domingo, 29 de marzo de 2009

El Programa de Transición y su vigencia



El reparto de las horas de trabajo sin afectar los salarios, la renacionalización de los recursos naturales, el control obrero de la producción, la unidad de os trabajadores efectivos, contratados, precarios, nativos, inmigrantes, son parte de un programa que condensa las experiencias de más de 150 años de lucha de la clase trabajadora internacional. Ese programa es el Programa de Transición, elaborado por León Trotsky en 1938. Muchas de sus consignas vuelven a ser tomadas como propias por distintos sectores de la clase trabajadora que salen a la lucha: el control obrero y la expropiación en Zanon, el reparto de las horas de trabajo en las automotrices cordobesas, la organización desde las bases contra la burocracia y la patronal, en el subte de Bs. As. Durante febrero, realizamos en Casa Marx cuatro encuentros para debatir y refl exionar sobre el Programa de Transición y su vigencia. En sucesivas entregas, acercaremos a los lectores/es de La Verdad Obrera Neuquén y Alto Valle algunos de los contenidos del debate.


Contexto Histórico del Programa de Transición


El Programa de Transición fue elaborado por León Trotsky para buscar unir las luchas de la clase trabajadora con la lucha contra el capitalismo, por la revolución y el socialismo. Los hechos más importantes para ubicar la elaboración del Programa de Transición son los siguientes:
Las derrotas de la clase trabajadora a nivel internacional y la consolidación del stalinismo en la URSS: La oposición de izquierda orientada por LT se organizaba a partir de 1923 para enfrentar los privilegios de la burocracia al interior de la URSS pero también su política internacional zigzagueante que generó derrotas en Alemania en el ’23, en China 25-27, en Alemania más tarde, entre otras. Los juicios de Moscú, en los que fue liquidada la vieja guardia del partido bolchevique, fueron la expresión más aberrante del régimen totalitario de la burocracia.
El ascenso de los nazis en Alemania: expresa la descomposición de la sociedad capitalista, en particular en aquellos países imperialistas que no tienen sufi cientes colonias. A su vez, es el punto de ruptura de Trotsky con la III Internacional, por la pasividad del PC alemán frente al ascenso de Hitler. Recordemos que los comunistas alemanes, a tono con la III Internacional, que en ese momento estaba en un viraje “ultra”, se negaban al frente único con los socialistas y decían “primero (sube) Hitler, después nosotros”.
La crisis económica del ’29 y la marcha hacia la 2ª Guerra Mundial: La crisis y las tensiones entre las potencias ponen de manifi esto que la 1ª Guerra no había resuelto las principales contradicciones del capitalismo en su fase imperialista.
La Guerra Civil Española y la radicalización del movimiento obrero: Paralelamente a la Guerra Civil en España, se desarrollaban procesos de huelgas y luchas masivas en Francia, la organización obrera y el surgimiento del CIO en EEUU, el renovado impulso a la lucha por la liberación de las colonias y semicolonias.


El Programa de Transición y la IV Internacional


Este era el contexto en que Trotsky y sus partidarios preparaban la Conferencia de fundación de la IV Internacional que se realizó en París el 3 de septiembre de 1938.
La IV Internacional se componía casi exclusivamente de cuadros y su influencia se extendía en un sector de vanguardia minoritario de la clase trabajadora. El informe presentado a la conferencia da un total de cerca de 5500 miembros, distribuidos de la siguiente manera: EEUU, 2500, Bélgica 800, Francia 600, Polonia 350, Inglaterra 170, Alemania 200, Checoslovaquia 150-200, Grecia 100, Indochina sin número a pesar de que era un grupo con importante infl uencia, Chile 100, Cuba 100, Sudáfrica 100, Canadá 75, Australia 50, Brasil 50, Holanda 50, España 10-30, México 25, Suecia, Noruega, Dinamarca, Rumania, Austria, Rusia, Bolivia, Argentina, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela, China e Italia, aparecen sin números. Más tarde se dijo que esos números no eran del todo fi dedignos. Por ejemplo, en una carta de Jean Rous a James P. Cannon (dirigente del SWP de EEUU) dice que los 600 del POI francés había que dividirlos por dos en realidad. A su vez, Rudolph Klement, a cargo de la organización de la conferencia y asesinado por la GPU antes de su realización, señalaba en un informe de preparación que había partidarios de la IV en Marruecos, Palestina, Yugoslavia y Letonia, los cuales no aparecen mencionados en el informe de la Conferencia.
El Programa de Transición, que era más un manifiesto programático que un programa acabado, iba a ser, para Trosky, la herramienta con la cual esos 5500 cuadros podrían abrirse un camino hacia las masas de la clase trabajadora.


El imperialismo y el cambio de ritmo del tiempo histórico ¿Por qué un programa de Transición?


En los años de crecimiento “armónico” del capitalismo, la socialdemocracia había dividido el programa entre una parte de programa mínimo como las 8 horas, mejores condiciones de trabajo, etc. Por otro lado, el programa máximo hablaba de la revolución y el socialismo como objetivos lejanos.
Sin embargo, el siglo XX trajo consigo la modifi cación del ritmo evolutivo del tiempo histórico. Ya no se podía pensar en un presente de acumulación gradual de pequeñas conquistas y en un futuro socialista que nunca llegaría. La Primera Guerra mundial mostró que el capitalismo no podía seguir vivo si no era a costa de destrucción y muerte. La revolución rusa mostró que había llegado el momento de luchar por el poder de la clase trabajadora para terminar con esa barbarie. Pero los años posteriores a la revolución rusa trajeron un presente de derrotas y un futuro nada prometedor, si la clase obrera no lograba extender el ejemplo de la revolución rusa al terreno internacional.
En este contexto de enfrentamiento de revolución y contra-revolución, se daban cambios bruscos en la lucha de clases, situaciones favorables se transformaban en desfavorables para la clase trabajadora en lapsos muy breves de tiempo. Trotsky señalaba en Adónde va Francia que lo que caracteriza la época imperialista del capitalismo, la época de decadencia capitalista, es la existencia de estos cambios bruscos de las situaciones, es decir, la existencia de situaciones transitorias. Una situación puede pasar de pre-revolucionaria a revolucionaria o a directamente contra-revolucionaria, según la política que lleven adelante las organizaciones obreras y las relaciones de fuerzas que conquisten frente a la clase enemiga.
Por eso, el Programa no deja de lado las consignas mínimas, pero las ubica en un contexto distinto, ligándolas a la lucha de conjunto. Con propuestas como el reparto de las horas de trabajo sin bajar los salarios o el control obrero de la producción, el programa une las luchas por las demandas más sentidas de la clase trabajadora con el cuestionamiento de la propiedad privada en la perspectiva de la conquista del poder por la clase trabajadora por medios revolucionarios.


El Manifiesto Comunista del Siglo XX
En un momento en que el “marxismo” oficial era una repetición de fórmulas vacías según los intereses de la burocracia de Moscú, el Programa de Transición retomó el hilo de las elaboraciones de la tradición marxista clásica, planteados por primera vez en el Manifiesto Comunista y desarrollados por los cuatro primeros Congresos de la III Internacional, especialmente al problema clave, planteado por las derrotas que siguieron a la revolución rusa: ¿Cómo hacemos para lograr la conquista del poder por la clase obrera en el resto del planeta? Esta pregunta, que recorrió los Congresos tercero y cuarto de la III Internacional, es retomada por Trotsky en un sentido mucho más concreto, no sólo porque fue el único que dio cuenta del proceso de burocratización de la URSS, sino también porque presenta en el Programa un sistema de consignas y reivindicaciones que responden a las experiencias realizadas previamente por el movimiento obrero, pero que no habían sido reunidas de esta forma, permaneciendo como elementos relativamente aislados en la historia de la lucha de clases.
Por todos estos aspectos, se puede considerar al Programa de Transición como el Manifiesto Comunista del siglo XX, en el sentido de que fue el texto clave para el rearme programático, político y estratégico del movimiento revolucionario de la clase trabajadora, como lo fue el Manifi esto en el siglo XIX. Y es una herramienta ineludible para luchar contra el capitalismo en el Siglo XXI.