miércoles, 25 de abril de 2012

Una Lección... de antitrotskismo (sobre la Lección Sexta de José M. Aricó)

La verdad es que ya me imaginaba, por comentarios de los amigos, que en este capítulo el autor iba a derrapar. Pero siendo Aricó, tenía alguna expectativa de que no fuera para tanto, en razón de su alto nivel marxista. Aparentemente (y sé que estoy adelantando una conclusión) o no leyó a Trotsky o tergiversó concientemente sus ideas. Trataremos de no hacerla larga, pero vamos a resumir el argumento de Aricó y de paso comentar las operaciones que hace para sostener su posición insólita. 

Trotsky fue un cosmopolita (¡y para peor judío!) que partiendo de la categoría del mercado mundial dedujo que Rusia podía tener una revolución democrático burguesa que se transformaría en socialista por ser dirigida por la clase obrera. Basaba su lectura en que el mercado mundial creaba las condiciones para ello. En lugar de explicar las peculiaridades de la formación económico-social rusa como hizo Lenin, Trotsky sobrevaloraba el rol del Estado como agente de un capitalismo que venía de afuera, por lo cual a su vez exageró las condiciones revolucionarias de la clase obrera occidental y subestimó el rol revolucionario del campesinado, al revés que Lenin. 

Paradójicamente, Lenin habría exagerado la diferenciación de clases en el campo y subestimado el rol de Estado en el proceso de conformación del capitalismo ruso. O sea que el defecto de Trotsky sería el mérito que faltó a Lenin ¿En qué quedamos?

Los argumentos de Aricó son insostenibles por varios motivos. Confunde mercado con economía mundial. La economía mundial supone un nivel de interdependencia mayor que el mercado y de eso habla Trotsky. En segundo lugar, desconoce precisamente que Trotsky le dedicó especial importancia a las particularidades del desarrollo de Rusia, al punto de que lo que dice que le faltó a Lenin es lo que desarrolló Trotsky. Que Trotsky ubicara este desarrollo particular como parte de la economía mundial (al revés de lo que dice Aricó) le dio más capacidad predictiva a su teoría, que se demostró como la más adecuada para explicar las fuerzas motrices y la mecánica de la revolución rusa. 

En tren de desconocer esto, Aricó también se saltea el cambio operado por Lenin en sus Tesis de Abril. En esas tesis, Lenin dice que la "dictadura democrática de obreros y campesinos" que seguían defendiendo los viejos bolcheviques conciliacionistas se había realizado parcialmente después de febrero, pero era una fórmula superada y planteó la orientación de "todo el poder a los soviets". Aricó, corrigiendo el error de la Lección Quinta, rescata la importancia dada por Lenin a los Soviets, pero se olvida de este detalle fundamental, que casualmente selló la confluencia estratégica de Lenin y Trotsky.

Junto con esto, hay operaciones auxiliares en las que se confunden los tiempos y los debates. Por ejemplo, la incorporación de los SR de izquierda al Consejo de Comisarios del Pueblo sería expresión de esta sensibilidad de Lenin hacia el campesinado (habiéndose salteado como ya dijimos las Tesis de Abril), política hacia la que Trotsky no tuvo objeción alguna. O las diferencias en Brest Litovsk eran porque Trotsky esperaba el auxilio de la revolución internacional y Lenin no, cuando la diferencia era sobre si primaban los tiempos políticos o los militares para tomar la decisión.

Reproduciendo y bastardeando la idea gramsciana del "cosmopolitismo" de Trotsky opuesto al carácter "nacional" de Lenin (yo admiro a Gramsci pero en esa se pasó de stalinista) hace una fábula digna de un propagandista del PCA, del que fuera expulsado en los orígenes de Pasado y Presente.

Lo demás sobre el particular, ya lo dijo Eduardo acá.

Pero quedan dos cuestiones más que quisiera tomar. La primera es que si la reflexión que hace el autor tiene que ver con las relaciones de economía y política en el marxismo, para aportar a superar desde el marxismo el hiato que el capitalismo establece entre ambos planos y que se expresa en el sindicalismo y el corporativismo, precisamente el pensamiento de Trotsky rompe en ese aspecto con la tradición evolucionista socialdemócrata que Aricó somete a crítica en todas sus lecciones. No solamente por el cuestionamiento de la revolución por etapas que en Rusia implicaba una revolución burguesa con la socialdemocracia como oposición parlamentaria (posición de los mencheviques y también de muchos bolcheviques entre Febrero y Octubre del '17), sino porque al plantear a la clase obrera como sujeto de la revolución democrático-burguesa sienta las bases desde otros presupuestos teóricos  para una estrategia hegemónica de la clase obrera como la que delineó Lenin, porque la clase trabajadora no solamente resolvería las tareas que corresponden a su interés de clase entendido de manera coporativa sino las que hacen al "movimiento en su conjunto" como decía Marx. 

En segundo lugar, Aricó ni se plantea la cuestión de las consecuencias teóricas de la confluencia estratégica entre Lenin y Trotsky. Efectivamente no hubiera sido muy realista esperar que Lenin hubiese dicho "muchachos, Trotsky tenía razón con su teoría de la revolución permanente", pero lo cierto es que las consecuencias teóricas de la revolución rusa (Trotsky enfatizó la importancia de sus lecciones estratégicas antes de elaborar la  versión más completa de su Teoría de la Revolución Permanente) hacía también al marco estratégico posterior a 1917 y la adherencia dogmática del viejo bolchevismo a la concepción de la "dictadura democrática de obreros y campesinos" facilitó la política etapista hacia la revolución china de 1925-1927 y más en general la deriva centrista  de la III Internacional después de 1923.