martes, 25 de agosto de 2015

Hegel o Spinoza (sobre el clásico de Pierre Macherey)

Hegel o Spinoza (Bs. As. 2006, ed. Tinta Limón, 262 págs.) de Pierre Macherey, publicado originalmente en francés en 1979 es un libro de una gran fortaleza argumental. 

La sutileza argumentativa de este libro lo vuelve un poco camaleónico. 

Aunque muchas veces se lo ha presentado como una especie de Biblia del spinozismo anti-hegeliano, los argumentos de Macherey son muy diferentes a los de cualquier lectura simplificadora. Baste decir que en ciertos párrafos dedica algunos argumentos secundarios a desmitificar ciertos pasajes de Deleuze (pág.179) y Colletti (págs. 244/245), así como anticipadamente el argumento del "materialismo del encuentro" del último Althusser (pág. 223). Pero no nos anticipemos nosotros.

Macherey procede por un método argumentativo ambivalente y riguroso a la vez. Si bien su objetivo es desmitificar la refutación de Spinoza por Hegel, esta tarea puede realizarse a condición de deconstruir la interpretación hegeliana, incluyendo la demostración de las proximidades entre ambos que Hegel pasó por alto. 

Por eso nos dice que Hegel o Spinoza, puede significar "o bien Hegel o bien Spinoza"  tanto como "Hegel sive Spinoza", es decir Hegel o Spinoza, no como alternativas que se excluyen sino como términos intercambiables y de algún modo equivalentes. 


La aclaración no está de más y no es un ejercicio ocioso, porque hace a uno de los principales procedimientos que hacen muy atractivo el trabajo de Macherey: mostrar por un lado lo "arbitario" de la lectura "por defecto" que Hegel hizo de Spinoza presentándolo como un precursor que no llegó a formular la idea de que la sustancia es sujeto y a la vez demostrar cómo en muchos aspectos que Hegel presenta como centrales en su crítica de Spinoza, el filósofo judío-holandés está mucho más cerca de Hegel de lo que el filósofo alemán estaba dispuesto a reconocer.


Macherey propone entonces modificar el orden "cronológico" que la lectura de Hegel impuso sobre Spinoza e intenta demostrar que finalmente es éste que el que refuta a aquel. Y asimismo busca indagar en cuál es el aspecto de la filosofía spinoziana que se volvió intolerable para Hegel y condicionara su lectura del pensamiento del autor de la Ética demostrada según el orden geométrico

El filósofo francés concentra los argumentos sobre los mismos ángulos que utilizara Hegel en las Lecciones de Historia de la Filosofía y en la Ciencia de la Lógica, así como parcialmente en el prólogo de la Fenomenología del Espíritu: la cuestión del método, la de los atributos y la de la negación. 

Antes de pasar a esos puntos, Macherey parte de presentar la crítica inicial de Hegel: Spinoza comienza por lo absoluto de manera inmediata, como el pensamiento oriental y de esta forma todo desarrollo ulterior no puede revestir más que la forma de una decadencia, toda vez que al presentar la sustancia como el comienzo y no como el resultado de un recorrido dialéctico en el que las determinaciones se constituyen a partir de un automovimiento, la sustancia resulta una identidad vacía y las determinaciones algo extrínseco. La sustancia de Spinoza no deviene sujeto

Hegel entonces retoma la crítica del método matemático (que extiende al conocimiento histórico), la cual ejerce con gran eficacia en el prólogo de la Fenomenología del Espíritu y aplica esa crítica al método geométrico de Spinoza. Contra esta interpretación, Macherey sostiene que para Spinoza en realidad el método es algo muy parecido a lo que es para Hegel. Citando algunos pasajes del Tratado de la reforma del entendimiento, Macherey rescata la concepción spinoziana del método ("idea de la idea" que sólo puede existir si primero existe una idea) como un camino y no como una precondición para el conocimiento: 
"... el verdadero método no es buscar el signo de la verdad después de la adquisición de las ideas sino el camino (via) para buscar, en el orden debido, la verdad misma o las esencias objetivas de las cosas o las ideas (todos estos términos significan lo mismo)" (Macherey, pág. 69).
Macherey concluye que esta lectura del método según Spinoza coincide en parte con la idea de Hegel de que el método no es un a priori ni un conocimiento específico sino el despliegue de los contenidos.

En cuanto a la noción de atributo, Macherey destaca su ambigüedad, tanto como debate contra la idea de Hegel del atributo como una determinación exterior a la sustancia. Debate especialmente contra la interpretación de Hegel de que los atributos serían solamente dos: pensamiento y extensión, mientras Spinoza destaca que el entendimiento es el que percibe estos, pero que los atributos son infinitos.

Para Hegel la relación entre la sustancia y los atributos que construye Spinoza sería "cronológica" (la sustancia es anterior a los atributos) y "jerárquica" (los atributos son determinaciones que implican un deterioro de lo absoluto). 

Por el contrario, para el autor, si tomamos en toda su significación la noción spinoziana de causa sui ("entiendo por causa de sí aquello cuya esencia envuelve la existencia; dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente" Ética, Definición I, Primera Parte, Ed. Porrúa, México DF 1996, pág. 7) la sustancia se engendra y determina a sí misma siendo los atributos la forma de esa determinación. 

Aquí aparece algo que según Macherey es intolerable para Hegel. Al presentar en pie de igualdad al pensamiento y la extensión (lo que los comentadores tradicionales denominan "paralelismo metafísico" en una interpretación que Macherey no toma al pie de la letra) como atributos de la sustancia, los cuales no presentan un orden jerárquico entre ellos, Spinoza destronaba al pensamiento del lugar que Hegel le asignaba en su búsqueda del Saber Absoluto.

El tercer aspecto, el de la negación, reviste particular importancia, ya que hace al punto en el que las filosofías de Spinoza y Hegel se oponen más claramente. En primer lugar, Macherey busca desmitificar la forma en que Hegel popularizó la cuestión de la negación en Spinoza: a través de la frase omnis determinatio est negatio (toda determinación es negación) que Spinoza no pronunció de modo tan universal ni exactamente con esas palabras. 

Macherey cita la carta 50 a Jarig Jelles, en la que Spinoza habla sobre los cuerpos finitos y determinados y en ese contexto utiliza la expresión determinatio negatio est (determinación es negación), pero señala que para Spinoza el término determinación no tiene solamente un sentido negativo, sino también positivo (en tanto es Dios el que determina las cosas a obrar). 

En este contexto, Macherey señala que Spinoza vuelve a no estar tan lejos de Hegel o Hegel de Spinoza, con la diferencia de que mientras Hegel transforma este doble carácter de la determinación en una "contradicción racional", Spinoza simplemente lo ignora y no se siente tentado de "superarlo" o "resolverlo" (Macherey, pág. 182/183).

Macherey entonces va al núcleo central de la crítica de Hegel a Spinoza: su sustancia no deviene sujeto o lo que es lo mismo, en su filosofía está ausente la "negación de la negación" que es el trámite dialéctico (por utilizar una expresión de Carlos Astrada) mediante el cual el Sujeto se constituye a partir de un largo recorrido en el que se aliena en el objeto y luego vuelve a su unidad a partir de su propio automovimiento interno. Aquí Macherey vuelve a hacer una inteligente crítica. Si la sustancia spinoziana no es un sujeto, la sustancia hegeliana tampoco es un sujeto, sino que es Sujeto, es decir, es un proceso mediante el cual el Sujeto se vuelve absoluto y se liquida asimismo como sujeto concreto. 

Macherey, por el contrario, propone una "dialéctica de la sustancia", una dialéctica material, basada en la noción spinoziana de conatus, el esfuerzo de cada cosa por perseverar en su ser, siguiendo una causalidad mecánica, en lugar del movimiento resultante de presentar la identidad de una cosa y su contrario, acorde con la existencia de un sujeto intencional a la manera hegeliana (Macherey, págs. 211/212).

Señala asimismo que el límite entre una dialéctica materialista y una idealista es una pregunta a responder más que una demarcación establecida con claridad, ya que en la historia de la filosofía no puede hablarse de la dialéctica en general o de "toda dialéctica" (pág. 260). 

Si bien el enfoque de Macherey es muy atractivo, deja varias cuestiones pendientes. La principal a mi entender es la siguiente: una vez realizada la relectura crítica de Hegel desde Spinoza, invirtiendo el "evolucionismo" impuesto por Hegel en la historia de la filosofía ¿dónde queda parado el pensamiento emancipatorio con una metafísica materialista estructurada alrededor de una causalidad mecánica, por más que sea inmanente? ¿Cuánto ganamos y cuánto perdimos después de poner a Hegel en "su lugar"? 

En este sentido, una proximidad entre Spinoza y Hegel, señalada por Marx en un conocido pasaje de La Sagrada Familia es que la filosofía especulativa alemana había sido una restauración "victoriosa y sustancial" de la metafísica del Siglo XVII  (en particular Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz) contra la que había luchado el materialismo inglés y francés del Siglo XVIII. 

Desde este punto de vista, la posición de Macherey implica un retroceso no cronológico ni evolutivo, sino teórico, respecto del nuevo materialismo de Marx, que se delimita de la metafísica, del materialismo mecanicista y de la filosofía hegeliana que transformaba los sujetos reales en "predicados de un predicado abstracto", buscando comprender los sujetos sociales concretos y sus relaciones a través de conceptos como la alienación, la propiedad privada, la sociedad humana, la praxis, las clases, la lucha de clases, el fetichismo de la mercancía, la plusvalía, las leyes tendenciales y otros. 

Por último, cuesta mucho no relacionar este enfoque "antisubjetivista" de Macherey con un clima de época que resumiera muy bien Jacques Rancière unos años antes de la publicación de Hegel o Spinoza:

"Hoy en día la lucha contra el humanismo teórico y la filosofía del sujeto ¿es una lucha de clases importante en la filosofía? Mire alrededor suyo: en ese punto, la Universidad francesa de 1973 está tan pacificada como la sociedad soviética de 1936. No hay un solo lugar donde no se proclame la muerte del hombre y la liquidación del sujeto: en nombre de Marx o de Freud, de Nietzsche o de Heidegger, del 'proceso sin sujeto' o de la 'deconstrucción de la metafísica', grandes y pequeños mandarines van por doquier, acechando 'al sujeto' y expulsándolo de la ciencia, con el mismo ardor que ponía la Tía Betsy al echar a los burros de su césped en David Copperfield. La única lucha entre nuestros filósofos universitarios versa sobre lo siguiente: ¿con qué salsa nos comeremos 'el sujeto'? En cuanto al hombre (...) De hecho, los únicos que todavía se atreven a hablar de él, sin más precauciones, son los trabajadores." (La Lección de Althusser, LOM Editorial, Santiago de Chile 2013, pág. 105).
Después de todo, no es tan fácil librarse del "trabajo de lo negativo"....  

2 comentarios:

Juan D dijo...

Me resultó muy interesante y estimulante el artículo, aún con limitados conocimientos de la fislofía de Spinoza.
Al respecto, leí en un artículo que según A.Tosel habría dos vías de recepción de la filosofía de Spinoza en el marxismo:
"Una pasa por Plejánov que lo lee a la luz de la ciencia alemana –Leibniz-Wolff-Hegel para ir rápido–, reformulando su sistema en una neo-metafísica “materialista”. La otra, la “gran Otra”, pasa por Labriola que sostiene una lectura decididamente no especulativa, centrada en la parte tercera de la Ética11, la cual, según nosotros, está afiliada sin duda a la lectura vigotskyana."
El artículo, cuyo link pego abajo, resalta algunos elementos de la lectura del psicólogo soviético, para quien Spinoza constituye una fuente de inspiración constante. Habrá que retomar esa lectura.
http://marxismocritico.com/2012/11/16/un-pensamiento-para-el-futuro-a-proposito-de-vigotsky/
Saludos,
juan

Juan Dal Maso dijo...

Gracias Juan por el aporte. Me acuerdo que en las cartas de Labriola a Sorel hay menciones a Spinoza sobre el tema de la "imaginatio" relacionadas con la cuestión de la relación entre la praxis, el marxismo y el conocimiento.

Después, aunque Gramsci no hace mención de Spinoza, sino que viene de la problemática crociana, está la cuestión del concepto de inmanencia en el marxismo, sobre lo que hemos escrito algunas cosas en este blog, ligada también a cómo Gramsci leía a Antonio Labriola.

Slds.