martes, 17 de junio de 2014

Realpolitik y hegemonía: a propósito de una lectura de Peter D. Thomas sobre la NEP

Mientras compañeros de más alta calificación dan cuenta de los avatares de la realidad argentina, los galos de Asterix seguimos con la tarea de "desmenuzar" el "marxismo de Peter D. Thomas", y su libro The Gramscian Moment, poco conocido en la Argentina, pero un best seller a nivel de la izquierda europea. 

En la conclusión de este post, hacíamos referencia a que la tendencia de Thomas (que exacerba a su modo la ya existente en Gramsci) de postular la hegemonía como "superación del plano económico-corporativo" entendida como una primacía unilateral de la política por sobre el peso social de la clase obrera, se expresa en su lectura de la NEP (Nueva Política Económica). Y accidentalmente, llegamos a un punto que une muchas aristas teóricas, programáticas y estratégicas. 

Thomas asimila la NEP a la política de Frente Único y plantea que la NEP no fue una mera "retirada" impuesta por las circunstancias sino un proyecto de hegemonía civil y política de la clase obrera rusa:


"... la NEP fue tanto una 'revolución cultural' como 'económica' que perseguía la renovación de las relaciones sociales (de producción  pero también otras relaciones sociales) sobre las cuales el Estado soviético se había fundado forzosamente. Fundamentalmente, esta NEP se basaba en la tesis de "primacía de la política", como el terreno de relaciones sociales transformadoras que podía proveer el dinamismo para superar las contradicciones económicas que amenazaban con destruir el flamante estado de los trabajadores" (The Gramscian Moment, pg. 236). 


El giro de la Tercera Internacional en 1921 hacia la política de Frente Unico para el movimiento obrero de Occidente coincide con la instauración de la NEP en Rusia, y ambas fueron respuestas a su modo al retroceso de la oleada revolucionaria que surge de la guerra y la revolución rusa. Una, destinada a ganar al movimiento obrero de Occidente para las posiciones del comunismo (empezando por la lucha común por cuestiones defensivas) y la otra destinada a revitalizar la alianza obrero-campesina, para consolidar el poder soviético a la espera de la revolución internacional. Pero así como el Frente Unico no es en sí mismo una política hegemónica (aunque puede ser el primer paso en ese sentido), la NEP tampoco  lo es y no casualmente los bolcheviques la presentaron como una "retirada táctica". 


En su Informe sobre la NEP soviética y la perspectiva de la revolución mundial, Trotsky explicó en qué sentido era la NEP una retirada. Contra los argumentos de la socialdemocracia europea que veía en la NEP una derrota de la revolución, Trotsky explicaba que el comunismo de guerra fue una política económica impuesta por las circunstancias de la guerra civil que subordinó las decisiones económicas a las necesidades militares. En este marco, Trotsky planteaba que la NEP era una política del estado obrero para avanzar en la "acumulación primitiva socialista", es decir no "la vía al socialismo" sino una política para sentar las bases de la reconstrucción económica del país bajo dirección de la clase obrera, cuyo carácter "socialista" se iría incrementando en la medida en que avanzara la revolución internacional, idea sintetizada por el propio Trotsky en ese informe: "Nuestra Nueva Política Económica está calculada para condiciones muy específicas de espacio y tiempo. Es la política de maniobra de un Estado obrero que se mantiene rodeado por el capitalismo y que apuesta al desarrollo revolucionario en Europa." 

En este contexto, se plantea la mil veces discutida cuestión de la hegemonía, antes y después de la toma del poder por la clase obrera. Y así como Trotsky dijera en La revolución española y sus peligros que el concepto de dictadura de proletariado no coincide mecánicamente con el de revolución socialista, otro tanto puede decirse de la relación entre dictadura del proletariado y hegemonía de la clase obrera en un país de desarrollo burgués "retrasado" que después de la toma del poder por el proletariado inicia su etapa de "transición" al socialismo (recordemos una vez más, siempre subordinada al curso de la revolución -o falta de ella- a nivel internacional).


Por eso, me parece que se podría pensar que el momento más "hegemónico" de la vanguardia de la clase obrera y los bolcheviques coincide con la toma del poder y el decreto agrario mediante el cual los bolcheviques lograron una base de masas para el nuevo Estado, que se expresa en la constitución de un Ejército Rojo de cinco millones de hombres (en su mayoría campesinos) y que posteriormente la "hegemonía" adquiere formas más precarias , propias de las condiciones de guerra civil y pos-guerra civil en que se desarrollan las relaciones entre el campesinado y la clase obrera. (Recordemos el sistema de contrapesos que planteara Lenin para asegurar la posición social de la clase obrera en el Estado obrero "con graves deformaciones burocráticas" al que hicimos alusión acá).


Desde este punto de vista, definir la NEP como una especie de revolución cultural o como la política hegemónica por antonomasia me parece un embellecimiento un tanto ahistórico de una realpolitik destinada a sostener un gobierno de la clase obrera que empezaba a perder el apoyo de los campesinos. Si bien el realismo político es condición necesaria para cualquier política "hegemónica", y aunque la NEP tuvo como complemento una ofensiva de los bolcheviques para fortalecer la construcción cultural, por todos los elementos planteados anteriormente, creo que sería más adecuado definir a la NEP como una realpolitik pre-hegemónica (es decir pensada para crear las bases para recomponer la hegemonía y no como expresión de la hegemonía como tal) en condiciones de existencia más o menos precarias del poder soviético. 


Porque si antes de la toma del poder una política hegemónica es aquella tendiente a que todos los oprimidos depositen sus esperanzas en la clase obrera como la única que puede dar una salida, en las condiciones de la "transición" una política hegemónica no es la que permite sostenerse en el poder a cómo dé lugar sino aquella que une las medidas "socialistas" con el fortalecimiento del peso social de la clase obrera en la sociedad de transición (por ejemplo una colectivización de la tierra con apoyo de los campesinos medios y pobres, al revés de la colectivización forzosa que hizo Stalin después de la Neo-NEP que defendiera con Bujarin hasta 1928-29). 


En este sentido, además de todas las críticas que hemos hecho en anteriores ocasiones al posicionamiento de Gramsci sobre el debate en la URSS entre la Oposición Conjunta y el bloque Bujarin-Stalin, cabe preguntarnos si "la hegemonía en régimen de NEP" de la que hablaba el comunista italiano, alguna vez existió, entre la realpolitik pre-hegemónica de 1921 y el "giro hacia el kulak" dado a la NEP a partir del surgimiento de la "teoría" del "socialismo en un solo país" en 1925, en un contexto en el cual las formas políticas de la dictadura del proletariado fueron cambiando a medida en que avanza el proceso de reacción social (Thermidor) desde 1924 con su consiguiente burocratización.


Por último, la postulación por Thomas de una teoría de la hegemonía entendida esencialmente como primacía más o menos unilateral de la política por sobre el plano social (que es el único nexo histórico real entre economía y política) termina exagerando el carácter "hegemónico" de la NEP al mismo tiempo que deja abierta la puerta para una interpretación de la hegemonía en clave del poder político basado en el consenso (criticada por el mismo Thomas como contraria al auténtico pensamiento de Gramsci). 

miércoles, 4 de junio de 2014

Gestamp y el "momento isabelista" de Cristina

El giro inédito que dio el conflicto de Gestamp, con la revocatoria que hizo el gobierno de Scioli de la conciliación obligatoria que él mismo había dictado dos días atrás, dejó al desnudo al régimen político.

Cuando el gobierno provincial dictaminó la medida; el gobierno nacional, con Cristina Fernández y Débora Giorgi a la cabeza, en coordinación con la empresa y la conducción del SMATA, salieron a bombardear sistemáticamente la resolución. Finalmente, el gobierno de Scioli, una vez que los trabajadores bajaron del puente grúa y violando de manera flagrante el compromiso y la palabra empeñada bajo la forma de un documento público, la revocó con una resolución administrativa que está reñida hasta con la lógica formal y el sentido común.

Completo, acá

lunes, 2 de junio de 2014

Gestamp y la bancarrota del "progresismo" K




Fernando Rosso / Juan Dal Maso

El conflicto de Gestamp marca la bancarrota absoluta del "progresismo" K. El "frepasismo rabioso" que había adelantado la ruptura con los trabajadores asalariados (mediatizada por la ruptura con Moyano), así como en su momento tuvo como "modelo" a Pedraza hasta que tuvo que soltarle la mano tras el asesinato del compañero Mariano Ferreyra, termina confluyendo con una de las burocracias más rancias del movimiento obrero argentino: la del SMATA, que cuenta con el curioso "mérito" de ser igualmente apreciada por los milicos genocidas y por el kirchnerismo.

La actuación que está teniendo SMATA -y más aún si se efectivizan sus amenazas de salir a la calle-, fusionándose con el Estado (convirtiéndose en Estado o “para-estado”), confirma la caracterización que hicimos acá: la burocracia sindical “constituye un aparato para-estatal que actúa como 'sociedad civil' cuando tiene que contener y como Estado (banda para-estatal) cuando tiene que apuntalar la represión”. En conflictos claves (y por una combinación de circunstancias, no sólo económicas, sino también políticas, Gestamp ocupa hoy ese lugar), las burocracias realizan abiertamente su función esencial: policía interna de la clase obrera.   

"La posición oficial del Poder Ejecutivo" se expresó "a través de la ministra de Industria, también por supuesto de Ricardo Pignanelli como titular de SMATA, y también de la empresa", dice Capitanich. Y Pignanelli completa “ya debería haber sido tomado como un delito". Estado y para-estado al servicio de una clase, contra el enemigo común de mayor peso en la  “sociedad civil”.

Después de diez años de fantaseo de la "izquierda K" sobre "trascender el pejotismo", lo único que queda es un "pejotismo puro y duro" mucho más cerca de Ottalagano y Remus Tetu, que de J.W. Cooke o Rodolfo Walsh. La ministra de industria como vocera del frente patronal-burocrático y corriendo "por derecha" a Scioli por dictar la conciliación obligatoria y defendiendo los despidos de trabajadores.... pero ojo, no hay que abrirle paso a la derecha…

Un periodista valiente y por supuesto más lúcido en sus intuiciones, ya había caracterizado, con sus palabras, la esencia de la burocracia sindical, su macartismo y su función estratégica (que el “vandorismo” supo concentrar):

Pero al suceder actuaron todos o casi todos los factores que configuran el vandorismo: la organización gangsteril; el macartismo (“Son trotskistas”); el oportunismo literal que permite eliminar del propio bando al caudillo en ascenso; la negociación de la impunidad en cada uno de los niveles del régimen; el silencio del grupo sólo quebrado por conflictos de intereses; el aprovechamiento del episodio para aplastar a la fracción sindical adversa; y sobre todo la identidad del grupo atacado, compuesto por auténticos militantes de base.

El asesinato de Blajaquis y Zalazar adquiere entonces una singular coherencia con los despidos de activistas de las fábricas concertados entre la Unión Obrera Metalúrgica y las cámaras empresarias; con la quiniela organizada y los negocios de venta de chatarra que los patrones facilitan a los dirigentes dóciles; con el cierre de empresas pactado mediante la compra de comisiones internas; con las elecciones fraguadas o suspendidas en complicidad con la secretaría de trabajo. (Rodolfo Walsh, ¿Quién Mató a Rosendo?. Ediciones de la Flor)

Por otro lado, el relato de “más estado, para ponerle límites al mercado”, queda en el más absoluto ridículo, cuando la burocracia sindical policíaca se fusiona con el estado para garantizar el normal funcionamiento de las leyes del mercado, es decir, que las empresas puedan efectivizar “en paz, orden y administración” los despidos y las suspensiones. La “bronca perra” que tenía la semana pasada el patotero servicial de Pignanelli, se convirtió en “odio” no hacia las empresas, sino hacia los trabajadores y especialmente a la izquierda.

El cristinismo, como dijimos otras veces, tiene un problema con el movimiento obrero. En épocas de ajuste, no puede basar su política en una alianza "redistribucionista" con los sindicatos, salvo con aquellos como el SMATA y la UOM que luchan a brazo partido... por las ganancias de sus patronales. Pero tampoco puede chocar a la clase obrera de frente, después de diez años de recomposición objetiva y subjetiva en el terreno de la organización. De ahí que su línea sea poner techos en las paritarias por arriba y dejar correr los ataques por sector ahí donde las patronales empiezan a ganar un poco menos (no a perder) o se quieren sacar de encima a los delegados combativos y de la izquierda. 

Si bien el conjunto del movimiento obrero todavía no rompió masivamente con el gobierno (en ese sentido la ruptura es más del gobierno con el movimiento obrero y no a la inversa), se expresan distintos niveles de ruptura en amplias franjas de vanguardia; lo cierto es que esta política no puede tener otro efecto que el de transformar cada vez más al movimiento obrero en "oposición social". La alianza con el capital financiero (Club de Paris), las multinacionales (con el “centro de gravedad” de las automotrices), más escasas concesiones a los pobres; no constituyen una “hegemonía” que pueda imponerse sobre el sujeto más peligroso y estratégico.

A los planes de "sucesión" hacia la derecha, empezando por el actual curso del oficialismo, cuya expresión en el movimiento obrero empieza a constituir más embrión de Triple A, que de "pibes para la liberación", con Pignanelli de vocero de la política oficial casi con más protagonismo que la propia Débora Giorgi; hay que responder contundentemente. Apoyando a la lucha de Gestamp, denunciando implacablemente (en ese sentido Walsh hacía escuela) a esta burocracia, para limitar su poder de fuego, en la perspectiva de recuperar los sindicatos.

Aquellas personas que honestamente acompañaron desde la izquierda o la centroizquierda al kirchnerismo, con la ilusión de terminar con esta práctica política del peronismo, deberán meditar seriamente si están dispuestos a avalar este oscuro rumbo que comienza a tomar el gobierno de la mano de una burocracia sindical con una historia verdaderamente siniestra.   

Gestamp: la empresa maniobra para no acatar la conciliación obligatoria

http://www.clarin.com/politica/conciliacion-trabajadores-Gestamp-ingresar-planta_0_1149485280.html

sábado, 31 de mayo de 2014

¡Triunfo en Gestamp!

Roberto Amador, al salir del puente grúa de Gestamp: “Logramos un gran triunfo, conquistamos la conciliación obligatoria con todos los despedidos adentro”


(Escobar, 31/5/14) Roberto Amador, uno de los 9 trabajadores que permanecieron por más de 4 días en el puente grúa de la empresa Gestamp en reclamo por su reincorporación, declaró que “logramos un gran triunfo porque con nuestra lucha obligamos al Ministerio de Trabajo de la Provincia a decretar la conciliación obligatoria con todos los despedidos en nuestros puestos de trabajo por 15 días hábiles. Es lo que el SMATA se venía negando a pedir desde que la empresa nos despidió en forma totalmente injusta y discriminatoria y comenzamos nuestra pelea”.

Completo, acá.

(Ver cobertura de todo el conflicto, acá)

jueves, 15 de mayo de 2014

La Hegemonía light de las "nuevas izquierdas" - Acerca de Peter D. Thomas y la actualidad de Gramsci

33 Imagen 1


A riesgo de resultar reiterativo (les aseguro que en persona es mucho peor...) copio para los/as lectores del blog un artículo que publicamos con Fernando Rosso en el pasado número de Ideas de Izquierda, sobre un trabajo de Peter D. Thomas, al que ya habíamos hecho referencia instrumentalmente acá


La parte de hegemonía nos quedó muy "teórica" y la de partido medio "obrerista" y por este motivo un poco separadas entre sí, por lo que sugiero complementar el artículo que sigue con lo que se plantea en este otro post


Hechas las aclaraciones, va el artículo...


El libro de Peter D. Thomas, The Gramscian Moment. Philosophy, Hegemony and Marxism, ha generado un nuevo interés por el pensamiento de Gramsci en los ámbitos de la izquierda académica y política en Inglaterra y Francia, y se convirtió en cierta medida en un acontecimiento intelectual internacional.

Los motivos de este suceso son varios. En primer lugar, un cierto “vacío” teórico en lo concerniente a las estrategias de la izquierda, entendida esta en sentido amplio. En una situación de relativo ascenso de las coaliciones de izquierda reformista, pasado el momento de la “ilusión de lo social” que expresó la moda autonomista, las elaboraciones de Thomas ofrecen una hipótesis de reconstrucción del marxismo, por la vía de un rescate del pensamiento de Gramsci, con afinidades hacia los nuevos movimientos surgidos en los últimos años: Ocuppy Wall Street, la Primavera Árabe, movimientos anticapitalistas en general. Y a la vez intenta retomar la cuestión “político-estratégica”.

Completo, acá

martes, 13 de mayo de 2014

El teatro de operaciones mentales de Salvador Benesdra


el camino total
(Aunque al Indio Solari le están sobrando unos millones para entrar en la categoría de poeta Zen, va un buen texto de Fabián Casas sobre Benesdra, que está en La Supremacía Tolstoi y es el prólogo al libro El Camino Total)


En el 98 pasé cuatro meses en los Estados Unidos en un programa de escritura en Iowa City. Yo tenía y tengo un inglés muy básico. Cuando llegué al aeropuerto me fue a buscar un farmer, con overol, en una camioneta. Me pareció que me hablaba en vikingo. Igual trataba de devolverle sus frases como cuando uno juega contra esos japoneses campeones de pingpong. Me habían dicho que en Iowa primero iba a hacer mucho calor y después mucho frío. Llevaba pocas cosas en el equipaje. Un abrigo, algunas bermudas, unas sandalias. Y tres libros en español. Los años salvajes de la filosofía, de Rüdiger Safransky, que es una biografía de Schopenhauer y un fresco de época, Muerte a crédito, de Lois Ferdinand Celine traducido por Néstor Sánchez, y El traductor, de Salvador Benesdra. Pocas veces uno acierta tanto en la elección de los libros para llevarse y leer. Los tres eran geniales y, de alguna manera, complementarios. No se pisaban, no se opacaban. Era como si corrieran una posta, cada uno expandía más y más el cono de percepción sobre lo desconocido que el otro le llevaba hasta su punto de encuentro. Hace poco, en una cena, un gran escritor me dijo que el libro de Celine estaba pésimamente traducido por Sánchez. El escritor en cuestión objetaba ciertos problemas en la traducción del pasado compuesto o no sé qué. Me dijo que leyó tres páginas de la traducción y la abandonó. A mí me pareció un gesto pedante y esnob. Pienso que si ese libro de Celine está mal traducido, entonces es el mejor libro de Néstor Sánchez y uno de los mejores de la literatura argentina. Con Salvador Benesdra el caso es diferente. El gran escritor no lo había leído, no podía opinar. Y lo cierto es que salvo pocos lectores su libro no recibió el reconocimiento que se merece. Hay libros inmensos que no parecen despertar un interés acorde a su materia. La gente mira para otro lado, como hicieron los que vieron llegar al enorme caballo de madera en Troya. Salvador Benesdra es un escritor genial y monstruoso. El traductor es la obra del genio y El Camino Total, libro que acá se presenta, es la obra del monstruo. Pero vayamos por parte.


Completo, acá.

domingo, 4 de mayo de 2014

Nuevamente sobre el materialismo de Marx y su actualidad


Agradeciendo la contribución del compañero Federico Manzone, que espero tenga continuidad con otros posts, paso a desarrollar o mejor dicho esbozar con mayor claridad algunas de las cuestiones sobre las que pide precisiones.

El objetivo de este post no era privilegiar el materialismo contra o sobre la praxis, sino introducir a algunas cuestiones planteadas por el libro de Peter D. Thomas "The Gramscian Moment" y señalar algunos lugares comunes que da por supuestos o menciona abiertamente (más abajo, más detalles al respecto). Creo que de entrada la interpretación que hace Federico sobre que plantear que la oposición de materialismo y praxis es estéril es como plantear que la cuestión filosófica da lo mismo, no tiene nada que ver con lo que plantea el post. Pero vayamos por partes. 

En primer lugar, creo que si bien la discusión entre "materialistas" y "praxiológicos" tuvo su importancia histórica, no es tan sencilla ni tan nítida como parece serlo para Federico. Por ejemplo, él menciona entre los ejemplos, a Antonio Labriola y la II Internacional, pero Labriola nunca consideró que sus elaboraciones fueran contra la II Internacional, sino contra los socialistas italianos que postulaban que el marxismo era afìn con Spencer y Darwin (entendido éste último como una variedad de Spencer), los cuales a su vez eran una aberración respecto del relativo "positivismo" de la II Internacional. En cambio yo creo que había una gran heterogeneidad en este aspecto teórico, donde convivían de Labriola a Plejanov, incluyendo algunos "marxistas" que poco tenían que ver con el marxismo. Labriola también polemiza con Masaryk y Croce y discute con Sorel, es decir su principal trabajo como polemista era de la II Internacional hacia afuera. Sobre la crítica de Gramsci a Bujarin, ver en detalle acá

Creo que en la segunda postguerra, la discusión de reivindicar la praxis y la verdadera filosofía de Marx contra el stalinismo fue en gran medida una forma de ser "disidentes" en contextos en que no se podía plantear abiertamente las diferencias políticas (y en general los "disidentes" no podían ser "oposicionistas" es decir trotskistas, porque no había trotskismo en países como Yugoslavia o Checoslovaquia). Esto no quiere decir que haya que descartar, por el contrario por lo menos para mí son una referencia, los trabajos de Kosik y Markovic, pero contextualizarlos permite quitarle "dramatismo" al debate filosófico, politizando sus coordenadas. 

Por último, creo que después de varias décadas de efectos devastadores del "giro lingüístico" sobre la teoría, cualquier intento de recomposición del marxismo debe partir de proponerse superar "dialécticamente" las polémicas al interior de la tradición marxista que se dieron en condiciones totalmente distintas de las actuales, para plantear una teoría marxista que de cuenta de los principales cuestionamientos a los que estuvo sometida durante las últimas décadas, desde ya sin abandonar los debates clásicos. 

Ese es el sentido de debatir el libro de Thomas, así como reflexionar sobre la obra de Gramsci y su relación con la de Trotsky, a lo que se dedica una parte significativa de lo que se escribe en este blog (como continuidad o complemento del trabajo teórico del PTS y la FT). 

Sobre la cuestión de la praxis y la práctica, en general coincido con lo que dice, siempre y cuando lo de la "actividad práctica sensible" no excluya la teoría revolucionaria como parte de la praxis. Dicho sea  de paso, en el artículo "La ortodoxia que no fue", linkeado más arriba, hay un pequeño resumen de cómo aparecen ambas (englobadas en una idea amplia de praxis) en las Tesis sobre Feuerbach.

Sobre los párrafos referidos específicamente a las relaciones entre la praxis y el materialismo, me parece que el error de Federico consiste en que tiende hacia una visión en la que la "superación" por Marx del materialismo es pensada desde un punto de vista un poco antidialéctico.

Con esto quiero decir que Marx se delimita del "materialismo anterior" por su carácter pasivo y metafísico, pero no por su realismo, con lo cual, me parece insostenible invertir la relación entre praxis y materialismo, diciendo que el materialismo se deriva de la praxis. 

Cuando yo digo que Gramsci desconoce la formulación por Marx de un "nuevo materialismo" es porque él plantea no sólo que hay que hacer eje en el término "histórico" de la expresión "materialismo histórico" (cuestión que en sí misma no parece incorrecta) sino también que Marx nunca llamó "materialista" a su concepción. Yo atribuía este grosero error de Gramsci a una presunción de que no había tenido acceso a la Ideología Alemana (cuyo primer capítulo se publicó en ruso en 1924), cuestión que consulté con la investigadora Dora Kanoussi, vía mail, quien gentilmente me confirmó que hasta donde ella sabía, Gramsci no había leído La Ideología Alemana. No obstante esto, después me dí cuenta de que Gramsci, conociendo al dedillo las Tesis sobre Feuerbach y el fragmento sobre materialismo de La Sagrada Familia, había optado por una interpretación en la que su criterio de que los viejos términos adquieren un sentido nuevo en el marxismo (que aplica a la inmanencia) no había sido aplicado al materialismo, aunque el propio Marx habla de un nuevo materialismo explícitamente. En este sentido, coincido que la piedra de toque de este "nuevo materialismo", como está formulado en las Tesis, es la praxis, pero con la salvedad de que la ruptura con las concepciones anteriores, implica una conservación en otros términos de lo superado. Creo que esta discusión es importante, porque para hacer frente a teorías (en retirada pero todavía con peso) que reducen todo a discursos, es decir que van contra el materialismo no por su "pasividad" sino por su realismo, como forma "sofìsticada" de luchar contra el marxismo, la reivindicación de la idea de Marx de un "nuevo materialismo" permite unir el "realismo" que queda en pie del "viejo materialismo" con la idea de una concepción centrada en  la praxis (creo que es un error de descontextualización dar esa relación por supuesta).

Sobre la relación entre teoría y praxis, coincido en que la teoría es condición de posibilidad de la praxis (creo que la teoría es parte de la praxis, por lo menos en el marxismo revolucionario) y en ese sentido es que señalaba que la posición de Korsch, de ver la teoría como expresión inmediata de la práctica revolucionaria implica un "expresivismo", que para mí sí es problemático, porque puede generar una subestimación de la mediación de la teoría o pensado desde el ángulo estratégico una subestimación del trabajo preparatorio (incluido el teórico) en los momentos en que la lucha de clases no está en ascenso. 

Sobre lo de la "traducibilidad de los lenguajes cientìficos y filosóficos" me parece que lo que plantea Federico es una "interpretación libre". Gramsci plantea esa idea, pensando en cómo "traducir" la experiencia de los bolcheviques a Occidente y cómo "reducir" críticamente y en polémica distintos aspectos de la "revisión" de Croce, para superarla junto con la otra "revisión" de Bujarin. 

Por último, mi objeción contra Thomas es que asimila a Trotsky con el DIAMAT (incluso a Bujarin, que es distinto al DIAMAT, ya que Bujarin es mecanicista pero anti-organicista), sin hacer mayor esfuerzo para pensar las formulaciones de Trotsky en sus Notas sobre Lenin, Dialéctica y Evolucionismo con el conjunto de su teoría (ya que Trotsky no se dedicó con el mismo énfasis que Gramsci a elaborar sobre filosofìa, lo cual no quiere decir que no le diera importancia, como bien plantea Federico sobre la cuestión de la dialéctica), con lo cual ciertos criterios de interpretación postulados por el propio Gramsci (traducibilidad de los lenguajes, resignificación de viejos términos, ver la filosofìa de los hombres políticos en su obra no formalmente filosófica) se dejan de lado cuando se trata de asimilar en trazo grueso a Trotsky con el "marxismo soviético" (aunque sea en un aspecto parcial para el conjunto de la obra de Trotsky).