos encontrar una burguesía nacional tan débil y servil a los intereses norteamericanos como la de Honduras. Ejemplo de esto es que en 1981 y frente a la revolución Nicaragüense triunfante, EE.UU. ordenó un recambio democrático. Sin embargo una fracción de la clase dominante se opuso proponiendo directamente la anexión de Honduras a la potencia del norte como estado libre asociado, sin voz ni voto.
Históricamente hospitalaria de los genocidas argentinos, EE.UU. le sigue autorizando cientos de millones de dólares en ayuda militar y económica. Mientras; el cincuenta por ciento de su población, (3.7 millones de personas) está por debajo de la línea de pobreza. Se estima que 1.2 millones de personas están desempleadas, (fermento social para las redes clandestinas internacionales de pandillas o “Maras”) sosteniendo una increíble cifra de 27.9% de desocupación. Miles de hondureños son la principal mano de obra junto con los filipinos y ceilandeses en los cruceros internacionales, famosos por sus atropellos laborales.
Desde Honduras se organizaron la invasiones contra el gobierno reformista en la Guatemala de Jacobo Arbenz en 1954 y de Bahía Cochinos en Cuba en 1961, (como así también misiones de sabotaje) los escuadrones de la muerte en el Salvador a principios de los ochenta y los bombardeos a ese país desde la base norteamericana de Soto Cano, formalmente establecida en su territorio en plena ofensiva de la “Contra” Nicaragüense.
La estrategia del golpe de Estado que se perpetró a fines de junio en Honduras procede directamente de la elite estadounidense, principalmente de sus sectores más derechistas y del influyente lobby “gusano” instalado en Miami desde 1959, con personajes como John Negroponte detrás de escena, agente de la C.I.A. en Vietnam, principal organizador de la contra nicaragüense y actual jefe del Concejo Nacional de Inteligencia (una especie de súper agencia de inteligencia fundada por George W Bush en 2005). A estos se le suman las multinacionales del banano, el tabaco, la minería, las maquilas; la explotación de la madera, el camarón, la piña, el turismo y otras industrias. El frente ideológico del golpe lo han constituido las jerarquías católicas y evangélicas, (propietarias de medios de comunicación y centros educativos privados) los dueños de los medios de comunicación más poderosos del país, y muchos intelectuales que se han puesto al servicio del régimen y las fuerzas represivas del Estado. La derecha latinoamericana ya tomó apuntes de lo que ocurre en Honduras, y frente a estos sucesos, personajes como Alan García en Perú y Álvaro Uribe en Colombia se envalentonan.
EE.UU es el único país que no retiró a su embajador de Honduras. En el senado norteamericano, (donde tiene mayoría la nueva administración demócrata de Obama) se debate entre la posición de la derecha republicana y una parte del partido demócrata que quieren aceptar la nueva situación de golpe de Estado “legal”, y otra (Obama-Hilary Clinton) que intentan negociar con los golpistas obligándolos a una transición pactada con el llamado a elecciones, (mediante tibias sanciones económicas y diplomáticas) a través de la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias.
Washington ya escogió a Arias para acabar de darle el jaque mate a la Revolución Sandinista en la década de 1980. En su propio país, este señor firmó un Tratado de Libre Comercio con EE.UU que no se ha concretado aún por la férrea oposición de las masas populares.
Mientras el tiempo pasa, en Honduras crece el número de muertos y desaparecidos. Solo la acción de los trabajadores y manifestantes hondureños es lo que aún mantiene la esperanza de derrotar el golpe y castigar a todos sus responsables. Es necesario impulsar la más amplia movilización y solidaridad internacional para con los mismos.

miércoles, 15 de julio de 2009

Postales de la Crisis


Diversión para pocos

Obama y la escalada guerrerista

Por Darío Martini

"Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto", dijo hoy Barack Obama. El presidente estadounidense, fanático de los medias blancas de Chicago, se dio el gusto de lanzar la bola inaugural del juego de las estrellas de béisbol. Obama no se detuvo ahí, de hecho se alojó en la cabina de los relatores de la FOX, oficiando de comentarista del juego[1].
El presidente de EE.UU también se está divirtiendo en otro terreno; la guerra.
En Afganistán, puso a rodar la más grande operación aerotransportada jamás realizada por los marines luego de la Guerra de Vietnam. Obama ha más que duplicado el número de fuerzas militares estadounidenses que han pasado de 32.000 a 68.000 y siguen sumando. En lo que va del mes de julio, han muerto 46 soldados de la coalición, entre ellos 24 norteamericanos[2].
Esta semana ha sido especialmente trágica para la coalición internacional en Afganistán. Dos marines estadounidenses murieron al estallar varias bombas de la insurgencia a su paso por una carretera de la provincia de Helmand. El lunes, habían fallecido otros siete militares. Sus aliados británicos han perdido 15 hombres en diez días. Ocho murieron en el espacio de 24 horas, entre el viernes y el sábado. Tres de ellos tenían sólo 18 años. Se acercan las elecciones en ese país y la ofensiva no se debe detener.
Según James Petras; ‘la puesta en escena’ de elecciones fijas entre candidatos que son clientes certificados por Estados Unidos es la norma en Iraq y Afganistán, donde la presencia de tropas estadounidenses garantiza una victoria colonial, en Irán y Honduras Washington recurre a operaciones encubiertas para desestabilizar o derrocar a los presidentes en ejercicio[3].
Lejos de cumplir con sus promesas de campaña, Obama redobla la apuesta guerrerista de su predecesor, George W. Bush. Esto no es nada nuevo en la historia de los Estados Unidos.
En 1963, Lyndon B. Johnson asumió la presidencia luego del asesinato de Kennedy. La primera campaña nacional contra la guerra en Vietnam tomó forma durante su campaña de reelección, en oposición al candidato republicano Barry Goldwater. Johnson, (que finalmente obtendría la presidencia con el 61 por ciento de los votos) había prometido terminar con la guerra, declarando; “nunca enviaré a muchachos norteamericanos a hacer el trabajo que los muchachos asiáticos deben hacer”[4].
EE.UU profundizó la guerra en Indochina, cuestión que disparó proporcionalmente la bronca contra el gobierno y que puso al movimiento contra la guerra de Vietnam en el mapa de las grandes rebeliones del último gran ascenso de masas de fines de los sesentas y principios de los setentas. En un acto contra la guerra frente al capitolio, un veterano señalo el edificio pronunciando estas palabras; “No queremos pelear más, pero si tenemos que pelear otra vez, será para apoderarnos de esos escalones”[5].
Hacia el final de su mandato, en 1968, Johnson tuvo que renunciar, (ya en plena campaña) a su nueva candidatura, mientras el movimiento contra la guerra coreaba las consignas del mayo francés.
Hoy las voces contra la guerra en medio oriente se sienten cada vez más. Obama tiene que enfrentar cifras de dos dígitos en la desocupación, las mayores quiebras de la historia, un aumento de la polarización social en el terreno domestico y fuertes presiones de la derecha republicana. Mientras tanto, y pese a todas las críticas y advertencias, la operación de “salida estratégica”[6] de Afganistán sigue en pié.
Lejos de aquellos a los que movilizó durante su campaña electoral con la promesa de un “cambio”, hoy Obama estuvo sentado con los comentadores de la FOX, disfrutando de una popularidad que la crisis internacional y la situación mundial y domestica seguramente pondrán en cuestión.

NOTAS:
[1]“Obama estuvo en el Juego de las Estrellas de béisbol” En: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1150783
[2] US Marines killed in Afghan bomb blasts En: http://wollongong.iprime.com.au/index.php/news/national-news/us-marines-killed-in-afghan-bomb-blasts,8446641#Scene_1
[3] James Petras; La estrategia de retroceso de Obama. Honduras, Irán, Pakistán, Afganistán (y el efecto boomerang). (14/07/2009). En: http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=39126.
[4] Franklin, Bruce; Vietnam y las fantasías norteamericanas. Ed. Final Abierto. 2008. Pág.115.
[5] Ibíd. Pág.126.
[6] Jim Kuhnhenn; Obama looking for Afghanistan exit strategy (Associated Press July 15, 2009) En; http://www.gopusa.com/news/2009/july/0715_obama_afghan.shtml

miércoles, 8 de julio de 2009

Zanón, una experiencia de lucha obrera. Fernando Aiziczon, Buenos Aires, Herramienta-El Fracaso, 2009. 223 paginas.

Esteban Vedia*
Zanón, una experiencia de lucha obrera, es la reelaboración de la tesis de licenciatura que Fernando Aiziczon hiciera en la Universidad Nacional del Comahue. Pero el trabajo también es resultado de la experiencia política del autor, fruto de su encuentro, como estudiante, con la lucha de los obreros. Y es justamente de este cruce entre lo académico y lo político que la obra tiene su singularidad, ya que al tiempo que se propone una reconstrucción militante de esa lucha, tensiona conceptos y explicaciones que exceden la descripción, convirtiéndose en un análisis y una propuesta de explicación del proceso.
La obra toma el periodo que va desde el asentamiento de Zanón en Neuquén, allá por fines de los setentas, hasta la puesta en marcha del control obrero, a mediados del 2002. El libro comienza con una Introducción de índole teórica que precisa que Zanón es la experiencia de mayor radicalización política y organizativa en el espectro de las “fábricas recuperadas”. También discute la pertinencia o no de aplicar los conceptos de los teóricos de los nuevos movimientos sociales (NMS) y aclara que esta búsqueda esta motivada por un “vació teórico” en la tradición marxista: la carencia de una teoría de la acción. Finalmente, en este intento de cruzar los teóricos de los NMS y el marxismo, que Aiziczon mismo reconoce poco productivo, pone en tensión otros conceptos tales como campo de protesta, habitus y cultura política de protesta.
En el Capitulo I (Argentina 1976-2001: del Estado al Mercado) recorre las características de la acumulación del capital durante este periodo para detenerse en las distintas formas de protesta social que van emergiendo al calor del agotamiento del mismo. Es de destacar como reconsidera la especificidad de la protesta social durante este periodo (movimientos de desocupados, etc.) pero que asimismo enmarca dentro de las relaciones capitalistas de producción, indicando la fragmentariedad de la protesta y de sus actores.
En el Capitulo II (Neuquén: campo y cultura de la protesta) sistematiza y desarrolla la hipótesis de que en Neuquén ha devenido, en oposición al Movimiento Popular Neuquino, una cultura política de la protesta asentada en la acción directa. Ese campo esta a su vez compuesto por un habitus militante, que pone en juego capitales políticos que se obtienen por medio de una práctica cultural compartida. Es de importancia meridiana el papel de los activistas de izquierda (partidarios o no) en esta cultura de la protesta como organizadores, animadores, trasmisores de prácticas, sin los cuales Zanón es inexplicable.
El Capitulo III (Zanón y las fábricas recuperadas. Un estado de la cuestión) se ocupa de un balance crítico de lo escrito hasta la fecha. Lo que destaca Aiziczon es que sin ubicar y ponderar el papel del militante, externo e interno, no se alcanza la clave explicativa para comprender la direccionalidad que toman los conflictos sociales.
En el capitulo IV (Las raíces estructurales del conflicto en Zanón) hace un repaso de las políticas de ‘promoción industrial’ que beneficiaron a distintos grupos de capitalistas nacionales y que en Neuquén significó la instalación, con incontables ventajas, de Cerámicas Zanón.
En el Capitulo V (Cerámica Zanón antes del conflicto) reconstruye la cotidianidad de la vida obrera en la fábrica, incluyendo su dimensión política, desde la vuelta de la democracia en 1983 hasta el año 1996, antesala de del conflicto.
En Capitulo VI (La Lucha por la recuperación del sindicato) reconstruye la intrincada red de relaciones que se fue constituyendo alrededor del núcleo de activistas, en el que destaca Raúl Godoy, militante del trotskista Partido de los Trabajadores Socialistas. Aparece así todo el peso del papel de los activistas. Relata como esta red se fue articulando por medio de actividades sociales y culturales (asados, campeonatos de fútbol, etc.) y como a partir de estas pudo recuperar la Comisión Interna y luego el Sindicato (SOECN, que también agrupa a otras tres fábricas). Al mismo tiempo destaca como los aportes del trotskista Raúl Godoy cristalizaron en nuevas prácticas basadas en la democracia obrera y la acción directa.
En el Capitulo VII (La recuperación del sindicato y la construcción del una tradición combativa, 1998-2002) relata los primeros pasos de esta gesta obrera, recuerda como la muerte del joven obrero Daniel Ferras, el sábado 15 de Julio del 2000, disparó la bronca contra la patronal, dando inicio a un ciclo de luchas que termina con la ocupación y puesta en funcionamiento bajo control obrero de la fábrica. Destaca la capacidad de los obreros de ganarse ‘el apoyo de la comunidad’ con una persistente actividad de difusión del conflicto.
En el Capitulo VIII (Antes del Control Obrero) analiza cómo durante los ajetreados meses del año 2001 los obreros de Zanón fueron tejiendo redes de solidaridad política y social, regional y nacional, alrededor de su conflicto. Destaca entre estas redes la solidaridad militante con las corrientes de desocupados (especialmente el Movimiento de Trabajadores Desocupados del populoso barrio San Lorenzo) y el rol y el protagonismo de la cultura de la protesta en estas redes.
El libro termina con el Capitulo IX (Política y cultura en la construcción de la identidad ceramista). Allí sostiene que el proceso de luchas y resistencia de los ceramistas se puede dividir en dos momentos, uno dirigido hacia adentro, de constitución y consolidación del núcleo afectivo de los ceramistas; y otro hacia fuera, de expresión de esa afectividad y de consolidación una identidad clasista. Identidad en la que mucho tuvo que ver, dice Aiziczon, la intervención del PTS y Raúl Godoy. Sin embargo esta identidad no es homogénea ni esta exenta de contradicciones. Concluye planteando las condiciones que posibilitaron la emergencia de Zanón: primero, el despliegue de un activismo de base (alimentado y acompañado por nuevos dirigentes); segundo, la solidaridad de las organizaciones; y tercero, la presencia del arco militante.
Para finalizar, realizo unas breves consideraciones críticas sobre el trabajo de Aiziczon. La tesis más fuerte del autor es que el caso de Zanón no se puede explicar sin la presencia de activistas (sujetos militantes de la cultura de la protesta neuquina) tanto dentro de la fábrica como fuera de ella. Esta tesis se apoya en otra, más general, que sin ponderar el peso de los activistas no se puede comprender la direccionalidad de ningún conflicto. Pues bien, este es el punto más débil del trabajo de Aiziczon, ya que en el texto la direccionalidad esta subsumida, oculta, bajo las prácticas culturales de los activistas neuquinos. Así, la historia de Zanón que nos presenta Aiziczon es una historia sin política o mejor dicho, donde las estrategias políticas de los actores (sindicatos, movimientos de desocupados, partidos, etc. incluido el SOECN o el PTS) pierden su especificidad, su singularidad, quedan veladas detrás de las afinidades culturales. Así, por poner un ejemplo entre muchos, la política para “ganarse a la comunidad” queda inscripta como un acierto sin más cuando en realidad corresponde a una clara orientación de “hegemonía obrera” por parte del SOECN. Aiziczon acierta al plantear que la direccionalidad de cualquier conflicto debe ser comprendida en términos de la influencia de los activistas, pero la dimensión política (estratégica y táctica), el cómo, cuando y porqué de esa direccionalidad debe salir a la superficie para que el análisis cultural no borre las intenciones y efectos no deseados de las orientaciones políticas.
Esta debilidad no debe hacer perder de vista el aporte que Aiziczon realiza, no sólo al campo de la historia en general, sino sobre todo a los militantes en particular, que encontraran en este libro una fuente de reflexión e inspiración.
* Prof. en Historia, Universidad Nacional del Comahue.

Serie Economía Marxista, 3ª entrega

Por Esteban Vedia
Mercancía y dinero (tercera parte)
En las anteriores entregas hemos recorrido el camino que se inicia en la mercancía para comprender el origen del dinero. Primero vimos cómo la mercancía es una relación que contiene al valor de uso y al valor de cambio, vimos cómo es el trabajo humano la sustancia común de todas las mercancías y cómo el tiempo de trabajo socialmente necesario es la medida social del mismo. Por último vimos cómo el dinero se origina en esa misma oposición de valor y valor de uso. El secreto del dinero quedaba develado.
El fetichismo de la mercancía
Marx llamaba “fetichismo de la mercancía” al proceso por el cual las relaciones económicas, sociales, se objetivaban y quedaban ocultas a la vista. Así las relaciones de valor aparecían como relaciones entre cosas (mercancía-dinero) cuando en realidad eran relaciones entre personas, oculta por la relación entre cosas.
Este carácter enigmático de los productos del trabajo deviene porque la igualdad de los trabajos humanos adopta la forma material de la igualdad objetiva de valor de los productos del trabajo. Esto quiere decir que si dos mercancías diferentes tienen una cantidad igual de valor, una misma cantidad de tiempo de trabajo contenida en ellas, se manifiesta entre ellas como una igualdad de sus valores, representados en dinero. Así la medida del gasto de fuerza de trabajo humano por su duración, cobra forma de la magnitud del valor que alcanzan los productos del trabajo. Por último, las relaciones entre los productores, en las cuales se hacen efectivas las determinaciones sociales de sus trabajos, revisten la forma de una relación social entre los productos del trabajo.
Lo que a nuestra vista, aparece como una forma fantasmagórica de una relación entre objetos (mercancía-dinero), entre cosas, es sólo la relación social determinada entre las personas.
El carácter de valor que presentan los productos del trabajo, no se consolida sino por hacerse efectivos en la práctica como magnitudes de valor. Estas magnitudes cambian de manera constante, por los cambios en las fuerzas productivas, independientemente de la voluntad, las previsiones o los actos de los sujetos de intercambio. Su movimiento social posee para ellas la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control se encuentran, en lugar de controlarlas. Así por ejemplo hoy, la crisis económica, la desocupación y otros fenómenos económicos, aparecen como procesos naturales, objetivos, cuando en realidad expresan cambios acumulados en las relaciones capitalistas de producción.
Marx defendió la idea de que se requiere de una producción de mercancías desarrolladas de manera plena antes de que brote, a partir de la experiencia misma, la comprensión científica de que los trabajos privados son reducidos en todo momento a su medida de proporción social en las relaciones de intercambio de sus productos, el tiempo de trabajo socialmente necesario se impone de modo irresistible como ley natural reguladora (ver primer articulo de la serie). Su desciframiento borra la apariencia de la que la determinación de las magnitudes de valor alcanzadas por los productos del trabajo es meramente fortuita, pero en modo alguno elimina su forma de cosa.
Antes de continuar, repitamos (ver primer articulo de la serie) que así como el valor se representa en el dinero y el dinero se erige en representante de los valores, los precios, expresiones dinerarias de los valores, representan no directamente los valores sino el cuanto pueden subir o bajar la denominación dineraria por encima o por debajo de esos valores. Ese más o menos responde a cosas secundarias como la oferta y la demanda, etc. Así, en el capitalismo, los precios y los valores la mayoría de las veces no coinciden, el valor aparece así como un promedio social.
El proceso de intercambio
El proceso de intercambio se representa en la figura M-D-M, donde M son las mercancías y D el dinero, que cumple una función mediadora. M-D es la venta y D-M es la compra. En este caso se representa la operación por la cual un poseedor de M vende, la cambia por dinero y con éste realiza una compra, es un intercambio mercantil simple.
Así, en el proceso de intercambio, en el cual se enfrentan los poseedores de mercancías, las cuales son no-valores de uso para sus poseedores y valores de uso para sus no-poseedores, las mercancías deben realizarse primero como valores antes que puedan realizarse como valores de uso. Esto quiere decir que si yo vendo una mercancía la vendo porque yo ya no le encuentro otra utilidad, para mi no tiene más uso que ser un puro valor. Y al contrario, si yo compro una mercancía, la compro porque veo en ella una utilidad concreta, la compro para satisfacer una necesidad. Y finalmente quiere decir que para que yo pueda consumir (valor de uso) debo antes comprar (valor).
Por otro lado, como lo explicamos en la segunda entrega, en el proceso social de intercambio se aparta del mismo una mercancía determinada (sal, oro, etc.) en la cual todas las demás representan su valor, cumpliendo así una función específicamente social. Así una mercancía no parece transformarse en dinero porque todas las demás mercancías representan en ella sus valores, sino que a la inversa, éstas parecen representar en ella sus valores porque es dinero. El movimiento mediador se desvanece en su propio resultado, no dejando tras de si huella alguna.
La transformación del dinero en capital
A diferencia de la forma mercantil simple, vender para comprar o M-D-M, en el capitalismo ya desarrollado el producto último de la circulación mercantil es el dinero, y como tal ésta es la primera manifestación del capital. Así el dinero en cuanto dinero y el dinero en cuanto capital sólo se distinguen en cuanto a la forma de circulación. En M-D-M el dinero es mero medio de circulación. En D-M-D, o comprar para vender, el dinero ya circula como capital. Aquí el dinero deviene capital, aquí el dinero no se gasta, no se consume, sino que se adelanta para comprar mercancías para volverlas a vender. Aquí el dinero se transforma en capital, funciona como capital. En M-D-M el objetivo es el valor de uso, en D-M-D es objetivo es el valor de cambio (intercambio de dinero por dinero).
Pero para que se complete esta forma, para que el intercambio tenga sentido debe haber una diferencia cuantitativa, de magnitud, en los dos extremos de la forma, porque en D-M-D hay intercambio de equivalentes, no hay diferencia alguna. La nueva formula debería ser, entonces, D-M-D’, donde D’ es igual a D más un incremento (D’= D+∆D, el símbolo ∆ representa incremento). A dicho incremento, o al excedente por encima del valor originario, Marx lo denomina plusvalor. Así la formula D-M-D’ transforma a D en K (capital). Y el capitalista es el vehículo consciente de este movimiento.
El capital (K) es un valor que se valoriza en el cambio de forma, hay un proceso de autovalorización. Sin embargo D-M-D, en la medida de que hay un incremento o D-M-D’, contradice la ley del valor ya que no hay intercambio de equivalentes, esta es la contradicción de la formula general del capital.
El problema está justamente en el incremento de D (∆D o plusvalor). Primero debemos aclarar que en su forma pura, respetando la ley del valor o que las mercancías se intercambian según el tiempo de trabajo socialmente necesario, D-M-D es un intercambio de equivalentes. Pero si se intercambian equivalentes no se origina plusvalor alguno. Por lo tanto debemos dirigir nuestra atención a D-M-D’ y sobre todo al incremento de D (∆D), al plusvalor. El plusvalor debe surgir de la esfera de la circulación, porque tiene que surgir de un intercambio de equivalentes, y no puede surgir de de la circulación porque deben intercambiarse no equivalentes. Tenemos así una contradicción que resolveremos dirigiéndonos hacia el proceso de producción del plusvalor. Ese será el tema de nuestras próximas entregas.